Los cafés, lugares de esparcimiento y cultura

Junio 17, 2020.- Tecómitl en 2009 contaba con «La Plaza», el «Angelus Colors», «El Rinconcito» y «Mexicafé»

Por Manuel Garcés Jiménez | Nosotros, Núm. 128 | Septiembre de 2009

Indiscutiblemente una de las bebidas favoritas de la sociedad es el café. Se saborea solo o acompañado con suculento trozo de pastel, apetitoso churro crujiente o un gustoso pan de dulce. No olvidemos que en distintos poblados del sureste del Valle de Anáhuac las abuelas aún lo preparan en ollas de barro con su correspondiente raja de canela, aderezado con piloncillo y servido en un jarro de barro tipo Yecapixtla. Se recomienda acompañarlo con un cocol de Milpa Alta o con un itacate1 procesado con masa de maíz revuelto con manteca morena (obtenida de asiento de los xalitos2 o migaja) de cerdo o de nata.

Actualmente han estado proliferando en varios sitios de la ciudad, en pueblos, barrios y colonias los llamados «cafés», donde se expende esta aromática bebida en sus diversas formas para degustarse, siendo la más frecuente el café americano, preparado con azúcar al gusto del buen paladar3. Además de té y chocolate. Estos negocios por lo general se han establecido en construcciones denominadas como accesorias, otras en menor cantidad en vetustas casonas dándole una armonía singular al medio y poder disfrutarlo tranquilamente al darle sorbos y observar las gruesas paredes que sostienen los caserones. Inmuebles que han sido los testigos mudos de la historia del lugar.

Cafe La Plaza en la actualidad

A manera de ejemplo citamos el café localizado en San Antonio Tecómitl que se encuentra en la esquina de la Plaza de la Corregidora (entre las avenidas Hidalgo y 5 de Mayo), es el denominado «Café La Plaza», antigua construcción que por mucho tiempo (antes de la Revolución) fue tienda con productos del estado de Morelos y de la Ciudad de México, propiedad de los señores Anselma Ramos Castro y Rafael Medina, donde en varias ocasiones pernoctó el general Emiliano Zapata. Inmueble heredado a los esposos Gumercinda Robles y Ángel Medina4. Durante el movimiento revolucionario la tienda fue saqueada, por lo que años después fue utilizada para varios servicios, como salón de baile, proyección de películas y billares, y albergó al comité de base del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Actualmente es el sitio donde se sirve un buen café en medio de un ambiente romántico acompañado por los acordes de una guitarra.

Otro sitio es el «Café Angelus Colors», negocio adaptado en el traspatio de la casona que se encuentra en la esquina de la Avenida Morelos y 5 de Mayo, donde el comensal podrá observar a los lados algunos ángeles y querubines. Es la vieja arquitectura construida posiblemente en la época porfiriana por la persona encargada de controlar el dinero de la hacienda de Santa Fe de los Ahuehuetes, cuyo casco de hacienda se localiza actualmente en ruinas en San Nicolás Tetelco, Tláhuac, inmueble adquirido en la época del México posrevolucionario por la maestra Adela Blancas.

Otro más es el «Mexicafé» que se encuentra en la Avenida Hidalgo (entre Juárez y Cuauhtémoc), cuyo interior atrae por la variedad de máscaras artísticamente talladas en madera laqueada en vivos colores y objetos antiguos; planchas de carbón, tijeras, charolas, discos de acetato, programas de películas antiguas, botellas originales de refrescos ya fuera de circulación, entre otros detalles antiguos que su dueña, Gladiola López, ha coleccionado por años y que ahora hacen amena la estancia con una taza de café tomada confortablemente sentado en sillas en torno a mesas rústicas engalanadas con azulejos. Además, el comensal puede disfrutar de la lectura de un libro o de revistas que aparecen en el escaparate, incluyendo números de la revista Nosotros.

Otro es el «Café El Rinconcito». Se halla precisamente en un rincón de los arcos, al sur de la Plaza de la Corregidora, sino que nos recuerda la idea del profesor Quintil Villanueva Ramos de darle a dicha plaza un ambiente de tranquilidad, como se estila en la hermosa provincia, pero jamás imaginó el profesor que en lo que fuera su propiedad sirviera para poder disfrutar el momento agradable alrededor de una taza de café.

Hablar del café es remontarse a la expresión popular de «filósofo de café», quizá porque en Francia los filósofos del Enciclopedismo se reunían por horas en torno a una mesa tomando café y exponer sus ideas progresistas.

La historia del café incluye el último grito de la moda, los «cibercafé», lugares donde se combina el acceso a la información a través de la web con sorbos de la aromática bebida. Es el centro de un entorno sibarítico que va más allá del chateo de la ocasión.

En tiempos pretéritos los citadinos decían que el café hizo presencia en nuestro país allá por el año de 1790, cuando por decreto de la corona española se introduce su cultivo en la Nueva España. Desde entonces el consumo del grano ha ido integrándose a nuestra cultura. Fue por el rumbo de Tacuba donde se dice fue abierta la primera cafetería a fines del siglo XVIII, con lo que esta aromática bebida dio inicio a la tradición de ser parte esencial de reunión y convivencia de parejas o cuates5.

Se trata de una historia fantástica:

«El café proviene de Etiopía, antes Abisinia, y se difundió a través de Egipto y Arabia. Los comerciantes venecianos lo introdujeron a Europa. Su nombre científico es Coffea arábiga. Hay más de 60 especies y aunque las cuatro favoritas para el gusto mundial son arábica, robusta, excelsa y libérica. En México se siembra en un 90 por ciento la especie arábica»6.

De paseo por varias partes del mundo llegó a Turquía como kahveh; caffe en italiano; koffie en holandés; kaffee en alemán y, finalmente, café en francés. Como vemos, los mexicanos lo pronunciamos como en Francia: café.

Su origen refiere ciertas leyendas. «Se refiere a las ‘cabras danzarinas’, cuando un pastor de Abisinia notó que sus adormiladas cabras cabritaban (sic) excitadamente después de masticar cierto tipo de planta. Él mismo probó esa planta, se olvidó de sus problemas y se convirtió en la persona más feliz de Arabia. Un monje de monasterio cercano se sorprendió al ver al pastor en ese estado y decidió comer de las mismas hojas, e invitó a sus hermanos para que lo hicieran también. Todos ellos se sintieron alertas esa noche durante sus oraciones. Pronto todos los monjes de la región masticaban las hojas y rezaban sin sentirse somnolientos».

En un principio la gente se comía los granos de café enteros, molidos o mezclados con grasa. Más tarde se elaboró un tipo de vino con pulpa de café fermentado, cerca de 1000 años a.C., se hizo una coacción de frutas secas y granos.

La bebida se hizo popular entre los monjes de La Meca, ciudad de Medina. Para fines del siglo XV pasó a todas partes del mundo islámico, llegando hasta Persia, Egipto, Turquía, Norteamérica y finalmente nuestro territorio.

Debido al buen café que se produce en el país es cotizado por su fina acidez, dulce sabor, suave y aromático, como de Coatepec, Huatusco, Orizaba, Oaxaca y Chiapas. Su margogype es el mejor de la especial variedad arábica.

De acuerdo a las crónicas de nuestra ciudad el primer café instalado como institución mercantil fue el «Café Concordia», donde los amigos pasaban horas y horas de plática amena disfrutando tanto del aroma como de buenos tragos de tan suculenta bebida. Se tiene noticia que a partir de este negocio proliferaron otros lugares. En 1875 surge el «Café del Progreso».

Después del movimiento revolucionario estuvo en la Calle de Bolívar el «Café La Moderna», así como el legendario e histórico inmueble Sanborns de la esquina de Madero, conocido como «los azulejos». Y fuera del Centro Histórico, en Coyoacán, ¿quién no ha visitado «El Jarocho».

En fin, que por cafés no paramos. ♦

_____

*Presidente del Consejo de la Crónica en Milpa Alta

Bibliografía:

Itacate, la sorprendente comida mexicana. Cristina Barros y Marcos Buenrostro. Editorial Grijalbo. México, 1996.

Entre gula y templanza. Un aspecto de la historia mexicana. Sonia Corcuera de Mancera. Fondo de Cultura Económica. México, 1996.

Citas:

  1. Se le llama a una tortilla larga rellena de pasta de frijoles. También es la provisión de alimento para un viaje. «Itacate para el camino», o para comer fuera de la casa.
  2. Residuos grasosos de las frituras de carne de cerdo. En algunos lugares se llaman migaja, tlalitos.
  3. «Cuando los españoles trajeron por primera vez a México la caña de azúcar, esta era ya vieja en el mundo. La miel era la principal sustancia dulce de la antigüedad; pero también el azúcar había sido conocida y usada desde largo tiempo. La caña de azúcar es una planta asiática y llegó a Europa procedente de Oriente. Isaías la menciona en La Biblia». Entre gula y templanza, página 69.
  4. Datos proporcionados por la profesora Gloria Medina Robles.
  5. Gemelo. Persona con la que se tiene una amistad muy cercana. De coatl, culebra o mellizo. Expresiones populares: Este es mi cuate. Somos cuates. Es mi cuatezón.
  6. Itacate, la sorprendente comida mexicana, página 185.

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