San Luis Tlaxialtemalco y el acueducto del porfiriato

Mayo 20, 2020.- Extrajeron el agua del manantial de Acuexcomatl para llevársela a la Ciudad de México

Por José Cruz Cuaxospa | Marzo de 2012

Hablar del Acueducto porfiriano nos remite a dar un vistazo y retroceder en el tiempo para imaginarnos a la Cuenca de México en época prehispánica; una cuenca cerrada que durante mucho tiempo escurrió hacia las partes bajas de ésta el agua de lluvia proveniente de las serranías aledañas formando ríos caudalosos en época de lluvia. A su vez estos dieron origen a varios lagos de poca profundidad, de los cuales los más importantes eran cinco y se conocían con el nombre de señoríos. Los más importantes de aquella época eran Zumpango y Xaltocan hacia al norte, Texcoco en el centro y Xochimilco-Chalco hacia el sur; estos dos últimos lagos se caracterizaban por ser de aguas dulces, principalmente el de Xochimilco por tener manantiales abundantes de aguas dulces y cristalinas

Con la llegada de la llamada «modernidad» muchas fueron las presiones que la ciudad había ejercido sobre los ecosistemas de la Cuenca de México, pero quizá el más afectado ha sido el lacustre, debido a las modificaciones en el sistema hidrológico desde la llegada de los españoles, la sobreexplotación de los mantos acuíferos a través de los acueductos y la restitución del volumen del agua extraída de los manantiales con agua residual, fueron sin duda el comienzo del fin para la zona lacustre de los lagos de aquella época.

La época porfiriana marcó uno de los acontecimientos más significativos para Xochimilco, debido a la existencia de factores externos que modificaron no sólo el entorno ambiental del lugar, sino también el cultural, social y económico; fue el redescubrimiento de esta demarcación por el Estado.

En esa época empezaron los problemas graves, con la instauración de las grandes obras que evitaran las persistentes inundaciones de la Ciudad de México, se alteró el equilibrio hidrológico de Xochimilco y sus pueblos chinamperos. Adicionalmente la creciente demanda de recursos hídricos, propició la extinción de los recursos acuíferos para el consumo de los habitantes de la capital. El porfiriato se caracterizó por un acelerado crecimiento económico y desarrollo industrial, donde predominaban las ideas del «positivismo del orden y progreso». Al final de este periodo histórico del país, se construyeron las cajas de agua, bombas y red hidráulica, para conducir el líquido de los manantiales de Xochimilco a la Ciudad de México, que carecía de abasto suficiente. Las obras se realizaron bajo la dirección de Manuel Marroquín, posteriormente inauguradas en 1914, por don Francisco I. Madero. Conforme se extrajo más agua para la Ciudad de México se fueron secando las acequias, esto afectó el comercio que se desarrollaba en la ciudad, ya que durante siglos el transporte que llevaba productos agrícolas se había hecho a través de los canales.

Posteriormente, en San Luis Tlaxialtemalco también se llevaron a cabo las obras para extraer el agua del manantial de Acuexcomatl. Según relata el cronista del pueblo, don Silviano Cabello (q.e,p.d.). «En cada borbollón del manantial se construyeron tanques de concreto para captar nada más el puro brote del agua. Las obras consistieron básicamente en formar una especie de base hecha de piedras alrededor del manantial y sentar un puente, instalando una bomba».

Se dice que era tal la cantidad del líquido cuya capacidad de extracción ostentaba entre los 600 y 800 litros por segundo, conectándolo al acueducto en la caseta número 6, mediante gravedad, la tubería era de concreto y empezaba en lo que hoy es el bosque de San Luis, de ahí pasaba por todos los pueblos ribereños (San Gregorio Atlapulco, Santa Cruz Acalpixca, y Santa María Nativitas), hasta llegar a Santiago Tepalcatlalpan, Tepepan, la Noria, División del Norte y Xotepingo, donde se re-bombeaba a la Colonia Condesa y, de ahí a los tanques de Dolores (tres tanques), para finalmente ser distribuida a toda la capital. [Pablo Mancera Cuaxospa].

Hoy se sabe que a las márgenes de las calzadas, avenidas y acueductos, históricamente han constituido un factor para la urbanización en la Ciudad de México. En la actualidad, la Avenida Acueducto (donde comienza el Acueducto Porfiriano), es paralela al Acueducto Porfiriano, que comienza en el cruce den la Carretera México-Tulyehualco. En este tramo se aprecia un considerable crecimiento de la mancha urbana en sus alrededores, aunado a lo anterior desde que se construyó hace más de cien años, en dicho Acueducto (1905-1912), no se han realizado obras de reforestación en sus alrededores ni cualquier otra acción que haya tendido a mitigar el impacto ambiental de esta obra de ingeniería hidráulica para abastecer de agua a la Ciudad de México.

En la actualidad, la Avenida Acueducto desde su construcción (2003) no ha sido debidamente reforestada en sus camellones, lo cual ha ocasionado que el paisaje urbano del pueblo se vaya deteriorando por la proliferación de basura y cascajo que es depositado por los vecinos y transeúntes que circulan a diario en dicho lugar. Por otro lado, la falta de arbolado en esta zona propicia el aumento de la temperatura en horas altas de calor, ocasionando a nivel micro el llamado efecto «isla» en gran parte de la población, y ni que decir que un espacio público abandonado, grafiteado, sin luz y con basura, incrementa el clima delictivo en la zona. Es por ello que miembros de la comunidad, conscientes y deseosos de participar en la creación de nuevas áreas verdes para las generaciones presentes y futuras, el pasado dos de julio 2011 solicitaron a la Dirección de Bosque Urbanos y Educación Ambiental de la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal, la donación de 200 plantas de especies propias para la reforestación urbana de ese sitio, como el negundo, el trueno japónico y la gravilia, entre otras. La tarea dio inicio en el tramo que va de la Carretera Xochimilco-Tulyehualco y la meta final fue en la Calle Cuacontle (dos kilómetros aproximadamente). La delegación Xochimilco, a través de la Dirección General de Servicios Urbanos, nos apoyó con el traslado de la planta y equipo de herramienta para la plantación de las mismas, así como para la recolección de la materia orgánica que fue saliendo el día de la reforestación con un carro tipo volteo. Esto nos da un ejemplo de que sí es posible el trabajo comunitario para la creación de nuevas áreas verdes urbanas en nuestras comunidades con la colaboración interinstitucional de diferentes dependencias y órganos políticos de gobierno, en pro del beneficio del cuidado del medio ambiente y el mejoramiento de la imagen urbana de nuestros pueblos originarios de Xochimilco. ♦

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