Carnicería Junco, la más antigua de Tecómitl

Mayo 16, 2020.- Don Juan Junco comenzó a vender carne de res debajo de un árbol en los años 30

Por Manuel Garcés Jiménez | Nosotros, 2014

Después del movimiento Revolucionario de 1910, los poblados del sureste del Distrito Federal quedaron devastados por la lucha de los grupos antagónicos, por un lado el ejército carrancista y, por el otro, el zapatista, enfrascados en la lucha por estos lugares que consideraban zona estratégica por tener cerca la Ciudad de México y la serranía del Chichinautzin que nos separa con el estado de Morelos.

Fue el poblado de San Antonio Tecómitl, delegación Milpa Alta, el que se encontraba en la línea de fuego, por lo que, pasado el movimiento armado, llegó la relativa tranquilidad al lugar y a sus moradores. Fue lenta, pero se vio fortalecida con líderes sociales como el profesor Quintil Villanueva Ramos, quien se dio a la tarea de motivar y organizar a sus vecinos por lograr escuelas para la educación de los hijos de campesinos.

El trabajo del profesor se extendió a otros ámbitos como fue la excavación de zanjas para los tubos de acero que posibilitaran el traslado de agua potable desde Monte Alegre, en el Ajusco, a Tecómitl, inaugurándose dicha obra el 27 de octubre de 1934.

También fue construida la Secundaria Diurna Número 9, la cual fue inaugurada el tres de marzo de 1938 por el presidente Lázaro Cárdenas del Río. Después fue el kiosco, inaugurado el uno de enero de 1940. Posteriormente fueron asfaltadas las principales avenidas y dio inicio la electrificación.

En fin, la vida de los habitantes cambió. Fue un diferente panorama, cultural, social y económico y con las nuevas actividades surgieron pequeños y prósperos negocios que emprendieron los mismos lugareños, sobresaliendo entre éstos la carnicería del señor Juan Junco Jiménez, la cual inicialmente funcionó como puesto ambulante abajo del exuberante fresno que aún vemos en lo que fue el rememorado jardín del poblado, hoy plaza de la Corregidora.

Don Juan Junco Jiménez contaba entre 30 o 35 años de edad cuando iniciaba el negocio de la venta de carne de res con el apoyo de su esposa, la señora Tomasa Blancas, quienes emprenderon esta actividad, pero jamás se imaginaron que perduraría por varias décadas a través de sus descendientes.

Comenta su nieto, el señor Uriel Junco Vivas, que le platicaba su abuelo que a la par del negocio existió un señor a quien sólo se le recuerda como «don Chelo», quien posiblemente fue contemporáneo de don Juan, o tal vez antes, pero después no se supo nada de él. Así que ellos fueron los primeros carniceros en Tecómitl.

El negocio proviene del México postrevolucionario, conservándose desde aquellos años, dándole continuidad después don Juan y le sigue el señor Isidro Junco, actividad que aún sigue vigente, ahora en manos de su hijo, el señor Uriel Junco Vivas, quien lo atiende a partir de las cinco de la mañana y hasta entrada la tarde con el apoyo de su hijo Uriel Junco Barajas. Son cuatro generaciones las que se han dedicado al noble negocio de tablajero.

Nos comenta el señor Uriel Junco Vivas que su abuelo Juan Junco vendía los sábados y domingos en la sombra del fresno. «Es ahí donde despachaba en una mesa rústica de madera de pino acompañado con una balanza y el canal del animal colgaba, pendía del tronco más grueso del fresno, árbol que aún sobrevive, es el testigo del devenir de los años», dice.

Los primeros negocios del pueblo fueron pequeños, de acuerdo con la reducida población de aquellos tiempos, de tal manera que don Juan mataba una res a la semana, por lo que los sábados era común que sólo se vendieran las vísceras, mientras que el domingo se vendía carne maciza. Los abuelos tenían por costumbre consumirla los fines de semana y días festivos. En ocasiones en fiestas familiares era todo un acontecimiento o lujo comer carne.

Recuerda el señor Uriel Junco Vivas que a finales de la década de los años 40 el kilogramo de carne de retazo (para caldo) llegó a costar aproximadamente cuatro pesos, ahora (2014) tiene un promedio de 60 pesos el kilogramo.

Las reses en aquellos años las adquirían de los mismos vecinos que las criaban tranquilamente en los traspatios y corrales de su casa, andaban libres, por lo tanto no estaban estresadas y eran alimentadas con lo que proporciona la naturaleza: hierba, alfalfa, remolacha, salvado (cáscara de trigo), por consiguiente la carne se consideraba «sana», sin ningún problema para la salud de los consumidores.

En la década de los años 40 dio inicio el control sanitario implementado por las autoridades, lo que posiblemente ocasionó que el señor Juan Junco dejara de vender la carne abajo del exuberante árbol y, por consiguiente, se trasladara frente a su domicilio. Nuevamente Uriel recuerda el hecho que puso en movimiento a toda la familia.

«Cuando llegaban los inspectores de Salubridad o de la Tesorería,  de inmediato se sacaban todos los animales de la casa de mi padre (Isidro Junco) para trasladarlos a las casas de los vecinos y parientes en calidad de guardado».

A medida que fue creciendo la población la demanda de consumo fue cada vez mayor, por lo que posteriormente surgió la carnicería del señor Clemente Blancas (La Perla, 1975). En estos últimos años y ante el acelerado crecimiento del poblado, se tienen aproximadamente unas 20 carnicerías, incluyendo las del tianguis dominical.

La trayectoria del negocio «Carnicería Junco» sigue vigente en manos de la familia y se encuentra en la esquina de la Plaza de la Corregidora y Avenida 5 de Mayo, establecimiento que data del mes de febrero de 1974.

Como vemos, la Carnicería Junco, desde su fundación hace 80 años por don Juan Junco, puede ser considerada como la más antigua del pueblo de Tecómitl.

Actualmente es otra generación la que atiende, es el señor Uriel Junco Vivas quien todos los días atiende con gusto y placer a la clientela. Que, por cierto, comentan que en la actualidad es curioso ver que tenga más demanda el bistec y pase a segundo término la carne de retazo. Posiblemente por las prisas de estos tiempos a las amas de casa se les facilita preparar un jugoso bistec que un retardado pero tradicional y exquisito caldo tlalpeño.

Finalmente, Uriel dice con sonrisa a flor de piel: «Yo respeto la preferencia de los clientes, para todos sale el sol, aquí son bienvenidos…» ♦

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