Arte rupestre en México está en peligro por el vandalismo

Mayo 16, 2020.- Casi tres cuartas partes de sitios con gráfica rupestre están distribuidos en el área denominada Aridoamérica

En México 56 sitios con manifestaciones rupestres además de estar expuestos a la intemperie se encuentran amenazados por el vandalismo, debido a que se ubican en áreas urbanas, lo que los hace particularmente vulnerables, de ahí la importancia de echar mano de las instancias de gobernanza y, sobre todo, de la colaboración de sus comunidades para garantizar la salvaguarda de dichas zonas.

Para la doctora María del Pilar Casado López los estudios de arte rupestre en México han sido lentos, apenas a mediados de los 80 dio inicio su registro sistemático con el objetivo de atender las especificidades de este tipo de sitios con manifestaciones culturales, pero los cerca de 500 proyectos de investigación, conservación, gestión y administración de estos que hubo en 2017 solamente equivalen al 4 por ciento de las iniciativas inscritas en el Sistema Institucional de Proyectos.

A decir de la investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), los estudios dedicados a la gráfica rupestre en México deben estar más enfocados sobre aspectos conceptuales, como definir las vocaciones de los sitios, debido a que cada uno «tiene su personalidad».

Hay que «ser más creativos», dijo la especialista al inicio del seminario virtual «Manifestaciones rupestres en México», organizado por el Instituto de Estudios sobre América Latina (IEAL) de la Universidad de Sevilla, España, y cuyas sesiones tendrán lugar los viernes de mayo y junio a mediodía en su canal de YouTube.

Aparentemente modestos, dijo Casado López, el estudio de estos lugares se basa en una metodología compleja y un sistema de trabajo que requiere la formación de cuadros específicos.

Si la cantidad de sitios de, y con arte rupestre en México conformaran un gran pastel, casi tres cuartas partes estarían distribuidos en el Norte del país, en el área cultural denominada Aridoamérica, seguidos por el Occidente, el Altiplano Central y Guerrero en orden de concentración de manifestaciones rupestres.

Otras manifestaciones se encuentran en Oaxaca, Tierras Bajas Mayas, Costa del Golfo y Tierras Altas Mayas.

La amplitud temporal de estas «huellas» va de los 10,000 a 8,000 años a. de C., hasta la actualidad, con grupos indígenas que siguen materializando esta gráfica dentro de sus rituales. Pero la diversidad cultural no sólo corresponde a su autoría por parte de grupos de cazadores-recolectores o sociedades agrícolas prehispánicas, sino que también hay arte rupestre que corresponde a la época del Contacto y a la Colonia, así como de los  siglos XIX al XXI.

La doctora en Prehistoria y Arqueología por la Universidad de Zaragoza, España, mencionó que en México hay ocho sitios con manifestaciones rupestres abiertos al público, estos son El Vallecito, Baja California; Boca de Potrerillos, Nuevo León; Las Labradas, Sinaloa; Arroyo Seco, Guanajuato; Huapalcalco/Xihuingo-Tepeapulco, Hidalgo; Loltún, Yucatán; Sierra San Francisco, Baja California Sur; y Cuevas Prehistóricas de Yagul y Mitla, Oaxaca, estos dos últimos inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial.

Dichos sitios están bajo custodia del INAH.

Pilar Casado aseguró que a la par del registro, la investigación y la protección técnica y legal, la interacción con las comunidades aledañas es indispensable para la conservación de estos sitios.

Por ello, dijo, la creatividad es la clave para avanzar en el estudio del arte rupestre en México, porque eso permitiría superar la «disociación tan grande entre el mundo del arte rupestre y el mundo de la arqueología», lo que queda en evidencia en el caso de las cuevas de Yagul y Mitla, espacios vinculados al nacimiento de la agricultura y cuyas paredes y abrigos están repletos de petrograbados. Sin embargo, no han sido «estudiados en conjunto».

«En el área maya sucede algo muy similar –explicó–, los últimos descubrimientos en torno a los primeros pobladores de América en sitios como Hoyo Negro, Quintana Roo, con una antigüedad superior a los 10,000 años, nos debe llevar a pensar en la posible existencia de un arte rupestre más antiguo (de lo ahora conocido) para la península de Yucatán». «Se requieren políticas de transversalidad en las que participen la academia, la sociedad en general y las comunidades, para generar, de abajo hacia arriba, una corriente de preservación», concluyó la especialista. ♦

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