San Antonio de Padua sin fiesta en Tecómitl por pandemia

Mayo 8, 2020.- En esa población aseguran que el Niño original del santo patrono se encuentra en Fresnillo como Santo Niño de Atocha

Por Manuel Garcés Jiménez*

¿Qué va a pasar este 13 de junio durante la fiesta de San Antonio de Padua, patrono de Tecómitl? Es el santo, de acuerdo con la devoción popular, pues encuentra buen marido a la joven casadera que no lo halla y descubre las cosas perdidas.

A la llegada a estas tierras de los conquistadores españoles estos se dieron a la inmediata tarea, luego de imponerse con el arcabuz y la espada, a evangelizar a las comunidades prehispánicas con la imposición de la religión católica, con nombres propios de hombres y mujeres que fueron beatificados o canonizados por su entrega total a Dios, personajes que vivieron según las enseñanzas de Cristo, o fueron mártires sacrificados por el ateísmo. Con todos ellos está integrado el calendario litúrgico, por lo que la iglesia los considera ser reconocidos y celebrados para fortalecer la vida cristiana.

Los primeros frailes franciscanos llegaron a estas tierras en 1524, no les fue fácil la evangelización y, sobre todo, anteponer a cada poblado el nombre católico a cierto lugar que ya se tenía en lengua náhuatl. De tal manera que en cada sitio o altepetl, al imponerles el nombre de un santo, esto dio origen a dos nombres, el náhuatl y el católico, impuesto por los frailes. 

En la evangelización, Tecómitl fue cristianizado con el nombre de San Antonio de Padua, personaje de Lisboa, Portugal (1911-1231), doctor de la iglesia y venerado el 13 de junio en otras tantas partes del país. En Texcoco es su santo patrón, y así en diferentes pueblos y barrios como en Chalco y en Xochimilco, entre otros tantos lugares del país, y naturalmente que en Tecómitl, donde los devotos le agradecen algún milagro realizado o, bien, las mujeres le imploran y le suplican con veladoras y 12 monedas en la mano para que les cumpla (verbi gracia) el deseo de encontrar el amor de su vida.

La vida del poblado de San Antonio Tecómitl cambió como en otros tantos poblados de origen prehispánico, por lo que mantuvo dos nombres. Luego entonces, históricamente y cronológicamente, San Antonio Tecómitl debería ser: «Tecómitl, San Antonio de Padua».

Durante muchos años, los días 12 y 13 de junio han sido de fiesta, de verbena popular por la veneración a la imagen franciscana que se caracteriza por cargar entre sus brazos y con contemplación de ternura al Niño Dios. Creemos que este año de pandemia serán días de tristeza. 

Es posible que en otros tiempos también haya sido suspendida esta fiesta, como otras que lo fueron durante la Guerra Cristera en tiempos del presidente Plutarco Elías Calles, quién mandó cerrar las iglesias en todo el país para poder apaciguar ese movimiento. Otra posibilidad de suspensión fue durante el movimiento revolucionario (1910-1917) cuando el templo religioso fue tomado como cuartel por el ejército carrancista.

La conmemoración a San Antonio da inicio durante la víspera por la tarde, al llevar el santo a la capilla construida en su honor y que se localiza frente a la oquedad natural, «Olla de Piedra», donde una leyenda narra su aparición. Esa noche es de reunión popular y se desborda el ambiente con música, tamales, café y pirotecnia.

Al siguiente día, a las seis de la mañana San Antonio es bajado en medio de perfumadas flores, cohetones que son lanzados al paso de la imagen, hasta llegar al templo adornado con portal de fragantes flores elaborado anualmente por los floricultores de Xochimilco. Se escuchan las Mañanitas y antes del temblor con tañidos de campanas, sin dejar de escuchar en lo alto los cohetones.

Este año 2020 posiblemente será de tristeza por la pandemia que asola a la humanidad en los meses de abril, mayo y posiblemente durante los primeros días de junio. Es la época de coronavirus que causa el Covid-19.

El temblor de 2017 afectó el templo de Tecómitl, por lo que las campanas enmudecieron. Este 13 de junio pocos saldrán a festejarlo, otros en su mayoría se quedarán en casa, quietos, con las ganas de visitar al amigo o al compadre para saborear el mole. Sólo los devotos recordarán a San Antonio de Padua en el altar de la casa.     

Los pueblos fundados en el México prehispánico mantienen una serie de mitos, cuentos y leyendas que conforman su propia identidad, como es el caso de Tecómitl con la leyenda que los oriundos no la pasan por alto, cuando afirman que el verdadero, el original Niño Dios, es conocido como Santo Niño de Atocha y que se encuentra en Fresnillo, Zacatecas.

La leyenda

En Tecómitl, como en otros tantos lugares del país, aún prevalecen historias, mitos y leyendas que, al escucharlas, nos remontan al pasado mágico y religioso, como es el caso de la leyenda del Niño Dios que se encuentra entre los brazos del patrono del lugar. La singular leyenda que hemos escuchado desde tiempos inmemoriales ha sido narrada por los abuelos y aún se mantiene vigente entre los oriundos del lugar, la cuentan con gusto y sostienen que el Niño Dios original de Tecómitl es el Santo Niño de Atocha que se encuentra en la ciudad de Fresnillo Zacatecas. 

La leyenda dice que el niño se apareció en el interior de la burbuja de lava emitida del Teuhtli, cuando éste hizo erupción. Por su forma interior nos da la impresión de estar dentro de una enorme olla.

La versión ancestral nos aclara que en el interior de la enorme burbuja de roca se apareció San Antonio sosteniendo entre sus brazos al Niño Dios que lloraba incesantemente. Así se escuchó durante tres días, pero llegando al tercero fue descubierto por dos hombres tlachiqueros que extraían el aguamiel del interior de los magueyes, quienes al levantar una pesada roca que servía de tapadera vieron una hermosa luz resplandeciente con un hombre en su interior apapachando al niño, de inmediato dieron aviso a los frailes quienes sorprendidos argumentaron que ese hombre era San Antonio y por su aparición debían construirle un templo en su honor. Es así como actualmente tenemos el ex convento del siglo XVI, de arquitectura franciscana, hoy parroquia.   

El origen de la leyenda del Niño Dios de Fresnillo, Zacatecas, surge durante el movimiento revolucionario, cuando el 10 de junio de 1911 el general Emiliano Zapata llega con su tropa al pueblo de Santa Ana Tlacotenco, Milpa Alta, introduciéndose con su tropa en los poblados de la demarcación. El 27 de octubre de ese mismo año ocuparon y controlaron la región del Sureste del Valle de México: Topilejo, Tulyehualco, Nativitas y San Mateo Xalpan; inclusive tomaron la actual Villa Milpa Alta para controlar la zona1.

De los cruentos combates y tras de ocupar la cabecera de Milpa Alta encontraron un lugar estratégico en la casona del señor Brígido Molina, de San Pablo Oztotepec, donde se instaló el campamento zapatista por ser el lugar idóneo debido a su altura que permitiría dominar gran parte del valle, hacia la Ciudad de México, sitio que fue testigo el 19 de julio de 19142 cuando el general Emiliano Zapata y el general Everardo González, entre otros caudillos surianos, ratificaron el Plan de Ayala.

Días después de su ratificación, los habitantes de Tecómitl le dieron la bienvenida al general Emiliano Zapata y a su tropa con un jaripeo en un encierro provisional en lo que hoy es el centro de la población, la Plaza de la Corregidora. No se tiene conocimiento exacto del tiempo que pernoctó en este lugar, pero se tiene la certeza de que fue en la tienda de don Rafael Medina y de su esposa Anselma Ramos Castro, inmueble que se localiza en la esquina de la avenida Hidalgo y 5 de Mayo. Igualmente, asistía en la casa de los señores Marciano Flores y su esposa Marciana Barrera, conocida como la «casa de los marcianos», la cual se localiza en la parte sur de la Plaza de la Corregidora, a un costado de los arcos3.

Como vemos toda esta región y en especial Tecómitl, fue zapatista, es por ello que llegaron las tropas carrancistas tomando los templos religiosos para convertirlos en cuarteles, además de realizar la leva matando «sin ton ni son» a quienes se oponían a sus intereses.

Ante la llegada del carrancismo los habitantes corrieron rumbo al monte para refugiarse en los poblados del estado de Morelos, donde los carrancistas se dedicaron a incendiar las chozas construidas de tejamaniles4  o de tezacate5 con bardas de chinamitl6, llevándose lo poco que tenían los campesinos, como animales de corral (gallinas, guajolotes, borregos y cerdos), robos ocasionados por la tropa de los «carranclanes», hombres odiados con el calificativo de rateros: «nos lo carranciaron» (lo robaron).

La gente escondía a sus hijos adolescentes y jóvenes por la leva carrancista, porque se los llevaban a la fuerza para integrarlos a su tropa, muchos de ellos ya no regresaban. Los templos los convirtieron en cuarteles de refugio de su tropa, fueron saqueados y sus mujeres, que al decir de los abuelos fueron altas, robustas y mal habladas, provenientes del Norte del país, por su forma de vestir y sucia apariencia se les conocían como «las huachas».

Comenta la leyenda que una de las huachas le retira el niño de los brazos a San Antonio de Padua y de forma sarcástica le da su pecho como si lo amamantara. Argumenta la versión popular que aquella mujer por jugar con el Niño Dios muere por cáncer de pecho. Al retirarse los carrancistas de la iglesia se llevan objetos de valor histórico, incluyendo al Niño Dios hacia el Norte del país y precisamente el Niño fue a parar a la ciudad de Fresnillo, Zacatecas, hoy conocido como el «Niño de Santa María de Atocha».

Es grande la popularidad de esta leyenda que fue mencionada en un programa de la televisión comercial trasmitido en vivo desde Tecómitl el sábado 15 de abril de 1993, en el programa Mi Barrio que visitó San Antonio Tecómitl y conducido por Julio Alemán, Belén Balmori, Fredy Fernández el «Pichi» y Marcos Valdez, quienes, además del elenco artístico, dieron una remembranza histórica del poblado7. Al inicio de la transmisión se hizo mención, entre otras cosas, de la leyenda del Niño Dios de Tecómitl, con guión de Antonio Orellana e investigación literaria de Martha Gutiérrez de Orellana, escrita en marzo de 1986.

Un fragmento establece lo siguiente: «Se dice que el primer Niño desapareció en la Revolución y que probablemente se encuentra en Fresnillo, Zacatecas, pues en la espalda de esa pequeña imagen se lee: «San Antonio Tecómitl»8. Los datos investigados fueron retomados por la misma gente nativa del poblado.

Cabe señalar que en la ciudad de Fresnillo, los padres Josefinos, encargados del Santuario, decían que no había datos sobre cómo llegó la imagen de Nuestra Señora de Atocha y su Niño a esa ciudad. Caso singular es cuando se le hace objeto de culto especial que exige representarlo para ser venerado vestido de azul con una pequeña capa o esclavina con cuello de encaje, en la que va prendida una concha. Canasta que lleva en la mano izquierda y un báculo en la otra mano.

La devoción de la imagen se encuentra documentada con profusión en los archivos de la Catedral de Guadalajara, en el Obispado de Zacatecas, y en la Parroquia de la Purificación de Fresnillo9.

Como vemos, los habitantes de Tecómitl aún siguen sostenido que el Niño original del santo patrono San Antonio de Padua se encuentra en esa ciudad de Fresnillo, Zacatecas. Interesante leyenda heredada por nuestros abuelos. ♦

_____

*Presidente del Consejo de la Crónica de la alcaldía de Milpa Alta. Secretario del Cabildo de la Crónica de la Ciudad de México.

Citas:

1 Facsímil del Plan de Ayala 1911. Movimiento Nacional Plan de Ayala, p2.

2 John Womack Jr., p.185.

3 Revista Nosotros, Núm. 155, p6.

4 Tejamanil. Tablas angostas de madera de pino de un metro y medio de largo, 15 centímetros de ancho y centímetro y medio de grosor. Se utilizaba para cubrir los techos de las aldeas, como tejas de barro.

5 Paja que se obtenía en el monte, se compactaba en manojos y se colocaba sobre vigas para cubrir los techos de las aldeas.

6 Varas secas de arbustos que se colocaban en hileras para dividir los predios. Se compactaban y se utilizaban para puertas hacia la calle.  

7 Revista Nosotros, Núm. 145, p14.

8 Texto tomado del guion del programa «Visitando a…», Televisa, SA, marzo de 1986, p25.

9 De Lara, J. Jesús. El Niño de Santa María de Atocha, p5.

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