Sometido a presión personal del Hospital General Tláhuac

Mayo 1, 2020.- La jefa de enfermeras escamotea overoles, botas, goggles y caretas, y amenaza con sanciones a quien no obedezca

Personal de enfermería del Hospital General de Tláhuac reconoció estar al borde del colapso emocional tras de que dicho nosocomio se encuentra con 50 pacientes contagiados por Covid-19 –«cupo lleno», según la autoridad del mismo–, aunado al acoso sistemático que sobre ellos ejercen directivos, jefes y supervisores, a fin de presionarles para que atiendan a los enfermos aun cuando no cuenten con el equipo que les garantice la protección necesaria y corran el menor riesgo posible de ser atacados por la pandemia.

Luego de las constantes exigencias del personal de enfermería para que se les dote del kit necesario –como son overol, botas desechables, gorro, goggles, careta y cubrebocas N95– para poder atender a los contagiados por Covid-19, la jefa de enfermeras, Beatriz Sánchez Merino, con el aval de la directora del hospital, Judith Meléndez Viana, elaboró el oficio JEHGTDMPML/167/2020 en el que les hace un llamado a que se integren a los servicios donde son atendidos pacientes Covid.

Tras de advertir que «en apego a lo que estipula la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos» (aunque no especifica qué estipula al respecto la Carta Magna), esgrimir la ley de responsabilidades de los servidores públicos capitalina y apelar al artículo 148 de la Ley General de Salud «que a la letra dice» que las autoridades sanitarias están facultadas para utilizar «todos los recursos médicos» en la lucha «contra las epidemias», la susodicha advierte que quien se niegue o desatienda sus indicaciones «podría incurrir en sanciones administrativas».

Visita de médicos cubanos al Hospital General de Tláhuac

Sin embargo, para las enfermeras su salud es primero, y ya respondieron con un escrito –con copia a la dirección, a la jefatura y a la supervisión– dirigido a la Comisión de Derechos Humanos, en el que aclaran que en ningún momento se han negado a atender a los pacientes con Covid, siempre y cuando el hospital les brinde la protección suficiente.

«Si no nos brindan la bata del grado que es y de la calidad necesaria (porque el kit que tenemos ni siquiera es del grado que tiene que ser ni es impermeable) hacemos nuestro trabajo con profesionalismo porque para eso estudiamos, con la convicción de servir a la salud de la gente», dice un enfermero de nombre Juan.

Por lo pronto, en el hospital ya tuvieron que irse a recluir a sus casas la jefa del área de urgencias, de nombre Anhí, quien sólo es personal administrativo por lo que nunca llegó a tener contacto con pacientes Covid, y varios enfermeros –no supieron precisar el número– que fueron obligados a entrar al piso donde están aquellos, además de que una enfermera que se negó a entrar en contacto con pacientes sin la protección necesaria renunció a su trabajo.

Testimonio de la enfermera Lupita

El desgaste emocional es mucho, asegura Lupita, enfermera del hospital. «Antes de comenzar con mi turno normalmente me tomo un Yakul, no consumo más alimento que eso, si acaso una manzana, pero es por el miedo a que si como más me den ganas de ir al baño después. La situación está fea, nada más espera una a que le digan te toca tal y tal paciente, de dos a tres en urgencias, y en piso te tocan de a seis».

Antes de comenzar con su turno, Lupita se cambia de ropa para enfrentar el riesgo de atender pacientes con coronavirus. «Me pongo un quirúrgico viejito, como de esos de paciente, pero que nos dan ahí en la lavandería, porque yo no meto ni mi quirúrgico ni mi ropa de casa. Me pongo el uniforme que me dan ahí y paso por mi traje».

El hospital sigue siendo acondicionado, como se ve en la foto superior con nuevas camas

«Cuando te estás cambiando se empieza a sentir un dolor como de tener ganas de ir al baño otra vez, pero acaba una de ir, así que el dolor es de nervios, los nervios de saber qué vas a hacer allá adentro con los enfermos, porque ya no vas a poder tomar nada en tu turno, cuando sientas la deshidratación terrible por el traje que traes puesto, porque se suda horrible. El traje es oscuro y antier ya me andaba desmayando, pero me tuve que parar a atender a mi paciente porque lo iban a entubar», menciona.

Un riesgo permnente de contagio para todos los que ahí trabajan

«El doctor entró y dijo: ‘¿quién tiene al 10?’ que hay que entubarlo, entonces tienes que invocar a la suerte, pensar en otra cosa, me puse a cantar, a preparar el medicamento, todo para imaginar que no estoy ahí porque es horrible».

Les regatean los kits

La situación a la que deben hacer frente tanto enfermeras como enfermeros todos los días, es la falta de equipo para atender a pacientes con Covid.

«Antier íbamos a entrar a urgencias, pero no quisimos meternos a atender a pacientes de urgencias porque no nos dan el equipo necesario, nos dicen que ya no hay; «no hay», así nos dicen, y lo único que nos dan es una bata bien delgadita, con tela de cubrebocas de esos sencillitos, de los más baratitos, así que levantas la bata a contraluz y todo se transparenta. Y así te tienes que meter con los pacientes que están positivos, porque todos los que están ahí ya son positivos».

Según la directora el cupo del Hospital General Tláhuac está a su límite: 50 pacientes, aunque a decir de Lupita «a muchos no hay ni dónde atenderlos».

«El médico les da la atención –explica–, pero después le dice a los familiares: ‘mire, ya le puse tal medicamento, ya le puse oxígeno, ahora lléveselo a otro hospital donde haya lugar porque aquí ya no hay, o si gusta esperar a que fallezca uno a esta hora, hágalo y pues entonces se le dará la cama que quede vacía’».

«Eso, la verdad es muy feo y muy triste. Ayer (martes) fallecieron tan sólo cuatro en mi área, dos llegaron muertos y dos que fallecieron ahí, de Covid-19».

De acuerdo con el testimonio de Lupita, el pasado fin de semana (sábado 25 de abril) directivos del nosocomio obligaron a enfermeras a que fueran a atender pacientes contagiados sin el overol correspondiente, pero tampoco «ni con el equipo necesario de protección, que consta de botas desechables, gorro, goggles, careta, cubrebocas M95, y encima una bata azul desechable, ni tres pares de guantes».

«Los kits que nos quieren dar consisten en una bata desechable, tus botas, dos pares de guantes y tu cubreboca. Careta y goggles muchas veces son de los que reciclan o de los que están ahí medio limpios, porque ni siquiera llevan bien un proceso de sanitización», asegura.

Les quitan el overol

Lupita refiere que el overol la jefa de enfermeras ya dejó de proporcionárselos, aunque pareciera que los está escondiendo porque de pronto se los saca de la manga, cual si fuera bruja.

«Nos están quitando el overol, ¿por qué nos lo quitan?, si con él nos sentimos un poco protegidos, pero ahora nos dicen que ya no nos van a dar el overol, que porque ya no hay. El lunes junto con otra compañera nos quejamos con la supervisora, le dijimos que no se vale que nos hagan eso, que no nos negamos a atender al paciente, pero no nos vamos a arriesgar sin la protección necesaria porque tenemos familia, y es que si yo adquiero el virus ya fregué a mis hijos y a mi madre con los que vivo».

Como respuesta a su renuencia para atender a pacientes con Covid la jefa de enfermeras elaboró, con el apoyo de la directora, el oficio referido antes y le advierte a las enfermeras que si se niegan a brindar atención a los pacientes les va a levantar un acta administrativa por abandono de trabajo y no atención de estos.

«Pero no nos negamos –aclara Lupita–, en ningún momento nos hemos negado a cumplir con nuestra responsabilidad, nada más pedimos que nos den el equipo necesario; ¿pero qué nos dice la jefa de enfermeras?, ahora nos salió con que según la OMS (Organización Mundial de la Salud) no estamos obligados a llevar el overol».

En Milpa Alta están peor

Lupita comenta que de Milpa Alta llegaron dos traslados sólo con la bendición del Supremo. «Porque allá no están tomando tomografías ni rayos X porque no tienen el equipo necesario, nada más los mandan al Hospital de Tláhuac, pero ni siquiera los traen como deben de traer a un paciente con Covid, en una camilla con su cilindro, no; nomás los tapan con una sábana, cuando al paso de un paciente en esas condiciones son que tú tienes que vocear y decir que es código Covid, para que en ese momento no pase nadie por ahí, y después tienes que apagar la alerta para que puedan volver a andar por los pasillos. Porque no hay una camilla especial».

La jefa de enfermeras rehuyó tener contacto con pacientes

Lupita encaró a la jefa de enfermeras. «Si usted no me da el equipo necesario yo no voy a atender a los pacientes. No me voy a arriesgar», le dijo. Aquella le aseguró que las batas eran seguras y que les brindaban la protección suficiente. Fue entonces cuando Lupita la retó: «Si usted me da el ejemplo, se viste como ahorita estoy yo y se mete a atender a un paciente, lo toca y se sienta entre ellos unos 15 minutos, yo lo hago con lo que traigo puesto, ¿quíubo?»

La jefa de enfermeras obviamente no aceptó el reto, se concretó a advertir a las enfermeras que la habían cuestionado lo siguiente:

«Adelante, si no quieren dar atención al paciente les voy a levantar un acta administrativa».

«Dos enfermeros del área de terapia intensiva se metieron a la sala de pacientes con Covid con la pura bata y el cubrebocas, es injusto, la bata ni siquiera te cubre hasta la barbilla, deja descubierto todo el cuello, así el virus entra a la piel. Ya varios compañeros se han ido de incapacidad con una cuarentena porque ya salieron positivos», narra la enfermera.

Otro caso fue el de la jefa de urgencias, Anahí, la cual salió positiva y ya se tuvo que ir del hospital luego de que le hicieron la tomografía correspondiente. «Y eso que ella no está en contacto con los pacientes como nosotros», señala Lupita.

«Es una tristeza ver que todos los compañeros estamos cayendo poco a poco, y que la jefa de enfermeras no hace nada por proveernos de lo que necesitamos para nuestra protección», censura.

Sin embargo, luego de que el lunes la jefa de enfermeras se había rehusado a darles overol a las dos enfermeras que le fueron a reclamar, «porque los demás se quedaron de mensos», en cuestión de minutos a las enfermeras y enfermeros les fueron entregados siete overoles, se los había enviado «la jefa Beti».

¿De dónde sacó los overoles si según ella ya no había?

«Están escondiendo el material», responde Lupita.

Pasantes timoratos que cobran 25 mil mensuales

Al Hospital General de Tláhuac llegaron contratados –por el gobierno federal– una veintena de estudiantes de medicina y pasantes de enfermería para cubrir guardias de 24 por 48 horas, con sueldo de 25 mil pesos mensuales.

«Están ganando 12,500 pesos en una quincena, yo cobro cinco mil en una quincena que no me salen ni libres por los impuestos y porque le debo al banco lo de un préstamo. Cobro tres mil pesos en una quincena. ¿Por eso me voy a arriesgar?», cuestiona Lupita.

«Ellos fueron contratados para entrar directo con los pacientes de Covid-19, pero no lo hacen porque tienen miedo. Se escucha mal, pero si tienes miedo, ¿para qué te alquilas? Ayer (martes 28 de abril) no querían entrar a ver a los pacientes. Pero como la ‘jefa Beti’ les tiene muchas consideraciones, nos dice a las enfermeras, ‘no, miren chicas, es que ellos no saben muy bien todavía’. Nomás que con estos 15 días que pasaron ellos ya cobraron su primer sueldo y nunca los han metido al área donde están los pacientes con Covid».

«Fue apenas el lunes cuando empezamos a meterlos, porque no se vale, a ellos los contrataron para esto durante tres meses, nada más. Deberían meterlos cada tercer día, sería lo justo, porque están ganando bien. Según supimos estuvieron en capacitación 15 días, pero a nosotras sólo nos capacitaron 15 minutos, y con un tríptico en la mano y dentro de nuestra jornada laboral».

Se le salió de las manos el problema al gobierno

«El gobierno no tenían contemplado que esto iba a llegar hasta aquí, se le salió de las manos el problema por la improvisación que de todo hace. ¿Qué decía el ‘Peje’ al principio? No, aquí no llega esto del coronavirus, no va a pasar nada, pero se tuvo mucho tiempo para que él mismo hubiera mandado fabricar muchos cubrebocas M95, así como más equipo, pero no, se guardó hasta donde pudo el dinero».

Para Lupita, el oficio de la jefa de enfermeras –quien al parecer llegó al cargo no hace mucho tiempo gracias a sus buenas relaciones con directivos del hospital y no por capacidad y méritos profesionales– es otra carga emocional para el personal de enfermería.

«El escrito de la ‘jefa Beti’ dice que nos van a demandar, así que nos sentimos acosados por parte de ella y de los supervisores. Esto y luego échele el estrés que uno lleva por la situación, pues emocionalmente estás mal. Nos están acabando. Ayer una compañera empezó a llorar y a temblar, y le dijimos quédate afuera, yo me meto por ti. Es horrible, por un lado están los monitores tutututú acá, y por allá ya llora un paciente, ‘¡enfermera!’, me dice uno mientras me aprieta la mano, ‘¡no me quiero morir!’, y luego otro dice: ‘¡no quiero que me entuben!’ Es un estrés horrible».

«Más aparte la jefa de enfermeras que no se mete, no le entra, nomás está de lejitos. Una compañera le advirtió que ella no iba a atender a un paciente con esos ‘chicos’, y ella le dijo: ‘Pues si no quieres no lo hagas. Déjalos ahí. Y luego habló en general, ‘si no quieren atenderlos no los atiendan, déjenlos ahí, nadie vea a sus pacientes que le tocan, pero si le llega a pasar algo a un paciente y es algo legal ¿saben qué?, se van a ir a la cárcel’».

«Esa compañera finalmente tuvo que meterse sin equipo y ahora andan con mucha tos».

Lupita trae a colación el caso de otra enfermera que ya renunció.

«La semana pasada Ilse nos dijo con lágrimas en los ojos que ya se iba. ¿Por qué?, le preguntamos. ‘Porque ahorita el supervisor Víctor me está obligando a entrar a terapia (intensiva) sin el equipo, y ahorita yo ya hablé con mi esposo por teléfono y me dijo pues renuncia, ni modo que yo no te pueda mantener a ti y a los niños’. Y renunció. Los supervisores te ordenan, te mandan por órdenes de Beatriz a que entres con los pacientes con Covid sin el equipo necesario», relata Lupita. «La mayoría no tiene más ingreso que esto, pero si no les dan el equipo necesario están dispuestas a renunciar. A lo mejor yo también termino por renunciar para irme a vender de informal a un tianguis, pero no me voy a arriesgar más aquí. Viernes, sábado y domingo se pone peor esta situación, cuando hay supervisores déspotas. La semana pasada me dio catarro y pedí incapacidad, y uno de esos supervisores en lugar de preguntar por mi salud, no, llegó y me dijo ‘qué casualidad que ahora aquí todos se enferman…’ ♦

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