Recuerda a hermanas adivinadoras con motivo del Covid-19

Abril 29, 2020.- Hace un siglo estas excéntricas palmistas o cartomancianas, que eran hermanas, literalmente «hicieron su agosto»

Así como hoy miles buscan certidumbre en los mensajes virtuales de tarotistas, ante el desasosiego colectivo derivado por la pandemia del coronavirus, hace un siglo las clarividentes también «hacían su agosto», como era el caso de Zulema Moraima Gelo, la más famosa y excéntrica de ellas, quien aseguraba haber vaticinado la mal llamada «gripe española», la cual tuvo lugar hacia el final de la Primera Guerra Mundial, conflicto internacional que –según ella– también predijo.

A partir de un grupo de imágenes bajo resguardo en la Fototeca Nacional, varias de ellas del Fondo Casasola, la historiadora del arte Mayra Mendoza Avilés ha sacado a la luz a algunas de las clarividentes, adivinadoras, palmistas y cartomancianas que ejercieron en nuestro país la milenaria lectura de los arcanos, centrándose en dos biografías: la de las hermanas Zulema Moraima Gelo y Nelly Mulley (fotografía superior).

En su artículo de Alquimia, «La suerte está echada», Mayra Mendoza apunta que la necesidad humana siempre intentará «descifrar lo desconocido para conseguir un atisbo de esperanza», de ahí que la clarividencia «seguirá siendo un oficio y artificio altamente socorrido, además de rentable».

La quiromántica Zulema Moraima. Archivo Casasola, 1936

La ex subdirectora de la Fototeca Nacional, rescata a estos personajes que se promocionaban en los diarios de la época y atendían lo mismo a gente humilde que a políticos, en sus estancias en céntricos edificios de Ciudad de México. Vidas que transcurrieron entre vaticinios espectaculares y exabruptos de personas timadas, líos amorosos, pleitos caseros, entradas y salidas de la cárcel.

Se concentra en dichas figuras consanguíneas: Zulema Moraima Gelo y Nelly Mulley, quienes bajo sus exóticos nombres –tomados de los personajes de la ópera Zulema, obra de Rubén M. Campos, estrenada al despuntar el siglo XX–, escondían los de María Ciriaca Rosaura y María Trinidad, apellidadas Reséndis, oriundas de Huichapan, Hidalgo.

El encuentro de Mendoza con las imágenes de estas mujeres que aparecen frente a brillantes bolas de cristal, leyendo la palma de hombres y mujeres (e incluso bebés), o en fotomontajes donde lucen ondulantes cuerpos enfundados en velos árabes, fue el inicio de una búsqueda en otros archivos, para encontrar su mención en diarios y revistas, anuncios, y expedientes de carácter oficial.

Por ejemplo, rescata la mención que de Zulema Moraima hizo el escritor José Emilio Pacheco, como «Nuestra máxima vidente», título que se ganó «al predecir en 1920 la muerte de un personaje de la política, la cual coincidió con el asesinato de Venustiano Carranza. Así también acertó la de López Velarde, de quien vaticinó su fallecimiento joven y asfixiado, tal como le sucedió a los 33 años resultado de una bronconeumonía».

Mayra Mendoza, quien se ha dedicado a la divulgación de la fotografía histórica y contemporánea, revela que entre 1919 y 1920, «es posible hallar entre las licencias otorgadas por el Ayuntamiento a los expendios de manteca, carbón, tocino, semillas, vino, jabón y fierro viejo, las solicitudes de Zulema Moraima ya con el apellido Gelo. En ese archivo se encuentran también los registros de Trinidad Ortiz, Julia Alvarado, Rosa Valls, María Garza, Juan Hextt, Rosa Martínez y María Merino, para obtener el consentimiento de ganarse la vida como adivinadores, palmistas, clarividentes o cartomancianos».

Sin embargo, justo en ese lapso comenzó a cambiar su suerte y fueron perseguidas de oficio por disposiciones de las comisiones de Comercio del Ayuntamiento y de Justicia:

«Es posible que los adivinadores estuviesen mermando la actividad comercial, causando demasiado barullo o desprestigio al comercio establecido, ya que algunos ejercían como ambulantes. Lo cierto es que la propuesta encontró eco y no se concedieron más licencias para esta actividad, con el compromiso de retirar las expedidas anteriormente, no así a perseguir de oficio, atribución del Ministerio Público», dice.

Volante de la adivindora egipcia. 1910. Archivo Histórico del DF

«Habrá que anotar que el hipnotismo y espiritismo eran vistos bajo la lupa científica, y las autorizaciones para ejercerlos fueron concedidas sin mayor duda», precisa en su texto la autora, encargada de la Dirección de Divulgación de la Coordinación Nacional de Difusión del INAH.

No obstante, Zulema, «La adivinadora burguesa» (como fue nombrada por algún periódico), siguió ejerciendo en los años 30 en ciudades como Guadalajara y Monterrey, donde la persecución y los pleitos maritales tampoco le dieron tregua. La trayectoria de estas «profesionales de la adivinación», entre ellas su hermana Nelly Mulley, se puede seguir hasta la década de los 60.

«Las hermanas Reséndis nacieron, casualmente, en el mismo municipio de Hidalgo que el político Javier Rojo Gómez. Nelly se convirtió en consejera del que llegaría a ser jefe del Departamento del Distrito Federal, gobernador de Quintana Roo y, aun cuando estuvo en campaña, ni los arcanos mayores ni los menores atinaron para hacerlo presidente», asienta Mendoza.

Lo significativo, concluye, es que «después de las consultas físicas, por correo postal, llamada telefónica y hoy en día aplicaciones de celular, la consulta de los arcanos siga siendo una atractiva oferta para los urgidos de respuestas». ♦

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