Lacandones recuerdan cómo construir un cayuco o «chem»

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Abril 29, 2020.- Los propios lacandones habían olvidado cómo construir un cayuco o chem para navegar en el lago Metzabok

Ocosingo, Chis.- Habían pasado al menos 40 años desde que el último cayuco o chem –nombre maya dado a las canoas del pueblo lacandón– se labró en Metzabok, donde lentamente fueron quedando abandonados dado que, en las aguas, los reemplazaron por botes de fibra de vidrio en los cuales pueden transportarse más personas, como parte de los recorridos turísticos que los lacandones ofrecen para subsistir en complemento a su labor agrícola.

Son los «hermanos mayores de los cocodrilos» y, por esa razón, se dice que siempre y cuando se esté abordo de uno, aquellos reptiles se mantendrán lejos de los navegantes como una señal de respeto al chem. Pero tras de prolongada ausencia han vuelto a recorrer el lago Metzabok, en este municipio chiapaneco.

Como un primer punto, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) con ayuda de Josuhé Lozada, director del Proyecto Arqueológico Metzabok, y del lacandón Enrique Valenzuela, su contacto en la comunidad, averiguaron quiénes aún sabían construir un chem desde cero, llegando a Roberto K’in (sol) y Juan Bor (abeja pequeña), quienes tomaron en sus manos el proceso.

Se procedió así a la elección del árbol: una caoba que se compró en un predio particular fuera del Área de Protección de Flora y Fauna de Metzabok, donde la tala está prohibida. Ello implicó hacer viajes de una hora desde la comunidad de Roberto y Juan hasta el sitio en comento, en jornadas que iniciaban a las seis de la mañana y terminaban al mediodía.

La arqueóloga Pamela Lara detalló que un requerimiento de los lacandones fue que el árbol debía talarse en un día que hubiera luna llena, para evitar la presencia de insectos que —en cualquier otra noche— carcomerían la madera.

Metzabok, Chiapas. Fotografía Alberto Soto [INAH]

El tronco se dejó secar tres días enteros, luego de los cuales dio inicio el arduo proceso de tallado del cayuco y sus remos: con hacha para los cortes profundos y machete en el caso de los segmentos de mayor detalle; midiendo constantemente los niveles con un hilo pintado con tinta negra, el cual se usaba como guía.

El chem fue tomando forma en su oquedad central, sus extremos, su base e, incluso, en el par de «asientos» que se tallan para el descanso de los remeros; llegando así a una longitud de 5.5 metros, 36 centímetros de altura y 56 centímetros de anchura, con una capacidad para transportar, sin dificultad o pérdida de estabilidad, a tres o cuatro ocupantes.

Posteriormente, tras de emplear a más de 10 personas para deslizar el cayuco con troncos y cuerdas a un vehículo, el equipo de arqueólogos solicitó a los lacandones revivir un ritual que, igualmente abandonado, había quedado sólo en la memoria de adultos mayores como el señor Rafael K’in, quien lo había heredado de sus abuelos.

El rito, explicó Roberto Junco, consiste en llevar el chem hasta el lago y dejarlo allí una noche entera para que sus «hermanos menores», los cocodrilos –a quienes se atrae con una ofrenda de dos o tres pescados–, «le enseñen a nadar y a balancearse en el agua».

Si bien muchos de los antiguos simbolismos del proceso de fabricación se han perdido, aún es notorio que los lacandones ven a estas embarcaciones no como objetos, sino como «seres» en sí mismos.

Aunque en un inicio los lacandones decían no saber mucho de sus antiguos métodos de navegación, con el paso del tiempo demostraron que tales historias y conocimientos subsisten.

Prepara SAS video documental

Prioridad para la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH es acrecentar sus actividades de registro de embarcaciones tradicionales en el territorio mexicano, contribuyendo a su investigación y difusión no sólo en artículos de corte científico, sino también por medio de materiales de divulgación para el público en general.

Una primera iniciativa será un documental, el cual se encuentra en etapa de posproducción y que, a su término en los próximos meses, se estrenará en los canales en YouTube de la SAS y de INAH TV, con la posibilidad de llevarse a festivales de cine afines a su contenido.

También se contempla diseñar una exposición, la cual gire en torno a esta iniciativa de rescate de técnicas tradicionales de construcción naval, para lo cual se prevé que el chem construido por Roberto K’in y Juan Bor, pueda ser llevado a distintos puntos del país como la pieza central de una instalación museográfica temporal. Por ahora, el «hermano mayor de los cocodrilos» continúa resguardado en Metzabok, luego de haber probado con éxito que «aprendió a nadar con agilidad» en el lago de esta comunidad chiapaneca. ♦

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