El Cerro del Tepeyac y la arqueoastronomía

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Abril 4, 2020.- La fecha de aparición de la virgen de Guadalupe asociado a un marcador pre-solsticial en el norte de la Cuenca de México

Por Juan Rafael Zimbrón Romero y Ricardo Fernando Moyano Vasconcellos

El Cerro del Tepeyac se localiza al extremo norte de la Cuenca del Valle de México y servía como punto de entrada a los lagos y a los asentamientos indígenas concentrados en el altiplano. Aunque es un cerro poco elevado, desde su cima se tiene una visibilidad de casi 360 grados y, por su ubicación estratégica, desde su cúspide se domina toda la cuenca y los cerros que la cierran al sur, al oriente, al poniente y al norte. También se observa todo lo que fue la región lacustre con sus centros urbanos prehispánicos, como el Peñón de los Baños, Tlatelolco, Tenochtitlán, Iztapalapa y Cuicuilco. Además, está muy cerca del Templo Mayor mexica, situado en el actual zócalo de la Ciudad de México.

Cerro del Tepeyac significa «en la punta o nariz del cerro» (Macazaga, 1979: 148-149). Aparece su topónimo en el Códice Mendocino, en la historia tolteca chichimeca y en el Lienzo de Tlaxcala. Sirve como escenario de cruentas batallas contra los españoles, por ser bastión mexica y servir de limite a la zona náhuatl y otomí. Desde tiempos muy tempranos fue un importante lugar de culto a la diosa madre Tonatzin. Es el cronista Sahagún el que registra la actividad religiosa en el cerro y denuncia el ser un templo prehispánico a donde acudían diversos grupos étnicos de distantes sitios, que van peregrinando para brindarle culto a la deidad:

«Cerca de los montes hay tres o cuatro lugares donde se solían hacer muy solemnes sacrificios, y que venían a ellos de muy lexas tierras. El uno déstos es aquí en México, donde está un montecillo que se llama Tepeácac, y los españoles llámanle Tepeaquilla, y agora se llama Nues Tra Señora de Guadalope. En este lugar tenían un templo dedicado a la Madre de los dioses, que la llamaban Tonantzin, que quiere decir ‘nuestra madre’. Allí hacían muchos sacrificios a honra de esta diosa. Y venían a ellos de más de veinte leguas de todas estas comarcas de México, y traían muchas ofrendas. Venían hombres y mujeres y mozos y mozas a estas fiestas. Era grande concurso de gente en estos días, y todos decían: ‘Vamos a la fiesta de Tonantzin’. Y agóra que está allí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalope, también la llaman Tonantzin, tomada ocasión de los predicadores que a nuestra señora la madre de Dios llaman Tonantzin’». (Sahagún, 1989, t.2: 808).

De hecho se presenta un fenómeno de continuidad y sincretismo donde la diosa prehispánica madre de los dioses es sustituida por la virgen María madre de Jesucristo y en el mismo lugar se desarrolla el viejo y el nuevo culto y es gracias al concurso del milagro de las apariciones marianas a un indígena, que se logra sustituir a la diosa antigua. En la actualidad es uno de los santuarios más importantes de América dedicado a la virgen de Guadalupe, patrona de los mexicanos, y que año con año acuden miles de peregrinos provenientes de diversas latitudes y ofrecen danzas y bailes.

Es a través del milagro guadalupano que los evangelizadores españoles logran imponer el culto cristiano sobre el prehispánico y consiste en la aparición de la virgen al indio Juan Diego en diversos parajes en la cima del cerro del Tepeyac, dichos acontecimientos no son registrados en la obra arriba citada del padre Sahagún (1989), incluso él menciona del peligro latente de que bajo la celebración guadalupana se celebre a la antigua diosa Tonatzin. Es hasta diez años después de la derrota de Tenochtitlan, en 1931, que parece un escrito, quizás dirigido a la nobleza, en la más refinada lengua náhuatl, llamado «Nican mopohua» (Cfr.León-Portilla 2000), que reúne el pensamiento indígena y el mensaje cristiano, donde se relatan las apariciones de la virgen, autenticidad que se dirime en versiones de estudiosos unos en contra y otros a favor, sin querer entrar en esta discusión, nosotros nos enfocaremos en analizar arqueoastronómicamente las tres fechas en que se realizan los acontecimientos sobrenaturales en el Cerro del Tepeyac, y así ver qué sucedía con las posiciones del Sol sobre los horizontes calendáricos del lugar.

En una placa conmemorativa en la fachada de la Iglesia del Cerrito, dice: «En las inmediaciones de este lugar al amanecer del sábado 9 de diciembre de 1531, la madre de dios habló por primera vez con Juan Diego y por la tarde de ese mismo día. Al atardecer del domingo 10 de diciembre nuevamente habló con él. El día 12 de diciembre por la mañana, Juan Diego recogió de este sitio las rosas del milagro».

Pasemos al estudio de los datos disponibles.

Análisis arqueoastronómico

El cronista franciscano fray Bernardino de Sahagún reporta la existencia en el Cerro del Tepeyac de un templo prehispánico dedicado a la diosa madre Tonatzin, que quizás sobre sus ruinas se edificó la iglesia cristiana, en 1531, heredando sus antiguas características geográficas y orientación espacial.

La fachada data de 1660 y está adornada por un Sol al poniente, una Luna al oriente y dos estrellas en lo alto de la Iglesia. En el interior en la parte media hay un Sol amarillo que sirve como marco a una imagen de Cristo, luego en azul hay una Luna que sirve como fondo a la figura de un santo negro franciscano, San Benito de Palermo, cuyo día de celebración es el cuatro de abril, fecha que encontramos marcada en su calendario de horizonte oeste de la iglesia, aunque no sabemos desde cuándo esté decorado así el recinto.

El altar está al norte y sus puertas se abren hacia el sur, y este eje del edificio se dirige a 198° (Tichy, 1991. Moyano, 2010), al sitio del Preclásico de Cuicuilco ubicado en los límites sur del Valle, casi imperceptible desde aquí, y recordemos que por muchos siglos estuvo cubierto por la lava, emitida por la erupción del volcán Xitle, lo que puede ser prueba de que ésta orientación obedece a un edificio más antiguo, localizado previamente en ese mismo lugar. El otro eje perpendicular se dirige hacia el oriente, a un lado de la falda norte del Cerro Papayo, punto Pre-Solsticial del horizonte calendárico del Tepeyac, por lo que el alineamiento de la capilla (del Cerrito) no está asociado con las fechas de aparición de la virgen, ni con la posición del Sol en el solsticio de invierno, obedeciendo entonces la dirección del edificio a otras razones.

A la latitud geográfica 19° 26’ 09.6” N de la capilla del Cerrito le corresponden las fechas del tránsito cenital; el primer paso el 17 de mayo, día del santo franciscano San Pascual Bailón, y el segundo el 26 de julio, día en que se celebra a la madre de la virgen, doña Santa Ana. Estos días no están registrados en los horizontes calendáricos del sitio.

Horizontes Calendáricos del Cerro del Tepeyac

Foto 1: Salida del Sol, 4 de enero de 2010, extremo sur cumbre Papagayo visto desde el cerrito del Tepeyac, Villa de Guadalupe

Las grandes montañas que cierran la Cuenca al oriente, como los medianos cerros al poniente, son puntos destacados del horizonte por donde transita el Sol a lo largo del año, marcando diferentes fechas que pasan por atrás de ellos, según el lugar desde donde estemos observando, ya sea a su salida o puesta del Sol.

Así tenemos que el Tepeyac comparte al Cerro Tlaloc, al Telapon y, principalmente, al Cerro Papayo, una prominente loma que está entre el Iztaccíhuatl y el Telapon y que desde el extremo sur en Cuicuilco también sirve como marcador, registrando el 23 de marzo, visto desde este sitio sureño del preclásico, pasando 260 días para que nuevamente toque su cima el ocho de diciembre, pero ahora observado desde el Tepeyac, cumpliéndose una cuenta calendárica correspondiente al Tonalamatl, el calendario adivinatorio que corría parejo con el de 365 días.

Foto 2: Salida del Sol, 24 de diciembre de 2009, lado sur del Cerro Papayo, vista desde la iglesia del cerrito del Tepeyac, Villa de Guadalupe

Este Cerro Papayo es un punto pre-solsticial (Cfr.Hardman et al. 1992), visto desde el Tepeyac y alrededor de él en su falda sur, el Sol sale desde el nueve de diciembre (fotografía 1), fecha de la primera aparición de la virgen de Guadalupe, y el día 12 se desprende de sus faldas, para regresar después de 20 días nuevamente a esta posición, pasando por su punto solsticial (fotografía 2), saliendo el Sol al lado sur de la loma. El día 12 de diciembre es clave para contar los días para que ocurra el solsticio de invierno, es la fecha de la tercera aparición de la virgen y es muy de mañana antes de que «salga el Sol» (Cfr. León-Portilla, 2000), que el indio Juan Diego sube a la cima para recibir las rosas del milagro.

Hasta aquí todo va bien, pero tenemos un pequeño problema: ¿Estas fechas corresponden al año juliano o gregoriano? Recordemos que el Nican mopohua. documento en náhuatl donde se habla de los días de las apariciones de Guadalupe, data de 1531 y la reforma gregoriana al calendario europeo se hizo en 1582, donde se agregaron diez días más a la cuenta calendárica, por lo que la tercera aparición sería en pleno solsticio, el 22 de diciembre, cuando el Sol no está exactamente en la falda del Cerro Papayo, visto el amanecer desde el Tepeyac. Esta inexactitud de la posición de salida del Sol durante el solsticio llevó al astrónomo Jesús Galindo a moverse de lugar, y lo hizo al cerro contiguo, el Zacahuizco, para ajustar la posición de salida sobre la falda sur del Cerro Papayo (Galindo et. al., 2000); sin embargo, todos los datos históricos y etnográficos y las recientes mediciones con teodolito hechas por Ivan Sprajc y Stanislaw Iwaniszewski, de una estructura en el Cerro Tlaloc, que apunta hacia el Tepeyac, nos habla que el punto importante es este cerrito de la Villa de Guadalupe. Agregamos a esto la hipótesis que es un punto pre-solsticial, es decir, es una marca en el horizonte, para contar día por día hasta su regreso a la misma posición, y sólo se divide el tiempo que tardó en regresar y a la mitad es el solsticio (Hardman et al, 1992: 155-156).

Ahora bien, si tomamos las fechas actuales como correctas, el 12 de diciembre con su salida del Sol desprendiéndose de la falda sur del Cerro Papayo, como fechas gregorianas ya corregidas, diez días después nos situaría en las posiciones del Sol en el calendario juliano, el segundo de diciembre saliendo el Sol en la parte norte de esta misma cima. Recordemos que el Sol casi no se mueve cuando está cerca del solsticio, lo que no contradice nuestro análisis, pues el astro está en la misma loma.

Regresando a las fechas de las apariciones, el indio Juan Diego sube al Tepeyac, por la tarde, los días nueve y 10 de diciembre, y si observamos, en esos días la puesta del Sol vemos que se oculta en el vértice del Cerro la Campana, prominencia que comparte como marcador con el Templo Mayor de Tenochtitlan (Cfr. Galindo 2000: 26-29), y se localiza en la región otomí, característica etnológica del calendario de horizonte poniente. Este cerro tiene un santuario en su cima cuya fiesta se celebra el primero de enero de cada año, saliendo el Sol visto desde este santuario, en el Popocatepetl. Aquí también el vértice norte del Cerro la Campana funciona como marcador pre-solsticial, así tenemos uno a la salida y otro a la puesta, visto desde la cima o nariz del Tepeyac.

Así tenemos que el 12 de diciembre fue una fecha mesoamericana que trascendió a las celebraciones marianas europeas, cuya fiesta más cercana era el ocho de diciembre, día de la Inmaculada Concepción de María, cuando el Sol ya está en el Papayo (Cfr. Zimbrón, 1997).

Fechas importantes en los horizontes calendáricos del Tepeyac

En el horizonte oriental del Tepeyac se pueden registrar las fechas que van del primero de diciembre hasta e l 11 de enero en la cima del Cerro Papayo, luego del ocho de febrero y tres de noviembre en el pico del Telapon, siendo en un punto intermedio el 15 de febrero y 26 octubre y en la cumbre del Tlaloc el 25 de febrero y el 17 octubre.

Foto 3: Puesta del Sol el 22 de diciembre de 2009, vista desde la iglesia del cerrito del Tepeyac, Villa de Guadalupe. Fotografías de Juan Rafael Zimbrón Romero

El horizonte poniente comparte muchos de los cerros que forman los horizontes calendáricos del Templo Mayor de Tenochtitlan, y donde se registra el solsticio de invierno en la loma del Cerro la Campana (fotografía 3); también se repite la fecha, 25 de febrero, y el 17 de octubre que se registra en el horizonte oriente; el 12 de marzo, que en el calendario del cronista Duran (1984) da inicio al año; el 21 de marzo y el 23 de septiembre el equinoccio; el cuatro de abril San Benito de Palermo, santo que está al interior de la capilla del Cerrito; el tres de mayo, día de la Santa Cruz, fecha importante en el calendario indígena (Cfr, Broda 1986), y tiene el potencial de ser una cumbre en el marcador presolsticial para el solsticio de junio .

Podemos decir que si fuera válido iniciar el año en el solsticio de diciembre, como algunos lo proponen, entonces tendríamos que la fiesta de la virgen de Guadalupe sería la celebración de año nuevo en esta región norteña del Valle. ♦

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Bibliografía

Broda, Johanna. «Significant dates of the Mesoamerican agricultural calendar and archaeoastronomy». Ponencia presentada en la Second Oxford Archaeoastronomy Conference, Mérida, Yucatán, 1986.

Durán, Fray Diego. Historia de las Indias de Nueva España e islas de la tierra firme. Ángel Ma. Garibay K. (ed.). Editorial Porrúa, segunda edición, dos volúmenes, México, 1984.

Galindo Trejo, Jesús. «Alineación solar del Templo Mayor de Tenochtitlan». En Revista Arqueología Mexicana, vol. VII-núm.41, enero-febrero, pp. 26-29. México, 2000.

Galindo Trejo, Jesús, e Ismael Arturo Montero García. «El Tepeyac: un sistema de observación astronómica en el México antiguo». En Tepeyac Estudios históricos. Carmen Aguilera, Ismael Arturo Montero García (Coordinadores). Universidad del Tepeyac, pp. 43-54. México, 2000.

Hardman, Clark. JR., y Marjorie H. Hardman. Linear solar observatory theory: The development of concepts of time and calendar. North American Archaeologist 13(2):149-172. 1992.

León-Portilla, Miguel. Tonatzin Guadalupe. Pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el «Nican mopohua». Sección de Obras de Antropología. El Colegio Nacional, Fondo de Cultura Económica. México, 2000.

Macazaga Ordoño, Cesar. Nombres geográficos de México. Fotografía de Antonio Toussaint. Editorial Innovación, S.A. México, 1979.

Sahagún, Fray Bernardino de. Historia general de las cosas de Nueva España. Josefina García Quintana y Alfredo López Austín (eds.). Conaculta, Alianza Editorial Mexicana, segunda edición, 2 tomos, México, 1989.

Tichy, Franz. Die Goerdnete welt indianischer völker: ein beispiel von raumordnung und zeitordnung im vorkolumbischen Mexiko. Franz Stainer Verlag. Stutgart, 1991. Zimbrón Romero, Juan Rafael. «El solsticio de invierno en el Valle de México». En revista México Desconocido. Editorial México Desconocido, número 250, diciembre, pp. 18-26. México, 1997.

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Trabajo presentado en el IX Simposio Internacional «Oxford» sobre Arqueoastronomía. Encuentro regional celebrado el 13 de enero de 2011 en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

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