Sistemático acoso a vestigios arqueológicos en Xochimilco

Marzo 26, 2020.- En el Cerro de Cuahilama vándalos llegaron a vaciar en 2009 botes de pintura sobre petroglifos y vestigios de importancia comparable con el Templo Mayor tenochca

Por Juan Rafael Zimbrón Romero | Diciembre 6, 2010

El arqueólogo Raúl Ávila López concluyó breve temporada de excavaciones arqueológicas en la zona de Cuahilama, en Xochimilco, para detectar la importancia de los vestigios que se encuentran en el lugar y así determinar las políticas que aplicará el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el lugar a futuro.

A raíz de varios ataques por parte de grafiteros a los principales relieves que ahí se encuentran, el Consejo de Pueblos Xochimilcas –próximamente Asociación Civil– hizo la denuncia al INAH y la delegación para que intervinieran y evitar la destrucción de los petroglifos, pero sólo el Instituto respondió e intervino a fin de brindarles protección y mantenimiento. Esto también, gracias al permiso otorgado por la familia Romero, dueña del predio donde se encuentran los restos arqueológicos, se pudo hacer el rescate y la investigación. Es la primera vez que en Xochimilco se logra establecer convenio con particulares para poder realizar las tareas necesarias de conservación, restauración y exploración del patrimonio histórico.

Los trabajos que se realizaron fueron la excavación en la cima del cerro donde hay vestigios de estructuras piramidales, montículos, plataformas, restos de cuartos, para saber que uso y función tuvo el lugar y poder desmitificar si fue un centro ceremonial con palacios y templos, o un observatorio astronómico como por muchos años se pensó. Todo esto, para determinar si se justifica su exploración más profunda y sistemática.

También se han hecho jaulas para protección de los petroglifos, plataformas y pasillos, con el fin de poder apreciarlos mejor por parte de los visitantes escolares; asimismo, placas, letreros, techos, cambios en los caminos de acceso y consolidación de las piedras donde se encuentran; dibujos a escala, investigaciones minuciosas que han dado como resultado el descubrimiento de que algunos relieves fueron remarcados hace unos 40 años.

Falta por hacer un evaluación de la perimetral, para ver si continúan las 7.5 hectáreas que en la actualidad están contempladas como zona arqueológica, dentro del Plan de Desarrollo Urbano de Xochimilco, regularización de la tenencia de la tierra, evaluar si procede la expropiación, pues son terrenos particulares; bardear, cerrar y restringir el acceso del lugar para su protección, y dirigir el flujo peatonal por vías externas. Hacer casetas para contar con vigilancia permanente, mantenimiento, restauración y conservación; aclarar con la Unesco si está contemplado el lugar como patrimonio de la humanidad; convencer a la delegación para que el sitio pase a sólo dominio del Instituto; construir ahí un museo digno de la chinampa o un centro cultural; difundir los hallazgos y resultados de las investigaciones, y administrar el sitio por parte de la comunidad y las autoridades. Los resultados de las excavaciones servirán para evaluar la importancia del sitio y definir las políticas a mediano plazo.

Itzpapalotl grafitedo en 2009

En fin, apenas empieza la chamba. Hay una larga jornada que le corresponde a la comunidad exigir y entablar con sus autoridades, que se han visto rebasadas por la problemática que impera ahí, como es vandalismo, drogadicción, alcoholismo, abandono, basura, descuido, olvido y prepotencia de algunos vecinos en cuanto a la conservación del sitio.

En lo que respecta a los datos históricos, la zona arqueológica del Cerro Cuahilama, nos dice el arqueólogo Raúl Ávila que son vestigios muy recientes y con una importancia comparable con el Templo Mayor tenochca. Responden al Posclásico Tardío, cuando Tenochtitlan está en pleno auge antes de la llegada de los europeos al continente y, por supuesto, es un bastión mexica. Aunque en la llamada maqueta prehispánica hay una «cruz punteada», diseño de origen teotihuacano.

Nahui Ollin

Las hipótesis de lo que fue Cuahilama van desde que fue un jardín botánico de plantas medicinales, un centro ceremonial con plazas, templos e instalaciones astronómicas; un puerto donde se proveía de canoas a los pochtecas provenientes del sur, cargados con artículos de otras regiones, para que distribuyeran sus productos en los asentamientos alrededor de los lagos, hasta puerta de entrada a Tenochtitlan. Se dice que aquí se proporcionaban canoas para trasladarse a otros asentamientos a la orilla o en medio de los lagos, o se cuidaban, se controlaban y vigilaban los botes cargados de productos provenientes de otras latitudes.

En Cuahilama inicia la montaña y fue el último centro urbano antes de llegar a la isla donde se edificó el núcleo central de Xochimilco y que podría haber controlado, además de la producción agrícola en chinampas, las terrazas de temporal construidas en las faldas de los cerros. Quizás fue un núcleo donde se concentraban las actividades de control y distribución de la producción de verduras, vegetales y flores, y las acciones relacionadas con su calidad de puerto.

Ocelotl grafiteado y golpeado

El cerro está totalmente trabajado con diques, cuartos, plataformas, bardas y terrazas, construidas en desniveles, aprovechando la propia topografía del lugar. La ubicación de sus petroglifos nos indica el uso de terraceado en la arquitectura. Los relieves tallados son flores, plantas de ornato y medicinales; animales fantásticos, felinos y perros; insectos, gusanos, armas, escudos, signos calendáricos, solares y astronómicos; sacerdotes y replicas en miniatura de pirámides, pocitas y maquetas.

¿Existían estos animales en Cuahilama? Quizás en el zoológico del Cerro de la Estrella.

Ocelotl, víctima de la estupidez humana

Los símbolos ahí reunidos nos hablan de la cacería, la danza, la agricultura, la medicina, la botánica, la zoología, el Sol, el día, la noche, las eras que ha pasado la humanidad, el calendario y la astronomía; el ritual, la religión y el pensamiento que se tenía sobre la naturaleza y la vida del hombre.

Los relieves descubiertos más recientes están donde se encuentra la piedra tallada con el sacerdote sobre una réplica de templo en miniatura. Ahí a pie de monte, justo al fondo del camino, sale de la falda una piedra alargada y ahí, donde empieza, se esculpió la cola de un gran felino; luego hay una incisión arriba y abajo, el diseño barrado y justo antes de concluir su otro extremo, se talló la cola enroscada de otro animal pequeño. Tal vez es una escena de una familia donde las crías juegan con su madre.

Arriba de esta escena está la cabeza pétrea de la anciana que le da nombre al sitio de Cuahilama y que también se pensaba que era una deidad femenina, Cihuacoatl.

Y en la parte baja del cerro se encuentra una piedra con pocita, conocida por los lugareños como el Cenote. Esta es una piedra escalonada, que en su parte más alta, que representa su cima, hay una pocita cilíndrica. Además, al final del cerro hay una réplica de un monte terraceado, con sus terrazas agrícolas y sus pozos de irrigación, quizás al borde de esta piedra llegaba la orilla del Lago.

Los cuerpos posteriores de los felinos fueron detectados desde 1989, en una visita que hicimos al lugar en compañía del arqueólogo Antonio Urdapilleta y de Francisco Rivas Castro. Los estudios sobre el significado de todos estos tallados los podemos encontrar en la Guía del Cuahilama o en el libro Paisajes tallados en piedra en Xochimilco y Milpa Alta, editado por la Librería Navarro.

Fuera de la zona arqueológica del cerro Cuahilama, pero dentro del actual pueblo de Acalpixcan, distribuidas en las partes altas, hay otros montículos: uno en el cerro Tenezcalco y otro en el barrio de la Planta, conocido como «El Mirador», y los lugareños más antiguos nos platican que al final de la calle dos de abril ahí existía otra estructura y más relieves. En los cerros aledaños que rodean al poblado, también hay más petroglifos dispersos en su territorio y la presencia de terrazas es evidente en todas las faldas de ellos, caminos y calzadas empedradas en sus inmediaciones ahora ya desaparecidas.

Debido al asfixiante crecimiento urbano en Xochimilco, año con año la perimetral que envuelve a la zona arqueológica ha ido perdiendo metros y metros que se han hecho hectáreas, aunado a esto los más hermosos petroglifos han sido dañados en varias ocasiones ya sea golpeándolos o rayándolos con instrumentos metálicos, o arrojándoles pintura o rociándolos con spray, son cinco los más dañados. En los años 50, la maqueta prehispánica ya presentaba incisiones de iniciales hechas con algún objeto de metal, luego el Ocelotl fue golpeado con un martillo perdiendo parte de la oreja, y el Xoneculli fue remarcado. A principios de los 90, al Ollin se le vacío un bote con pintura verde y permaneció en total descuido el conjunto, hasta cubrirse de líquenes sus superficies.

Para fines de 1990, fueron grafiteados salvajemente el Ocelotl y la Mariposa, por lo que se le pidió al INAH que interviniera y los restaurara, logrando despintarlos a un alto costo en términos monetarios y reduciendo la calidad de los tallados; se cambió la ruta de acceso a los petroglifos, se plantaron cactus como medida de protección para impedir el acceso a ellos; se hicieron pozos de sondeo; se estableció una nueva línea perimetral y se dejaron las investigaciones más profundas para un futuro. Se levantaron algunas hipótesis en cuanto al uso y función del lugar. Estos trabajos los dirigió la arqueóloga Aldir González Morelos, entre los años 2002 y 2003.

Mientras un grupo de pobladores originarios formaron una agrupación llamada Junta Vecinal Pro-Cuahilama, la cual se dedicó exclusivamente a la protección y difusión de la zona arqueológica, por lo que desarrolló actividades culturales, visitas guiadas al sitio, trabajó con los alumnos de las escuelas aledañas, llevó a conferencistas de renombre, elaboró un libro con la historia del cerro y el significado de sus petroglifos, además de que logró coordinarse con el INAH para realizar algunas actividades de rescate y difusión, pero no se coordinó con la arqueóloga encargada, Aldir.

Por su parte, la Unesco declaró a Cuailama como Patrimonio de la Humanidad, eso lo publicó en sus memorias de actividades de Xochimilco e incluyó su perimetral en lo considerado como área protegida. En ese entonces el delegado Uriel González se comprometió a rescatar los petroglifos, pero no pudo hacerlo al verse superado y no poder resolver el problema de la tenencia de la tierra. Al no llegar a un acuerdo en el precio de los terrenos privados donde se encuentran los vestigios, cuyos recursos al no ser aplicados a lo prehispánico se destinaron a reparar la cúpula de la iglesia de San Bernardino, dejó descubiertos nuevamente los petroglifos.

Ahora en 2009, un nuevo ataque con spray a los famosos relieves de la mariposa y el ocelotl ha dado cabida a otra intervención del INAH en el Cuailama, a la creación de una nueva asociación vecinal encargada de su protección llamada Consejo Cultural de Pueblos Xochimilcas, y a solicitarle a la delegación una nueva participación que se había minimizado, como siempre.

En la actualidad se hace necesario contar con vigilancia permanente de la zona arqueológica para evitar nuevos ataques a los petroglifos, instalación de casetas de vigilancia y, para ello, se cuenta con el consentimiento de los dueños de los predios; levantar una barda alrededor del área perimetral, restaurar los relieves, destinar más recursos para su investigación y difundir los resultados. Con estas inversiones y actividades se podría pasar a considerarse este sitio como verdadero Patrimonio de la Humanidad. En una reunión con el delegado, se platicó sobre la pertinencia de destinar recursos para su vigilancia y restauración, así como poner malla ciclónica, cerrar el lugar y poner casetas y letreros indicando los usos permitidos. Elaborar un Reglamento de visita, establecer un proyecto para el sitio en el cual el Plan de Xochimilco contemple recursos; coordinar actividades con las diversas instancias federales, delegacionales y del Gobierno de Distrito Federal y de organismos internacionales como la Unesco, para que puedan ser salvados estos tallados en piedra únicos en la Cuenca del Valle de México, pero hasta el momento sólo son platicas de pasillo y pasos perdidos del edificio delegacional. ♦

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