En Xochimilco, Cerro Cuahilama, «punta de iceberg»

Marzo 27, 2020.- El área abarca desde los pueblos de Santa Cruz Acalpixca y San Gregorio Atlapulco hasta San Bartolomé Xicomulco

Entre 1420 y 1521, cuando los antiguos xochimilcas dirigían su mirada a uno de sus espacios más venerados, el Cerro Cuahilama, se hallaban frente al enemigo, los mexicas, quienes habían convertido el área de Piedra Larga en su bastión.

En busca de ese pasado y otros más remotos de la zona de Cuauhilama, ubicada al sur de la Cuenca de México, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) conformó un plan arqueológico integral e interdisciplinario en junio de 2016, seis años después de que el urbanista y etnógrafo Juan Rafael Zimbrón Romero denunciara el acoso continuo de vándalos a los vestigios arqueológicos de la zona.

El proyecto de salvamento arqueológico de Cuahilama-Piedra Larga tuvo su propia fortificación en el Museo Arqueológico de Xochimilco, instalado en la centenaria casa de bombas del pueblo Santa Cruz Acalpixca. Desde ahí, el INAH comenzó a trazar sus objetivos y tareas a corto, mediano y largo plazos.

A decir del arqueólogo Juan Carlos Campos Varela, el corto plazo debía comprender el inicio del proceso de excavación de algunas áreas habitacionales detectadas en Piedra Larga, y la restauración y conservación de 10 de los 16 monumentos prehispánicos labrados en las laderas del Cerro Cuahilama, los cuales mostraban desgaste debido al intemperismo y a causas de carácter antropogénico como el vandalismo.

A mediano plazo el propósito consistió en poner en valor la totalidad del Cerro Cuahilama por medio de una protección física que permitiera una visita más frecuente y respetuosa del entorno. Y a largo plazo el objetivo consistió en lograr que el proceso de investigación aportara nuevos datos, sí como una nueva interpretación acerca de la importancia cultural, arqueológica e histórica de Xochimilco y, en general, el sur de la Cuenca de México.

«En realidad, Cerro Cuahilama, nombre náhuatl que en español significa ‘bosque de la anciana’, es la ‘punta del iceberg’ de un área con potencial arqueológico mayor, con una longitud de tres kilómetros por 1.5 de ancho, que va desde los pueblos de Santa Cruz Acalpixca y San Gregorio Atlapulco —en línea recta hacia el sur— hasta San Bartolomé Xicomulco, en los límites con la delegación Milpa Alta», comentó Campos Varela.

Si bien este conocimiento del terreno por parte del proyecto de salvamento arqueológico Cuahilama-Piedra Larga se basa, en parte, en los reconocimientos hechos por otros expertos (entre finales del siglo XIX hasta el presente), ahora se afianza luego de una primera temporada de campo que incluyó «concienzudos» recorridos de superficie y levantamientos topográficos completos, apoyados parcialmente en fotografías aéreas capturadas a través de un dron que realizó sobrevuelos en la zona, a 60 metros de altura.

Cuahilama y Piedra Larga están separadas por escasos 500 metros, aunque esto es relativo por lo accidentado de la orografía. El primero se encuentra en una cota de 2,280 metros sobre el nivel del mar en la ribera de lo que era el lago de Xochimilco, de ahí que fuera una referencia geográfica singular en la época prehispánica.

Por su parte, Piedra Larga está a más de 2,400 msnm., y desde ahí se tiene una vista de todo el sur de la cuenca.

Ambos cerros se encuentran ligados en términos culturales. Ahí el equipo del INAH encontró «materiales y arquitectura similares, un patrón repetido de terrazas donde hay montículos, es decir, secciones de los cerros que fueron adecuadas para hacer terrazas agrícolas, defensivas y de tipo arquitectónico, por lo que eran espacios exclusivos», indicó entonces el especialista.

Los materiales recuperados en superficie permitieron determinar la ocupación del área durante el periodo Posclásico Tardío (entre 1420 y hasta la época del contacto con los españoles), cuando el imperio mexica hizo de esta zona un enclave importante para dirigir sus campañas militares hacia la llamada Tierra Caliente de Morelos, Guerrero y Puebla, que dieron inicio con el gobierno de Itzcóatl, en 1428.

Durante un recorrido por el Cerro Cuahilama, el arqueólogo reparó en un grabado que podría haber representado al citado tlatoani mexica y que fue mutilado, posiblemente (una vez conquistada México-Tenochtitlan por los españoles), como una forma de simbolizar la recuperación de este territorio por parte de los xochimilcas, quienes fueron tributarios de la Triple Alianza.

De acuerdo con el códice Matrícula de Tributos, cada 80 días las provincias tributarias del sur entregaban incienso, perfumes, tintas y barnices; al semestre: textiles, alimentos y productos agrícolas, materiales suntuarios y de construcción; y al año: trajes y escudos de guerreros.

El equipo de investigación registró en 2016 el estado de conservación de 16 monumentos arqueológicos diseminados en el Cerro Cuahilama, los cuales, de acuerdo con Campos, fueron realizados en un mismo periodo y aluden al calendario y la cosmovisión nahua prehispánica.

Los relieves en basalto representan —entre otros— el glifo del Nahui Ollin que alude al nacimiento del Quinto Sol y los rumbos cardinales, al Xonecuilli o bastón de mando del dios Quetzalcóatl, y la fecha (Ce Cipactli) que marca el inicio de la veintena de los días. También está labrada la figura de un perro xoloitzcuintle que marca el décimo día del calendario nahua y estaba relacionado con Xólotl, el gemelo de Quetzalcóatl; así como una mariposa o papalotl junto con la planta sagrada de los xochimilcas, el huacalxochitl.

En otra de las laderas del Cerro Cuahilama, cuyo polígono de protección abarca aproximadamente ocho hectáreas, se ubican otras piedras donde esquemáticamente se representan los ojos de agua y las terrazas que se hallaban en la zona, además de un par de maquetas del sitio.

El proyecto de salvamento arqueológico Cuahilama-Piedra Larga, según se dijo por parte del INAH en 2016, «intentaría apoyar» a la denominada «Autoridad de la Zona Patrimonio Mundial Natural y Cultural de la Humanidad en Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta» del gobierno capitalino, para que ésta viera «la posibilidad de extender la protección técnica y legal» del área patrimonio hacia la parte cerril donde convergen los componentes cultural-arqueológico y ambiental.

Entonces Campos aseguró que lo que estaban haciendo –se supone que el Instituto y la Autoridad– era la actualización de dicho perímetro, «la documentación pormenorizada de estas evidencias arqueológicas que están al interior, para proponer con detalle y valor técnico, un proyecto viable de protección a la delegación Xochimilco, que es el órgano jurídico-administrativo responsable de la protección de esta área». Dijo que el INAH estaba brindando «toda la información arqueológica» y «todos los antecedentes» a fin de que se pudiera sustentar la «puesta en valor del sitio». ♦

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