Historiografía mexicana a partir del Códice Chimalpahin

Marzo 25, 2020.- Libro incluye manuscritos en español, náhuatl y purépecha, en su mayoría de finales del siglo XVI e inicios del XVII

En 2014 la oportuna actuación del gobierno federal permitió recuperar un corpus señero de la historiografía mexicana. El lote 16 de la subasta de la Casa Christie’s, compuesto por antiguos manuscritos que fueron compilados originalmente por el erudito Carlos de Sigüenza y Góngora, en el siglo XVII, no llegaron a formar parte de la puja y retornaron a nuestro país.

A fin de que estos invaluables textos no sólo permanezcan en resguardo, sino que cuenten su historia y se difunda su estudio, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) editó el libro Manuscritos mexicanos perdidos y recuperados, el cual reúne 17 ensayos de reconocidos investigadores, entre ellos, Wayne Ruwet —quien reparó en su existencia en la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera— y Miguel León-Portilla, a cuya memoria está dedicado este volumen.

A decir del antropólogo Diego Prieto Hernández, director del INAH, este conjunto incluye manuscritos en español, náhuatl y purépecha, en su mayoría de finales del siglo XVI e inicios del XVII.

La publicación incluye una narración del doctor León-Portilla sobre los primeros contactos entre Japón y México en la entonces capital del virreinato: «La Embajada japonesa en México, 1613-1614, según el testimonio en náhuatl del cronista Chimalpahin», que fuera publicado originalmente en el número 115 de la Revista de la Universidad de México.

Los manuscritos repatriados, de acuerdo con Prieto Hernández, pueden calificarse como «el inicio de la historiografía mexicana».

Entre ellos se encuentra el llamado Códice Chimalpahin. Se trata de escritos en español y náhuatl, autoría de dos historiadores novohispanos de noble ascendencia indígena: Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, originario de Texcoco y pariente directo de Nezahualcóyotl, y Domingo de San Antón Muñón Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin, sucesor de los señores de Chalco-Amecameca.

En los tres volúmenes que integran dicho códice, se consignaron hechos históricos que fortalecieron los altepeme dominantes en la región central del país, principalmente los de Tenochtitlan y Tlatelolco; así como diversos aspectos de su cultura y de su vida cotidiana, tales como tradiciones, estirpes y calendarios. Además, en ellos se encuentra la copia en náhuatl más antigua que se conoce de la Crónica Mexicáyotl, escrita por Fernando Alvarado Tezozómoc.

Rodrigo Martínez Baracs, co-compilador del libro, comentó que don Miguel León-Portilla se mostraba particularmente molesto cuando salía a colación la manera en que estos importantes testimonios salieron de México: el historiador y político José María Luis Mora los «intercambió» al escocés James Thomson, por un número indeterminado de biblias protestantes. Fue así como terminaron en la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, hasta que el corpus se trasladó a la Biblioteca de la Universidad de Cambridge, en 1982.

El investigador del INAH advirtió de las «limitaciones» de llamar a estos manuscritos como Códice Chimalpahin, debido a que los tres volúmenes no forman propiamente un códice en el «sentido mexicano» de la palabra, ya que son manuscritos sin ilustraciones; además, los de Chimalpahin y de Alva Ixtlilxóchitl incluyen otros como la Suma, de Muñoz Camargo, la citada Crónica Mexicáyotl, de Alvarado Tezozómoc, y la Memoria, de don Melchor Caltzin.

En opinión de Martínez Baracs, «tal vez sea lo más correcto llamar al documento Manuscritos mexicanos de Carlos de Sigüenza y Góngora, por haberlos él compilado y encuadernado».

Baltazar Brito Guadarrama, director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, habló de los acuerdos que permitieron este hito en la recuperación del patrimonio documental del país. Esta peripecia comenzó cuando unos amigos le informaron sobre el posible remate de los manuscritos, a partir de ese momento se buscó que autoridades del INAH y del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, presidido por Rafael Tovar y de Teresa, convinieran con la casa de subastas Christie’s, antes de celebrarse la puja. Lo que finalmente se logró.

Brito dio a conocer que estos valiosos manuscritos han sido digitalizados y puestos a disposición del público en: Códice Chimalpahin. Salvador Rueda Smithers, director del Museo Nacional de Historia y también compilador del libro junto con Clementina Battcock, contextualizó la importante labor de recopilación de Carlos de Sigüenza y Góngora. «Sabemos hoy que el imaginario barroco fue más complejo y completo: tratados de arquitectura, novelas de caballería, artes poéticas, vocabularios y las primeras gacetas poblaron las estanterías de los sabios y bibliófilos europeos y americanos. Los autores barrocos marcaron al pensamiento de su época y abrió paso a modos y gustos posteriores ilustrados y románticos». ♦

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