El Popocatépetl, marcador solsticial en Milpa Alta y Xochimilco

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Marzo 22, 2020.- El alineamiento de tres sitios prehispánicos el 21 o 22 de diciembre de cada año

Xochimilco es universalmente conocido por su producción agrícola prehispánica intensiva basada en la construcción de chinampas en medio del lago de agua dulce, actividad que tiene sus antecedentes más remotos con los primeros pobladores teotihuacanos, los de Cuicuilco y toltecas establecidos en la parte sur de la cuenca, quizás 3000 años antes de la llegada de los mexicas a estas islas y tierra firme que pasó a ser el territorio sureño de la nación xochimilca.

Pero Xochimilco no fue únicamente lago y chinampa, sus primeros habitantes antes de dominar los cuerpos de agua se establecieron en la montaña, en los bosques, junto a los lechos de ríos y manantiales, en las cañadas y barrancas, en las pendientes de los cerros y volcanes por donde escurría la lluvia y ahí construyeron en las faldas y voladeros sus terrazas agrícolas irrigadas mediante complejos sistemas de riego por gravedad, formado por bardas, drenajes, diques, plataformas y escaleras construidas en las laderas de las montañas originando una peculiar vista escalonada al paisaje de la región, relieves casi topográficos cuyas réplicas en miniatura los indígenas tallaron en piedra[1].

Los asentamientos humanos que respondieron a los requerimientos de estas formas de producción agrícola basada en terrazas, se hicieron en forma dispersa, pero reunida en pequeños núcleos no sólo en las islas y junto al lago o a lo largo de los canales, sino en los bosques y pequeños cerros y en las cúspides de grandes montañas, es decir, en la tierra libre de agua donde construyeron los xochimilcas sus habitaciones y centros ceremoniales, como el sitio de Cuailama, construido en una pequeña loma hasta donde llegaba un canal que cruzaba al pueblo luego colonial de Santa Cruz Acalpixcan, ubicado al sur y a pocos kilómetros del centro de Xochimilco.

Por otra parte, sabemos que los antiguos grupos indígenas contaban el paso del tiempo siguiendo el paso del Sol, por el horizonte ya sea en su salida o en su puesta o la combinación de ellas, ocupando los puntos sobresalientes para fijar fechas, y coordinar actividades sociales y productivas; estos calendarios se conocen como calendarios de horizonte y se construían fijando un punto de observación desde el cual se pudiera ver el desplazamiento solar día por día, cruzando las grandes prominencias, sobre todo se fijaban los solsticios de diciembre y junio,  fechas cerca de los equinoccios de marzo y septiembre; el tránsito cenital, y en ocasiones otras fechas significativas y a partir de que el Sol cruzaba atrás de los grandes picos, empezaba la contabilidad.

Uno de estos marcadores solares del horizonte fue el cráter del Popocatépetl, que sirvió en Xochicalco, Morelos, para medir los días del paso del sol en su tránsito cenital, que es por estas latitudes el 15 de mayo [Cfr Morante, 1990: 28-32].

En Xochimilco, el Popo sirvió para registrar la llegada del solsticio de invierno visto el amanecer desde la cumbre más alta del cerro Xochitepec, localizado cerca de La Noria y Tepepan, desde el paraje de Piedra Larga en el pueblo de Santa Cruz Acalpixcan, y en las terrazas orientales del Cerro Cempoaltepetl en San Pedro Actopan, Milpa Alta; en estos tres sitios el Sol está en la misma posición de salida en esta misma fecha, produciendo un alineamiento muy preciso entre estos tres sitios prehispánicos.

El geógrafo alemán Franz Tichy [Cfr. 1983: 61-84] en la década de los 90, propuso la existencia de una planificación calendárica en la cuenca del Valle de México, basada en una unidad de 4.5 grados, donde cerros, pueblos, pirámides y posiciones solares en el horizonte se coordinaban para ubicar los emplazamientos indígenas en el territorio. Pero en su modelo hipotético basado en grados, nunca detectó el alineamiento solsticial de estos tres sitios xochimilcas, ya que salían de su esquema propuesto, ni tampoco se imaginó que los soportes pétreos con pocitas, petroglifos y réplicas de terrazas en miniatura, sirvieran para fijar en el espacio los sitios de observación y los lugares que estaban alineados en determinadas fechas calendáricas con las posiciones del Sol en el horizonte durante las salidas y puestas solares, y que mientras el fenómeno visual se efectuaba se hacían rituales en estas piedras [Cfr. Ruiz de Alarcón, 1953: 40]2 y se podían hacer correcciones al calendario. Pero pasemos a analizar los sitios concretos:

Cima principal del Cerro Xochitepec, perteneciente al pueblo de Santa Cruz Xochitepec

Sitio en la cumbre principal del Cerro Xochitepec ubicado como puerta de entrada a Xochimilco donde se localiza la Cruz cristiana del lugar y el petroglifo prehispánico de un tlaloque o guerrero con su penacho y una pocita en su vientre y en cuyas faldas de este monte se encuentra el pueblo de Santa Cruz, Xochitepec, contiguo al poblado de Tepepan.

El Xochitepec es un cerro que cuenta por lo menos con tres lugares donde hay tallados cóncavos, además de tener maquetas, petroglifos, dólmenes, cuevas, escalones, plataformas, montículos, gradas y piedras en forma de asientos o tronos; material lítico, cerámico y restos de lo que pudo ser una estructura prehispánica cerca de donde se instaló la base de la actual cruz cristiana, la que le da el sobrenombre de Cerro de la Cruz, como también se le conoce.

Por otra parte, no sabemos si la instalación de la cruz fue copiada en tiempos modernos del escudo colonial de armas de Xochimilco (1559), en el cual aparece la imagen de la loma principal de este cerro coronado por un madero, o si fue una característica que surgió pocos años después de la conquista. Lo que sí sabemos es que el pueblo de Santa Cruz Xochitepec tuvo como primera patrona la Santa María Magdalena, que parece ser la figura que está en la portada de su iglesia y posteriormente cambió al culto de la Santa Cruz.

Esto lo parece confirmar  el topónimo prehispánico de Xochitepec que aparece representado en el Códice Cozcatzin [1986, lámina 16r]. En él se pintó con influencia muy occidental e indígena, es decir, sincrética, el significado de su nombre en náhuatl: «en el cerro florido», representando la figura de un monte con flores en sus faldas, un templo indígena del cual todavía hace 20 años existían sus restos arqueológicos, y abajo pintado en su base hay una iglesia dedicada a María Magdalena, por lo que la patrona del pueblo pudo ser esta Santa, antes del patronazgo de la Santa Cruz. Sólo hay un dato erróneo y es que se puso en español sobre el cuerpo de la montaña Xochimilco en lugar de Xochitepec, o quizás se quiso indicar que este cerro se encontraba o pertenecía a la sementera de flores.

En la actualidad el pueblo de Xochitepec lleva a cabo su fiesta patronal algunos días después del tres de mayo, y esta celebración es una de las más viejas en Xochimilco, pero menos antigua que la de Santa Cruz Acalpixcan, donde fue el padre Sahagún, quien le puso el nombre cristiano a este último poblado:

«Hay otra agua o fuente muy clara y muy linda en Xochimilco, que ahora se llama Santa Cruz, en la cual estaba un ídolo de piedra debajo del agua, donde ofrecían copal. Yo vi el ídolo y entré debajo del agua para sacarle, y puse allí una Cruz de Piedra que hasta ahora está allí en la misma fuente…» [Sahagún, 1981, III: 352].

Además, este cerro de Xochitepec fue uno de los sitios donde Tlacaélel derrotó a los xochimilcas y desde ahí incitó a sus guerreros para entrar a Xochimico.

La importancia del Cerro Xochitepec en la cosmovisión mexica parece confirmarse al detenernos en el relato de Durán, quien apunta que durante la batalla de Tenochtitlán contra Xochimilco, Tlacaélel subió a su cima para animar a los mexicanos [Cordero, 2001: 87]. Y ahí fueron derrotados los xochimilcas y desde ahí incitó a sus guerreros para entrar a Xochimilco [Durán, 1984, tomo II, cap. XII: 10 (30)]. Por supuesto que, en la época prehispánica ya estaba habitado, pues a su alrededor se encuentran muchos vestigios de antiguas construcciones y cerámica en sus terrenos agrícolas. En la Colonia continua la trascendencia de este cerro, hasta convertirse en un icono que identificaba a la región.

En cuanto a sus características topográficas, el Xochitepec emerge del terreno plano en forma abrupta, alcanzando una altura considerable en comparación con los relieves geográficos de su alrededor, por lo que es fácilmente distinguible desde varias partes de la región de Xochimilco y otros lugares del sur de lo que fue la Cuenca de México.

Este cerro es alargado y está compuesto por varias lomas en forma de vértebras que corren en dirección norte-sur, de las cuáles se extienden varios brazos al oriente y al poniente como picos de estrellas. Hay múltiples vestigios arqueológicos como lítica y cerámica que se extiende a todo lo largo de su cuerpo, y también podemos encontrar sitios bien localizados o conjuntos formados por elementos naturales y culturales ocupados en la observación astronómica y el ritual, como veremos a continuación.

En el extremo norte del Xochitepec queda su cúspide más alta, desde la cual se domina todo el paisaje de los antiguos lagos de Chalco, Xochimilco, los asentamientos lacustres de Tláhuac y Tenochtitlan, y las montañas que dividían a lo que fue la Cuenca de México como el Cerro de la Estrella y la Sierra de Santa Catarina, las que le servían de límite como el volcán Ajusco y la Sierra de las Cruces. Su forma casi circular y elevada permite tener una visibilidad de 360°, por lo que se puede decir que su primera función es la de ser un observatorio natural.

La loma principal tiene la particularidad de tener un piso formado por un gran peñasco que tapó su cráter, además hay más rocas diseminadas por su pequeña superficie que están talladas con pocitas y canalitos, y algunos otros diseños, y algunas de ellas se concentran en su punto más alto, y que los fieles modernos han ido destruyendo para facilitar el paso a la plataforma donde está instalada la cruz cristiana. Hacia el oriente de su base había restos de una barda o estructura que ya fue destruida, quizás tuvo un origen prehispánico. Al lado poniente de la cruz se encuentra una roca con una pocita y caminando hacía su extremo sur se encuentra otra, ambas pocitas se dirigen hacia el este. Es importante mencionar que no hay réplicas con escaleras y terracitas dentro de este conjunto ceremonial y de observación calendárica.

Ahí en una de estas rocas puntiagudas se talló el relieve del horizonte conformado por el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl (fotografía principal), además del petroglifo de un  personaje con penacho que en su abdomen tiene una pocita que se llena con el agua de lluvia o algún líquido que se le vierta. Este pequeño indígena está viendo hacia el poniente, hacia el cielo que se ubica entre este cerro y el Ajusco, donde se concentran las nubes cargadas de lluvia. Alrededor de este petroglifo en las peñas aplanadas que lo rodean hay pocitas redondas y cuadradas, algunas son naturales, pero otras fueron medianamente trabajadas, no hay canalitos profundos uniéndolas, aunque el escurrimiento natural de la piedras forman un sistema parecido a los vasos comunicantes. Se puede hablar de un mosaico de pocitas alrededor del petrograbado y otras que están integradas al tallado, por lo tanto son parte de su significado ritual y religioso.

Enfrente de este petroglifo hay una piedra redonda que en su parte baja se talló una cuevita, y en una de sus caras se ven los restos de otro diseño con canalitos y pocitas. Junto a esta roca se encuentra un conjunto de peñas que en su parte media tiene una honda poza, quizás de origen natural, que en tiempo de lluvias concentra gran cantidad de agua.

Así, en el año de 1990 por primera vez se daba a conocer que desde el tallado del personaje en miniatura, en pleno solsticio de invierno, se ve salir el Sol, exactamente atrás del gran cráter del Popocatépetl, donde el astro parece emerger de la chimenea del volcán, fenómeno visual que tuvo que haberse celebrado y ser incluido dentro de los rituales dirigidos al culto solar y a los cerros, y que para ritualizar el orto solar se pudo haber utilizado las pocitas y el petroglifo del guerrero que tiene una pocita tallada en su panza, como altares donde se sacralizaba este evento anual. Desde este altar fotografiamos la salida aparente del Sol atrás del cráter principal llamado Pico de Anáhuac del Popocatépetl durante el solsticio del 21 0 22 de diciembre, por lo que tiene la peculiaridad astronómica de ser un sitio especializado en la observación solsticial de invierno [Zimbrón, 2002: 108-114], fecha que coincidía en la época prehispánica con la fiesta mensual que celebraba el nacimiento del dios tutelar de los mexicas, Huizilopochtli [Zimbrón, 1997; 18 -26].

Salida aparente del Sol atrás del cráter principal llamado Pico de Anáhuac del Popocatépetl

Este fenómeno solar visual se repite, el mismo día, a la misma hora, en la misma fecha del solsticio y la misma posición del Sol en el cráter, pero aproximadamente a unos 10 o 15 kilómetros hacia el sureste, en Piedra Larga, paraje situado cerca del Pueblo de Santa Cruz Acalpixcan, en los límites de San Gregorio Atlapulco y sobre el camino vecinal que nos lleva a San Bartolomé Xicomulco. Este mismo fenómeno visual, saliendo el Sol del cráter, se repite en un sitio que se localiza a un kilómetro más al sur oriente, en los terrenos terraceados y aplanados de la falda oriental del Cerro Cempoaltepetl, estableciendo un alineamiento solar entre estos sitios marcados con elementos prehispánicos [Zimbrón, 2002: 111 y 112.  2008: 29-31].

Veamos a detalle cada uno de estos lugares:

Paraje de Piedra Larga, ubicado en los límites del pueblo de Santa Cruz Acalpixcan

Sitio de Piedra Larga, donde hay una piedra labrada con pocitas ubicada en la parte oriental y arriba de una pequeña loma, al lado del camino que lleva a San Bartolomé Xicomulco.

El paraje conocido como «Piedra Larga», se localiza arriba y a unos cuantos kilómetros del panteón del barrio de Tecacalanco, del pueblo de Santa Cruz Acalpixcan. Este lugar es un límite natural entre Santa Cruz Acalpixcan, San Gregorio Atlapulco y San Bartolomé Xicomulco, pueblo de la montaña de Milpa Alta, y en este sitio en una terraza, junto a la gran mole que le da nombre al paraje todavía en la actualidad, se hacen ceremonias, se toca música y se baila; se come, se queman cohetes y se efectúan rituales durante el cambio de mayordomía, de la fiesta patronal de San Bartolomé el 24 de agosto, en la que participan y llevan promesa gente de Santa Cruz Acalpixcan.

Pasando Piedra Larga, caminando por la vereda hacia el sur, a unos 500 metros hay una loma de poca altura, y casi en su cima recostada sobre otras peñas se localiza el monolito donde se tallaron varias pocitas de diferente tamaño en su superficie y en la que aún se ven canalitos que las unían, acompañados de diseños escalonados ya casi imperceptibles; es una piedra casi circular, cuya cara plana se colocó en forma horizontal, conteniendo muchos hoyitos labrados. En torno a ella se pueden apostar un grupo de cinco o más personas, y tiene la cualidad que desde ésta se puede observar el horizonte este y no así el oeste. El paisaje oriental está dominado por los grandes volcanes, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl; este último, visto desde aquí se encuentra en conjunción con el volcán sagrado de la región, conocido como el Teutli. Así, instalados arriba del monolito tallado, se puede observar que el cono del volcán xochimilca cubre el cuerpo del Iztaccíhuatl, y su relieve topográfico y su altura sólo permite ver la cabeza y busto de la mujer dormida, emergiendo de la parte media del cráter, y los pies sobresalen de su ladera sur. Si nos ubicamos abajo sobre la vereda no vemos estos mismos contornos.

Línea solsticial entre Piedra Larga y el Cerro de Xochitepec muy precisa

Así, en Piedra Larga y el Cerro Xochitepec, tenemos una línea solsticial muy precisa, viéndose la misma posición de salida del Sol en el pico más alto de Popocatépetl, el mismo día del solsticio, visto al mismo tiempo desde ambos sitios, los restos arqueológicos que ahí se encuentran nos hablan de su importancia y el uso particular, calendario y astronómico que le daban a las pocitas y tallados escalonados [Zimbrón 2008ª].

Por tanto, hay un vínculo territorial y calendárico entre el Cerro Xochitepec y el soporte pétreo con pocitas de Piedra Larga, estableciéndose una línea visual que une espacialmente ambos lugares solsticiales, y que cruza toda la región sagrada xochimilca, llegando hasta el gran volcán de Amecameca.

Pero no sólo en estos dos sitios podemos observar el mismo fenómeno solar, hay otro lugar localizado a un kilómetro más al sur oriente, ya en territorio actual de Milpa Alta, donde se repite la misma posición de salida solar en el mero cráter del Popocatépetl durante el solsticio de diciembre y que describiremos a continuación:

Falda sur oriental del Cerro Cempoaltepetl, en San Pedro Actopan, Milpa Alta

Sitio donde se localizan las Peña labrada con relieves escalonados y pocitas ubicada en las terrazas orientales del Cerro Cempoaltepetl a la salida del pueblo de San Pedro Actopan en Milpa Alta, siguiendo el camino vecinal que nos conduce al pueblo de Xicomulco. Ya el nombre mismo del Cerro Cempoaltepetl nos está hablando de sus posibles virtudes calendáricas, ya que el numero veinte que incluye su topónimo, corresponde al número de días que corresponde a un mes indígena.

Caminando con los guías Angélica Palma y Héctor Celedón, integrantes del Calpulli Tecalco de San Pedro [Zimbrón, 2009: 9 -10], observamos que cerca de los límites con San Gregorio Atlapulco y San Pedro Atocpan, casi en la cúspide del Cerro Cempoaltepetl, donde la falda de la loma está totalmente terraceada, hay obras hechas para aprovechar el agua de temporal, cuyo excedente desciende hacia el antiguo río intermitente que estaba al fondo de la cañada.

En la parte oriental de la formación montañosa, en la cima, el terreno se acondicionó en épocas prehispánicas para construir una terraza, en su barda que la limita del acantilado hay unas piedras con pocitas de origen natural, es decir, no están talladas y son poco profundas y sin canalitos y tiene la particularidad visual que desde aquí inicia la posibilidad visual de observar el Popocatépetl, oculto por la falda del cerro.

A pocos metros al norte hay una barda que forma la pared de otra terraza más alta con parte interna al poniente, y al acantilado al oriente y hacia el interior, no hacia el acantilado, hay una gran peña, que en su parte baja se labraron unas pocitas que simulan cuevas; arriba, ocupando casi toda la superficie de la piedra, están labradas un conjunto de sistemas de terracitas, cada una con sus pocitas (de entre seis a 15 centímetros de diámetro) que simulan sistemas de riego, los que al echarles agua ésta escurre por sus escaleritas y pequeños diseños, tallados en aproximadamente una superficie de tres metros. En otra piedra del conjunto hay otra pocita rectangular y de poca profundidad.

Estas rocas representan a diminutos mundos idealizados, réplicas en miniatura del paisaje, relieves utilizados como altares, quizás en un culto a los cerros y a las terrazas agrícolas, ya que son las formas de estas obras agrícolas que dominan toda el ángulo de visión de la región que se ve desde aquí, incluyendo sus montañas sagradas, como el Teuhtli, el Ayaquemec y el Tlaloc; el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl.

Instalado arriba de esta peña labrada, el 21 de diciembre de 2008 pude observar en este día la salida del Sol en el mero cráter del Popocatépetl, que al igual que en el Xochitepec y las pocitas de Piedra Larga, marcan el solsticio de invierno de una manera muy precisa y sin margen de error (figura 4), produciéndose un alineamiento solar entre estos tres sitios durante el fenómeno anual, cuando el astro alcanza su máximo extremo hacia el sur.

En un trabajo, el arquitecto Arturo Ponce de León [Cfr. 1983: 73-99] propuso que desde la pirámide de Cuicuilco se podía observar que, durante el solsticio de diciembre, la salida del Sol se efectuaba donde inicia la falda del Popocatépetl, en el Collado de Nexpayantla. Otros investigadores como el doctor Ivaniszewki dicen que en Tlamacas, marcando este fenómeno solar anual, pero viendo el acontecimiento, percibimos que es muy impreciso el lugar de orto. Luego la doctora Broda [Cfr. 2001. 1997: 176] observó la salida del Sol desde el Cerro del Judio o Mazatepetl, viendo que el Sol salía en la falda norte del volcán Popocatépetl, varios kilómetros abajo del cráter, y otros tantos arriba de su falda, y propuso un alineamiento solar con Cuicuilco. Sin embargo, este alineamiento es muy impreciso si lo comparamos con la línea de los tres lugares xochimilcas, donde el Sol visto desde estos sitios se ve surgir el Sol en cada uno de ellos del cráter del Popocatépetl, la misma fecha, y por tanto el mismo día del solsticio3. Cabe mencionar que tampoco Tichy detectó este perfecto alineamiento de los sitios de Xochimilco y Milpa Alta, con Don Goyo-Popocatépetl, pues salían fuera de su modelo propuesto de 4.5 grados. ♦

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* Urbanista y Etnohistoriador

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Bibliografía

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Códice Cozcatzin. Códices Mesoamericanos. IV Estudio y Paleografía de Ana Rita Valero de García Lascuráin. Paleografía y traducción de los textos nahuas de Rafael Tena. Instituto Nacional de Antropología e Historia. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. México, 1986.

Cordero López, Rodolfo. Xochimilco sus tradiciones y costumbres.Serie Fiestas Populares de México. Dirección General de Culturas Populares e Indígenas. Conaculta. México, 2001.

Durán, Fray Diego. Historia de las Indias de Nueva España e islas de la tierra firme,Ángel María Garibay K. (ed), Editorial Porrúa, segunda edición en 2 vols. México, 1984.

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Ponce de León, Arturo. «Fechamiento arqueoastronómico en el altiplano de México», en A.F. Aveni y Gordon Brotherston (eds.): Calendars in Mesoamerica and Peru: Native American Computations of Time. Bar Internacional, Oxford, Series 174: 73 -99. México, 1983.

Ruiz de Alarcón, Br. Hernando. «Tratado de las supersticiones, dioses, ritos, hechicerías y otras costumbres gentilitas de las razas aborígenes de México (1629)», en Sánchez de Aguilar, Dr. Pedro y Lic. Gonzalo de Balsalobre: Notas, comentarios y un estudio de don Francisco Del Paso y Toncoso. Ediciones Fuente Cultural, editado bajo la dirección de Mario Navarro Zimbrón. Tomo XX, pp. 5-180. México, 1953.

Sahagún, Fray Bernardino de. Historia General de las Cosas de Nueva España, edición de Ángel Ma. Garibay K. Editorial Porrúa, cuarta edición, 4 tomos. México, 1981.

Tichy, Franz. «El patrón de asentamiento con sistema radial en la meseta central de México: ¿‘Sistema Ceque en Mesoamerica’?» En Jahrbuch für Geschicte von Staat, Wirtschaft und Gesellschaft, Lateinamerikas,vol. 20, pp. 61-84. Cologne-Viena, Böhlau Verlag, 1983.

Zimbrón Romero Juan Rafael. «Las cruces punteadas de Santa Cruz Acalpixcan, Xochimilco», en Juan Antonio Siller (ed), Cuadernos de Arquitectura Mesoamericana,número 19, abril, Seminario de Arquitectura Prehispánica, Centro de Investigaciones en Arquitectura y Urbanismo, Facultad de arquitectura, UNAM, pp. 59 – 74. México, 1992.

«El Solsticio de Invierno en el Valle de México», en revista México Desconocido, Editorial México Desconocido, númeroNo.250, diciembre, pp. 18- 26. México, 1997.

«Observaciones calendáricas de las salidas del Sol detrás del Iztaccíhuatl y el Popocatépetl durante el solsticio de invierno», en Beatriz Barba de Piña Chán (Coord.), Iconografía mexicana III. Las representaciones de los astros, Colección Científica No. 442, Serie Arqueología, Conaculta INAH y Plaza y Valdés, pp.93-114. México, 2002.

Réplicas en miniatura del paisaje y pocitas talladas en piedra en Xochimilco y Milpa Alta. La región sagrada de los xochimilcas, Tesis dirigida por la doctora Johanna Broda, para obtener el grado de Maestro en Historia y Etnohistoria, División de Posgrado, ENAH, México, 2008.

«El solsticio de invierno en el paraje de Piedra Larga Acalpixcan y el cerro Xochitepec», en Nosotros. Revista de reflexión y difusión, Duro Comunicación con Sentido, delegación Tláhuac, Núm. 110, pp. 29 -31, enero. México, 2008.

«El paisaje tallado en piedra de San Pedro Actopan», en Nosotros. Revista de reflexión y difusión,Duro Comunicación con Sentido, delegación Tláhuac, Núm. 121, pp. 9 -10, febrero. México, 2009.

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Pies de fotografías del autor

Fotografía 1. Salida del Sol al amanecer del Solsticio de Invierno, atrás del cráter del Popocatépetl, visto el fenómeno visual desde el personaje tallado con una pocita en su vientre, en la peña del Cerro Xochitepec, en Xochimilco. Foto: Zimbrón Romero 1991.

Fotografía 2. Salida del Sol al amanecer del solsticio de invierno, atrás del cráter del Popocatépetl, visto el fenómeno visual desde el monolito o altar con pocitas y canalitos ubicado en la loma de Piedra Larga, rumbo a Xicomulco. Foto: Zimbrón Romero 2003.

Fotografía 3. Salida del Sol al amanecer del Solsticio de Invierno, atrás del cráter del Popocatépetl, visto el fenómeno visual desde el tallado en miniatura de terrazas agrícolas, ubicado en el Cerro Cempoalteptl, en Actopan. Foto: Zimbrón Romero, 2008. ♦


Citas

[1] Estos pequeños diseños junto con las llamadas pocitas, las ubicaron dispersas en el territorio y en los cruceros y en los caminos de acceso a la zona productiva y a los lugares de intercambio de mercancías. Muchos de estos vestigios quedan sin protección oficial al extenderse por toda la región de la montaña de Xochimilco y Milpa Alta [Cfr. Zimbrón, 1992. 2008].

2 Ver Alarcón (D. Hernando Ruiz de).- Natural de Taxco en el Arzobispado de México, Bachiller Teólogo, y Cura Párroco de Atenango Guerrero. Escribió: Tratado de las supersticiones y costumbres gentilitas que aún se encuentran entre los indios de la Nueva España. —M.S. Original que hallé en la Librería del Colegio de San Gregorio de México, que fue de los P.P. Jesuitas (hermano del famoso literato Juan Ruiz de Alarcón). Cronista del siglo XVII, de los nahuas de Guerrero.

3 Las primeras conclusiones de este trabajo fueron presentadas en Inglaterra, durante el homenaje a Gordon Brotherston, 13-16 de septiembre de 2004, en la Universidad de Essex.

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