José Alfredo Jiménez y el estereotipo del mexicano

Enero 19, 2020.- Con el cantante y la reafirmación del estereotipo del mexicano surge también la consolidación del mariachi y de la música ranchera

Por Miguel Agustín Jiménez Medina *

A partir de la década de los años cuarenta, México comenzó a entrar en una aparente estabilidad política, social y económica. El arribo del «presidente caballero» y el término del conflicto con la Iglesia que había pervivido al menos dos décadas antes, permitieron que el orden político favoreciera al sector civil con la llegada del «cachorro de la Revolución» –así bautizado por Vicente Lombardo Toledano– Miguel Alemán Valdés en 1946.

Pero los cambios no fueron sólo en el terreno de la política y la unidad nacional implementada por el gobierno de Manuel Ávila Camacho en la década de los cuarenta y la industrialización y progreso de Miguel Alemán. La cultura sufrió también cambios que hicieron que, lo que en la década de los años veinte forjara la idea del estereotipo del mexicano, se consolidara aún más. Elementos que estaban presentes fueron reafirmados y llevados a su máximo esplendor. El hombre del campo, el mexicano de la tierra húmeda, apareció por medio de la música popular con canciones que anhelaban un fuerte nacionalismo que se vio reflejado en la música de concierto y que a la par se abordó en la música popular ranchera como Canción mixteca, La negra noche y Aires del Mayab, entre otras. Pero en los últimos años de la cuarta década del siglo XX, México será testigo del surgimiento de un ídolo en la música popular mexicana: José Alfredo Jiménez.

Originario de Dolores Hidalgo, Guanajuato, llegó a la Ciudad de México en 1936 cuando apenas tenía diez años de edad. Su ardua y fructífera carrera como compositor inició desde muy joven cuando cantaba sus canciones a sus amigos de la escuela. Después de conocer a Paloma Gálvez, sobrina del afamado compositor Mario Talavera, miembro de la Sociedad de Autores y Compositores, inicia su carrera que tendría fin hasta 1973, año de su muerte [1]. 

Pero, ¿qué fue lo que hizo que José Alfredo Jiménez se consolidara como uno de los máximos representantes del nacionalismo en la música mexicana? La pobreza como cualidad del mexicano que busca tener sus orígenes en la raza mexica, azteca, le daba legitimidad y se reconciliaba con su modus vivendi. Esta característica se vio en el México de los años cuarenta y fue ese «nacionalismo cultural, que organiza la identidad de barriada de región, de ese arrabal ampliado que es el país», fenómeno que estará representado también en el cine con la cinta clásica Nosotros los pobres de Ismael Rodríguez en 1947 [2].  En ese año, surge una de las primeras canciones que le darían la perpetuidad en el cancionero mexicano: Ella. En su estructura se escuchan elementos que hacen del mexicano un personaje «único y singular», lleno de alegrías, pero también de tristezas por la mujer que se fue y qué mejor que recurrir a la bebida.

La llegada de José Alfredo está enmarcada con este fenómeno de los inmigrantes que llegan a la ciudad y que se verá reflejado en el alza de la población durante el gobierno alemanista [3]. Con el cantante y la reafirmación del estereotipo del mexicano surge también la consolidación del mariachi y de la música ranchera. Ésta había comenzado a tener auge en la década de los veinte, pero que se servía en su acompañamiento musical únicamente del piano. Fueron Los Trovadores Tamaulipecos, agrupación musical integrada por Ernesto Cortazar, Lorenzo Barcelata, Andrés Cortés Castillo, Alberto Caballero y Antonio García, quienes en 1926 iniciaron con el sonido que sería propiamente característico de la música ranchera, misma que tomó su auge definitivo en los años cuarenta [4]. Elemento fundamental de este género musical, el mariachi se convirtió en el acompañante de todo aquel que quería sentirse mexicano para desahogar sus penas de amores y desagravios, lo que convirtió a José Alfredo en el cantautor como el ejemplo de lo que era ser un «hombre-macho» mexicano, siendo él mismo el reflejo de varios públicos [5]. Rápidamente su fama comenzó a consolidarse en el gusto de la población que, aunque parecería que el lenguaje vulgar y menos idealizador de sus canciones en los años cincuenta fuera del gusto sólo de la barriada, lo cierto es que tuvo acomodo también entre las élites. No creo que haya habido ricos y poderosos que no se hicieran acompañar de un mariachi y cantar o escuchar las canciones del guanajuatense en una noche de farra o en esas situaciones de males de amores.

En los siguientes cinco, siete años, las canciones de José Alfredo tuvieron una aceptación tan grande que hasta la fecha continúan en el gusto del pueblo. Junto con Ella, en 1947 salió a la luz también Cuatro caminos y Guitarras de media noche… y para los primeros años de los cincuenta surgieron Corazón y Serenata sin luna, en 1952, y El Jinete y Paloma querida en 1953… en donde hacía dotes no sólo como compositor para temas de mal de amores, sino también para el mexicano romántico, con un sello particular y más sencillo en su estructura literaria, a diferencia del romanticismo como el de Agustín Lara. En El Jinete podemos encontrar elementos que relacionan al mexicano en un triángulo que es muy sencillo de apreciar: hombre-mujer y la tierra, además de elementos característicos del nacionalismo mexicano ranchero: la guitarra.

Para 1955 ya se había consolidado como un cantautor de gran fama logrando llegar al radio, medio de difusión que se encontraba en gran apogeo durante los años de 1940 y 1950. En los festejos de los 25 años de la XEW, participó en el programa Así es mi Tierra, en el marco de las festividades compartiendo escenario en el estudio como Lola Beltrán y Amalia Mendoza «La Tariácuri» [6]. Pero no solamente el radio le dio la pauta a José Alfredo de estar en el gusto de la gente. El cine fue un medio por el que también el guanajuatense llegó a la cúspide de su carrera, a pesar de las cintas que no mostraban algo más allá de lo que se estaba acostumbrado a ver en las cintas de corte ranchero-mexicanas. Entre 1951 y 1958, participó en once películas entre las que se encontraban Martín Corona, Camino de Guanajuato y Guitarras de media noche, ambas producidas después de que compusiera las canciones del mismo nombre: Caminos de Guanajuato y Guitarras de media noche. Fue común encontrar como en las películas rancheras enarbolando al siempre mexicano y evocador estado de Jalisco, «en donde el amor triunfa por sobre todas las desidias y las malas voluntades, con muchos caballos, palenques, pistolas, guitarras, sarapes y sobre todo demasiada fanfarronería, contrastada con una moral un tanto mojigata y por demás poco convincente» [7].

Lo cierto es, que con cualidades muy particulares, José Alfredo logró llegar al gusto del pueblo en un momento en que la música ranchera contaba con exponentes que desde bien entrados los años cuarenta ya estaban en el gusto de la gente como Jorge Negrete, el Trío Tariácuri, el Trío Calaveras y Lucha Reyes, quien después sería una de las interpretes del compositor guanajuatense.  Fue tan grande el fenómeno del «hijo del pueblo» que a pesar de los ritmos y artistas que comenzaron a surgir en el ámbito de la música popular en México, el gusto por el cantador bohemio y adolorido no cesó en la gente. México fue el escenario de géneros musicales que día con día veían nacer nuevos talentos como Los Panchos, quienes en 1948 debutan en México junto con el mambo y su creador Dámaso Pérez Prado [8].

Conforme avanzaba el tiempo, las canciones, vivencias hechas canción por parte de José Alfredo se fueron consolidando aún más en la vida común no sólo de la gente del «pueblo», sino que traspasó clases sociales, así como el territorio nacional pese a la falta de «reglas de la composición» y que «tarareaba sus temas recién imaginados al arreglista Rubén Fuentes» [10]. 

Fue tanto su afianzamiento en el gusto popular que rápidamente el compositor de Ella se convirtió en un ídolo. Este estereotipo de sujeto, es –dice Yolanda Rivas–

…una categoría, una clase especial de producto creado, en parte, por los medios masivos de difusión. Para que un ídolo nazca, se necesita de la participación activa de un público creyente. El ídolo es un fenómeno al que se rinde culto, un objeto intangible al que se adora como imagen, representación o símbolo (…) en México, este “ídolo” fue por lo general un actor-cantante cuya sola aparición era capaz de provocar una instantánea identificación con el público… [11]

Todo esto hizo a José Alfredo y su fama, su clásico tema Caminos de Guanajuato nos demostraba que «la vida no vale… que empieza siempre llorando y así llorando se acaba». De esta manera, no sólo el cantautor se consolidó como uno de los favoritos de la música mexicana, sino que junto con él, el mariachi logró su auge. Habría que distinguir que para los años cuarenta esta agrupación sirvió como acompañamiento de numerosos cantantes y que sus elementos podían interpretar varias melodías, ya que si ésta era bravía, podría ocuparse la trompeta, mientras que si era un tema sentimental podía hacerse el acompañamiento sólo con cuerdas y guitarra. Todo esto hizo que la música ranchera junto con el bolero, fueran los dos géneros musicales que más redituaron a la empresa discográfica.

No cabe duda que José Alfredo Jiménez dio la pauta para que el mexicano encontrara su identidad en las canciones de un hombre que tuvo la sensibilidad de plasmar todas las emociones que cada uno de nosotros está acostumbrado a vivir a diario, y que muchas veces no les da la importancia y que pasan desapercibidas. El lenguaje que ocupó en sus composiciones y que fue de los más simple y sencillo, hizo que estuvieran al alcance de cualquier sujeto que hacía más falta que estar enamorado o haber sufrido de un despecho por parte de una mujer, para recurrir a tararear o parafrasear las frases que nacían de un hombre que en el fondo era el mexicano nacido en una región tan clásica para la concepción de la búsqueda de la identidad del pueblo mexicano, y que al situarse en la Ciudad de México, encontró estas dos posiciones… primero amor a la tierra y después amor a la mujer.

A partir de la aparición de José Alfredo Jiménez, no cabe duda que cualquier mexicano que se encuentre dentro o fuera del país y que escuche las canciones del poeta guanajuatense, recordará la añoranza de la tierra mexicana, de esa donde está Guanajuato, en donde la vida no vale nada y en donde hubo un hombre que fue y sigue siendo el rey. Tan sencillo es describir a José Alfredo Jiménez en palabras de Carlos Monsiváis, al decir que «es el vehículo del desamparo, del momento de la franqueza cuando no hay a quien mentirle ni de quien huir y la obsesión es tan grande que justifica la vida aun si su origen es insignificante o inventado» [12].

Eso era José Alfredo… un hombre del pueblo y que hizo y sigue haciendo del pueblo el estereotipo del mexicano bravío, del mexicano enamorado y del mexicano que no solamente puede amar a una mujer, sino… por qué no, amar a su patria y a su pueblo. ♦

_____

* Historiador. Cronista de Villa Milpa Alta.

Citas

1. Moreno Rivas, Yolanda. Historia de la música popular mexicana, Conaculta, México, 1989, pp. 214-215.

2. Monsiváis, Carlos. «Sociedad y cultura» en Entre la guerra y la estabilidad política, el México de los 40. Rafael Loyola (coord.), Conaculta-Grijalvo, México, 1990, p. 266-267.

3. Monsiváis, Carlos. Amor perdido, 3ª. ed., Era, México, 1978, p. 89.

4. Moreno Rivas, Yolanda. Loc. Cit., p. 185-186.

5. Monsiváis, Carlos. Amor perdido… p. 89.

6. Pérez Montfort, Ricardo. «Esa no porque me hiere. Semblanza superficial de treinta años de radio en México, 1925-1955», en Avatares del nacionalismo cultural, CIESAS-CIDHEM, México, 2000, p. 108.

7. Pérez Montfort, Ricardo. «Nacionalismo y regionalismo en el cine mexicano 1930-1950. Algunas reflexiones finales», en Expresiones populares y estereotipos culturales en México. Siglos XIX y XX. Diez ensayos, CIESAS, México, 2007, p. 317.

8. Moreno Rivas, Yolanda. Loc. Cit., p. 187

9. Loc. Cit. p. 191.

10. Loc. Cit. p. 194.

11. Loc. Cit. p. 200. 12. Monsiváis, Carlos. Amor perdidoLoc. Cit. p. 87.

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