Opinión | Encarar los años, uno a uno

Enero 14, 2020.- «Son simplemente los años los que nos van cambiando y dirigiendo nuestras formas de expresión»

Por Adán Echeverría.

Este 16 de enero de 2020 cumpliré 45 años. 40 de ésos los pasé en Mérida, la de Yucatán, dos veces país independiente, mi pequeña patria, mi patria chica; y los cinco años restantes entre Morelia, Ensenada y Matamoros. Soy biólogo desde 1999, y desde entonces me he dedicado a la biología. Sin embargo, en lo que a la literatura se refiere, esto ha sido desde mucho antes. No podría considerar que mi primer poema fuera aquel acróstico que por el día de la madre escribiera en la primaria; pero sí debo considerar que mi carrera literaria comenzó en 1994 con la publicación de mi poema «El enfermo», en la Revista de la Universidad Autónoma de Yucatán. Que en 2001 gané la publicación de mi primer poemario, y que éste apareció con el nombre de El ropero del suicida en el año 2002, por la editorial Dante. Entonces podría decir que llevo 20 años como biólogo y como escritor.

En 1994 ocurrió en Chiapas el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. En su Declaración de Guerra decían: «…y marcharemos a la ciudad de México, todo aquel que en el camino se nos una, será bienvenido; todo aquel que se nos oponga e intente detenernos, de ganar la guerra, serán considerados ‘traidores a la patria, enemigos’, y serán juzgados…»; de inmediato me sumé a su ideología, y decidí irme a Chiapas, dejarlo todo e irme, y no fue sino hasta 2002 cuando por fin estuve en San Cristóbal de las Casas, en casa del (ya desaparecido) poeta Marco Fonz, quien me invitara a presentar «El ropero del suicida» en un café librería que entonces coordinaba.

En 1994, iniciada una guerra contra el estado mexicano, yo publicaba mi primer poema «El enfermo». Entre 1994 y 1999, hice teatro callejero con el grupo Anagnorisis, formé una banda de rock, «Tu cruz», tocamos una canción en un Festival de Rock, y grabamos un demo con cuatro de mis canciones. Ese mismo año llegué a una iglesia de renovación cristiana, para formar el coro de la iglesia, y en esa iglesia me quedé durante seis años dirigiendo al coro, para el que escribía canciones, y luego el grupo de teatro, donde montábamos adaptaciones bíblicas, y musicales evangelizadores. De un momento a otro solté la guitarra y me quedé con la pluma y la hoja blanca. Retomé aquel camino que me llevara a publicar «El enfermo», hasta que conseguí ganar la publicación de mi primer libro, y de ahí comenzó esta mi historia en la literatura.

Este enero de 2020 me han llegado a casa, ejemplares de mi tercer libro de cuentos, que lleva por título Mover la sangre, editado por Literatelia en diciembre de 2019, en Toluca, estado de México. Este es mi libro publicado número 15.

Bien dice el dicho que: «No por mucho publicar se amanece más temprano, en el jardín de los poetas», o algo así. Lo cierto es que la literatura no se vende por kilos, ni se aprecia por atados de poemas. Sin embargo, me quedo con lo que dijo Gabriel García Márquez: «Publico para abandonar las historias y no continuar corrigiéndolas infinitamente». Al final, solamente el tiempo pondrá en su lugar a los poetas. Yo espero próximamente poder presentar este mi tercer libro de cuentos en Matamoros, poder hacer alguna lectura de estos cuentos, y que sean los lectores quienes indiquen que tal anda mi literatura a poco más de 20 años de haberla comenzado.

Porque son simplemente los años los que nos van cambiando y dirigiendo nuestras formas de expresión. Los años que pasamos leyendo. ♦

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