Iglesia católica encubre y protege a curas pederastas, no epilépticos

Noviembre 21, 2019.- ¿Cristo vive? Porque entre el soberbio arzobispo primado de México y el arrogante obispo Andrés Vargas Peña, el ex párroco de Tláhuac José Luis Reyes ve cómo se le va la vida sin recibir ningún apoyo de su iglesia

La iglesia católica en México protege de manera incondicional a sus curas pederastas y pedófilos, pero es inflexible ante la desgracia de alguien que estuvo consagrado con dedicación plena al ministerio del servicio de dicha iglesia, como es el caso del presbítero José Luis Reyes Sandoval, ex párroco en la Colonia San José de la alcaldía Tláhuac.

Tras de que el pasado cinco de noviembre dimos a conocer el grave deterioro de su salud luego de que le fue diagnosticada epilepsia, y las deprimentes condiciones en que sobrevive, gracias a la caridad y apoyo de varios feligreses de esa demarcación, el ahora obispo Andrés Vargas Peña, de la Diócesis de Xochimilco, mantiene su postura de ignorar el estado en que se encuentra Reyes Sandoval.

Asimismo, el arzobispo primado de México, Carlos Aguiar Retes, está más preocupado por las críticas de lo que él llama «un pequeño grupo que hace mucho ruido» al interior de la arquidiócesis –aunque según él primero debe atender a la mayoría del clero–, que en fijarse en la desgracia en que ha caído uno que fue ministro del culto católico.

Como en dicha iglesia no hay jubilación ni quienes ejercieron el sacerdocio reciben ninguna pensión al llegar a la edad del retiro, por consiguiente al ex párroco de San José dicha iglesia literalmente le dio una patada en el trasero y ya no quieren saber de si tiene que acudir a consultas médicas, terapias, rehabilitaciones, ozonoterapia y oxigenación.

En un principio al cura se le ofreció por parte de la iglesia llevarlo a Casa Damasco, una casa de retiro comunitaria que se encuentra en la calle de Carteros de la Colonia Postal, en la alcaldía Benito Juárez, pero éste se negó debido al deterioro de su salud.

La iglesia sí protege a curas pederastas

La iglesia católica en México tiene su propio sistema de encubrimientos que empieza desde los obispos, como fue el caso de Norberto Rivera, quien en sus 22 años en que fungió como arzobispo primado de la Ciudad de México protegió y defendió a curas pederastas.

Ni los esfuerzos de Alberto Athie –el mismo a quien el neófito presidente López ninguneó por su renuncia a la Comisión Nacional de Derechos Humanos tras de la fraudulenta llegada al organismo de Rosario Piedra– y José Barba, los dos principales impulsores de un juicio de responsabilidad contra Rivera, pudieron fructificar ante el poder omnímodo de la iglesia católica.

El cinismo tan característico de una jerarquía que hace votos de impunidad, desde que Norberto Rivera negó de manera sistemática haber protegido a Marcial Maciel, el santo patrono de la corrupción religiosa durante las últimas décadas, ahora se enseñorea en el arzobispado de Aguiar Retes y en la diócesis de Xochimilco.

Porque al ex párroco José Luis Reyes Sandoval no quieren ni voltear a verlo, por lo que permanece recluido en una casa de la Colonia Santa Cecilia que prestó la señora Teresa Romo, debido a que hasta su propia familia terminó por abandonarlo.

Al ex párroco le diagnosticaron epilepsia

De acuerdo con el diario que lleva Carlos Joel Pérez Brito, asistente voluntario del ex párroco, el 18 de marzo del año pasado, derivado de una crisis de epilepsia lo llevó al Hospital de Milpa Alta. «Ahí estuvo todo el día internado y con suero. Le diagnosticaron epilepsia. Me preguntaron los doctores y el residente a qué era alérgico, les dije que no recordaba, le hablé a Elvira (hermana del presbítero), no me supo decir y nunca me preguntó qué había pasado, hasta la fecha. Me preguntaron si yo era familiar y les respondí que no. Me dijeron que si no lo veía un familiar iban a poner una denuncia por abandono de una persona de la tercera edad. Les comenté que el señor era sacerdote y que lo menos que quería era hacer más grande el problema, que yo firmaría de responsable, y firmé cinco documentos».

El más reciente caso de pederastia

En una iglesia católica que en su entrada tiene una barda pintada con la leyenda «Cristo vive», en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, Ana conoció al seminarista que abusó de ella el 15 de junio de 2007. Tomaba clases de catecismo con Julián Quino Velasco, de 30 años, perteneciente a los Misioneros de Guadalupe.

Él pidió a la entonces niña de ocho años que lo acompañara a buscar unos regalos, pero la llevó a la habitación donde la empezó a tocar y besar.

La madre de Ana denunció inmediatamente al seminarista; sin embargo, aunque el ministerio público confirmó el abuso sexual, autoridades de la iglesia no lo entregaron.

Julián Quino, el seminarista, escapó con ayuda de sus superiores quienes, incluso, le pagaron el transporte para que se fuera de Tuxtla. El argumento que le dieron a Olga fue que así evitarían mayores problemas.

Sin embargo, Ana y su madre continuaron con la denuncia.

Tres meses después fue detenido en Veracruz donde se escondía y aunque fue sentenciado a tres años de prisión, salió a los ocho meses porque el juez del caso consideró que el abuso sexual era un delito «no grave».

Ana y Olga pensaron que el seminarista Julián Quino Velasco nunca sería sacerdote, pero escaló posiciones dentro de la iglesia y se le permitió su ordenación.

En cambio, al ex párroco de la Colonia San José en Tláhuac, el soberbio Andrés Vargas Peña ya no quiere saber más de su deplorable estado de salud. ♦

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