De vida o muerte considera Isela Xospa rescate del náhuatl en Valle de México

Noviembre 16, 2019.- Dice que su generación y otras fueron empujadas a voltear hacia afuera y no hacia el centro de su comunidad, volverse mano de obra en la Ciudad de México

Isela Xospa, originaria de la alcaldía de Milpa Alta en la Ciudad de México, se ha propuesto recuperar la cultura nahua de su región: su lengua, sus textiles, sus tradiciones, porque se trata de un asunto de vida o muerte, y lo hace desde su proyecto Xospa Tronik.

Se trata de un trabajo que incluye en primer plano la edición de publicaciones bilingües español-náhuatl en la variante milpaltense, la elaboración de textiles a partir de la iconografía original mediante el telar de cintura y la producción de videos.

«Perder la lengua ha significado para nosotros perder el territorio, perder la salud, el nivel de vida; que haya tráfico, que haya basura, que los terrenos de cultivo se estén llenando de colonias, que haya violencia», asegura a Litoral en su centro de operaciones, donde señala que también hay perdidas en la fauna local y que incluso empiecen a aparecer alergias a muchas cosas. «Esto se ha convertido en una cuestión de vida o muerte, así de loco».

Al hacer un rápido recuento de las cosas, dice que su generación y otras fueron empujadas a voltear hacia afuera y no hacia el centro de su comunidad, volverse mano de obra en la Ciudad de México, para lo que destinan tres horas de transporte de ida y otras tres de regreso; que la gente de la localidad tenga terrenos de cultivo que ya no saben trabajar. Y por ello su proyecto se centra en la recuperación de la lengua originaria, la tradición oral, y regresarlas a los niños, porque “los adultos ya estamos echados a perder».

Isela, profesionista de diseño en comunicación gráfica egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana, explica que para llevar adelante su objetivo entró a una maestría en producción editorial en la misma UAM, donde fue aceptada justamente con su idea, siendo el primer trabajo de este tipo, en esta lengua, que había sido presentado. De esa manera adquiere los conocimientos profesionales, del mercado editorial y afina su proyecto, que es sin fines de lucro.

Para ella está claro que si se recupera la lengua, que existen personas que todavía la hablan, aunque la mayoría no la escribe, pero eso da base a su recuperación, le seguirían beneficios como la autosuficiencia alimentaria, recuperar la medicina tradicional (temazcales y parteras, por ejemplo) y el textil tradicional. Para ello también debe luchar contra la resistencia interna, con los pobladores que quieren que pase una autopista por el lugar, que haya un supermercado y ese tipo de servicios, pero ello significaría más degradación de la comunidad, su cultura y naturaleza, advierte.

«En la lengua hay términos que indican que una piedra, los cerros, la tierra, los árboles son personas, a las que se debe respetar y pedir permiso para hacer algo con ellos, de lo contrario, se enojan y te enfermas. En ese caso, hay que pedirle perdón y llevarle una ofrenda. Las lenguas originarias (y sus culturas) son la respuesta a los problemas que hay en el mundo, los hípsters y más recientemente los planetarians están regresando a esas tradiciones, y resulta que ahora los pueblos originarios deben aprender de ellos, a vivir en armonía con el planeta, producir sus propios alimentos, sin fertilizantes ni conservadores, criar sus propios animales, cuidar la salud y no ir al doctor, y en su caso acudir a la medicina tradicional», advierte admirada.

Al hablar de otro aspecto de su proyecto, la recuperación del textil tradicional, explica que todavía se practica, pero sólo para uso religioso, vestir y adornar a los santos y a las vírgenes de las iglesias, pero no para las personas. En las calles la gente no anda con blusas, fajas, cintas para el cabello o faldas hechas con telar de cintura. Se perdió casi por completo, por ello es necesario recuperarla. En su caso, recuerda, su abuela llegó a tener un negocio de producción y venta con grandes resultados, pero al morir nadie lo continuó, y por esa época también se perdió prácticamente en todo Milpa Alta, solo continúa un poco en Santa Ana.

Recuperar este arte es la otra parte de su sueño, subraya, y para ello toma clases de telar de cintura con Flor Hernández, como ella también egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana, cuyo proyecto de titulación fue aprenderla y poder reproducir en su totalidad la vestimenta tradicional femenina milpaltense. Flor ha enseñado ya a decenas de jóvenes a usar el telar de cintura, con la iconografía original, imágenes que habían sido recopiladas años antes por Joaquín Galarza, aclara al manifestar orgullosa que ella ya teje y ha hecho varias piezas, sólo le falta hacer un chincuete o falda.

Con relación al tercer eslabón de su proyecto, los videos, indica que ya ha hecho varios, como los que enseñan a saludar, las partes de la cara o la familia, y va por los números y los colores, pero como se trata de un producto que requiere de mucho trabajo variará su perfil hacia lo que hacen los youtubers, por lo que por el momento está en revisión esta parte, dice al informar que cuenta con su canal en esa red social, así como cuentas en Facebook (xospatronik e Isela Xospa), y una página en internet (xospatronik.com).

Deja en claro que sus productos y las ilustraciones que utiliza son muy visuales, coloridos, porque esa forma es muy atractiva y de esa manera llaman más la atención, se distribuyen, se conocen y terminan por impactar a favor de su objetivo final: defender y rescatar su cultura.

Hay mucho por realizar, pero no se sabe, no se impulsa, y sobre todo hay muchos complejos y un sistema educativo que no apoya, señala. Por ejemplo, no se enseña que hay una tradición oral, diseños de vestimentas y de textiles propios de Milpa Alta, lo que ella vino a saber mucho tiempo después, ya adulta, a través del recuerdo de su abuela.

Refiere que su interés por la cultura nahua de Milpa Alta empezó cuando como estudiante de posgrado de diseño vivió un tiempo en Gales, y posteriormente al emplearse en Nueva York. En el primer lugar se dio cuenta del orgullo que representa para sus ciudadanos su lengua y sus tradiciones, tanto que quien habla galés obtiene un mejor salario. Igualmente, cualquier documento que emane del gobierno es bilingüe, inglés-galés. Ese primer choque creció durante su estancia en la ciudad estadounidense.

Siendo una urbe cosmopolita, habitada por decenas de culturas vivas, notó que los originarios de ellas mantenían respeto y seguimiento de esas tradiciones, lo que le hizo preguntarse por sus orígenes, por el significado de su apellido, que está en náhuatl, y se dio cuenta que no sabía nada. Empezó a averiguar y conoció la riqueza que había abandonado sin darse cuenta y nació su orgullo.

Pero también hubo tristeza porque descubrió que en su persona no quedaba casi nada de esa herencia, ni siquiera la lengua. Para ella era escuchar que casi cualquier lugar en Milpa Alta tiene un nombre en náhuatl, pero nunca se interesó en saber más. Así empezó a averiguar sobre sus orígenes familiares, de Milpa Alta, pero irónicamente en la biblioteca pública de Nueva York.

Entonces también notó que buscó ser ilustradora con estudios y práctica en el extranjero, cuando los códices mexicanos son ejemplos más que magníficos. En las culturas azteca o tlaxcalteca, por ejemplo, ya existía el storytelling, que hoy en día es la última novedad de las artes visuales.

De 2014 a 2015 acepta proyectos para ilustrar, pero no son de su gusto, así que los hace al mismo tiempo que cultiva su interés por conocer sus raíces indígenas, pero los libros donde lo hace eran en su mayoría ediciones bilingües alemán-náhuatl. Realiza entonces MomoxcoTown, ilustración monumental en la que plasma lo que es Milpa Alta, su paisaje natural y sus habitantes, con los oficios tradicionales. De esta saldría la iconografía que caracteriza hasta la fecha a su proyecto.

En esos dos años, destaca, publica 40 trabajos editoriales, en los que aborda en inglés y náhuatl temas como los números o frases comunes, y fueron un éxito de ventas en la urbe de hierro. Su consigna fue: hay mucho que aprender, pero no hay materiales para hacerlo, hay que producirlo y lo consiguió. Fue en esa época en la que cuando visitaba a su familia por vacaciones aprendió el telar de cintura. Ese choque le hizo tener en claro el estilo, perfil y objetivos de lo que quería hacer.

En su charla hace un paréntesis para comentar que un éxito de ventas fue su bebé tamal, que en la actualidad ya cuenta con traducciones al mixe y al maya de Yucatán. Esta experiencia le enseñó que su proyecto también cabe en otras lenguas y que, lamentablemente, existe un producto y un mercado que los editores no ven y que ella ha comprobado que es de éxito.

Se convence entonces que lo mejor era regresar a Milpa Alta y así lo hizo, con el propósito de continuar con su proceso de conocer la historia de su pueblo y personal, crear sus propios diseños, fundar una editorial y publicar, puntualiza al dejar en claro que su proyecto es posicionar una marca a través de la línea de diseño de sus publicaciones, de los productos editoriales y de los textiles con motivos milpaltenses.

Isela misma promueve y vende sus productos con tal impacto que ya es conocida incluso fuera de la Ciudad de México y el país. Hace poco estuvo en Guatemala y Yucatán y en estos días participa en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil. En su tierra lo hace en presentaciones en escuelas, fabricas, espacio de la mayordomía, terrenos y plazas públicas, entre otros espacios a los que acuden muchos niños. También lo hace en clubes de lectura y la biblioteca pública, semi abandonada por parte de las autoridades y sin acervo.

Por último, anota que la suya es otra estrategia, diferente a las editoriales, que llevan sus libros a las librerías establecidas y ya. Sus libros y demás productos los presenta personalmente pues en Milpa Alta no hay librerías y difícilmente una familia milpaltense va a una de ellas, gastaría mucho tiempo y dinero. Asimismo, anota que como un hecho raro hasta ahora las traducciones al náhuatl de sus trabajos, apoyados sobre todo en los textos dejados por doña Luz Jiménez, las ha hecho con el apoyo de Rudolf van Zantwijk, antropólogo octogenario que por muchos años hizo trabajo de investigación en Milpa Alta y conoció a Miguel León-Portilla (1926-2019).

Por eso, indica, a los niños y niñas que ahora aprenden el náhuatl y el trabajo textil con telar de cintura los motiva a seguir, pues en un futuro serán los escritores a los que publique Xospatronik o sus traductores, así como quienes elaboren las telas o los trabajos en video. No de mencionar como una ironía que el náhuatl se enseñe en Alemania o Japón, pues lo entienden como un idioma sagrado, mientras que en México realmente no hay lugares donde aprenderlo. ♦

Con información de Notimex

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: