Poetas de Matamoros, Tamaulipas

Septiembre 18, 2019.- Ante la escalada de violencia a nivel nacional (que no logra detenerse), siempre será un placer poder mostrar el trabajo de las personas que quieren, desde la literatura, poner su grano de arena en la construcción de mejores sociedades, dice Adán Echeverría

Por Adán Echeverría-García

Acá en Tamaulipas, en Matamoros, no todo es violencia, muerte, balaceras, mañosos y temor a vivir, como una gran parte de la prensa nacional quiere hacer pensar. Resulta penoso asistir a un taller en la Ciudad de México y escuchar el chiste capitalino de que se nos diga que venimos de Mataulipas, y chistes de este tipo. Sobre todo, porque el México violento ha escalado a tal nivel que se encuentra metido en todas las ciudades. Los estados de Colima, Oaxaca, Veracruz, Guerrero, Michoacán, y la misma Ciudad de México roban la atención por las masacres que ocurren al amparo de la impunidad y los malos gobiernos. La prensa reporta todos los días los asesinatos de 3, 5, 8 personas, grupos de personas y siempre lo anuncian como: ajuste de cuentas.

Desde agosto de 2018 estoy impartiendo talleres de apreciación literaria en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas. Ante la escalada de violencia a nivel nacional (que no logra detenerse), siempre será un placer poder mostrar el trabajo de las personas que quieren, desde la literatura, poner su grano de arena en la construcción de mejores sociedades; sociedades informadas, instruidas, dentro del campo de la educación, el arte y la literatura. La comunidad literaria en la Heroica Matamoros no es la excepción. Hace falta mucho camino, claro que sí. Pero los asistentes han demostrado, las más de las veces, constancia, deseo, responsabilidad y sobre todo disciplina lectora.

Esta es una pequeña muestra de algunos autores con quienes he podido trabajar en Matamoros, dentro del Taller Apreciación y Creación Literaria del Instituto Regional de Bellas Artes de Matamoros. Espero que alguno de estos trabajos pueda ser de interés para que usted, querido lector, pueda disfrutarlos.

Poemas de Alicia Leonor

AL PERDERME EN EL TORRENTE DE LAS EMOCIONES

se exaltan mis sentidos, sangra mi corazón,

llueven mis ojos, no paran de llover.

El invierno hela mis huesos,

me hiela completa.

Pero siempre hay algo que me guarece

de esa desesperación concurrida.

que me acompaña en esa coyuntura;

el de turno, el que cambio tan seguido

y a quien a veces vuelvo porque me llena y satisface,

me transporta a los placeres no vividos,

que hasta la muerte me será fiel,

mi libro en turno.

TIEMPO

Sigo viva, pero el tiempo escapa.

Mis secretos —dolores mudos— contradicen mis sueños.

El tiempo traspasa las entrañas de la noche,

me apresa,

deja huellas en mi frente,

estrías en mi cuerpo,

vacío que lastima

por la ilusión que escapó

Y me dejó un camino sin crepúsculo

sin mapas, ni brújulas que me guíen;

no hay noches febriles que celebrar,

la ley de la ironía ha fragmentado el templo.

Sigo viva sin poder distinguir

si soy real o la farsa de mi misma.

Vivo en gerundio regular —ando, yendo—

y solo uso un antifaz que esconde

ausencias.

EN CADA UNA DE TUS SALVAJES ALBORADAS

atrápame con bríos, refúgiame en el túnel de tus sueños

en la profunda raíz del almendro, en el rayo de luz.

Gózame como ese libro que atesoras.

Quiero estar en cada verso y al final, siempre al final

saborear tus letras al viento del otoño que me desnuda.

Que mis harapos caigan como hojas de árbol.

descorcha el erotismo acumulado,

tatúa tus caricias en mi carne,

tira piroclastos que enerven mis sentidos

deja correr en mis entrañas

la lava ardiente de tu sexo.

TE PIDO QUE NO ME IMAGINES VESTIDA,

imagíname desnuda, sin nada que estorbe tu malicia.

No quiero que la imagen se difumine,

deseo ser recuerdo, tu puta más furcia;

quiero que lleves mi nombre tatuado,

que tu boca me llame a la lujuria,

en cada cama donde duermas.

Quiero que me odies, me ames, me extrañes,

sin pronunciar te amo.

Quiero sentirte en travesía por mi cuerpo

que gimas conmigo, que goces conmigo.

Y si un día te sientes herido, ahí estaré para sangrar tu herida,

frotarlas en mi carne y sellar nuestros íntimos deseos.

Y si desfalleces ahí estaré, contarás con mi locura,

con mis monstruos; aprenderé a amar los tuyos.

Y cuando hagamos el amor, promete

que desharemos este maldito y profundo desamor.

SOY LA EQUILIBRISTA QUE FLOTA EN LA CUERDA,

con la oscuridad abordo. Levanto la mirada,

disfruto el hermoso globo blanco que alumbra la noche.

Mi cordura es frangible y mis sueños subjetivos.

Siento el fracaso y no he sido amada,

¿Qué importa si en el otoño caigo herida?

Reposaré mi invierno bajo lluvias sabor a óxido.

Porque soy la equilibrista. Lanzaré al vacío mi pesadumbre.

Me despojare de vaciedades, de falsas poses.

La sombra de la noche me abrazara,

y juntas renaceremos al terminar el invierno.

Alicia Leonor (Tamuín, SLP, 1968). Radicada en Matamoros, Tamaulipas, desde 1990. Licenciada en Administración de Empresas y Contaduría Pública. Poeta, narradora. Promotora de lectura. Asiste a los talleres del Ateneo Literario José Arrese desde 2014. Participa en el Taller de Apreciación Literaria del Instituto Regional de Bellas Artes de Matamoros. Ha participado en diferentes recitales y festivales de escritores nacionales y del Valle de Texas U.S.A. En «Letras en el Estuario» organizado por ALJA Edicione. En el Segundo Encuentro Internacional de Poetas y Escritores llevado a cabo en San Luis Potosí y Real de Catorce. Sus textos se incluyen en las Antologías Tengo una soledad (ALJA 2015), Ciudad de palabras. Poemas para andar por las calles. (ALJA 2016). Visión de un instante (ALJA 2017). Voces Unidas en Real de Potosí (2019).

Poemas de Ana Ayala

ESTACIONES

Llegaste cual primavera, abriendo botones yertos,

libando la miel ajena, tejiendo nidos inciertos.

Cosechaste viejos sueños; semillas que esparció el viento,

vestigios de quimeras que deja el paso del tiempo.

Más el verano llegó y junto a él, partiste, dejando atrás el amor.

Te vestiste de invierno. El frio invadió la morada y no te importaron

los ruegos; solo dejaste falacias nacidas de juramentos.

¿En qué inhóspita ladera enterraste los recuerdos

que enraizaron en la tierra y dieron frutos tan secos?

OTOÑO

Furtivo llegas y traes contigo al viento,

desplazando al verano y anticipando el invierno.

Es época de nostalgia; de aferrarse a los recuerdos,

de recoger hojas muertas, de árboles sin savia dentro.

Vislumbro ya el ocaso. Ya no está en la rama el nido,

el aire silba en mi alma; dime, ¿cómo te olvido?

EN SILENCIO

Quiero morir en silencio, desnuda sobre la hierba, sentir en mis pies la tierra y el olor a junco seco. Quedarme en la frontera de la noche, entre sus fauces, que se duerma para siempre la mañana en apenas un instante.

Quiero morir en silencio sin los cuchillos del ruido. En la turgencia del río donde al fondo de un libro yacen mis ojos, como desiertos. Quiero sumergirla en agua, que se disuelva tu imagen y libere mi mirada.

Quiero cruzar el velo de la bestia que es la noche, si la muerte me da vida. ¡Vivir es un derroche! Quiero ventanas abiertas que la aurora me refresque y el viento apague mi vela mientras me besa la frente como lobo solitario que se detiene en la orilla, para sentir en su rostro el silencio, la caricia. Todo será en un momento y nada habrá sido cierto. Vivir después de haber muerto. Y morirme de silencio.

Ana Ayala. Originaria de Ciudad de México (1969), empresaria y escritora, radica en la Ciudad de Matamoros, Tamaulipas desde hace 25 años. Ha participado activamente en colectivos culturales, talleres y diplomados de creación literaria. Miembro benemérito del Taller Literario Rabindranath Tagore en Cuba. Su obra ha sido publicada en diversas antologías nacionales e internacionales.

Poemas de Félix Martínez

SE ALEJA EL MAR

Las olas que mojan mis rodillas

traen el sabor a atún con arena

de mis paseos de niño

en las playas del sur

Sus escolleras

son montañas por conquistar

invitan a ascender por ellas;

el golpe burbujeante del mar

se expande en el rostro

y ensancha ilusiones.

La resaca me arrastra

como monstruo sin manos

sube lento,

casi hasta ahogarme.

Brinqué con la punta de los dedos

como ahora

cuando el agua me cubre

como ahora

que alguien ha soplado las aguas

a mi favor,

y me pongo de pie sobre la arena.

Me pongo de pie

para caminar en la orilla

recoger conchas, patear un balón

recibir el sol en el rostro.

Siempre regreso a la playa del ayer.

para mirar sus delfines y barcos

aunque el mar de mi infancia

camina hacia el sur

y yo viaje hacia el norte.

EN MEDIO DE LA FRENTE

Hoy llegué a una decisión terminante

porque robaron mis sueños.

Busco a la ladrona

pero se fue del pueblo.

Perdí el trabajo

por dejar de reír.

Y llegué a una decisión fatal

tomé la pistola y apunté a mi frente.

Sonó el estrépito tronante de la bala

había hecho añicos el espejo

Le había atinado a mi imagen

en medio de la frente.

MUTISMO

Nubes de alientos espesan el ambiente

gestos marcados cinceles en el rostro

palabras susurradas en las bocinas

muchas voces apagan la voz de la conciencia.

A tu lado y sin motivos defendiendo lo indefendible

queda sorda mi conciencia.

Levantas la mano,

juras por el aire que nos circunda

tu voz como bloques levanta muros.

Ya no te veo

solo escucho tu voz

frases viejas, palabras sin sonidos.

En este rincón esperaré que pase el tiempo.

Tu voz apenas audible.

Hablé no me escuchaste.

Sin saberlo

yo también había quedado mudo.

ESPEJO EMPAÑADO

No limpies el espejo

para que no se descubran

para que no vean mis miedos

mis aletargados anhelos.

El espejo empañado

mantendrá la ilusión de mejores días.

Cuando me paraba de frente y sin temor

devolvía rebeldía y pasión

con la señal del triunfo.

El espejo se hizo viejo

se llenó de polvo.

No me libero.

Dejaré mi imagen difusa

borrarse con el tiempo.

Félix Martínez Torres (Minatitlán, Veracruz 1962). Poeta y narrador. Algunos de sus poemas aparecen en varias antologías, Pertenece al grupo Ateneo Literario Jose Arrese. Participa además en el Taller de Apreciación y Creación Literaria del Instituto Regional de Bellas Artes de Matamoros.

Poemas de Eva Rodríguez

CICATRICES

Él se ausentó. Antes de alejarse tomó mi mano, colocó un obsequio, un pañuelo blanco, me miró y dijo: Contiene lo más preciado para mí; cuídalo como si fuera él iris de tus ojos, cuídalo de la mano hurtadora, semejante a la hormiga en verano. Fue reflejo de consagración lo que aquella envoltura significaba. Me concentré en guardarlo en el lugar más seguro. Conmigo. Se convirtió en mi primer aliento consciente y mi dulce descanso. Como si la ausencia dijera: Estoy más cerca de lo que imaginas, y el silencio fuera el más sagrado acercamiento de palabras que no se dicen, pero…

Decidí desenvolver el pañuelo blanco y mis ojos se asombraron.

¡Era lo más importante para él! Eran los fragmentos de su corazón, por el cual yo respiraba. Al buscar el mío me di cuenta que él lo tenía. Se podía ver su lento latido: aún tenía vida. Cada fragmento lo reconstruí. Fue finamente tallado y sólo se podían ver cicatrices.

AGUJA

Sonoro cántico que no se pierde en el arrebolar de las aves

o el gris de las nubes apresuradas.

Inspiración para plasmar los colores en el tatuaje

de fina textura; diferentes flores, relieves y

experimentar el arte de hilvanar.

Entretejí coherencia y admiración.

Cautelosa protejo mis dedos, mientras

el paisaje toma el brillo del atardecer.

Con la rapidez del pedal la aguja lleva

a otra dimensión su talle y su poder punzante

semejante al dolor del aguijón.

El mundo del zigzag, mide el contorno,

bastilla, remaches, botones, pinzas;

una obra de arte en el delicado textil,

la blusa en combinaciones azul y blanco

colores dispuestos difíciles de unir;

privilegio de originalidad,

que solo se admiran.

CÁRCEL

Rejas oxidadas a diestra y siniestra,

la fallida decisión. Un silencio sin luna,

solo abrir la puerta que un día fue sellada.

Pánico nocturno era la solapa, los ojos de las

hienas velaban los movimientos, cae lentamente

en el sueño que se esfuma al alba acompañado

del voceo y los trastazos de los fierros retorcidos.

Ojos en la espalda, una trenza en plena calvicie,

la astucia del corazón aislado. Dolor que cambia,

ausencia. Donde la humedad acariciaba el cuerpo

lo más parecido a la entrega voluntaria.

La agonía la sostiene diez grados bajo cero,

sentencia cumplida, jamás en el suplicio y llanto

el cuerpo sanó en la indiferencia del día.

La noche de recuerdos que emergieron insaciables.

Cuando las lágrimas aparecieron el oxígeno careció

dejando certeza y verdad. Las puertas se abrieron de par en par.

El ser permitió al sol una caricia que niveló la glucosa.

Y la cárcel reveló cómo vivir un minuto cada vez.

Eva Rodríguez Martínez. Matamoros, Tams. 1971. Psicóloga. Participa en la antología El tiempo no es olvido y en el Taller Literario del Instituto Regional de Bellas Artes de Matamoros.

Poemas de Gabriela Escobar

DESACIERTO

Dejé por ti

el umbral que me arropaba,

un techo titilante de estrellas

y el suelo tapizado

de ideales añejos.

Fugaz se inflamó la pasión y

cedí lo propio

al abrigo de mi sangre.

Sembré devastador miedo;

el desamparo

y la tristeza, heredé.

Expuse lo que soy

a los dientes del invierno.

Vivo jadeando miseria;

mi vientre, cofre vulnerado

posee un rostro de años disueltos,

sin esperanza,

insensible.

Mis ojos abrazan una lágrima.

Estoy maltrecha, errante.

La ausencia,

es otro día

para morir.

EPÍLOGO

Todo tiene un fin,

las ilusiones, las lujurias punzantes,

los idilios, sustento de la hombría,

y la bella edad.

Todo tiene un fin.

La vida vivida,

el garbo, el donaire,

la satisfacción de secreciones esparcidas

en mil vientres.

Se extingue el otrora mancebo;

tiene desdentada la sonrisa,

la virilidad se ha despedido

para no volver.

Envejeció al ritmo del tiempo,

su luz se opaca

entre sombras

y ocaso.

Calla la noche,

el pulso decrece,

la conciencia se aletarga

entre balbuceos que renacen

en la comisura de los labios.

Vuelve al inicio,

antes de que llegue el fin.

QUEBRANTO

Mi corazón clama

en el oro de la torre,

entre el mármol de la abadía

y no le encuentro.

Entre alas de paloma

lo extraño;

extraño el ardiente abrazo de las lenguas,

la canción que caía de los árboles,

los desatinos, los dislates

y su pelo negro.

Extraño la resonancia

del césped mojado.

Se acaba el día y él no vuelve,

mis párpados estampa agridulce,

sonrío, lamento, lloro.

La noche es de los grillos,

muere la esperanza,

en este mundo áspero

de emociones imprecisas

sufro yo

y sufre el tiempo.

Gabriela Escobar Zapata. (Ciudad Valles, San Luis Potosí, 1968). Radica en Matamoros desde la juventud. Escribe poesía y cuento. Licenciada en Educación Física. Audio literario: «La Familia», obra impresa: «Pasiones secretas de la mediana edad»; realiza cápsulas poéticas en radio, conductora del programa «Romance con Gaby Escobar». Participa en el Taller Literario del Instituto Regional de Bellas Artes de Matamoros. ♦

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