La Calzada Vallejo, del lodo al asfalto

Agosto 28, 2019.- Se llama así en honor a Antonio Vallejo, propietario de extensas tierras y quien contando con suficientes peones para el sembradío de rosas de exquisito aroma, el lugar adquirió mayor fama, apunta Martina Rodríguez García, cronista de Azcapotzalco

Por Martina Rodríguez García*

Martina Rodríguez García

La Ciudad de México se vislumbra, nos envuelve, es presencia y realidad para quienes llegamos por el lado norte a esta metrópoli que nos recibe por una de sus principales vías, es la Calzada Vallejo la que voy recorriendo paso a paso y en ella entro a las páginas de la historia de Azcapotzalco para conocerla más adentro.

Llegando de la ciudad de San Luis Potosí, es la Calzada Vallejo la primera que conocí desde hace más de 37 años, hoy tanto la Calzada como yo formamos parte de la que actualmente es la delegación Azcapotzalco, cuya ubicación se encuentra en el norte del Distrito Federal donde su perímetro está delimitado por los municipios mexiquenses: al norte Tlanepantla y Naucalpan, al poniente y sur las delegaciones Miguel Hidalgo y Cuauhtémoc y, al oriente, la Gustavo A. Madero.

La delegación Azcapotzalco tiene como su símbolo prehispánico una hormiga roja rodeada de granos de maíz que se asemeja a la población antigua dedicada al trabajo y por su laboriosidad en otras actividades, la palabra viene de azcatl, hormiga; potzoa, revienta acumular, y de co lugar.

Las calzadas al igual que los templos y casas las encuentro en el horizonte histórico de los años de 1250 a 1521 y  la calzada de Tenayoca hoy (Tenayuca) es la primera que encuentro dentro del área y sobre la misma traza de la que hoy lleva el nombre como Calzada Vallejo.

La calzada Tenayoca era el eje de unión del señorío de Tenayoca, Tlatelolco y Tenochtitlan.  En 1244 los chichimecas de Xolotl llegaron a Tenayuca, ciudad que antiguamente había sido habitado por toltecas y que les ofrecían condiciones estratégicas por su cercanía a la sierra de Guadalupe, la cual formaba una especie de muralla natural proporcionado por las cuevas.

Los indígenas consumían de las tierras fértiles, adquirían su alimento principalmente el maíz, carne de conejo y venado. De los ríos y lagunas conseguían otros más. Estos hombres guerreros incansables iban despojando de sus tierras a otras tribus y con esto su Señorío adquiría fama e independencia, a pesar de todo lloraron por la muerte de su señor Nopaltzin en el año 5 acatl, 1263.

En el año 1325, después de haberse fundado la ciudad de Tenochtitlán, el pequeño islote se pobló de templos y casas y el área de tierra firme fue aumentada artificialmente de extensión rellenando con grandes cantidades de piedra y de lodo sus alrededores. Finalmente la laguna de la gran Tenochtitlán quedo unida con los pueblos ribereños mediante extensas calzadas.

En cuanto a la batalla acaecida en Tenayoca, Quinatzin pasó su corte a Texcoco y dejo Tenayocan a Tenancacaltzin, por su ambición Tezozomoc en medio de la oscuridad de los relatos se descubre que le hizo la guerra llevando a los tenochcas, pues aparece como resultado la fuga del antiguo señor y haberse hecho proclamar Tezozomoc el gran Chichimecatecuhtli.

Esto pasó en el año ome ácatl 1351. Cuando Tezozomoc se apoderó del señorío de Tenayocan con auxilio de los mexicas; esta victoria está registrada en el Códice Mendocino.

Tenayucan o «lugar amurallado» fue la capital chichimeca, después capital tepaneca, en el año 1371, y a los pueblos que tomaban de la guerra les llamaban tequitintlacotl, que tributan como esclavos. Hoy en día queda una gran pirámide llamada precisamente como Tenayuca, que en su primera época muestra basamento escalonado donde sobresale el paño cerca de 6 metros. Tiene un solo tramo de 26 escalones. En la cumbre de la pirámide había dos templos uno dedicado a Tláloc y otro a Huitzilopochtli. La ubicación del centro ceremonial indígena no existe la menor duda alguna de la presencia de la colosal pirámide que aún exhibe su grandeza, influyendo en el trazo de la ciudad la Calzada Tenayuca que se comunicaba con Tlatelolco y también el camino paralelo a la orilla de la laguna que conducía a los diversos poblados ubicados en sus márgenes.

Como vemos, la Calzada Tenayuca es de origen prehispánico por el hecho de que el eje de la calzada estaba en línea recta con cierta precisión matemática, del vértice de la pirámide de Tenayuca a la pirámide de Tlatelolco. Este hecho no pudo ser casual, si no deliberadamente buscado y confirma el trazo de la calzada. (APARICIO 1980).

El antiguo señorío de Azcapotzalco gozaba de gran esplendor por los tributos que recibía de otros pueblos, por ejemplo las mantas bordadas, plumas, arcos, flechas, plata, oro, cerámica, inclusive hubo varios reportes de porciones de tierra que recibía.

El señor Izcoatl después de preparar la guerra de Atzcapotzalco y la ganara, comenzó a repartir tierras a todos los guerreros que estuvieron a su lado en las conquistas. Los siervos los tomaba para su servicio y para las obras de urbanización, así como para la siembra de hortalizas. El tlatoani Izcoatl muere en 1440.

En la época de Moctezuma se presentaron sucesos notables, como las continuas sequías provocando una baja considerable en la producción agrícola, por lo que padecieron hambruna muchos pueblos entre 1450 a 1454, ocasionando que comenzaban que se tomaran los presos con el fin de sacrificarlos a sus dioses.

En el año de 1446 empieza un desarrollo más constante de la ciudad como resultado de la traza de otras calzadas por contingentes de trabajadores que también construyeron la ciudad de gran belleza por sus construcciones de materiales de piedra de diferentes clases y de resistencia, así como un sistema hidráulico como se demuestra en el conocimiento de los constructores basados sobre la física: en planos, rampas, palancas, rodillos, etc. Por lo que la ciudad y sus pueblos alcanzaron un desarrollo político, económico, social y cultural.

El momento de mayor esplendor de la gran Tenochtitlan fue a la llegada de los españoles, seguramente Tenayuca estaba en franca decadencia, a consecuencias de la guerras. A pesar de esto la ciudad y sus habitantes despertaron el interés de los recién llegados siendo presa de envidias por lo que fingiendo un interés meramente social despierta el interés en acabar con tal esplendor y apoderarse de todas las riquezas de los pueblos y señoríos.

Para el año de 1549 durante el gobierno del virrey de la nueva España don Antonio de Mendoza, cuando en Atzcapotzalco existían aproximadamente unas tres mil personas empezaron a sentirse afectados por las epidemias y hambruna incluyendo al mismo virrey Antonio de Mendoza, quien enfermó de cocoliztli («enfermedad o pestilencia», servía para designar cualquier tipo de epidemia e incluso males como la sequía, crisis agrícola y el hambre). Él termino aparece documentado en: MALVIDO,1985:18

En mapas y planos respecto la calzada Tenayuca y sobre su misma traza el nombre de Calzada Vallejo lo encontramos en el Archivo General de la Nación, que después de la conquista hubo por parte de Hernán Cortes una repartición de tierras e indios para la gente que luchó a su lado, al ganar las tierras para la corona española la gran Tenochtitlan toma el nombre de Nueva España y son a estos señores capitanes y soldados a los que les entregan grandes dimensiones de terrenos. Esta donación de tierras se realiza en el año 1557 en Azcapotzalco.

¿Quién fue Antonio Vallejo? Fue propietario de extensas tierras y quien contando con muchos peones, suficientes para el sembradío de rosas, flores de gran belleza y exquisito aroma, es por la que adquiere mayor fama [Tenayuca. Mercedes, 1567, foja 160. Fianza por la postura de la hacienda de Vallejo por la del trapiche de San Nicolás de la Concepción. AGN, 1699 a I704, foja 413]. Fue casado con doña Ana de San Miguel. Se les considera como las primeras mercedes (Augusto  Vallejo 2002). 

Calle Chopin vista desde la Calzada Vallejo hacia el oriente en la década de los 40. Fotografía del Facebook La Ciudad de México en el Tiempo

Siendo ya reconocido Antonio Vallejo y su familia por los naturales, después de algún tiempo le llaman a la calzada de Tenayuca con el nombre de Calzada Vallejo, nombre que proviene desde la época de la colonia.

Es importante señalar que la familia Vallejo trasciende y da paso a gran número de familiares por lo que a inicios del actual siglo XXI con aún encontramos sus descendientes.

Actualmente la Calzada Vallejo sigue siendo de vital importancia para la Ciudad de México, por ser una de las arterias que lleva el alimento e infinidad de productos para la construcción y para la industria de la transformación: metales, minerales como plata. También lo fue en el transporte de la «sangre de los dioses», como fue el pulque, ya que se transportaba sobre en el lomo de mulas, dirigidas por arrieros, hasta la Ciudad de México.

A propuesta del Consulado de Comerciantes, en abril de 1786, las obras realizadas en el «año de la peste» el virrey Conde de Gálvez autorizó a su tribunal tomar la cantidad de cien mil pesos en depósito a premio de 5%, los cuales debían ser invertidos en la compostura y empedrado de las atarjeas de las calzadas de Vallejo, la Piedad y San Antonio Abad. Actividad que generaría trabajo a la población necesitada. Dichas calzadas daban acceso a tres de los principales caminos que comunicaban a la Ciudad de México. El Consulado tomó a crédito cincuenta mil pesos más, por considerar que mediante el pago de jornales a los menesterosos de la holgazanería que paliaban las gentes con la necesidad. La Real  Hacienda quedó como deudora de los ciento cincuenta mil pesos. Por lo que José Joaquín de Ariscorreta quedó como responsable de la reconstrucción de la Calzada Vallejo, también conocida como «camino de Santiago», porque partía de la Garita que llevaba ese nombre.

En el año de 1786 dicha calzada tenía gran relevancia por ser la «garganta  del camino» tierra adentro, conocido también como «camino del interior», que comunicaba con los estados de Querétaro, San Luis Potosí, Zacatecas, Guanajuato, Durango y Chihuahua; además, conducía a las jurisdicciones de Tacuba, Ecatepec, Cuahutitlan y Tula, donde varios miembros del Consulado colonial tenían ranchos y haciendas de gran desarrollo en la agricultura. Uno de los mercaderes que poseía mayor número de tierras en la región del noroeste que se comunicaba a través de la Calzada Vallejo era precisamente José Joaquín de Ariscorreta, quien poseía las haciendas de San Pedro, Huamantla y San Nicolás Lanzarote ubicadas en Cuautitlán, así como el rancho de Las Salinas, situado en San Cristóbal Ecatepec, de ahí que se conservase siempre en buen estado la Calzada de Vallejo en la cual gastaron en su reconstrucción noventa y ocho mil pesos según las cuentas de los comisionados del consulado. [PAVON 1996].

En un plano elaborado por don José Manuel de la Riva en el año de 1794, indica que la Calzada Vallejo mide 5,300 varas castellanas y sus límites fueron: al Norte por la hacienda de la Patera, al Sur por la Garita de Santiago y al Oriente y Poniente por las acequias que resguardan la calzada [FUENTES].

Los ríos que cruzan ésta calzada fueron el de Tlalnepantla, el de los Remedios que actualmente está entubando, así como el río del Consulado. La pavimentación y el alumbrado fueron realizados en 1789 por el virrey Revillagigedo, quien introduce otros servicios públicos.

La Garita de Vallejo es reconocida en los planos y mapas marcando los límites de Nonoalco, Tlatelolco y la misma Calzada Vallejo en el año 1852.

En 1899 la Calzada Vallejo cruzaba la Antigua Calzada de Guadalupe, que comunica con la Calzada de Atzcapotzalco a Guadalupe Hidalgo, lugar donde actualmente se encuentra la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Recordemos a un hombre noble y sabio como fue don Antonio Valeriano, nativo de Atzcapotzalco, que siendo primo de Juan Diego escucha a éste contar las apariciones de la Virgen en el Nican Mopohua, donde se narran las cuatro apariciones de la Virgen de Guadalupe en lengua  náhuatl.

El recuerdo nos transporta por caminos y calzadas de gran belleza con sus arboledas, casas con jardines y calles iluminadas con ocotes, e infinidad de vendedores de flores, pan, semillas, vasijas, vigas, etc.

Siguiendo con la búsqueda histórica para saber un poco más de estas calzadas encontramos en el Archivo Histórico de Atzcapotzalco la noticia tomada del Boletín Oficial (tomo VIII México martes 1 de Enero de 1907. Jesús Galindo Villa (director general). Lo siguiente:

Que todos los que transitan por las principales calzadas del Distrito Federal, podrán reconstruirlas, casi de nuevo, o por conservarlas y repararlas constantemente dado el tráfico inmenso que se ha desarrollado, como síntoma de actividad y progreso donde se incluyen las de éstos lugares. [INAUGURACIÓN Nueva Nomenclatura en algunas de las calles de la Ciudad de 1905-1907. A H. Atzc].

Para el año 1936 en el lado sur de la Calzada Vallejo sobre la calle de Lerdo recordamos que estaba la estación del ferrocarril «Monte Alto», cuya vía se encontraba sobre la Calzada Vallejo hacia el norte por donde se dirigía el ferrocarril de vapor (como medio para mover la pesada máquina se utilizaban leña y carbón de piedra), haciendo parada en algunas estaciones como en la Magdalena de las Salinas kilómetro 8, «El ocho», como así la nombraba mucha gente. Además de las estaciones de: Tenayuca, Tlanepantla, Calacoaya, Atizapán y San Pedro Atzcapotzalco.

Desde el año de 1914 conocemos Azcapotzalco como delegación al promulgarse la Ley Orgánica del Distrito Federal cuyo artículo VIII estableció 12 delegaciones, es por esto que la ubicación de la pirámide de Tenayuca queda registrada en la delegación Gustavo A. Madero; igualmente San Juan  Huitznahuac, que fue también centro ceremonial. Huitznahuac (en el templo de los dioses del sur), así como Coatlayouhcan «Magdalena», Coltongo (lugar de Coltzin), Atepehuacan, Ahuhuetepanco o Ahuetecanque, S.C. (entre las paredes de los ahuehuetes L.G.A) todos en la traza de la Calzada Vallejo, delegación Gustavo A. Madero.

Hemos conocido a través de éstas páginas la historia del lugar y un poco de estas calzadas y habiéndonos llevado a encontrar ya al personaje por cuyo apellido se le conoce ahora a la calzada Vallejo, es tiempo de señalar también las épocas  desde donde va floreciendo  el señorío de Azcapotzalco y con sobrada razón, es uno de los lugares que ocupa un importante papel desde la época prehispánica.

Las guerras donde destacaba la fuerza física de los indígenas, así como su sabiduría aplicada en el modo de producir los alimentos y la distribución de los mismos, donde el agua fue el elemento que identifica a Tláloc (al que se ofrecían y sacrificaban niños para que hiciera llover) y por el cual se tiene la creencia que ayudaba para que el vital líquido no faltara, pero también algunas veces  se pasaban días mandando tanta agua que llegó a inundar con frecuencia la ciudad, de ahí que las calzadas hechas con tierra y piedra se convirtieran en verdaderos lodazales, por aquellos tiempos en que se transportaban las mercancías, algunas sobre la espalda de los indígenas quienes recorrían muchos kilómetros sobre  el lodo y por veredas entre sembradíos.

El agua también recorría muchos rumbos por canales y propiciando que existieran las chinampas.

Al construirse las calzadas éstas aún conservaban las atarjeas en buen estado, siguiendo las líneas de las vías, a los costados de éstas corrían el agua fresca y transparente, hasta llegar a los depósitos construidos en la misma orilla de la calzada a varios metros uno del otro para evitar que el líquido subiera al piso de la calzada y evitar la descompostura de ésta. Así lo vemos en algunos mapas de dichas construcciones ancestrales.

Estos caminos lodosos que los arrieros recorrían conduciendo las mulas, animales de carga, dóciles y fuertes que fueron muy importantes para ayudar al desarrollo de los pueblos. A raíz de esta actividad existieron en Azcapotzalco familias que se dedicaron a la crianza de mulas formando recuas para alquilarlas como transporte siendo un buen negocio y ayuda para los comerciantes.

En pláticas, algunas personas recuerdan cómo venían por la Calzada Vallejo los arrieros y el grupo de mulas veían jalando largas vigas y sobre su lomo los costales de ixtle llenos de maíz o cargando en manojos las hojas para los tamales y jaulas hechas de varas para traer en ellas la fruta fresca que vendían durante el camino.

Algo que también recuerdo es a las señoras que traían una burra jalando y que venían gritando «¡leche de burra para sus niños!», y cuando se acercaban las mamás de los niños a comprar la leche les daba a la señora ordeñar a la burra, mientras daba una infinidad de consejos para que los niños se acostumbraran a tomar esta leche, era una excelente «curatodo», aunque los niños hicieran berrinche para no tomarla las mamás siempre salían ganando, y la pobre burra con sus ojos tristes y sus orejas paradas seguía su camino por la Calzada Vallejo.

Otros señores vendían los guajolotes, los traían caminando por la calzada y eran a veces más de 20 animales, algunos parecían que modelaban, se daban la vuelta y extendían una de sus alas mostrando su plumaje muy brillante, como si a los pobres guajolotes les fuera a durar mucho el gusto, pues ya era el mes de diciembre, inclusive hasta se ofrecía la receta para prepararlos para la cena de Navidad, colocado en el clavito de la cocina de los recados donde se amarraba con un listoncito rojo para que no se olvidara; pobres guajolotes, los arriaban y además los señores les pegaban con un látigo de ixtle para que no se alejaran.

La calzada de los recuerdos es sin duda La Vallejo, es la misma que un día, allá por los años cuarenta sufrió un cambio inesperado sobre su asfalto cuando mucha gente con herramientas, máquinas, grúas, gente y más gente, algunos dando órdenes, otros tomando medidas, y al paso del tiempo empezaron a construir el monumento de La Raza en memoria del pasado indígena de México, siendo su constructor Luis Lelo de la Rea.

Sobre la Calzada Vallejo, rumbo a San Juan Huitznahuac, delegación Gustavo A. Madero, hacia la colonia Porvenir, existían grupos de jóvenes que venían a buscar a otros sólo que no muy amigablemente, traían palos, piedras, cinturones y mucho coraje con algún muchacho de la Porvenir, y se daban unas corretizas que todas las personas que los veían mejor se encerraban en su casa, y los que tenían hijos se iban a buscarlos evitando un encuentro con los de la pandilla de San Juan Huitznahuac, esto sucedía con mucha frecuencia, pero pocas veces hubo lesionados.

Es la voz de la Calzada Vallejo la que trae las palabras con las que voy llenando esta página, son los ruidos, los sonidos, las lluvias, los puentes peatonales, los recuerdos de épocas pasadas. La guerra de Independencia, los realistas, los insurgentes, la Reforma, la Revolución, las nuevas construcciones de edificios sobre los que fueron verdes pastizales y sembradíos muy grandes, cuando existían las haciendas como la Patera, lugar donde llegaban muchos patos; los Ahuhuetes y la Escalera.

En la Hacienda de la Patera se firmó el tratado de Córdova  en el que se nos otorgó la Independencia como Nación, así lo menciona el compañero cronista Horacio Sentíes Rodríguez, en el año 2001. Las peregrinaciones de los naturales a la Basílica de Guadalupe, el río del Consulado en la que los niños disfrutaban de juegos y aventuras tan increíbles. Todavía existen protagonistas de estas historias. Recuerdan cómo jugaban en los columpios con un «mecate» colgado en las ramas de los árboles de la calzada Vallejo, cerca de la calle de Cuauhtémoc donde habían antenas de una radiodifusora y los niños jugaban futbol de apellido característico de estos lugares: Blandez, Aguilar, Téllez, Vera y otros.

Un entretenimiento más, ver los arrieros cómo llevaban las reses por esta calzada rumbo a la calle de Juventino Rosas.

El recuerdo del peluquero del arbolito, así se le conocía por los vecinos de la Calzada Vallejo a este personaje que acondicionaba su lugar de trabajo colocando un espejo en un clavo que tenía abajo en el árbol, bueno, él lo clavó para su servicio, ahí se reunían los niños para que el señor peluquero les cortara parte de su cabellera y poder asistir muy arregladitos a la escuela «Vidal Rivero».

En el año de 1968 hubo un lamentable accidente en la Refinería 18 de Marzo, en lo que fue la «Refinería de Azcapotzalco» cuando una acumulación de gas hizo que se levantaran las tapas de las coladeras de las colonias cercanas hasta en la Colonia Clavería, las de la Avenida Cuitláhuac, hasta la Calzada Vallejo donde se siguieron con rumbo al Hospital de La Raza; fue como si las hubieran bombardeado. Se levantaron tan alto que cayeron sobre algunos techos de los automóviles. Esto sucedió un día después de la «matanza de Tlatelolco».

Algunos sucesos que formaron partes de los cuentos fueron los que contaban las abuelitas, en particular recuerdo a la señora Rosa González Reyes.

Actualmente, como un testigo mudo del devenir histórico aún se conserva el  puente de piedra sobre la Calzada Vallejo Sur, entre las calles Juventino Rosas y Chopin (Manuel Aguilar G. Comunicación personal).

Hoy en día  la Calzada Vallejo se conoce como Eje 1 Poniente Vallejo, confirmado en  la nomenclatura del año 2001. Colonias, pueblos y barrios situados a un costado de la Calzada Vallejo son: Colonia La Raza (que colinda con el Circuito Interior Río del Consulado). Es de gran importancia resaltar el Monumento de La Raza y el Centro Médico Nacional La Raza. La Avenida Antonio Valeriano, pueblo de San Francisco Xocotitla (lugar de fruta ácida). La Cerrada Cuauhtémoc, Colonia El Porvenir. Eje Norte. Cuitláhuac. Avenida Central. Calle Fundidores. Calle Laminadores. Trabajadores del Hierro. Poniente 122. Colonia Santa Cruz de las Salinas. Norte 35. Norte 45. Colonia Industrial Vallejo. Poniente 152 (una fábrica situada en este lugar es Olivetti Mexicana, tan conocida que algunos camiones de pasajeros que circulan por la Calzada Vallejo, los Tlalnepantla-Vallejo y anexas, ponían el nombre de «Olivetti» como seña particular de esta parada en donde colindan en este lugar La Hacienda de la Patera y el Municipio de Tlalnepantla, estado de México. También se conocía a este lugar con el nombre del «Atorón».

Es así como la Calzada Vallejo trasciende de lodo al asfalto, y hoy se conoce como la Zona Industrial Vallejo, que nace en 1929, declarada oficialmente por decreto presidencial de 1944 con una superficie de cinco millones de metros cuadrados; de ellos, aproximadamente el 70 por ciento está construido. Veinte de las quinientas empresas más grandes del país se encuentran en esta Zona.

Importante en verdad es conocer un poco de la Calzada Vallejo: del lodo al asfalto. ♦

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*Cronista de Azcapotzalco.

Aportación del profesor Manuel Garcés Jiménez a la revista Nosotros en marzo de 2010.

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Bibliografía

Malvido, 1985: Factores de población, pág. 64. DEM.

Demografía Histórica de México, siglos XVI al XIX. Amacalli, Editores S.A. 1993.

Grupo documental Tierras 110, México, 1557. Vol. 17, 1ra. Parte fojas 107.

Grupo documental Mercedes 1567. Vol. 9, foja 160.

Grupo documental Fianzas, expediente único, foja 102 a 413. Vol. 3 1699 a 1704.

Azcapotzalco, delegación del Gobierno del Distrito Federal en Comité de Nomenclatura, Límite de Zonas Urbanas y Nomenclatura, 23 de julio de 2001.

Orozco, INAH Departamento de Investigaciones Históricas.

Tomo 11. México a Través de los Siglos. Historia Antigua y de la Conquista. Editorial Cumbre, SA.

México. Tu Historia. Gobierno Virreinal. Descubrimiento de México. Editorial Salvat.

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Intereses del Consulado de Comerciantes, siglo XVIII.Del Lodo al Asfalto. Calzada Vallejo. Martina Rodríguez García. Azcapotzalco. México, 16 de Mayo del año 2002.

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