Un México sin periodistas. Porque eso quiere López

Julio 23, 2019.- López pretende que la «prensa buena», como él la concibe, sea aquella que se sume a él y su movimiento, y se la pase pregonando sus logros, aplaudiendo sus actos, cubriendo sus ocurrencias y sus chistes

Por Adán Echeverría García.

¿Te has imaginado como sería nuestro país si no existieran periodistas? ¿Sin que existieran los medios masivos de información? ¿Un México donde las plumas no tengan la posibilidad de criticar los actos del gobierno en turno?

¡Vamos, trata de imaginártelo! Respóndete y dile a la juventud y a la niñez que los periódicos no sirven para nada, que los periodistas son unos vendidos, que los medios de información sobre las noticias que ocurren no tienen razón de ser. ¿Para qué? ¿Quién quiere leer, ver o escuchar sobre muertes, asesinatos, bolsas de valores, economía, cultura, deportes, chismes, chismes, morbo?

¿Sabes cuánto cobra un reportero, de esos que corren de entrevista en entrevista? Esos que ves con su cámara, su grabadora portátil, que portan un gafete en el cuello que les identifica como parte de la Prensa, y siempre entran primero a los eventos, en ocasiones sin pagar sus entradas. Que te dicen de mala manera: ¡No estorbes, quítate, estoy tomando una foto! ¡Soy de la prensa! ¡Soy periodista!

Seguro alguna vez los has visto, son unos prepotentes. Andan mostrando su credencial de periodista, y azuzan a los policías, a las personas: ¡Qué te pasa, no puedes tocarme, no puedes arrestarme, soy de la prensa!

¿Los has visto? ¿Sabes cuánto ganan?

Ahora, contéstate ¿sabes cuánto ganamos los columnistas de opinión? Esos que cada semana alcanzas a leer en la prensa. Esos que se la pasan criticando al gobierno, al alcalde, a los regidores. Esos que se sienten mucho porque tienen un espacio en la prensa. Esos irónicos, sórdidos bribones que se burlan de todo, hasta del presidente y lo caricaturizan.

Esos locutores de radio, que se creen mucho porque tienen su programita todos los días a las 6 de la mañana, y desde ahí pretenden hacerle creer a los radioescuchas que son sumamente importantes. Influencers, les dicen ahora. Sienten que son figuras públicas porque persiguen la nota, hacen entrevistas; les llamas y ponen tu llamada al aire, para que te quejes de los servicios municipales: ¡Hablo para quejarme de que no han pasado por la basura! ¡Por favor, señor locutor, ayúdenos, hace meses que no funciona el alumbrado público en la colonia, todo está muy oscuro! No se preocupe, ya las autoridades han escuchado su queja, y la pasaremos a las oficinas pertinentes de gobierno. Gracias, gracias, señor locutor.

Del «soy de la prensa, soy intocable», al «soy de la prensa, no me maten por favor», hay muy poca diferencia. ¡Estos farsantes que se sienten perseguidos!

Pero un periódico no solo tiene reporteros, tiene editores, correctores de estilo, directores editoriales, personal en ventas, diseñadores, maquetadores. Mueven toda una industria. En la radio no solo está el reportero, hay un guionista, un productor, un operador de audio y de la consola, un ingeniero de sonido. Es una industria la radio.

¿Sabes cuánto ganan los reporteros, los locutores, los presentadores de noticias de la radio y la tv? ¿Los necesitamos? ¿El gobierno necesita de ellos? ¿Nuestro país necesita de estos personajes? ¿Y si no existiera la prensa? ¿Qué pasaría?

Nadie, ningún ciudadano está para aplaudir lo que hace el gobierno, o el presidente, el alcalde, el gobernador, los regidores, los secretarios, directores, jefes de departamento. No se le aplaude a quien gobierna. Se le exige, siempre se le exige. La prensa tiene que exigir, no aplaudir. Los ciudadanos tienen que informarse y exigir. Pero permitimos que desde las tribunas se insulte a la prensa, se ponga el dedo sobre los columnistas, se les ponga motes hirientes, que atentan contra su dignidad, se le descalifique como «prensa mala». Andrés pretende que la «prensa buena», como él la concibe, sea aquella que se sume a él y su movimiento, y se la pase pregonando sus logros, aplaudiendo sus actos, cubriendo sus ocurrencias y sus chistes. Así es como el personaje de la presidencia quiere a la prensa. ¿Y tú? ♦

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