Injusto tildar de «apache» a quien roba, trafica o sobrevive por su capacidad de resistencia

Junio 27, 2019.- Investigador revisa desde el origen en el léxico del español y etnolingüístico de los pueblos, hasta los diversos giros que ha tomado la palabra

«Apache» es una palabra que ha albergado diferentes significados de acuerdo con el momento histórico en que ha sido usada, también con distintas perspectivas sociales, al tiempo que sigue siendo el nombre del grupo de naciones indígenas culturalmente similares más fuerte y vital de los Estados Unidos de Norteamérica, con más de 300 mil hablantes en sus diversas variantes, la mayoría navajos.

Se ha escrito mucho acerca de los apaches y del origen de la palabra; sin embargo, nunca se había reflexionado sobre las formas de nombrar al otro, y cómo un nombre adquiere diferentes connotaciones y pasa a otros ámbitos.

Al respecto, el lingüista Andrés Ortiz Garay se ocupó del caso, emprendió una investigación y ahora la comparte con el público a través de la edición del libro electrónico Apache: historia de una palabra y un pueblo.

El e-book se compone de cinco capítulos que desglosan desde el origen de la palabra y la identidad etnolingüística, hasta los diversos giros de significado que ha abarcado; tiene una amplia bibliografía con gran cantidad de entradas para los interesados en conocer la historia apache, y con ligas a páginas que amplían la información, principalmente fuentes primarias de los hechos que se narran.

Los apaches no se ven como parte de la historia mexicana, sino como venidos de fuera para robar, llevarse mujeres, niños y cuanto podían, a pesar de que hay evidencias de que ocuparon la actual región fronteriza con Estados Unidos –hoy Arizona, Nuevo México, Utah y Colorado, Sonora y Chihuahua– mucho antes de que México perdiera la mitad de su extensión allende del río Grande, comentó Ortiz Garay, con motivo de la conclusión del e-book que a partir del 15 de julio podrá conseguirse a través del comercio electrónico.

¿Por qué reivindicar su historia?

«Porque son ejemplo de cómo un pueblo que pareciera débil por fragmentado, en realidad tiene una organización tan fuerte que ha sobrevivido 400 años enfrentando las hostilidades de conquistadores españoles, luego de los mexicanos y estadounidenses; es una lección histórica», indicó.

Los apaches son los grandes sobrevivientes. Hoy son el grupo indio más grande de Estados Unidos, en términos territoriales y lingüísticos e indudablemente la lengua navajo, una variante del apache, es la que tiene más hablantes, subrayó.

Hay reservaciones en las llanuras del suroeste de Oklahoma, donde ya no hablan la lengua pero se reconocen como descendientes; en Nuevo México, al norte, está una reservación con alrededor de 300 hablantes, la de mezcaleros, con una población de entre cuatro mil y cinco mil, la mayoría hablante de lengua apache, y en Arizona hay otra conformada por entre 14 y 20 mil hablantes; y los navajos, con alrededor de 300 mil en una gran reserva-nación semiautónoma, llamada nación navajo.

En México ya no existen como grupo compacto, la última noticia de un encuentro violento con apaches ocurrió en la sierra entre Chihuahua y Sonora, en 1930; es decir, 44 años después de la muerte del jefe militar Gerónimo (1886); sin embargo, es muy posible que haya mexicanos de la región con sangre apache.

En el primer capítulo del libro, Ortiz Garay va en busca del origen de la palabra, no desde su etimología, sino rastrea su incorporación en el léxico del idioma español, los modos de su empleo temprano, acreditado con fuentes históricas, como la carta de Juan de Oñate al virrey.

El segundo capítulo aborda el origen etnolingüístico de los pueblos apaches: clasificación genética de las lenguas, imposición de nombres y apelativos sobre pueblos que han sido conquistados. El investigador explica cómo los dneé son un conjunto de pueblos que los estudios lingüísticos posibilitan enmarcar en una familia lingüística: na-dené, a la que pertenece la rama de lenguas atabascanas, y que algunos de estos últimos fueron llamados apaches, un término nunca reconocido como su nombre verdadero por los propios pueblos.

Los dneé, explicó, constituyen la segunda gran migración de Asia a América por el estrecho de Beringia, unos se quedaron en Canadá y Alaska, mientras otros llegaron hasta Nuevo México, Arizona, Sonora y Chihuahua; en tanto, la primera migración fue de indoamericanos que bajaron por todo el continente, y la tercera, los inuit que se quedaron en Alaska, explicó el lingüista.

El tercer capítulo se refiere a la historia de las relaciones entre los diversos grupos étnicos llamados apaches y las sociedades novohispana, mexicana y estadounidense en el territorio conocido como Apachería. Aquí pone énfasis en los resultados de sus procesos históricos, como el originar una significación perdurable de la palabra apache.

El cuarto capítulo aborda el mito: periódicos, novelas, pasquines de aventuras, cine, televisión y otros medios de comunicación han jugado un papel preponderante en la definición de elementos que terminaron por conformar la imagen popular sobre los apaches, las formas en que los procesos de mitificación de este pueblo estuvieron asociados a las necesidades ideológicas de la consolidación de los estados nacionales de México y los Estados Unidos de Norteamérica.

El último capítulo hace un recuento de los diversos giros de significado que ha abarcado la palabra «apache», desde el helicóptero, el triciclo, la Hija de los apaches, Carlos Tevez «el Apache», o el amor apache; se refiere a cómo nombramos al otro: el apache ya no es el atapascano, sino cualquiera que roba, que trafica o el que logra sobrevivir por su capacidad de resistencia.Apache: historia de una palabra y un pueblo es, sobre todo, un estudio que llama a reflexionar sobre las maneras de apelar a otras gentes que no son iguales a nosotros, un estudio sobre cómo las «historias oficiales» determinan un lugar para esas gentes, y sobre cómo la mitología de nuestros tiempos, plasmada en novelas o películas, ha sido decisiva en la creación de las imágenes quizás más perdurables que tenemos hoy acerca de esa gente, finalizó el autor. ♦

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