Momias taquilleras, las visitan 4 mil personas en el Museo de El Carmen

Enero 25, 2019.- Para quienes se adentraron en el conocimiento de las momias a través de las películas del Santo, es bueno saber que en México se han descubierto momias de diferentes épocas en todos los estados del país

La «Momia Pepita», de dos mil 300 años de antigüedad –y una de las más antiguas de México–, hallada en la Sierra Gorda de Querétaro, llegó al Museo de El Carmen de San Ángel, en la Ciudad de México, junto con otros cuerpos momificados de modo natural procedentes de Chihuahua y Zacatecas.

Famoso por conservar una docena de cuerpos humanos momificados de finales del siglo XIX e inicios del XX, dicho recinto presenta la exposición temporal Momias. Ilusiones de vida eterna, que a poco más de un mes de su inauguración ha sido visitada por cerca de cuatro mil personas atraídas por conocer acerca del fenómeno natural que –a diferencia del proceso realizado por los egipcios– permitió su preservación sin la intervención del hombre.

También hay ejemplares de taxidermia, restos disecados de insectos y vegetales, así como dos cabezas reducidas.

A decir del antropólogo físico Concepción Jiménez, curador de la sección dedicada a las momias, un cuerpo momificado es aquel que sufre deshidratación, lo que da pie a su conservación, en algunos casos se pueden encontrar algunos órganos como los intestinos, corazón y pulmones.

_dsc0166a

Niño envuelto en petate con cordeles de pelo humano. Cueva El Gigante, Chihuahua. Fotografía: Daniel Drack

 

Una momia, dijo, conserva piel y tejidos, lo que permite realizar una serie de investigaciones para conocer enfermedades, alimentación, parentesco a través de los análisis genéticos. «Son un cofre de tesoros para la ciencia, por eso, hoy los estudios interdisciplinarios en este tipo de ejemplares han dado resultados sobre el conocimiento integral de un cuerpo momificado», comentó.

México es rico en este tipo de patrimonio, porque se han descubierto momias de diferentes épocas en casi todos los estados del país. Todos los ejemplares mexicanos hallados se momificaron por razones naturales, ya que hasta el momento no se ha comprobado que se practicara alguna técnica de momificación entre las culturas prehispánicas, ni siquiera en el virreinato, aseguró Jiménez.

Para la etnohistoriadora Gabriela Salas, las momias también conservan aspectos culturales como son su vestuario, forma en que eran enterrados los individuos, ofrendas, entre otros elementos que dan información valiosa de las sociedades de la época en que vivieron esas personas.

La exposición reúne 17 ejemplares de cuerpos momificados de niños y adultos, acompañados de los objetos con que fueron sepultados, incluida la momia de un cánido procedente de la Cueva de la Candelaria, en Coahuila.

La colección prehispánica consta de cinco cuerpos de antiguos rarámuris descubiertos en la Cueva del Gigante, en la Sierra Tarahumara, dentro del municipio de Guerrero, en Chihuahua, en lo que se cree fue un cementerio. Fue recuperada mediante un salvamento arqueológico entre 2010 y 2011, por el arqueólogo Enrique Chacón Soria, investigador del Centro INAH en esa entidad.

Los cuerpos fueron encontrados envueltos en petates, amarrados con cordones elaborados con materiales de la región; algunos tienen cabello humano y otros la piel de algún tipo de animal. El conjunto revela una forma específica de enterramiento entre los antiguos tarahumaras.

_dsc0166a

Momia conocida como Pepita

De la colección de Santo Domingo se exhiben ocho cuerpos de personas que vivieron y murieron en la ciudad de Zacatecas durante el virreinato, la mayoría corresponden a infantes, posiblemente fallecidos a causa de las epidemias que azotaban a la población de la Nueva España; fueron recuperados en 2009, durante los trabajos de restauración estructural del templo.

Las momias zacatecanas han conservado su indumentaria, elaborada en seda, con encajes y terciopelo, alguna con finos bordados sobre telas de algodón; así como objetos que las acompañaban.

Destaca el niño Luis Rivero, que se encontró con un ramo de flores y los versos con los que su familia lo despidió.

Esta colección se complementa con dos ataúdes coloniales y un par de relicarios: uno de san Bonifacio, del Museo Nacional del Virreinato, y otro del Museo de El Carmen.

Los ejemplares fueron objeto de un tratamiento de conservación que inició en 2012: se estabilizaron los cuerpos, se les hizo limpieza, se restauraron y proporcionaron guardas especiales con elementos que ayudan a recuperar y conservar la postura anatómica sin alteraciones que pongan en riesgo su estructura.

Asimismo, se les hicieron tomografías en colaboración con la UNAM y el Hospital Siglo XXI del IMSS.

Los cuerpos se exhiben en vitrinas que mantienen la temperatura adecuada para su conservación.

El otro gran apartado de la muestra alude al significado de la muerte y los modos de enterramiento.

Destaca el arquetipo de la prolongación de la vida en otros espacios, a través de un viaje para el cual es necesaria una ofrenda que proporcione al difunto los elementos para sostener una vida semejante a la que llevaba.

Entre las piezas destaca la escultura de Mictlantecuhtli, el señor de la muerte entre los mexicas, y una máscara-cráneo, prestadas por el Museo del Templo Mayor; cráneos de tzompantli elaborados en piedra y diversas piezas de cerámica, así como dos entierros que ilustran el acomodo del cuerpo inerte en la cosmogonía prehispánica y la fe cristiana.

El montaje también exhibe una importante colección de obras plásticas virreinales que hacen alusión a conceptos como la muerte, el Juicio Final, el infierno y el paraíso; así como a la preocupación por los índices de defunción en la Nueva España debido a las epidemias, condiciones insalubres de la población y actividades como la minería, entre otras, al grado que se apoderó del pensamiento barroco.

El visitante apreciará objetos procedentes de los museos de Arte Religioso de Santa Mónica, Nacional del Virreinato, El Carmen y la Pinacoteca de la Profesa, entre otros.

Entre las piezas principales se aprecia un políptico de la muerte, único, del siglo XVIII y uno de los dos únicos túmulos funerarios que existen en el país, ya que se trató de arquitectura efímera que sólo se utilizaba en las ceremonias fúnebres de personajes, en este caso dedicado a José de la Borda.

La exposición Momias. Ilusiones de vida eterna estará vigente hasta el próximo 26 de mayo en Avenida Revolución esquina con Calle Monasterio, Colonia San Ángel. Horario: martes a domingo de 10:00 a 17:00 horas. Costo: 60 pesos. Entrada libre a estudiantes y profesores con credencial, niños menores de 12 años y adultos mayores con credencial del Inapam. Los domingos la entrada es libre para público nacional y extranjeros residentes. ♦

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: