Vida y muerte de Cirilo Sánchez Reyes

Enero 16, 2019.- Arsenia Salvador Trinidad (en la fotografía) habla de Cirilo Sánchez, líder vallechalquense asesinado en los albores del asentamiento humano, y a quien se le asocia con la conservación del Agostadero como tierra de reserva para servicios de los colonos

Por Jaime Noyola Rocha | Nosotros Núm. 67 | Febrero de 2004

Tercera de tres partes

«‘Aquí necesitamos apoyarnos todos, pero no está, ¿qué cree?, que no está porque se fue a trabajar, pero no tarda en llegar…’ ¡Ah, bueno! ‘Él va a llegar como entre seis y siete. Pero no venga. Yo le voy a decir que vaya a verla, para que usted platique con él de ese problema que ustedes tienen’. Entonces le pregunté: ¿Qué es un comité? ‘Es un comité porque son varios, ellos son como unos seis que andan. Pero él es el presidente del Comité’, me dijo. ¡Ah, bueno! Así, eso fue lo único que me dijo. Ya me fui para mi casa y, sí, como a las seis y media o siete que él llegó. Me acuerdo que yo tenía un perrito que había traído de por allá, bien bravo. Estaba un árbol grandote ahí en una zanja y desde ahí aventó él una piedrita, arriba de las láminas, pues era pura lámina. Y ya salí yo y le dije buenas tardes. ‘Buenas tardes’, me dijo. ‘Mire, soy el señor Cirilo Sánchez, venía a verla porque me dijo mi esposa que había ido a buscarme’. Le dije, sí, pásele, y ya se pasó. Siéntese, y ya se sentó. Entonces dijo: ‘Usted se cambió apenas, ¿verdad?’ Sí, hace unos cuantos días que llegamos. ‘Sí, nos dimos cuenta cuando llegaron’. Pero fíjese que yo tengo un grande problema. ‘¿Qué pasó?’ Le digo, no me quieren dejar aguas las pipas, desde hace quince días. Le juro que con trabajos le dije, me han dejado tres cubetitas y yo no tengo en que apartar agua, yo no tengo tambos, no tengo dinero. Y me dijo, ‘este, ahorita, al ratito su esposo, ¿no tiene esposo?’ Le dije, sí, pero él llega como a las diez de la noche de trabajar, porque él trabaja hasta el Distrito y no llega temprano. Dijo, ‘bueno, entonces al ratito’. Estaba mi hermana, porque mi hermana siempre venía conmigo. Ahí vivía a un costado de donde yo vivo ahorita. Con ellos compramos el terreno. Ya ve que le dije. Entonces, este vio a mi hermana y dijo ‘ahorita van las dos, les voy a prestar tres tambos. Le voy a decir a doña Iralda, usted ya la conoció, mi esposa, que me preste sus tambos para prestárselos a usted, mientras tienen la oportunidad de que, pues hagan una piletita. Porque la verdad aquí es así, qué le vamos a hacer. Yo sí quisiera invitarlas a ustedes a que nos organicemos, que nos unamos para empezar a ver esta situación del agua, de las pipas. ¡No tenemos nada! Ya ve que no tenemos nada. Usted trae cinco hijos. Yo tengo también seis hijos ya preparados para la escuela. Y mis hijos no los he podido mandar a la escuela porque, ¿qué cree?, que los malvados ejidatarios no quieren a los niños de aquí. Y bueno, esa es una de las injusticias. Pero vamos a luchar, yo quiero que se organicen. Yo los voy a ayudar. Yo voy a resolver la forma de cómo nos ayuden para que las pipas no nos dejen sin agua. Pero ustedes también apóyenos, porque vamos a organizarnos todos, para empezar a ver qué es lo que vamos a hacer. Dónde van a ir a la escuela nuestros hijos. Dónde van a ir las mujeres al mercado, porque se tienen que ir hasta Ayotla por las tortillas. Yo creo que no es justo que vayamos hasta para allá tan lejos por las cosas. Aquí debemos de tener un mercado, aquí habemos de tener una escuela’»

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El arqueólogo Jaime Noyola Rocha y la señora Arsenia Salvador Trinidad

«Pero era algo sorprendente, de veras, todo lo que él platicaba. Y que le digo pues sí, tiene razón».

«Una ignorante, yo ignorante, porque yo no sabía ni la o por lo redondo. La verdad. Pero él me decía tantas cosas. Nos platicaba tantas cosas. ¡No hay nada!»

«Fue así como yo conocí a don Cirilo y, sí, sí me ayudó. Me prestó los tambos, él traía la pipa para que me llenara los tambos. Y familia que llegaba lo mismo. Ahí nos íbamos haciendo la cadenita de información y jalando a las mujeres para que fueran a verlo, para que las apoyara. El señor apoya, decíamos. Y todos nos incorporábamos con él, porque sí nos apuraba. Y cuando nos quitaron el agua, nos íbamos todos con él hasta el pozo, el único pozo del jaral que estaba a un costado de la autopista, donde está la caseta nueva ahorita. A un costado había un pozo que se llamaba el Pozo del Jaral. Está en territorio de Ixtapaluca. Entonces allí nos fuimos a formar hasta que nos tocaba el turno de traernos una pipa, cuantas pipas fuera, dos, tres, cuatro pipas. Fue creciendo a través del tiempo. Pero en ese momento, en ese primer año dos tres pipas eran las que repartían. Éramos poquitos, no había problema. Pero de todos modos para los que tenían sus piletas, no sufrían. Nosotros sí. Y fue donde él me apoyó muchísimo. Yo, mi niño estaba estudiando allá en la Escuela Revolución, el más grandecito». Ya estaba en quinto año de primaria y no lo quise sacar. Entonces él lo iba a sacar porque mi marido ganaba muy poquito dinero. Él me dijo: ‘Yo la voy a ayudar. Yo la voy a ayudar. Yo ayudo al niño para los pasajes y no se preocupe, no lo saque de la escuela. Déjelo que allá acabe el niño su primaria, porque si no va a haber un problema, porque aquí no hay escuelas, aquí no hay nada. En Ayotla no nos quieren. No, déjelo allá. Los otros cuatro están más pequeños, primero Dios aquí nosotros vamos a fundar, nosotros mismos, nuestras escuelitas. Pero de momento no lo saque, yo la voy a ayudar’. Y sí, sí me ayudó, me ayudaba con los pasajes, le daba a mi hijo en ese entonces cinco pesos diarios, y me recomendó con las esposas de los ejidatarios de Ayotla para que me dieran a mí su ropa a lavar y a planchar. Luego me fui a planchar, yo planchaba y lavaba en Ayotla con esos señores Pro, que sus esposas me daban trabajo. Él me consiguió esos trabajos allá, porque mi oficio era de costurera. Pero ya no pude ir al Distrito a traer mi costura porque era nada más para los pasajes. No tenía y ya no quise sacar costura de allá del Distrito. Mi maquinita que tenía la vendí para ayudar a pagar lo del terreno también. Y él me consiguió el trabajo allá y yo lavaba y planchaba y me llevaba a todos mis niños los fines de semana y allá los bañaba a todos, para ahorrarme lo del agua. También porque, pues no había dinero para estar compra y compra el agua, no teníamos dinero. Sí, me ayudó muchísimo el señor todo ese año del 80 y parte del 81 que él vivió. Sí me apoyó muchísimo. Inclusive le decía a mi esposo después, después, después, un mes o dos meses después, yo creo, ya le pidió permiso a mi esposo, que si no me dejaba incorporarme con ellos, pero en el Comité, ya dentro del Comité. Y ya él dijo: ‘Pues yo no sé para qué les pueda servir ella, no sabe leer, ni escribir, no sabe nada…’ ‘¡No!’, dijo don Cirilo, ‘ahí no queremos que sepan leer y escribir, sino simplemente que nos acompañe donde quiera que vayamos a hacer las gestiones, que vean que vamos varios. Para eso las queremos, son dos mujeres nada más’. Yo y la señora Esther Goroztieta, de ahí de la Santiago. Dijo: ‘¡Déjela que participe! Ella tiene mucha inteligencia. Va a ver que va a aprender mucho, déjela’. Y ya él me dejó. Ya le dijo: ‘Ustedes saben lo que hacen’. Y me incorporé yo a su Comité. Y él hablaba con todos mis compañeros, porque yo creo que yo era la única que tenía muchos niños y no tenía ni que darles de comer. Ellos me ayudaban cada quincena, me daban cien pesos, doscientos pesos. Me ayudaban todos. ¡Todos me ayudaban! Sí, me ayudaban con una despensa, con algo para poder dar de comer a mis niños, para que ya no tuviera que ir a lavar. Ya no iba yo a lavar».

Entonces, aparte de la importancia que tiene en sí Cirilo Sánchez individualmente hacia usted, él le abrió los ojos.

«Sí, me asesoró muchísimo, mucho, mucho me asesoró. Todo lo que yo sé y lo que yo aprendí, él me lo enseñó. Y lo principal que yo valoro de él era la calidad humana que él tenía. Una calidad humana tan bonita, porque él no veía intereses personales, sino intereses sociales de que la gente no sufriera. Y no nada más a mí me ayudó, hay mucha gente que aún siguen ahí, unos vendieron y otros aquí están todavía. Hay muchos que todavía seguimos. Lo mismo que a mí, ayudó a muchísima gente. ¿De cuántos le hablo? De cien, de ciento cincuenta que ayudó él mucho. Yo lo único que le valoro a él es esa gran inteligencia, esa gran habilidad para poder ayudar a los que menos tenían y además para luchar por fundar, por hacer por el desarrollo de estas colonias de nueva creación. Porque no teníamos nada. Entonces aparte de todo eso, tenía mucha calidad humana».

¿Tenía mucha fe en la gente?

«Sí, mucha, mucha. Él cuando ponía los ojos en una persona, era porque él tenía fe en la gente, mucha fe, mucha, mucha fe en la gente y que no nos abandonaba y de hecho no iba a abandonarnos hasta el día en que nos abandonó. Porque yo siento que se reservó las cosas, precisamente para que no se complicaran. Pero sí, era una persona excepcional, diferente, diferente que hasta ahorita con todos los líderes del Valle de Chalco, yo los he observado, he visto, los he seguido, los he seguido observando y observando y nunca se ha repetido un caso como Cirilo Sánchez, no, ninguno de los líderes que existen, ¡ninguno!»

Tenía una visión, imaginaba lo que iba a suceder.

«Él imaginaba todo lo que iba a suceder. Él sabía hasta dónde iba a llegar el crecimiento de este municipio. Él lo sabía, porque él lo proyectaba. Él veía más allá de lo que no existía. Él decía ‘aquí va a ser un hermoso municipio, porque va a ser mi municipio’. Y él su ilusión grande que él tenía, de ser un día presidente municipal. Se reía, pero se reía como divertido, así, con enjundia platicaba las cosas, con una visión tan amplia que decía, ‘pues sí, vamos a luchar, vamos a luchar mucho y verán que se va a hacer aquí un municipio. Va a ser un municipio».

Cuando él les empezaba a platicar, ¿qué provocaba en ustedes al ver que no había aquí nada?

«¡Nada, nada! ¡La tierra!»

¿Usted qué sintió cuando Cirilo Sánchez decía que que aquí iba a haber escuelas y que iba a haber mercados?

«Bueno, de principio yo decía, ¡ay, este señor sueña despierto! Yo le decía, ¡ay don Cirilo, usted sueña despierto!, ¿de veras cree, piensa que puede ser eso un día? ‘¡Pues claro! ¡Claro que va a ser! Se acuerda usted de mí, si ya no existo para entonces, pero usted se va a acordar bien de lo que yo le estaba diciendo. Fíjese, en el Agostadero, ahí se van a hacer primarias, bachilleratos, secundarias y unas áreas deportivas así enormes, que ya los estoy imaginando cómo van a ser. Y a lo mejor, por qué no, en el trayecto de los años puede haber ahí una universidad. Por qué no, para los jóvenes. Todos sus hijos van a crecer. Mis hijos van a crecer, ¿y a poco toda la vida vamos a andar pidiendo?’»

«Porque siempre decía, ‘¿a poco toda la vida vamos a andar de arrimados y de refugiados, allá en Ayotla o en Santa Catarina, en Neza, en el Centro? ¿Por qué no aquí?’ Todo se lo imaginaba, todo, todo, y fíjese cómo se dieron las cosas, cómo se fueron dando. Y cuando todavía le digo, veníamos de Santa Catarina, algo bien curioso y no le expliqué, por qué nosotros queríamos enterrarlo ahí en el Agostadero. Porque cuando veníamos de Santa Catarina él me dijo, desgraciadamente era yo sola la que iba con él, me dijo: ‘Mira Arsenia, si algo me llega a pasar en el Agostadero, algo, yo siento que no va a pasar nada, pero si algo llegara a pasar, si yo llegara a morir, si yo llegara a morir para que se deliberen esos terrenos, porque con mi muerte se van a liberar todos esos terrenos’, pero riéndose. Y yo así muy transparente lo veía y él decía ‘y verá que así va a suceder’. Y le dije no, no me diga eso, por favor, no me diga eso. ‘Bueno ya, es una broma, ya no me haga caso. Pero si en caso de que eso llegara a suceder, allí alcanza también para trazar un panteón, un panteón bonito, allí puede ser un panteón y, bueno, cuando nos muramos tenemos  que llegar a ese panteón. Entonces, si yo llegara a morir entiérrenme ahí, entiérrenme ahí. A mí me gusta la tierra bruta, ¡entiérrenme ahí!’ ¡Ya, ya, ya! Cambie de tema, eso no está bien para nosotros. No, yo me siento muy mal cuando usted dice esas cosas, no se vale. Y mire, sí sucedió. Pero le digo que yo les expliqué a mis compañeros lo que él me había platicado y todo. Y no, dicen, todos dijeron que sí, menos su familia».

«Él era de Oaxaca, él venía de Oaxaca, de Putla. Él es de Neza, él es de Neza primero, él fue presidente de una sociedad de padres de familia de una escuela de Neza, no sé de cuál. Él me decía que era presidente allá. Luego tenía su tallercito de radiotécnico. Él era radiotécnico. Él se preparó. Él era maestro radiotécnico. Él daba clases a un grupo. Enseñaba allá en Neza. Él era maestro de que les enseñaba a un grupo de gentes a aprender radiotécnico. Él venía de Oaxaca y su hermana mayor, que se llamaba Chonita, vivía ahí sobre la avenida donde están los edificios nuevos».

¿Y él se casó en Oaxaca o se casó acá en México?

«No, él se casó en Oaxaca. Él venía de Oaxaca, él ya venía casado. Es lo que a grandes rasgos, de lo que sabemos de su vida anterior. Pues ora sí que lo conocí tan poco. Un hombre tan valioso. Lo conocí tan poco. Porque fueron dos años, dos años precisamente, ¡ni completos! Porque se muere el 19 y yo lo conozco en el 80 y él muere el 19 de noviembre del 81. En ese poco tiempo pude conocerlo bien, los sentimientos que tenía de calidad humana, para poder ayudar a la gente. Toda la gente la ayudó hasta el último día. Entregó su vida por la gente. Fue una persona muy buena y muy humana y murió por defender los terrenos llamados del Agostadero, donde ahora orgullosamente van muchos muchachos a la Universidad, al Cecytem, a Bachilleres y a muchas cosas. Entonces yo sí me sentí bien contenta, por eso cuando Marcelino Guzmán León, de la Coalición Cirilo Sánchez, se coronó de algo que no le correspondía y que nada más por la necesidad que tenía Pancho Estrada. (Porque) Marcelino le apoyó económicamente mucho y se fue metiendo, se fue metiendo hasta que le quitó la dirigencia del tianguis. El primer tianguis que con Cirilo Sánchez también fundamos fue ahí en San Marcos y él participó en la fundación, todavía. Porque sí lo fundaron en el 81, fue por el mes de abril. Fue cuando se fundó ese tianguis. Fue cuando él se murió, ya ese tianguis ya existía. Pero ahí se fue metiendo Marcelino, con Pancho su hermano y, bueno, le quitó la dirigencia a una señora que le decíamos la Güera de allá de Ciudad Nezahualcóyotl, y se llamaba Cristina. Pero la desechó. Se fue porque tuvo un problema familiar muy fuerte. Entonces ya cuando vino, ya no, ya Marcelino… Ya llegaba al tianguis como cualquiera de los integrantes que tenían sus lugarcitos. Ahí llegaba, ahí con una carretilla donde cargaba sus pollos y sus hermanos otros también, muy chamacos, muy chicos. Y se fue metiendo por ahí y le quitó la dirigencia, de la cual ahora es dirigente Marcelino. Y le prometió a Pancho que iban a hacer una coalición, unas organizaciones que llevarían el nombre de Cirilo Sánchez. Y esa fue la verdad. Muchos de nosotros nos reunimos y no estuvimos de acuerdo. Pero él los convenció tanto por la economía que lo ayudaba porque era muy pobre. Estábamos muy pobres todos, pero Pancho Estrada pues se pegó mucho con ese hombre y lo ayudó mucho económicamente. Y no, ya se hizo dirigente del tianguis, pero pues él ni siquiera, el difunto ni siquiera lo conocía a él, para nada. Bueno, lo conocíamos porque iban ahí a poner sus puestos, pero no. Estuvimos en contra. Siempre estuvimos en contra, por eso cuando se hizo, ya ve, la consulta popular abierta, por ver qué era, con Felipe Medina, para ver qué querían en el Agostadero, nosotros nos dedicamos todos en las escuelas a avisarles. Yo me dediqué a avisarle a la gente, para que firmaran, que firmaran por favor para que se hicieran ahí escuelas, que se concluyera parte de una historia que sucedió en ese Agostadero. Yo le platiqué a mucha gente nueva, que no sabía de la historia, que no sabía lo que había sucedido antes. Y ya ve que tuvimos un eco muy bueno, respondió la gente muy bien. Porque ya ve que Marcelino ya andaba vendiendo esos terrenos, ya con Pancho Estrada ya tenían el botín. Ya se lo habían repartido todo y cuándo los vallechalquenses íbamos a estar de acuerdo. Porque hay mucha gente todavía que conoció al difunto Cirilo y ya vez, mejor qué bueno, que en ese entonces Felipe Medina haya hecho esa situación. Que se fuera a la consulta popular y eso estuvo muy bien. Y les quitamos, le arrancamos a Marcelino su negocio que pretendía hacer ahí».

La visión de Cirilo parece ser una obra que se está consolidando todavía.

«Sí, sí».

Él tuvo un sueño.

«Y se convirtió en realidad, gracias a Dios, eso es cierto».

Él dio su vida por su sueño. Parece demasiado dar su vida, pero parece que sí lo consolidó justamente de esa manera.

«Pues yo digo que sí. Le digo porque siempre dijo: ‘Si a cambio tengo…’ Pensamos todos, todos llegamos a esta conclusión después. Que ha de haber dicho ‘pues sí, si para deliberar esos terrenos llamados el Agostadero, que se queden para beneficio del Valle. Si es necesario entregar mi vida, pues yo creo que la voy a entregar’. Y la entregó. Porque si él hubiera querido, si él no hubiera querido que ahí se llevara a cabo, que así se solucionara el problema, pues tan fácil que era señor arqueólogo, recibir el dinero e irse de aquí. ¿Quién iba a andarlo persiguiendo? ¡Nadie! Él, tan fácil, cualquier excusa nos hubiera dado y él se hubiera ido».

¿Y Anselmo Aguilar? Ellos traicionaron a Cirilo y se fueron.

«Lo traicionaron y ya le dieron el dinero. Cirilo tenía que buscar asegurar a su familia. Él tenía muchas excusas de haberlo hecho y no lo hizo. Y todos llegamos a la conclusión de qué bueno, así lo proyectó y así salió».

¿Cuál es el significado de Cirilo Sánchez para los vallechalquenses actuales?

«Lo que los vallechalquenses necesitan es saber todo esto, principalmente los nuevos que llegaron que no saben nada de todo eso. De que se puede quedar a formar parte de todos los héroes que murieron por darnos patria y libertad, pues también él, no era exactamente para darnos patria y libertad, porque él también murió para defender esos terrenos tan enormes, porque son enormes esos terrenos. Es un proyecto que él se trazó, muy bueno para los jóvenes, pero especialmente era porque él hablaba mucho del desarrollo de los jóvenes, porque decía todos estos niños chiquitos que vemos, van a crecer, van a crecer y van a ser mejores que nosotros. Porque ahora de nosotros depende, de que tengan ellos los espacios donde ellos puedan estudiar, donde puedan prepararse para el futuro. Si no les damos nada, si no les dejamos nada, dónde van a ir ellos, dónde van a estudiar, dónde se van a preparar para que sean unos buenos profesionistas y unos buenos representantes de nosotros. Porque seguramente nos van a representar a nosotros algún día. Siempre hablaba de esos proyectos, y ¿por qué cree que le digo que yo todo lo que sé, se lo debo a él? Porque me asesoró muy bien, muchas cosas tan bonitas. Sobre todo, le digo, la calidad humana, los sentimientos que él tenía que en ninguno de los líderes que aquí existen la he visto en ellos, la verdad». ♦

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