«La lectura no le ha interesado mucho a la mayor parte de la humanidad»: Fernando del Paso

Noviembre 14, 2018.- Con motivo del fallecimiento del escritor el día de hoy, recordamos la entrevista que le hizo Sergio Rojas para nuestra publicación en 2001

Por Sergio Rojas | Nosotros, Núm. 39 | Julio de 2001

El escritor mexicano Fernando del Paso tiene ahora una nueva pasión: el Quijote. Tras de dedicarse a escribir en los últimos años siete conferencias acerca del personaje más conocido de la literatura de habla castellana en el mundo, las cuales ha dictado en diferentes ciudades de la República, dice que piensa escribir cuatro ensayos más, con los cuales, al final del cilo, integrará un libro que probablemente edite el Fondo de Cultura Económica. El autor de célebres novelas como José Trigo, Palinuro de México y Noticias del Imperio, señala que al menos en los próximos cinco años no tiene en mente escribir una nueva novela.

Luego de haber vivido siete años y medio en París, regresó a México hace ocho años para radicar en Guadalajara. El escritor es un viajero incansable, así que aprovechamos su visita al Distrito Federal para entrevistarlo en el departamento de su hija.

Fernando del Paso dice a Nosotros que no habrá quizá ninguna otra novela, al menos eso ya no está en sus planes futuros. Por el contrario, tiene en mente escribir un manuscrito más, después del que complete con las doce conferencias, dedicado al futurismo italiano, del que aprendió bastante durante su estancia por 14 años en Londres, y otro acerca de los novelistas que se han ocupado de Lope de Aguirre. Los proyectos que tiene lo mantendrán ocupado por el siguiente lustro, el cual, dice, espera vivirlo.

Miembro de El Colegio Nacional desde 1996, la institución que agrupa a 40 personalidades relevantes de la ciencia y las artes de México (aunque por el momento sólo son 39), el escritor habla de literatura, pero también de política, mientras una exposición de dibujos realizados por él se presenta en diversas ciudades del país.

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Portada del número 39 de la revista Nosotros correspondiente al mes de julio de 2001

¿Cómo ve la democracia en México?

«La democracia es algo por lo que se debe luchar todos los días, porque no se le conquista para siempre, se debe pelear siempre por ella. El último proceso de elección para Presidente de la República fue un ejercicio democrático ejemplar, aunque el resultado no fue de mi agrado, pero eso es otra versión».

¿Qué opina de que se pague impuesto del 15 por ciento en la compra de un libro, de acuerdo a la propuesta de reforma hacendaria del presidente Vicente Fox?

«Es un error gravísimo. Si ya los libros son muy caros y están fuera del alcance dela mayoría de los mexicanos, se les agregan el 15 por ciento van a quebrar muchas editoriales. Pero sobre todo las buenas editoriales, aquellas que están dedicadas a la buena literatura. Porque tenemos un mercado enorme de basura, que son todos esos libros de superación personal. Hay mucha basura en eso. Entonces sí puede ser una medida muy grave el gravar los libros».

¿Y no se puede hacer nada contra esa literatura chatarra?

«No, pero en eso consiste también la libertad, desgraciadamente».

¿Cuáles escritores mexicanos le gustan?

«Podría mencionar a Ángeles Mastreta, quien es una destacada novelista, y Héctor Aguilar Camín. Los demás son de mi generación, o incluso más grandes que yo, y seguimos produciendo. Existen muchas revistas literarias en la provincia, algunas muy importantes y de calidad, pero que no suelen tener larga vida. Eso es uno de los males de las revistas literarias, el no ser longevas. La mayor parte de ellas tienen poca permanencia. Además tenemos muchos poetas en México».

¿Por qué en la actualidad es difícil encontrar en las librerías novelas de la calidad de Noticias del Imperio, por ejemplo?

«Muchas gracias… No sé, es un fenómeno que no se puede explicar, quizás falta dedicación».

¿Oficio?

«El oficio se hace en el camino. Como decía Machado, caminante no hay camino, se hace camino al andar, y el oficio se hace caminando mucho».

¿No será que la realidad que vivimos tiene demasiadas cosas insustanciales que no propician la originalidad?

«Podría ser, pero como le digo, no tengo una teoría sobre eso».

¿Por qué usted ha sido un escritor de pocas novelas siendo tan buen escritor?

«Quizás soy muy bueno porque tengo pocas novelas, más bien».

¿Cómo Juan Rulfo?

«Es otro caso, porque él no tuvo pocas novelas, sino una novela, y mi caso no se puede comparar con el de él».

Pero usted ya tiene su lugar en la literatura mexicana.

«Eso parece».

Los lectores esperan la siguiente novela de Fernando del Paso. ¡para cuándo estará en las librerías?

«No lo sé. Escribo todo el tiempo y dibujo todo el tiempo. Pero déjeme decirle que escribir no es una manda, al menos para mi. Algunos escritores lo toman como si lo fuera, como una promesa a la sociedad, a la virgen de Guadalupe, a sus lectores. En mi caso, no siento ninguna obligación hacia los lectores, ¿por qué habré de sentirla? Mi obligación es que cuando vaya a hacer algo eso lo debo hacer bien. Ya hice esas cosas y creo que las hice bien. Así principia y así termina mi obligación».

¿Entonces el escritor no se hace escribiendo ocho horas diarias como mínimo?

«Creo que no se puede generalizar en eso, porque cada caso es particular».

¿A qué edad comenzó usted a escribir?

«A los diez años empecé a escribir poemas, y seguí haciéndolos a los quince. José Trigo la comencé a los veinticuatro años, relativamente joven, y la terminé a los treinta y un años».

¿Son necesarios varios años para escribir una buena novela?

«Sí. Y después de que terminé José Trigo en 1966, hace cuarenta y un años, no se me hace que fueron muchos. Vistos en perspectiva, esos años no me pesan».

¿Qué más le gustaría hacer aparte de lo que ya ha hecho?

«Lo que estoy actualmente haciendo es dibujar y escribir teatro».

¿No había escrito teatro antes?

«En realidad sí, una o dos obras que nunca publiqué ni fueron llevadas a escena. Después, el último capítulo de Palinuro de México está escrito en forma de teatro y fue montada en el Festival Cervantino y después en el Teatro ‘Julio Castillo’. Luego escribí el drama sobre el asesinato de Federico García Lorca, que se titula La muerte se va a Granada. Esos han sido mis ensayos, mis intentos en el teatro».

¿No considera que la Internet le quita lectores a los libros?

«El escritor español Javier Marías decía hace poco que aún antes de que se inventara la televisión y la radio, el número de personas que leía, y que lee, ha sido siempre poco. La lectura parece no haberle interesado a la mayor parte de la humanidad. Así que no creo que la Internet le quite lectores a las obras porque siempre hará muchos o pocos, pero al fin lectores, de la buena literatura».

¿Cómo ve a la literatura latinoamericana actual?

«Me resulta un poco difícil hablar acerca del tema, porque además no leo mucha literatura latinoamericana últimamente. Estoy dedicado a releer».

¿Regresó a los viejos y queridos libros?

«A partir de cierta edad a uno le entran deseos de releer los libros que uno disfrutó mucho a los veinte años de edad, a los veinticinco, y estoy dedicado a eso. No conozco a los nuevos novelistas, aunque puedo citar quizá algunas excepciones. En lo que a México se refiere, la novela En busca de Clindsor, de Jorge Volpi, es espléndida. También está Gasero, de Efrén Rebolledo, y de mujeres he leído a Silvia Molina, porque hay muchas escribiendo, Elena Poniatowska, Sara Sefchkovich, María Luisa Puga…»

¿Cuáles fueron esas novelas que usted disfrutó mucho de joven?

«La cantidad es muy grande, no podría citar todas. De muy niño, de cuando tenía diez u once años, leí Los bandidos de Río Frío, de Manuel Payno, que quizá ahora no podría considerarla como una gran novela, pero fue una de las que me abrió muchos horizontes. Porque yo, como todos los niños interesados en la lectura, leíamos a Julio Verne, a Salgari, a Alejandro Dumas, y de pronto Los Bandidos de Río Frío me asombró porque vi que las novelas también podían suceder en México, y que había personajes mexicanos».

«Después el Ulises de Joyce me asombró e influyó muchísimo, no solamente en mi escritura sino en mi actitud hacia la literatura. Posteriormente las obras ya resultan innumerables. Juan Rulfo, William Faulkner, John Dos Passos, muchas de las novelas de la literatura inglesa, Virginia Woolf, Tomas Woolf, que no es el Tom Woolf de ahora, sino un gran novelista de aquella época».

«Leí también mucho teatro, a Eugene O’Neil, a Tenesse Williams, a Hugo Beitia, a Strindberg, a Ibsen».

A los 66 años de edad Fernando del paso no se puede dar el lujo de dejar de hacer muchas cosas, como no volver a escribir novela, por eso vuelvo a preguntárselo:

¿Entonces ya no va a escribir novela?

«No, novela no, pero teatro sí. Voy a escribir poesía y cuento, de todo un poco».

Hace rato que su esposa ha colocado sobre la mesa deliciosas galletas de El Globo. Es entonces cuando le obsequio a Fernando del Paso una colección de crónicas de diferentes escritores mexicanos. Descubre un libro de Hernán Lara Zavala y me dice que al día siguiente comerá con él. Luego mplaticamos un rato de hombres y nombres y de anécdotas y lugares. La tarde de un lunes de mayo comienza a quedarse sin luz y en la estancia todo parece brillar con luz propia, comenzando por el escritor y su gentil esposa, políglota porque habla inglés, francés, italiano y alemán.

Ahí uno no puede dejar de observar los muebles típicos mexicanos que exhiben animales multicolores tallados en la madera. Ahí el escritor impone su tranquila apariencia y firme personalidad, con los brazos sobre el vidrio de la mesa, dejando que su voz fluya sonora por la amplia sala del confortable departamento de Avenida Insurgentes, donde antes estuvo la Glorieta de Chilpancingo.

Me invita a que nos encontremos en Toluca el 23 de mayo porque en el Museo «José María Velasco» se va a inaugurar la exposición de los dibujos de su autoría.

Se trata de la exposición Dos mil y una cara. De cara al dos mil uno, que fue inaugurada el año pasado en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. Después se la llevaron a Guadalajara donde fue presentada en el Instituto Cabañas, y de ahí viajó a Torreón, en la Comarca Lagunera. Posteriormente fue presentada en el Festival Cervantino de Guanajuato. ♦

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