Lanzarán al mercado alimento sano a base de chía y amaranto

Julio 16, 2018.- En Jalisco se disponen a trabajar en el posicionamiento del producto en el mercado para que compita con los alimentos chatarra que se ofrecen cerca de las escuelas

En producto a base de chía y amaranto que mantenga las propiedades de esas semillas, para ofrecer una alternativa saludable ante el problema que significa la llamada «comida chatarra» entre los niños, trabajan especialistas en nutrición del Centro Universitario de la Costa Sur en Autlán de Navarro, Jalisco.

Ante un panorama de poca disponibilidad de alimentos saludables para la población infantil, debido a que la mayoría de los productos ya sea sólidos o líquidos son ricos en azúcares, o incluyen muchas grasas, los especialistas recurrieron al uso de semillas como la chía y el amaranto por alimentos funcionales y eran consumidos por los antiguos pobladores de México, dijo Carmen Livier García Flores.

La doctora y profesora de la licenciatura en Nutrición del Centro Universitario de la Costa Sur explica que aunque existe un auge en el consumo de esas semillas, el éxito no se replica en la población infantil, por lo que se optó por diseñar alternativas alimenticias enfocadas en ese sector, lo que derivó en el desarrollo de un postre de galleta elaborado a base de amaranto, manzana, chía y chocolate amargo.

El producto está compuesto por una base de galleta hecha con amaranto, un relleno de manzana con chía que mantiene hidratada la semilla, así se conserva su fibra y se evita que se pierdan los ácidos grasos, como los omegas; para que la golosina sea atractiva para los niños, la galleta es cubierta por una fina capa de chocolate semiamargo.

«De nada sirve que tengamos un alimento 100 por ciento funcional y nutritivo si para el niño no resulta atractivo», dijo.

Las galletas pesan entre 17 y 20 gramos, aportan 70 calorías, un gramo de proteína, 4.5 gramos de grasa total y dos de grasa saturada, además de que cada galleta tiene dos gramos de fibra y 10 miligramos de sodio.

En el caso de los omegas, aporta ácidos grasos, como el oleico que aproximadamente oscila los 2.2 gramos, el linoleico con 54 miligramos y el linolénico con 18 miligramos. «Hablamos de que una galleta da un buen aporte de este tipo de ácidos grasos al día», explicó.

A los niños les gusta

Para poner a prueba esta golosina saludable, la doctora acudió a dos escuelas primarias de Autlán de Navarro, donde, con el aval de padres de familia, dio muestras de esta galleta a los alumnos de entre seis y 11 años. Luego de evaluar los resultados, se demostró que este producto tenía un alto grado de aceptación entre la población infantil.

La prueba fue «hedónica facial sensorial para que los niños identificaran cuatro características de la galleta: color, olor, sabor y textura –dijo–, con una escala de ‘no me gusta nada’ a ‘me gusta mucho’, encontrando que esta última respuesta fue la que tuvo mayor frecuencia en todos los aspectos», indicó la investigadora.

La prueba fue aplicada a aproximadamente 346 niños de dos escuelas de Autlán, donde los padres de los niños también mostraron aceptación al consumo de ese producto e, incluso, preguntaron dónde se podría conseguir ese tipo de alimentos funcionales.

Los adultos probaron el alimento y también mostraron aceptación, sólo recomendaron una opción alterna sin la capa de chocolate.

Otra de las ventajas de dicho alimento es su producción económica, además de que puede ser una alternativa libre de gluten para las personas que son intolerantes a ese compuesto.

Competencia contra comida chatarra

García Flores comentó que a mediano plazo se trabajará en el posicionamiento del producto en el mercado para que compita con los alimentos chatarra que se ofrecen cerca de las escuelas, debido a que se considera que el postre funcional puede ser una alternativa de alimentación más saludable y cuenta con el aval del gusto de los niños.

«Lo hemos visualizado como un producto que se pudiera incluir en las escuelas primarias y que fuera competencia de algunos productos no nutritivos, sabemos que hoy en día no existen acuerdos claros que definan todos los alimentos y bebidas consideradas chatarra que se puedan vender en escuelas y nosotros podríamos ser la competencia», asentó.

Aún no definen el nombre del producto, subrayó, pero van a buscar una opción que no contenga las palabras amaranto o chía, debido a que considera que el uso de esos nombres se relaciona con la alimentación sana, y aunque es cierto, esa situación puede no ser llamativa para un público infantil acostumbrado a productos chatarra.

Para el diseño de este producto se contempló contar con fácil acceso a la compra de la materia prima, en este caso el amaranto y la chía, dos semillas que se obtienen con facilidad en la región donde se ubica Autlán de Navarro.

Además de la doctora García Flores, el equipo de investigadores lo integran las maestras Esther Alejandra Salazar, Itza Carmina Salazar, Alba Hernández García y Cristina Fabiola González, todas del Centro Universitario de la Costa Sur. ♦

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