El coplero Cruz Barona Rivera, de Tecómitl

Mayo 29, 2018.- Hombre excepcional, se dedicó de tiempo completo a las actividades del campo, donde se formó su carácter fuerte, con mucha salud y ánimo por la vida, pero con una enorme sensibilidad por la vida de su pueblo

Por Manuel Garcés Jiménez* | Nosotros, Núm. 113 | Abril de 2008

Concluida la etapa armada del movimiento revolucionario iniciado en 1910 habría de corresponderle la ardua misión de construir las instituciones del nuevo régimen donde fue posible retomar, reelaborar y potenciar un nacionalismo que iba a permear a todos los rincones del ámbito de la vida nacional.

El ámbito de la cultura y las artes, como no podría ser de otra forma, sería el que mayormente se impregnara de ese sentimiento nacionalista, el que más se proyectara merced a su influjo y el que más contribuyera a dar razón de ser a las acciones que conducirían a la consolidación y ulterior desarrollo de ese nuevo régimen que, de hecho, se prolongó hasta el fin de la centuria.

Culminado el movimiento revolucionario trajo aparejado varias manifestaciones artísticas como fue el muralismo de los grandes maestros de la plástica mexicana, sobresaliendo el maestro Diego Rivera, entre otros. En ciertos lugares del país, hasta el lugar más recóndito de nuestra patria, se manifestaban los acontecimientos de la vida cotidiana, siendo el corrido el que mayor fuerza alcanzara.

Podemos considerar que es la literatura del pueblo donde se pormenorizan los acontecimientos que de alguna manera dejaron huella perenne de la vida revolucionaria y del México posrevolucionario como fue el caso de los corridos compuestos e interpretados por el coplero Cruz Barona Rivera, nativo del pueblo de San Antonio Tecómitl, delegación Milpa Ala.

Precisamente, en plena efervescencia revolucionaria, nace en 1911 Cruz Barona Rivera. Entre penurias de aquellos años e incrementándose cuando los habitantes de los pueblos de esta demarcación tenían que migrar al estado de Morelos para reencontrarse con la tropa del general Emiliano Zapata, lo que trajo como consecuencia que existiera un estado de extrema pobreza. Bajo esta situación vino al mundo y así pasó su niñez el compositor Cruz Barona, quien de adulto se dedicó de tiempo completo a las actividades del campo agrícola. Más tarde contrajo matrimonio con la señora Josefina Suárez del Pino, quienes procrearon siete hijos.

Sus hijos: Rosa, Cesáreo, Imelda, Antonia, Sabino Honorio y Gloria Barona Suárez, señalan que el crecimiento y desarrollo de su señor padre se dio en medio de un ambiente de arduo trabajo por las actividades realizadas en el campo y el monte, por lo que enfatizan: «El trabajo cotidiano del campo lo formaron como un hombre recio y de carácter fuerte, con mucha salud y ánimo por la vida, pero con una enorme sensibilidad de la vida de su pueblo».

Además de sus actividades cotidianas fue tlachiquero, por lo que tenía que recorrer largos caminos, pero cuando araba la tierra por lo regular descansaba bajo algún frondoso árbol lo que le permitía reflexionar sobre los acontecimientos trascendentales de aquellos años y los cambios materiales y sociales que se daban dentro y fuera de su tierra natal.

El señor Cruz Barona fue un hombre excepcional, ya que a pesar de sus escasos estudios de educación primaria (por la misma situación que atravesaba el país) se interesa de joven por aprender la música por medio de nota, con la finalidad de ser tomado en cuenta como integrante de la banda de viento, por lo que más tarde es aceptado para conformar la banda y poder tocar. Con la banda deleitaba una gama de melodías escuchadas en lo alto del kiosco del pueblo durante los días de fiesta patronal, vigilias y en desfiles realizados en las polvorientas calles y avenidas de aquella época.

La habilidad y el alto sentido auditivo le permitió dominar algunos instrumentos con nota musical como la guitarra, el clarinete, platillos y la tambora, motivo suficiente para ser llamado para integrar la banda sinfónica de la delegación de Milpa Alta.

Como músico, el señor Cruz Barona Rivera alcanza una alta sensibilidad social de los sucesos de su pueblo natal como fue la inauguración de la Escuela efectuada el tres de marzo de 1938 por el general Lázaro Cárdenas, en aquel día la gente se desbordó de júbilo ante la llegada de tan interesante personaje y por la oportunidad de los hijos de los campesinos de seguir estudiando, situación que lo motiva y se inspira acompañado con pluma y papel en mano compone algunos corridos que fueron cantados en su momento por sus paisanos al recordar las verdaderas gestas épicas y otras de doloroso acontecer, pero que finalmente quedaron  escritos para ser narrados.

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Cruz Barona Rivera

Entre estas composiciones recordamos el caso de una mujer martirizada por los celos del marido, por lo que don Cruz Barona al describir los hechos lo titula como «Jesusita Alvarado». Otro más fue la caída de un aeroplano, por el cual fue llamado el corrido de «La avioneta», y dos hechos inmemoriales como fue la fundición de la Campana Mayor de la iglesia denominándola como el corrido de «La campana», y la descripción de la inauguración de la Secundaria Número 9 Teutli por el general Lázaro Cárdenas.

Precisamente, ante el 70 Aniversario de la inauguración de la Escuela Secundaria no podíamos dejar de recordar con cariño un fragmento del corrido que le compuso justo cuando el coplero de Tecómitl tenía 27 años de edad.

«Voy a cantarles señores / permítame su atención, / voy hablarles de mi pueblo / de mi linda población. / Mi pueblo es San Antonio / el lugar donde nací, / en el barrio de Xochitepetl / más orgullo para mí. / Merito un tres de marzo de 1938, / yo también lo tengo presente, / vino a inaugurar la Escuela / Cárdenas el presidente. / Bonito estuvo ese día / como ni quién lo creía, / que hasta nos plantó un olivo / en compañía de su familia…»

Todos los corridos de su inspiración fueron acompañados con las notas musicales de guitarra, por lo que los compartía con parientes y amigos en fiestas y veladas de fiestas familiares donde era invitado para ambientar el momento.

Don Cruz Barona muere el 19 de noviembre del 2005, a la edad de 94 años, en la casa que lo vio nacer, acompañado de sus familiares cercanos, quedando en la mente de los amigos y vecinos y paisanos los corridos que marcaron sin la menor duda un hito en la historia de la tierra que lo vio nacer, San Antonio Tecómitl. ♦

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Agradecimiento al profesor Sabino Barona Suárez por la aportación biográfica de su señor padre.

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*Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

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