Enfermería, la profesión que los robots no consiguen imitar

Mayo 22.- El valor que aporta una enfermera al tomar los datos de un paciente es el calor humano, tocar a la persona, explicar lo que se está haciendo, responder a sus dudas y preocupaciones

Los polifacéticos robots ya trabajan en hoteles, museos, farmacias y bufetes de abogados; cocinan, limpian, bailan y parlotean. Están cada vez más presentes en instituciones sanitarias, como Da Vinci, el robot cirujano que no sustituye al médico, porque debe ser controlado por un facultativo durante toda la intervención.

Pero también existe el robot-enfermera, WellPoint, que toma el peso, la presión arterial y realiza la pulsioximetría en tan solo tres minutos, añade estos datos a la historia clínica del paciente y lanza una serie de alarmas en caso de urgencia.

Sin embargo, el valor que aporta una enfermera al tomar estos datos es el calor humano, tocar a la persona, explicar lo que se está haciendo, responder a sus dudas y preocupaciones, esperar antes de realizar una técnica, registrar todo esto y, además, hacer ciencia de ello.

Los enfermeros y enfermeras son los responsables directos de los cuidados de la salud de sus pacientes, tanto en su aspecto preventivo como en el curativo. Les ayudan a nacer, vivir y morir.

Un vínculo de vital importancia

A decir del enfermero Jaime Ribas, «es imposible reemplazar nuestra labor solo a través de la tecnología», debido a que los enfermeros «realizamos muchas más tareas de lo que la gente piensa. Solo para igualar la labor física de un enfermero serían necesarios varios robots diferentes».

Pero ese no es el motivo principal por el que la enfermería no es reemplazable por la tecnología. «La clave reside en el fuerte vínculo con el paciente. El médico se centra en el diagnóstico y tratamiento –explica–. Tiene que tomar sus decisiones en poco tiempo y a veces no puede atender más de cinco minutos debido a la lista de espera».

Esto, sumado al uso de un lenguaje técnico, hace que la figura del médico pierda cercanía.

En cambio, los enfermeros «estamos al lado de una persona cuando más nos necesita. Tenemos la suerte de ejecutar y administrar los tratamientos que ha decidido el médico», refiere Ribas.

«Disponemos de mayor tiempo junto a los pacientes, ya que debemos controlarlos para resumir su progresión». Y no solo eso: aportan al paciente los conocimientos necesarios para que se mantenga sano y preserve su autonomía el mayor tiempo posible.

La relación enfermera-paciente se basa en la cercanía y la persistencia, dos cualidades que se consiguen con el trabajo a pie de cama. La aplicación de los planes de cuidados, la detección de necesidades y esa visión integral de la persona facilita una relación única.

«En el caso de los enfermeros a domicilio, incluso accedemos al área más personal e íntima de la persona: su casa», concluye Ribas.

Ana Polegre, enfermera y creadora de la marca y el blog Enfermera en Apuros, dice que hace unos meses tuvo que ser ingresada. «La sensación de indefensión que se sufre en un hospital cuando lo vives desde el otro lado es brutal. He podido comprobar la relación que se forja entre un paciente y su enfermero».

«En medio de todo ese caos en el que puedes sentir que solo eres un número, me encontré con un enfermero que me miró a los ojos y me dijo: ‘Tú no estás bien’ y me abrazó. Lloré y me liberé», se sincera. «Hay que tener coraje. No es fácil ayudar al paciente sin llevarte a casa su dolor. Es un arte, pero eso es la enfermería», continúa. «Esa es nuestra maravillosa profesión».

Clichés y desconocimiento

«La población no conoce las competencias y el trabajo que desarrollan las enfermeras; pero las instituciones sí que son conscientes de ello y con frecuencia tampoco lo reconocen porque no interesa», explica Azucena Santillán, enfermera y autora del blog Ebevidencia sobre enfermería basada en la evidencia.

«Se suele pensar en la enfermera como en una ayudante de otros profesionales cuando en realidad trabajamos de forma autónoma», dice.

Según Santillán, la enfermería es una profesión de personas altamente cualificadas en la prestación de cuidados y cuyas intervenciones influyen en la salud y el bienestar de la población. Además, se enmarca en las titulaciones superiores con acceso a doctorado. Este desarrollo profesional y académico no se suele corresponder con el reconocimiento social ni el institucional.

«Las personas que no han tenido contacto con enfermeros no son conscientes de la labor social que realizamos y el enorme impacto que tenemos en el sistema sanitario español», explica Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería.

Redefinir la imagen de la enfermera

El Sindicato de Enfermería (SATSE) de España ha puesto en marcha la campaña Soy Enfermera con el objetivo inicial de potenciar la visibilidad de la profesión y luchar por su reconocimiento cada 12 de mayo, Día Internacional de la Enfermería. La iniciativa se ha extendido con el tiempo al resto del año. Según María José García Alumbreros, directora de esta campaña, dos son los motivos del desconocimiento de su labor.

En primer lugar, muchos ciudadanos relacionan la enfermería con la realización de diferentes técnicas de cuidados. «Así, para una parte de la sociedad, nuestras actividades se reducen a pinchar, tomar tensiones, dar tratamientos, poner sueros o sondas y realizar curas», comenta.

Por otro lado, la enfermería es una profesión que ha evolucionado mucho en poco tiempo, lo que hace que en la sociedad perduren una gran cantidad de estereotipos, desde la terminología obsoleta (aún hay quienes hablan de las ATS), hasta tópicos como que es una profesión ejercida exclusivamente por mujeres, de carácter vocacional, subordinada al médico, sin autonomía en su trabajo y con una formación básica. Todo lo contrario a lo que en realidad es la profesión.

«Los ciudadanos valoran la calidad de los cuidados, la implicación profesional, el trato personalizado, la cercanía, el respeto, estar seguros de que están atendidos por profesionales debidamente formados y sentir que ellos son la prioridad del enfermero», expone García. «La aptitud más importante es la profesionalidad».

En palabras de la experta, la enfermería es una disciplina con un cuerpo propio de conocimientos. Como tal evoluciona a través de los proyectos de investigación que los profesionales llevan a cabo.

Añade, además, que esta profesión necesita una visión integral de la persona. «La valoración, evaluación y diagnósticos que realizamos, así como los cuidados que planificamos, tienen siempre en cuenta a la persona desde un punto de vista biológico, psicológico, emocional y social», concluye. ♦

Fuente: El Espectador

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