Huellas sugieren acoso de humanos a perezoso gigante de Nuevo México

Mayo 2, 2018.- La escena sucedió en Nuevo México hace unos 10,000 a 15,000 años y ha podido ser recreada por los científicos

Debió de ser un momento terrible. Un perezoso gigante, bestia peluda de tres toneladas de peso, tan grande como un coche, se pasea por la orilla de un lago cuando algo le pone en alerta: un grupo de hombres lo amenaza con darle caza.

Para defenderse, el animal se alza sobre sus patas traseras y muestra una extraordinaria envergadura que llega a los dos metros y supera con creces la altura de sus atacantes.

Quizá tan aterrorizado como ellos, los golpea con sus larguísimas patas delanteras con afiladas garras para después salir huyendo.

La escena sucedió en Nuevo México hace unos 10,000 a 15,000 años y ha podido ser recreada por los científicos gracias a las huellas dejadas por sus protagonistas.

En algunos casos, las huellas humanas se encuentran dentro de las de los perezosos, lo que indica, según los autores del estudio, que se produjo una persecución.

Es la primera vez que los científicos muestran que nuestros antepasados se enfrentaban a presas tan formidables, quizás armados con lanzas.

El hallazgo, publicado en Science Advances, parece respaldar la idea de que la acción humana pudo haber jugado un papel importante en la extinción de la llamada megafauna en América, criaturas gigantescas como el perezoso, los mamuts o los mastodontes.

Las huellas han llegado hasta nuestros días porque el lugar, entonces un paisaje bucólico, forma parte del monumento nacional de las Arenas Blancas, compuesto por grandes dunas de yeso.

El acceso limitado al área ha ayudado a conservar sus rastros intactos.

«La historia que podemos leer de estas huellas es que los humanos estaban acechando al perezoso siguiendo sus pasos», dice Matthew Bennett, profesor de ciencias ambientales y geográficas en la Universidad de Bournemouth, Inglaterra.

«Mientras algunos intentaban distraerlo, alguien más trataba de asestarle el golpe asesino. Es una historia interesante y está escrita en las huellas», afirma.

Cuando las huellas del perezoso no están cerca de las humanas, generalmente toman un camino recto o ligeramente curvado. Pero cuando las huellas humanas también están cerca, las del animal dan un giro brusco, lo que puede indicar que se levantó sobre sus patas traseras. Esto le permitiría utilizar sus afiladísimas garras para defenderse, girando de un lado a otro.

En el proceso, habrían dejado unas raspaduras en forma de arco.

El hallazgo de huellas humanas dentro de las huellas más grandes del perezoso gigante revela sus intenciones, según los investigadores. Estas personas tuvieron que haber extendido deliberadamente sus pasos para colocar sus pies dentro de las huellas de los perezosos.

En estos rastros, las huellas individuales están separadas entre 80 y 110 centímetros, pero una zancada humana normal basada en la longitud de la huella dejada atrás debía medir solo unos 60 centímetros.

Causa de su extinción

Los perezosos gigantes se extinguieron junto a otros animales gigantes en América del Norte por causas que aún no están claras y que están en el centro de un profundo debate científico.

El cambio climático y las enfermedades son algunas de las barajadas. Pero para Bennett, los humanos, armados con lanzas con punta de piedra, también pudieron influir de forma negativa al llegar a América del Norte después de cruzar un puente terrestre desde Asia hace unos 15,000 a 25,000 años.

No todos los científicos están convencidos de que las huellas de Nuevo México describen una cacería antigua.

Anthony Barnosky, paleontólogo de vertebrados de la Universidad de Stanford, explica a la revista Science que Bennett y su equipo «proporcionaron una demostración realmente agradable de que los animales grandes y las personas frecuentaban los mismos lugares al mismo tiempo», pero no de que se produjera una cacería.

La coincidencia de las huellas puede ser, simplemente, parte de un entretenimiento humano. Quizás nuevos descubrimientos puedan confirmar qué ocurrió de verdad. ♦

Fuente: ABC Ciencia

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Fotografía: Recreación de cómo era la cacería del perezoso gigante, por Alex McClelland. Universidad de Bournemouth

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