Siglos de historia de la Biblioteca Burgoa transitan a la digitalización

Abril 17, 2018.- La base de datos compuesta por 40 mil títulos podrá ser consultada a través de Internet

Los libros que resguarda la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa de Oaxaca, algunos de los cuales «nacieron» en el siglo XV con el invento de Gutenberg, transitan hacia la digitalización, como parte de una nueva etapa de conservación y apertura de estos documentos históricos hacia la comunidad mundial.

En una primera etapa, la base de datos compuesta por 40 mil títulos podrá ser consultada a través de Internet. Pero esto es sólo apenas una de las aristas que celebra la institución en los primeros meses de 2018.

El pasado ocho de abril en el Centro Cultural Santo Domingo, la representante en México de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Nuria Sanz, entregó la inscripción en el registro Memoria del Mundo de México a este acervo resguardado por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO).

Entre los documentos se encuentran 14 libros incunables, un fondo de textos impresos en el Nuevo Mundo, un manuscrito de fray Bartolomé de las Casas sobre el modo de atraer a los indios a la nueva fe y otro de fray Juan Caballero con ilustraciones de la flora oaxaqueña, así como parte de la biblioteca del Benemérito de las Américas, don Benito Juárez, donada por su hijo Benito Juárez Maza.

Memoria del Mundo de México

Al entregar la inscripción, la representante de la Unesco sostuvo que Oaxaca «es un epicentro obligado para nuestras políticas», debido a que en la entidad es posible encontrar diversidad lingüística, cultural y biológica.

«Una memoria del mundo es indispensable, no para celebrar la estética sino para celebrar el ejercicio de los derechos humanos, la libertad de prensa, de expresión y de saber reconocer donde uno nace, donde uno muere y cuál es la capacidad documental que atraviesa nuestra vida», dijo.

Reconoció que hay pocos archivos en el mundo que tienen la capacidad de hablar de un contenido muy plural de la historia, como el que posee la Biblioteca Francisco de Burgoa.

«Las memorias documentales pueden generar paz, pero también guerra y violencia. Las memorias documentales sufren todos los días en muchos lugares del planeta sometidos a guerras internacionales o civiles», lamentó.

El acervo

La Biblioteca Fray Francisco de Burgoa custodia una de las colecciones más completas de la época novohispana, aquellas que pertenecieron a los conventos oaxaqueños: carmelitas, jesuitas, agustinos, franciscanos, betlemitas y dominicos, detalló por su parte la directora de la institución, María Isabel Grañén Porrúa.

Para ubicar un poco la historia de este acervo, es importante saber lo que sucedió con las bibliotecas conventuales de Oaxaca después de la época virreinal.

Refirió que los nuevos aires del siglo XIX trajeron consigo a la entidad la ilustración y, con ella, en 1826 se fundó la Biblioteca Pública del Estado de Oaxaca, la segunda establecida en México. Al año siguiente, el Instituto de Ciencias y Artes del Estado abrió sus puertas y con él una selecta biblioteca.

Tras de la ley de nacionalización de los bienes del clero, las bibliotecas de los conventos religiosos pasaron a formar parte de la Biblioteca Pública del Estado.

A través de los años, estos acervos se conjuntaron en una sola biblioteca que pasó a ser parte de la UABJO y se enriquecieron con colecciones particulares como la de Manuel Brioso y Candiani, de hombres ilustres oaxaqueños como Matías Romero, el médico juchiteco Aurelio Valdivieso y de don Benito Juárez García, junto con el archivo cuando fue gobernador del estado, donados en el siglo XX por su hijo Benito Juárez Maza.

Luego de varios años y disturbios políticos, los libros quedaron arrumbados, revueltos y en cajas; aunque las autoridades universitarias construyeron un edificio en Ciudad Universitaria para instalar el fondo bibliográfico, el local no era el adecuado.

Conservación

El proyecto de conservación se gestó en 1993 cuando la UABJO, la sociedad civil —entre ellos el pintor Francisco Toledo y familias que han donado acervos—, así como diversas instancias —el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la Fundación Alfredo Harp Helú, la Secretaría de Educación Pública y Banamex—, unieron esfuerzos para organizar, restaurar y conservar el legado de Oaxaca.

Con la asesoría de la entonces directora de la biblioteca del INAH, Stella María González Cicero, se fumigó el espacio y un equipo de personas comenzó a levantar libros del piso, a sacarlos de las cajas y se logró un inventario de más de 24 mil títulos, que con el tiempo incrementaron.

Simultáneamente comenzó el proceso de estabilización: cada libro fue limpiado hoja por hoja con una brocha, las encuadernaciones también se sometieron a una limpieza. Los libros que tenían hongos se trataron con fumigantes especiales, y los que presentaban daños fueron restaurados por personal profesional y capacitado.

Además, el proyecto también contempló la organización de un fondo documental procedente de diversas instituciones eclesiásticas y civiles de la época colonial.

No obstante, Grañén Porrúa consideró que más interesante es la información registrada del siglo XIX y XX, principalmente la sección sobre la administración imperial en Oaxaca y la correspondencia del fondo Benito Juárez Maza, que durante su corta gestión como gobernador del Estado elaboró sobre distintos asuntos de la administración pública.

«Sin una continuidad cronológica o temática, los documentos señalan un entorno indicativo a la economía y riqueza de algunos pueblos indígenas de la provincia de Antequera. Estos documentos ya están catalogados y pueden ser consultados por los investigadores», indicó.

Debido a la importancia del acervo recién organizado, el INAH ofreció la nave del ala norte del ex convento de Santo Domingo de Oaxaca para instalar la biblioteca. Fomento Social Banamex financió la restauración de la nave y la estantería de cedro rojo.

Una vez que se situó la biblioteca en el ex convento de Santo Domingo, el centro comenzó a recibir donativos por parte de la sociedad civil, por lo que la Biblioteca Francisco de Burgoa ha incrementado su acervo tanto bibliográfico como documental.

Espacio de conocimiento

La existencia de fondos documentales y bibliográficos adquiere sentido cuando los lectores e interesados otorgan a estos papeles un rumbo histórico. Nos interesa que el público se involucre y conozca la biblioteca, pues solo en la conciencia de todos se logrará su permanencia, comentó la directora.

Por ello, la Biblioteca Francisco de Burgoa es parte del recorrido del ex convento de Santo Domingo y abre sus puertas al público en general, de manera que todos pueden apreciar ejemplares abiertos en las vitrinas de la primera sala que se cambian constantemente para variar los temas de exposición.

Aunque, recalcó, en la última sala se encuentra la sección de investigadores que son quienes pueden consultar directamente los libros, siempre que cumplan los requisitos del reglamento.

También se cuenta con un taller de restauración de papel que da servicio, asesoría y cursos a otras instituciones y particulares que deseen conservar su patrimonio documental. La Fundación Alfredo Harp Helú financia un proyecto de apoyo a la conservación de archivos en las comunidades al interior del estado.

La biblioteca está abierta al público y se permite la consulta en el área de investigación, ya que ello permite encontrar un valor a los documentos que ahondan en la historia y en las raíces del pueblo de Oaxaca. ♦

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