El Tlacotal. Cuentos y relatos de Salvador Padilla Aguilar

Abril 16, 2018.- Salvador Padilla Aguilar ubica la acción de sus cuentos y relatos en El Tlacotal, barrio proletario de la Colonia Gabriel Ramos Millán, fundada al comienzo de los años 50 del siglo pasado

Por Ricardo Flores Cuevas | Historiador, colaborador de Nosotros

1.

En septiembre de 2017 me encontraba en la churrería La Galeterie en Santa María la Ribera, cuando Rafael Zúñiga Sustaita me llamó por teléfono y amablemente me invitó a ser presentador del libro que ahora reseño, de la autoría del maestro Salvador Padilla Aguilar, cronista de Tlalpan; invitación que inmediatamente acepté.

2.

A Salvador Padilla lo conocí en agosto de 2006, cuando presenté una ponencia en el III Encuentro de Cronistas del Sur realizado en la Casa de Cultura de la Universidad Autónoma del Estado de México en el Centro de Tlalpan. Estos encuentros han sido promovidos por el Consejo de la Crónica de Tlalpan A.C., que él preside y que cada año da cita a los hacedores de cronicar sus pueblos, barrios o colonias en algún recinto del centro del antiguo San Agustín de las Cuevas.

En palabras del cronista de Xochimico, profesor Rodolfo Cordero López, Salvador Padilla es un cronista de carrera, ha publicado una decena de libros y una cantidad indefinida de artículos en diversas revistas.

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Beatriz González Ramírez, cronista de Iztapalapa, y Ricardo Flores Cuevas

3.

En el prólogo a este libro el autor «pone a consideración del lector una serie de cuentos y relatos cuya acción sucedería en El Tlacotal, barrio proletario de la Colonia Gabriel Ramos Millán, fundada al comienzo de los años cincuenta del siglo XX con el objetivo político de concentrar a los habitantes de las ‘ciudades perdidas’ de la capital en dos predios destinados para ello: El Tlacotal y El Bramadero. El territorio del primero había sido, históricamente, pantano del lago de Tenochtitlan que, al desecarse el vaso lacustre, se convirtió en paraje agrícola y potrero iztacalca».

En el primer cuento, «Asilo», el autor lleva su pluma a los lares de la ironía y crea el relato fundador de este lugar: «Como el Mexica, la estirpe que habita el Tlacotal ha agotado su ruta desde su propio Aztlán, desde sus Siete Cuevas. Llega a ti seiscientos años tarde, con el afán de encontrar, en medio de pantano, el islote con el nopal, el águila y la arisca serpiente entre garras (…) En tal demora de siglos, la laguna se ha secado (…) El nopal ya no existe. Águilas y serpientes no han aparecido por el rumbo en un centenar de años».

4.

Tierra. En esta sección el autor incluye los cuentos «Asilo», «El abuelo», «En la tierra prometida» y «Canica de barro». Este manojo literario relata la llegada de los migrantes; los conflictos que tuvieron los lugareños con los fuereños cada uno con su propia manera de vivir y concebir el mundo al extremo de la dicotomía, estas interacciones no lograron cuajar en una síntesis y el desenlace es trágico. Paralelo a esto, el autor también nos muestra el rostro lúdico de la infancia, sin restarle el sentido del honor y la gallardía que un sencillo juego de canicas puede detonar.

5.

Agua. «Arco de lluvia», «El escape», «El capitán» y «Naufragio». Teniendo como eco el croac del sapo chinampero, el autor nos introduce en la atmósfera veraniega; en los amores de los primeros adolescentes de esta joven colonia; los temores, desconfianzas y riesgos de los repartidores de refrescos que llegan hasta los rincones más estrechos y lejanos en sus estorbosos camiones; y sí, la tragedia se hace presente en la impericia del chofer de un transporte con destino a Mixquic.

Aire. «Pedro Páramo», «Aromas», «Vampiros», «Buenos ladrones» y «El Ferruco». El aire que se respira en El Tlacotal tiene sus aromas particulares, como el del zorrillo; pero otros no se perciben con la nariz, son «los agentes de la muerte (que) operan a menudo en ese espacio. Por eso es natural hablar de ella con frecuencia», como cuando una epidemia azotó a esta colonia y la población generó sus propias explicaciones que fueron aprovechadas por los intereses de los políticos sin escrúpulos.

Lejos de la tendencia de criminalizar al ladrón, el autor nos relata el detrás de los buenos ladrones, aquellos Robin Hoods que únicamente robaban a los ricos sin violencia; aquellos cacomixtles que hubieran «deseado un reconocimiento público, como cuando un violinista termina un concierto, con aplausos, vivas y hasta ramos de flores». El amor también está en el aire, como el de un admirador del Blue Demon hacia su ídolo, fundado en la empatía de la profesión.

Fuego. «El ferrocarril», «Juegos de niños», «Geraldo» y «Vientos de marzo». La religiosidad, los roles de género, el deporte, los conflictos intrafamiliares y la tragedia se hacen presentes en los relatos donde los protagonistas son niños. El autor describe la realidad de los adultos desde la mirada infantil, siempre más sincera y llena de incomprensión a los designios exteriores.

8.

La edición estuvo al cuidado de Rafael Zúñiga Sustaita y Faustino López Moreno e ilustrada por los grabados de Román Miranda Medrano.

9.

La presentación del libro se llevó a cabo el 20 de octubre de 2017 en el auditorio de la Delegación Iztacalco (con lleno total), en la Colonia Gabriel Ramos Millán. Los copresentadores fueron Yolanda Carrillo Poblano, Beatriz Ramírez González y quien escribe estas líneas.

Miguel Pacheco deleitó con música de salterio y el trio «Los tres compás», con música clásica y mexicana.

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