Teotlamatiliztli. Supremo conocimiento de la existencia

Abril 5, 2018.- En la isla de Cuitlahuac Ticic había teteoh que tenían un lugar primordial, pero algunas fuentes históricas nos dan luces para averiguar otras advocaciones sagradas que mantenían un status importante en nuestro pueblo, refiere el historiador de Tláhuac

Por Baruc Martínez Díaz | Revista Nosotros Núm. 119 | Octubre de 2008

Segunda parte

Atlahuah se convierte, desde nuestra perspectiva, en la dualidad complementaria de Amimitl y, juntos, constituyen el legado lacustre de este pueblo, otrora maravilla acuática indígena. Los informantes nativos de fray Bernardino de Sahagún describen los ropajes de este teotl de la siguiente manera:

Motenchichilloh, / mixtetlilcomoloh, / mixcitlalihuitihcac, / ixcuahtechimal, / ipantoyahual, / motexohhuahuantihcac. / Iyamaneapanal, / iyamamaxtli. / Itzitzil, icac iztac. / Ichimal eztlapanqui ihuiteteyoh, / Itlahuitimeuh imac ihcac.

«Sus labios pintados de rojo vivo, / con círculos negros alrededor de los ojos, / su escudete en la frente, / su banderola colgante, / sus labios bordeados de azul claro. / Tiras de papel sobre su pecho, / su maxtle de papel. / Sus campanillas, sus sandalias blancas. / Su escudo dividido, color de sangre, y con ribete de plumas, / tiene en una mano su bastón rojo»[1].

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Atlahuah

Uno de los atributos que más nos llaman la atención, después de leer los párrafos anteriores, es el hecho de que Atlahuah tiene estrellas alrededor de sus ojos (mixcitlalihuitihcac); al observar la imagen de éste se le notan los astros rodeando sus ojos y una especie de antifaz de color oscuro. Es probable, en esta tesitura, que este teotl también haya tenido relación con las cuestiones estelares, lo cual no nos debería sorprender, pues ya hemos hablado del trabajo que los de Cuitlahuac Ticic desarrollaban con las estrellas. El hecho de que, además, éstas se encuentren alrededor de sus ojos es muy sugerente, pues nos remite a la observación cuidadosa, mecanismo necesario para cultivar el conocimiento cósmico.

Hasta este momento ya hemos visto tres de los principales teteoh que tenían un lugar primordial en la isla de Cuitlahuac Ticic; no obstante ello, algunas fuentes históricas nos dan luces para averiguar otras advocaciones sagradas que mantenían un status importante en nuestro pueblo. A este respecto leemos en la Historia de los mexicanos por sus pinturas:

«En el cuarto año del cuarto trece después del diluvio, hubo un gran ruido en el cielo, y cayó un venado de dos cabezas, y Camaxtle lo hizo tomar y dijo a los hombres que entonces poblaban a Cuitlahuac, tres leguas distante de México, que tomasen y toviesen a aquel venado por dios, y ansí lo hicieron, y le dieron cuatro años de comer conejos y culebras y mariposas»[2].

De lo anterior se derivan algunos aspectos por demás interesantes: cayó un ser del cielo; Camaxtle les dijo a los de Cuitlahuac que lo tomasen por dios, es decir: que lo convirtieran en teotl y que así sucedió. De este modo surgen algunas preguntas: ¿quién fue ese venado de dos cabezas?; ¿quién es Camaxtle y por qué ordenó esto a los cuitlahuacah?; en lo posible trataremos de contestar las cuestiones anotadas arriba.

Líneas arriba, en el capítulo sobre los cuatro calpoltin, citamos un párrafo del documento conocido como Origen de Cuitlahuac, en él se señalaba cómo los cuitlahuacah habían engañado a los mexihcah al entregarles a Teuhcatl pero no a Mixcoatl. Pues bien, en ese texto se enfatizaba que la imagen entregada era Teuhcatl y no la de Camaxtle Mixcoatl: «(…) Ahmo nelli yehuatl ixiptla in mihtoaya Camaxtle Mixcoatl (No es verdad que éste sea la imagen del que nombraban Camaxtle Mixcoatl)…[3]» Como notamos, Camaxtle no es sino otro nombre que se le aplicaba a Mixcoatl; por si quedara duda en la misma Historia de los mexicanos por sus pinturas se dice que Camaxtle por otro nombre es el mismo Mixcoatl[4].

Un hecho nos conduce al otro: si Camaxtle y Mixcoatl son los mismos, es decir: es un mismo teotl nombrado de dos formas, se hace evidente por qué él ordenó a los cuitlahuacah que «teotizaran»  al venado de dos cabezas. Si Camaxtle Mixcoatl es creador de los habitantes de Cuitlahuac Ticic, ellos son sus hijos, por lo tanto le rinden pleitesía y lo obedecen como su protector.

Con respecto a la identidad del venado de dos cabezas la misma Historia de los mexicanos por sus pinturas nos dice: «Salieron los de Xuchimilco, y sacaron su dios, que decían Quilaztli, y era el venado de Mixcoatl que está dicho»[5]. Con base en lo anterior se puede afirmar que ese venado de dos cabezas es Quilaztli, uno de los teteoh de los xochimilcah y, como estamos viendo, también de los cuitlahuacah. Esto es muy importante en el estudio del pensamiento sagrado en Tláhuac, ya que Quilaztli nos aporta otra de las facetas de nuestros antepasados, a saber: la profunda relación entre los chinamperos indígenas y las verduras, sus productos agrícolas.

El nombre Quilaztli no nos es muy claro, sin embargo, es evidente que entre sus componentes se tiene a la raíz quil-itl, lo cual significa verdura en general; así tenemos a diversos tipos de vegetales con esta terminación: itzmiquilitl, verdolaga; mamoxtlaquilitl, lengua de vaca; huauhquilitl, huazontle; papaloquilitl, pápalo; achilquilitl, chilillo; etcétera. De esta manera sabemos que Quilaztli tenía una estrecha relación con la cuestión de la siembra y la sustentación de los productos agrícolas.

La importancia de Quilaztli es fundamental en el conocimiento pretérito de nuestros antepasados; hasta este momento hemos mostrado tres actividades primordiales en la vida de los cuitlahuacah, a saber: el conocimiento estelar, la medicina y la pesca. Empero, existe otra más que jugó un papel muy importante como parte de sus quehaceres cotidianos: la agricultura, pero no cualquier agricultura sino la chinampera.

En toda la cuenca de Anahuac se desarrolló un tipo especial de cultivo; aprovechando las condiciones del sistema lacustre que los rodeaba, los habitantes de los pueblos ribereños, construyeron superficies de tierra y residuos acuáticos (cuitlatl), sobre ellos comenzaron a sembrar y, al mismo tiempo, generaron uno de los sistemas agrícolas más eficientes y productivos de los que tiene registro el hombre. A estas superficies les llamaron chinampan que quiere decir «sobre el entrecruzamiento o tejido», porque primero hacían un tejido con varas para después aposentar la tierra y las plantas acuáticas.

Debido a las condiciones lacustres en los lagos, los cuales tenían poca profundidad, las especies acuáticas se iban acumulando y formaban una ligera capa que asemejaba un «jardín flotante», éste era el principio básico de la chinampan. A éste se le llamaba atlapalacatl y se cortaba uniéndolo a otros semejantes hasta concluir el tamaño requerido para formar una chinampan; después se le iban encimando más capas de tierra y plantas como tule o lirio, de esta forma adquiría una mejor cimentación. Alrededor de estos terrenos sembraran árboles de huejote (huexotl) para evitar que se desmoronaran y, con sus raíces los mantenían fijos al fondo del lago[6]. Con respecto a la construcción de chinampas Francisco Javier Clavijero, historiador jesuita, nos informa:

«El modo que tuvieron de hacerlas y que hasta hoy conservan, es muy sencillo. Forman un gran tejido de mimbres o de raíces de enea que llaman tolin y de otras hierbas palustres, o de otra materia leve, pero capaz de tener unida la tierra de la sementera. Sobre este fundamento echan algunos céspedes ligeros de los que sobrenadan en la laguna, y sobre todo el cieno que sacan del fondo de la misma laguna. Su figura regular es cuadrilonga; su longitud y latitud es varia, por lo común tendrán, a lo que me parece, de 25 a 30 varas de largo, de 6 a 8 de ancho y como un pie de elevación sobre la superficie del agua»[7].

Gracias a la gran humedad que poseían estos terrenos, pues entre ellos existían canales (apantli), la producción era abundante; la misma naturaleza proveyó a los cuitlahuacah, y a todos los campesinos chinamperos, de los elementos necesarios para una siembra adecuada. De los canales sacaban diversas plantas lacustres que les servían como abono y del fondo del lago obtenían lodo para construir sus almácigos (tlachtli).

A través de sus chinampas los cuitlahuacah mantuvieron una economía autosuficiente y el sustento necesario para avocarse a otras actividades. Pero las chinamas no sólo les sirvieron para el trabajo agrícola, a través de ellas también lograron construir su ciudad y obtener un espacio más amplio del brindado por la naturaleza. El único espacio natural que existió en la isla de Cuitlahuac Ticic fue el que se usó para construir el templo en honor a Mixcoatl y es el mismo que hoy ocupa la parroquia en honor a San Pedro Apóstol. Ahí se encontró un islote de roca sólida y donde, según cuentan hasta hoy los tlahuacah, existía una oquedad a manera de cueva[8].

El perímetro posterior que alcanzó esta población fue producto del trabajo de sus habitantes, quienes, con base en las chinampas, pudieron ampliarlo y de esta forma construir su ciudad. Por ello las excavaciones que en los sesenta realizó el arqueólogo Pedro Armillas, dieron como resultado una escasa antigüedad en el suelo de Tláhuac[9]. Además hay que recalcar el título que este estudioso le da a Cuitlahuac Ticic: man-made island, es decir: isla hecha por el hombre, isla artificial.

Pues a tal trabajo chinampero correspondía una buena relación con un teotl que les prodigaba la sabiduría agrícola vegetal. Quilaztli, en este contexto, juega un papel importante en el devenir histórico de nuestros antecesores; es quien les proporciona el conocimiento para realizar con eficacia uno de los cuatro ejes rectores de su vida: la agricultura chinampera. Por esta misma razón, Camaxtle-Mixcoatl, padre primordial de los cuitlahuacah, les otorga el culto a Quilaztli.

Pero no sólo las fuentes históricas escritas nos dan cuenta de los diferentes teteoh que tuvieron los habitantes antiguos de Tláhuac, también los descubrimientos arqueológicos otorgan nuevas luces en el conocimiento pretérito de esto que hemos llamado Teotlamatiliztli. Así es, a través de diversos hallazgos podemos agregar a esta lista algunas otras representaciones sagradas.

Un caso especial es el de Xilonen, teotl asociado con el maíz en edad temprana y conocido comúnmente con el nahuatlismo jilote. Su mismo nombre nos evoca a esta planta sagrada para los pueblos indígenas: xilotl, jilote y nenetl, muñeco o cosa pequeña; hasta la actualidad los campesinos tlahuacah al hablar del jilote también lo llaman «muñeco»[10]. Xilonen es pues el protector del maíz en su fase temprana y un aliado indiscutible para los habitantes de la isla, quienes tuvieron, entre sus cultivos primordiales, al del maíz. Una escultura de este teotl fue hallada en 1912 en Tzapotitlan, pueblo que siempre perteneció a Tláhuac, por el arqueólogo Paul Henning. A pesar de no haber sido encontrada en la isla de Cuitlahuac Ticic, nosotros la hemos tomado en cuenta porque, como más adelante veremos, los habitantes de Tzapotitlan fueron parte de los cuitlahuacah que con el tiempo se desprendieron hacia lugares aledaños. Al respecto Horacio Corona nos comenta: «Una de las personificaciones de dicha deidad (Xilonen), (fue) encontrada en Zapotitlán, pueblo cercano a Tláhuac, DF, por el infatigable Pablo Henning durante el mes de diciembre de 1912…»[11]

Al respecto de los hallazgos de Paul Henning habrá que decir que también se encontró un fémur esgrafiado en el pueblo de San Pedro Tláhuac, el cual, al estar grabado, tenía la representación de Ehecatl Quetzalcoatl. En el dibujo se puede reconocer el caracol, símbolo de Quetzalcoatl, y la llamada «boca de pato», aludiendo a Ehecatl. Asimismo, es de notarse que, en la parte inferior, se encuentra la imagen de Tlaltecuhtli, señor de la tierra, con su característica lengua de pedernal. En la parte superior del fémur están grabados nueve pares de estrellas y dos símbolos de los tzitzimimeh, teteoh que bajaban a la tierra causando terror y espanto[12]. Henning concluye diciendo que probablemente el fémur, aunque se haya encontrado en Tláhuac, no es de este lugar sino que proviene de tierras lejanas de cultura nahoa-maya; desde nuestra perspectiva la suposición de este erudito es errónea pues lo que se encuentra plasmado en esta pieza arqueológica corresponde perfectamente con el marco sagrado del mundo nahuatl y, claramente, aparecen varios teteoh que son manejados en la cosmovisión de la zona central del México prehispánico. Además, es necesario aclarar que otro fémur parecido fue hallado también en Tláhuac en fechas recientes y, hoy día, se encuentra en el Museo Regional Comunitario Cuitlahuac, de esta localidad. Sobre la utilización de este tipo de artefactos sagrados nada hemos podido saber, Henning mismo comentaba:

«Sobre el uso especial al que estaba dedicado, no fue posible averiguar nada definitivo. El indio que lo vendió aseguraba que la cavidad inferior (parte alta del dibujo) al encontrarlo, contenía madera podrida, deduciéndose por esto, que originalmente haya estado adherido a una asta o mango, al cual se fijaba por medio de los cuatro taladros que existen en el extremo indicado y que están colocados uno frente a otro, permitiendo la inserción de claves o espigas de madera o de cualquier otro material»[13].

Pues bien, la lista de los teteoh en la antigua Cuitlahuac Ticic va creciendo poco a poco, así en ella podemos incluir, haciendo un repaso de lo hasta aquí visto, a Mixcoatl, Amimitl, Atlahuah, Quilaztli, Xilonen, Ehecatl-Quetzalcoatl y, por último, a Cuecuex, teotl asociado con el fuego. Así es, el doctor López Austin, al analizar una escultura de Cuecuex encontrada en las inmediaciones del Templo Mayor, nos informa que en las bodegas del Museo Nacional de Antropología se encuentra otra escultura parecida a ésta que procede de Tláhuac[14]. Por ello, basándonos en la arqueología, podemos concluir que Cuecuex también tenía un sitio privilegiado en épocas pretéritas en nuestro pueblo.

Antes de concluir este capítulo es menester mencionar el hallazgo de cinco braseros ceremoniales en la zona del «Tequesquite», en San Pedro Tláhuac, por parte de Jesús Galindo Ortega, en agosto de 1995. Hasta la fecha no se ha hecho ningún estudio concienzudo de éstos y, por lo tanto, poco podemos hablar de ellos y de su simbolismo sagrado. Hay algunos rasgos reconocibles, máscara de serpiente asociada a Tlaloc, mazorcas, chiles, cetro de serpientes entrecruzadas, rayos solares, etcétera, pero ninguna interpretación de conjunto podemos lograr de momento. No obstante, es posible afirmar que estas piezas arqueológicas son una muestra de la conexión que existía entre el hombre mesoamericano y las entidades sagradas que le prodigaban una vida armónica con su entorno. A un pueblo agrícola chinampero, como lo es Tláhuac, no le podían faltar figuras sagradas con atributos que tuvieran que ver con la lluvia, sol, tierra, y demás elementos asociados a una buena cosecha.

Baste decir que no sólo los teteoh mencionados eran objeto de culto en la antigua isla de Cuitlahuac Ticic, como parte integrante de un mundo nahuatl más extenso también conocía y cultivaba la comunicación con otros seres sagrados del panteón mesoamericano. Si bien, por las condiciones geográficas, culturales, políticas, los anteriores tuvieron una importancia relevante esto no significaba que desconocieran los teteoh de los pueblos vecinos.

En el mismo punto es necesario recalcar que los nahuah poseían una visión que buscaba más la incorporación de entidades sagradas a su vida, es decir, de acuerdo con Rudolf van Zantwijk, los nahuah poseían una «mentalidad incorporativa» y estaban dispuestos a aceptar los nuevos teteoh de los pueblos conquistados:

Ixquich tlacatl amoxpoani inhuehuetlatol Azteca huehuetque ihuan inhuehueamox Cahtzopinque hueliti commatiz ome tetlalnamiquiliztli oncate. Nictenehuaznequi inic ce tetlalnamiquiliztli tlaaquiliztica tlein quitoznequi cahttzopincatlatollica: «mentalidad incorporativa». Inin tetlaaquitilnamiquiliztli ipan omotzinti immoyolnonotzayuhcayo Mexica teyacanque.

(Todo lector de la antigua palabra de los ancianos aztecah y de los vetustos libros de los españoles puede saber que hay dos tipos de pensamiento. Quiero decir que el primer pensamiento es «con el que se agrega algo», lo que significa en español: «mentalidad incorporativa». Esta mentalidad incorporativa fue la que se asentó en la conciencia interior de los dirigentes mexihcah)[15].

Esto mismo se aprecia cuando, en el capítulo anterior, vimos cómo los mexihcah piden a los cuitlahuacah la imagen (ixiptlah) de Mixcoatl para llevarla a Tenochtitlan, lo cual nos demuestra la «mentalidad incorporativa» de los dirigentes tenochcah, como lo apunta van Zantwijk.

[1] Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses…, pp. 140-141. El subrayado es del editor y la modernización de la escritura nahuatl nuestra.

[2] «Historia de los mexicanos por sus pinturas…», p. 37. el subrayado es del editor.

[3] Origen de Cuitlahuac…, f. 4r.

[4] «Historia de los  mexicanos por sus pinturas…», p. 36.

[5] Ibid., p. 40. El subrayado es del editor.

[6] Véase Robert West y Pedro Armillas, «Las chinampas de México, poesía y realidad de los ‘Jardines flotantes», en Cuadernos americanos, México, Año IX, No. 2, vol. L, marzo-abril de 1950, 165-182 p., pp. 174-175.

[7] Francisco Javier Clavijero, Historia Antigua de México, Mariano Cuevas (pról.), 4ª. Edición, México, Porrúa, 1974, 621 p., (Sepan Cuantos No. 29), p. 229. El subrayado es del autor.

[8] Información proporcionada por mi abuelo Domingo Martínez Chavarría (†), campesino nativo de San Pedro Tláhuac (Tláhuac, 2004).

[9] Pedro Armillas, «Gardens on Swamps», en Sciencie, Estados Unidos de América, 12 de noviembre de 1971, vol. 174, No. 4010, 653-661 p., p. 657. «The construction of these mounds was relatively recent: many of the ceramic lots include wares in vogue two or three centuries before the time of the Spanish conquest, but nothing definitely older was found in any of these sites. Neither did excavation in the foundations of the man-made island of Cuitlahuac produce any indication of greater antiquity…»  El subrayado (cursivas) es nuestro.

[10] Información proporcionada por mi abuelita Carmelita Osorno Galicia, originaria de San Pedro Tláhuac (Tláhuac, 2005).

[11] Horacio Corona Olea, Glífica criptográfica náhuatl, México, Talleres gráficas de Librería Madero, 1964, 88 p., p. 62.

[12] Véase Paul Henning, «El fémur esgrafiado de Tláhuac», en Anales del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, México, 4ª. Época, 1913, t. v., 263-278 p.

[13] Ibid., p. 278.

[14] Alfredo López Austin, «El dios enmascarado del fuego», en Anales de Antropología, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Antropológicas, Volumen XXVII, 1985, 251-285 p., p. 266.

[15] Rudolf van Zantwijk, «In ihiyoyaoyotl. In atl in tlachinolli teoyotica (La guerra espiritual, la lucha religiosa) », en Estudios de Cultura Náhuatl, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, Vol. 1, 1959, 113-124 p., p. 114. La traducción al castellano es nuestra.

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