Muy lejos aún se está de clonar humanos

Abril 3, 2018.- Aunque lo que vemos, finalmente, es un cuadro global en el que la clonación celular humana con vistas a la investigación, o los debatidos casos terapéuticos, sigue siendo posible en muchísimos sitios

Tras de ser conocida la noticia de que investigadores chinos habían conseguido clonar a dos pequeñas macacas mediante transferencia nuclear somática, parecería que lo que sigue detrás de un primate tiene que ser una persona.

Sin embargo, a decir de Lluís Montoliu, científico del Centro Nacional de Biotecnología y uno de los mayores expertos en transgénesis animal de toda Europa, el hecho de haber dado un interesante paso en la clonación de primates no significa que estemos mucho más cerca de hacerlo con los seres humanos.

Asegura que existen numerosas barreras para poder clonar a cualquier animal. Las más difíciles de superar son, sin duda, las legales y las éticas. Sobre la tecnología, podemos decir que cuanto más «simples» son los seres vivos, y más cerca está el animal de su base evolutiva, más sencillo es clonarlo. Pero con los mamíferos, animales terriblemente especializados, la cuestión no es nada fácil.

Con la reciente clonación de las macacas Zhong Zhong y Hua Hua, «deberíamos aprender de la biología e ir con muchísima cautela».

Un clon es un ser vivo literalmente copiado, bien de forma natural o mediante reproducción asexual en muchas especies. En los seres humanos; empero, en los mamíferos en general esto no es nada normal.

Para poder hacer un clon de un «animal con pelo» se requiere de ciertas técnicas genéticas especiales. La ingeniería genética contempla varios casos de clonación según su objetivo final: el primero y menos interesante para este texto es la clonación de ADN que consiste, literalmente, en copiar una secuencia de material genético.

Al contrario, la clonación reproductiva sí contempla «copiar» a un ser vivo completo, para lo que se coge todo el ADN y se mete en una célula reproductiva (un óvulo) previamente vaciado. Este óvulo crecerá con el genoma «prestado» dentro de una madre de alquiler y lo que se desarrollará será un ser idéntico, o casi idéntico, pues existe una ligera diferencia (de aproximadamente un 2%) en su material genético.

Según Montoliu, la clonación de primates es difícil. «Entre estos existe una fea costumbre de presentar ciertas proteínas que dificultan el proceso. Dichas proteínas están asociadas a ciertas estructuras celulares que son alteradas en el proceso de enucleación, que es como llamamos al acto de extraer el material genético de la célula», dice.

De esta manera, las proteínas pierden su función y no se pueden reproducir fácilmente para incluirlas en el cóctel de preparación, ya que dependen también del sitio donde se encuentran y que hemos alterado al sacar el núcleo. «Estas tecnologías son arriesgadas y, encima, extraordinariamente poco eficaces», comenta el experto.

«Son pocos los embriones que resisten un proceso sumamente agresivo». Este problema no es tan grave en otros grupos de mamíferos y por esta razón hemos conseguido copiar a Dolly y a un buen número de animales desde entonces. Sin embargo, la clonación de macacos muestra la posibilidad de clonar primates, algo que no se había conseguido mediante esta técnica hasta la fecha.

Pero todo tiene su truco: lo que han hecho los investigadores ha sido coger los genes de un feto de macaco y, entonces, ponérselo a dos óvulos vacíos. Para que funcionara han tenido que solucionar un problema previo consistente en hacer crecer estos genes pertenecientes al embrión, algo que han superado gracias a un cóctel especial de proteínas y nutrientes. Pero también supone otro hecho importante y es que estamos haciendo un clon de un ser que ni siquiera ha nacido. Así que solo nos valdría a medias.

«Creo que la clonación de los primates que se hizo en China no aportaba mucho más que el haberlo hecho con otra especie. Los investigadores trataron de vestir el descubrimiento como una especie de tecnología adicional que nos permitiría hacer muchísimas más modificaciones genéticas […], pero la realidad es que tenemos otras técnicas que nos permiten hacer experimentos muchísimo mejores que la transferencia nuclear», señala Montoliu.

¿Qué nos queda para clonar a un ser humano?

«No podemos pensar que ya que se han clonado unos primates, la clonación humana va a ocurrir pasado mañana. Creo que estamos lejos de que ocurra en nuestra especie», afirma el experto. «Pero tampoco pongo la mano en el fuego para decir que nadie lo vaya a intentar». Con estas declaraciones, el experto hace referencia al estado de la técnica, la cual todavía tiene cuestiones biológicas que resolver.

Y es que aún existen múltiples factores del desarrollo que todavía desconocemos. Por tanto, en realidad, tenemos claro que existen ciertos problemas biológicos, pero desconocemos muchas de las trabas que nos encontraremos. ¿Por qué razón? Porque por el momento clonar seres humanos con vistas reproductivas no es legal, no es ético o no es práctico (dependiendo del lugar desde donde estemos hablando).

«Para este tipo de experimentos que implican a la clonación humana uno tiene que preguntarse ‘por qué hacerlo’. Yo no encuentro ninguna buena razón, con lo cual, no lo haría porque no creo que nos aporte ni nos permita avanzar más en nuestra tradicional búsqueda de soluciones terapéuticas ».

La cuestión ética y legal no depende del tiempo ni de los recursos (a priori). Por el momento, la Organización de las Naciones Unidas instó en 2005 a todos los países a prohibir de forma terminante la clonación humana con intenciones reproductivas. Por el momento, sólo 46 países han prohibido formalmente la clonación humana, aunque al menos 70 no permiten las prácticas relacionadas con este tema excepto en casos concretos.

En algunos de ellos se ha prohibido, incluso, la clonación de células madre y derivados. Sin embargo, a la hora de la verdad, y a pesar de los intentos de restricción (como el que pudimos ver en la Convención sobre los Derechos Humanos en Biomedicina, más conocida como la Convención de Oviedo), la legalidad se estira hasta el límite según los intereses políticos y económicos de los distintos laboratorios, universidades e instituciones implicados. Lo que vemos, finalmente, es un cuadro global en el que la clonación celular humana con vistas a la investigación, o los debatidos casos terapéuticos, sigue siendo posible en muchísimos sitios.

En Europa y Estados Unidos, por ejemplo, también está prohibido clonar animales para la industria alimentaria, aunque sí se puede emplear en el ámbito de la conservación de especies o incluso de las mascotas. La mismísima Organización de las Naciones Unidas exhortó a todos los países a renunciar e ilegalizar la clonación reproductiva (no así la terapéutica o la investigación). En algunos países asiáticos (como India o China) la ley no es tan tajante, aunque sí delimita algunas líneas éticas que no deberían sobrepasarse.

¿Debemos hacerlo?

La respuesta primera sería para curar enfermedades. Pero esto es una hábil finta ya que hablamos de clonación de un ser humano completo, con todas sus consecuencias.

Podríamos pensar en «La Isla » de Michael Bay, pero no sería ético contar con un clon vivo para surtir nuestras necesidades médicas.

«Creo que es innecesario », comenta el experto, «no creo que nos aporte nada que no podamos hacer con otro tipo de tecnología actual, y, además, como te decía, no creo que sea tan sencilla la clonación humana. ¿Va a haber alguien que lo va a intentar? Probablemente ».

Montoliu nos explica que España firmó en 1998 el mencionado Convenio de Oviedo, enmarcado en la convención homónima. «(En él se vela porque haya) un respeto específico para el ser humano, una prohibición expresa de la clonación con motivos reproductivos, una prohibición de la modificación irreversible del genoma… Pero otros países no lo han firmado: Reino Unido no lo ha firmado, ni Estado Unidos, China, Japón, Corea, Alemania…»

Una vez que pasamos la línea terapéutica que nos permite curar enfermedades graves, la cuestión queda estéril. Por ahora, el único planteamiento medianamente válido es: «para aprender más sobre nosotros mismos y con vistas a un futuro». Aunque por el momento esta respuesta no parece lo suficientemente buena. ♦

Fuente: Xataca

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