El Martes de Pascua en Iztacalco

Marzo 20, 2017.- En Iztacalco, la Semana Santa no se acaba con el Domingo de Resurrección, sino el Martes de Pascua, o Martes de las Amapolas, único día en el que lucen con todo su esplendor siete capillas posas

Por Rodolfo Cordero López | Nosotros, Núm. 27 | Mayo de 2000

El altiplano es un mosaico festivo por la Cuaresma Mexicana. En cada delegación, municipio, pueblo o barrio encontramos tantos motivos de esa plasticidad que nos caracteriza, y al verlos, vivirlos, sentirlos con emotividad, fortalecemos nuestra identidad propia.

Iztacalco es una de esas delegaciones con tradiciones muy profundas, expresivas, participativas, de su gente. La iconografía de sus altares es de origen colonial, pero la expresión plástica de su pueblo a través de las portadas o de los arcos decorados, demuestra la capacidad creadora del chinampero, porque Iztacalco ha sido cuna de chinamperos.

Esa plasticidad puede admirarse el Martes de Pascua o, con otras palabras, el Martes de Resurrección de Cristo, el Martes de Amapolas. Único día en el que lucen con todo su esplendor siete capillas posas armadas con cintas de madera y de metal, recubiertas con terciopelos y telas diversas, de tal manera que al medio día esas capillas están ocupadas con las esculturas de los santos patronos de los siete barrios: San Sebastián Zapotla, Los Reyes, San Miguel, Santa Cruz, Santiago, La Asunción y San Francisco Xicaltongo.

A esas capillas posas se unen otras de varias asociaciones, San José, la Divina Providencia, San Matías, el Señor de Chalma, Santa Cruz de Querétaro, que la representa una cruz de piedra, sumando en total doce capillas de posas.

Son doce portadas decoradas con flores de colores encendidos de plástico, otras decoradas con figuras simétricas de flores y guías tejidas con semillas de ayocotes, frijoles de varios colores, habas, ajonjolí y arroz, entre otros elementos.

En esta festividad los arcos llevaban leyendas enalteciendo la resurrección de Jesucristo, y llamó la atención la portada a San José decorada con las herramientas diminutas de carpintero.

Estas capillas posas que duran un solo día se presentan en el interior del atrio de la parroquia de San Matías, Iztacalco, a pocos metros de la Calzada de la Viga.

En una plática con la señorita Irene Trujano Alfaro, presidenta de la Asociación del Barrio de la Asunción y de la Asociación de La Inmaculada, a quien cariñosamente llamamos madrina; con la señora Manuela Muñoz Rodríguez, esposa del señor Trinidad Trujano Alfaro, descendientes y familiares de la familia de don Emilio Trujano (fallecido) y de su esposa doña Tomasita Alfaro (fallecida), hicieron memoria del origen de esta celebración con capillas posas y arcos decorados para loar la resurrección de Jesucristo.

Nos dicen: «Los mayordomos de los barrios bajan de sus altares a los santos para llevarlos en procesión y con el acompañamiento de bandas de música a sus capillas posas en el atrio de la parroquia de San Matías. Asimismo, los mayordomos poseen en custodia, durante un año, al Santo Patrono de cada barrio, santidad que visita a vecinos y socios».

Antaño fue común observar portadas labradas con frutas de la temporada, con las verduras cosechadas en las chinampas de Iztacalco y con flores naturales, entre las que destacaba la flor de amapola.

La amapola dio origen al Martes de las Amapolas con su ceremonia religiosa en la que se arrojaban los pétalos de la flor prohibida.

«Las muchachas llevaban canastos llenos con los pétalos de la flor, amarraban pañoletas repletas con los fragantes pétalo, que al paso de Nuestro Señor las arrojaban con su delicado contenido, dejando el interior del templo con un bello tapete florido».

Hoy se hace lo mismo, pero ahora con los pétalos de rosas y de otras flores. Las imágenes de los barrios con este ceremonial del recorrido por las calles de Iztacalco sólo bajan en tres fechas importantes: el Martes de Pascua y los días 15 y 22 de agosto.

A las cinco de la tarde se celebra el Rosario y posteriormente el Santísimo hace un recorrido. El Martes de Pascua los mayordomos llevan las imágenes católicas a sus domicilios, acompañados por los mariachis, las bandas de música, y allí, el anfitrión obsequia el agua con chía, de limón, tamarindo, Jamaica y saboreando los platillos tradicionales de la cuaresma mexicana.

Iztacalco, con sus costumbres y capillas, las bandas de música de aliento; sus rituales procesionales, los bocadillos de antaño y el calendario riguroso de sus festividades implantadas por los primeros religiosos de la Nueva España, es una realidad que sigue expresándose también con las manos artesanales del mexicano sensitivo.

En el domicilio de Irene Trujano pervive un Cristo articulado, de aquellos que surgieron en el siglo XVIII, que habla de la espiritualidad de la familia Trujano y de las tradiciones de la Cuaresma en Iztacalco. ♦

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