Atiltlayapan, una novela de Milpa Alta

Marzo 18, 2018.- A fines de la década de los cuarenta del siglo XX no había la producción intensiva de nopal que ahora se tiene, tampoco existía la carretera México-Oaxtepec

Por Ricardo Flores Cuevas* | Revista Nosotros Núm. 176 | Agosto de 2015

Las Bibliotecas personales guardan tesoros envidiables, en esta ocasión les hablaré de mi tropiezo con una joya bibliográfica, se trata de una novela titulada: Atiltlayapan [1].

En junio de 2014 me encontraba preparando una exposición en el Museo Cuartel Zapatista, localizado en San Pablo Oztotepec, en el marco del Centenario de la Ratificación del Plan de Ayala.

Ma Luisa Ocampo

María Luisa Ocampo

Pensé en exhibir documentos alusivos al tema y fue así como visité al cronista Manuel Garcés Jiménez. Él me concedió en calidad de préstamo un libro de su colección publicado en el año 1958, cuyo contenido versa sobre Milpa Alta.

En ese momento sólo leí el prólogo, escrito por el poeta tapatío Arturo R. Pueblita:

He aquí una novela de carne y hueso, con todos los conflictos, con todo el análisis y con todo el trabado desarrollo de la trama de los grandes relatos. […] La autora centra, como en su libro anterior, toda la acción en el campo mexicano, en uno de esos pueblos nuestros en donde la vida remansa en apariencia y se aduerme en un sosiego bueno de milpas opulentas y de bronceados campaneos parroquiales. Pero debajo de esa apacibilidad se agitan las pasiones, las codicias, las menudas intrigas políticas y sociales, los problemas constantes y acosadores de la vida. El núcleo de la trama es aquí la tierra, y una tierra feraz, crasa, ubérrima, verdadero cogollo de comarca: El Rincón de Atiltlayapan, que viene a ser el centro ocasional o circunstancial del terrible conflicto. Claro es que éste se complica con todo el ambiente lugareño de Milpa Alta, el pueblo, con toda la gama de sus gentes […][2]

Con tan sólo leer estas líneas me quedé maravillado. ¡Una novela sobre Milpa Alta! Por la premura del tiempo no pude leerla antes de la exhibición en el Museo. Tuve que esperar el mes que duró la exposición para poder posar la vista sobre cada una de sus páginas.

María Luisa Ocampo es la autora de esta novela. Nació en Chilpancingo, Guerrero, el 24 de noviembre de 1905 [3] y falleció el 15 de agosto de 1974.

En 1922 egresó de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional. Fue una de las pioneras en la lucha por la igualdad de derechos legales de la mujer.

Recordemos que en 1953 apareció en el Diario Oficial de la Federación un decreto en el que se anunciaba que las mujeres tendrían derecho a votar y ser votadas para puestos de elección popular.

Formó parte de la Alianza de Mujeres de México, el Ateneo de Mujeres de México y la Confederación de Mujeres de México [4].

Estos aspectos en la vida de la dramaturga María Luisa Ocampo son fundamentales para comprender lo plasmado en la novela que a continuación reseño.

Atiltlayapan

Es una novela ambientada en la Milpa Alta de fines de la década de los cuarenta del siglo XX. En estos años no había la producción intensiva de nopal que ahora se tiene. Tampoco existía la carretera México-Oaxtepec y ni siquiera San Pedro Atocpan comercializaba el mole. Los pueblos de esta delegación eran propiamente serranos, dedicados al cultivo del maíz y el maguey, principalmente.

Uno de los aspectos abordados en la novela son las diversas problemáticas que enfrentaron los hombres y mujeres de esta delegación en esa época. Como la que se atrevió a denunciar un maestro ante el Gobernador del Distrito Federal, a través de la pluma de la dramaturga Ocampo:

Señor Gobernador, me permito interpelar a usted con todo respeto: ¿Considera usted que somos ciudadanos, milpaltenses por nacimiento; que pagamos nuestras contribuciones; que obedecemos las leyes; que conocemos nuestros deberes, pero también tenemos conciencia de nuestros derechos? Si es así con todo el respeto que nos inspira su pública investidura, venimos a pedirle que se extienda a nosotros la labor de civilización y cultura que se ha emprendido en esta región. Nosotros, los pueblos enclavados en la montaña, somos los olvidados, los irredentos. No tenemos caminos; no tenemos electricidad; no tenemos agua para beber. Los depósitos de este líquido que poseemos están llenos de lodo, de sabandijas; nos matan las fiebres y nuestros niños se mueren a montones. Señor Gobernador, le suplicamos que se nos haga Justicia [5].

Es precisamente en la gira que hace el Gobernador (así nombra la autora al Jefe del Departamento del D.F.) cuando se contrastan las características de cada pueblo que integra la demarcación, de San Pedro Atocpan, por ejemplo, lo refiere como «el más progresista de la región» [6].

Es durante la administración de la primera mujer delegada de Milpa Alta cuando se desenvuelven los sucesos narrados por la autora.

Un hecho desusado traía en alboroto al pueblo de Milpa Alta. Le había sido anunciada al Delegado su cese y que en su lugar iría una mujer… Tremenda conmoción causó esta noticia entre todos, especialmente los hombres. Se formaban corrillos en las esquinas y cada uno daba su opinión a cual más airado [7].

Como bien sabemos, fue en el gobierno de Miguel Alemán cuando se nombraron a las primeras dos mujeres delegadas del Departamento del Distrito Federal. Y fue Aurora Fernández a quien le correspondió gobernar Milpa Alta [8].

El acontecimiento de tener una autoridad mujer en un pueblo fue sin duda alguna un choque cultural tanto para los milpaltenses como para la delegada misma. Como lo retrata la siguiente anécdota:

Una mañana se presentó una anciana gemebunda. Le había apaleado una vecina a su hija, por la posesión de un gallo.

Señor… principió la anciana.

Señorita la interrumpió el secretario.

Señor… insistió la anciana. Yo vengo a pedirte justicia.

Señorita volvió a decir el Secretario. ¿No ves que se trata de una mujer?

Señor tercamente dijo la vieja sin hacer caso del Secretario. A m’hija la vecina de atrás de nuestro jacalito… la golpeó… porque quiere quedarse con un gallo… y este gallo es de la propiedad de m’hija, y yo venía a pedirte señor…

El Secretario indignado interrumpió.

¿No ves que estás hablando con una señorita? ¿Por qué le dices señor?

Porque es la autoridá, y a la autoridá se le dice señor, de respeto. ¿O no? [9]

De este fragmento se pueden desprender aspectos como los valores sociales, e incluso la fonética, pasando por los tipos de problemas cotidianos que regían los ánimos de la sociedad milpaltense.

Entre los tramas que se desarrollan en la novela se profundiza en sucesos poco frecuentes, como el amorío entre una joven milpaltense con un piloto aviador, quien llegó a estas tierras debido a que estrelló involuntariamente la avioneta de su patrón en estos suelos.

Sobre este aspecto, debo expresar la sorpresa que me causó el hecho de que la autora abordara este tema. Como es sabido, en los pueblos de esta sierra se han estrellado una buena cantidad de aeronaves; muy pocas veces sabemos quiénes iban a bordo, pero sobre todo, tenemos poca noticia de qué pasó con sus tripulantes y pasajeros.

La dramaturga Ocampo fue más allá. No sólo nos dijo que la avioneta era de un millonario, sino que profundiza en la vida personal del piloto, de sus pretensiones e incluso traumas. Él enamoró a una bella mujer joven de Milpa Alta, para ella él era el hombre más interesante jamás antes visto: se enamora. Y por amor, cuando él se va a su departamento en la ciudad, ella lo va a visitar, y es cuando se tiene que enfrentar al reto de viajar a la ciudad, de contrastar los modos muy diferentes de vivir y de enfrentar el desamor y la deshonra.

Así como la anécdota anterior, la autora describe los roles de poder, los sueños, las desesperanzas y las ambiciones. Siendo este último punto el que rige la trama de la novela; la cual se centra en la vida de la familia de Don Juan Nepomuceno Jardines, propietario del paraje Atiltlayapan.

Ese lugar terminó siendo el escenario de una tragedia, la cual no referiré para invitar a los lectores de estas líneas a leer esta novela que sin duda alguna puede ser considerada como una crónica de la vida cotidiana en la Milpa Alta de mediados del siglo XX.

Si bien no todo lo que dice aconteció tal cual lo refiere la autora, sin duda alguna esta obra literaria es un referente obligado para todo aquel interesado en conocer a la sociedad de estas tierras, sobre todo para quienes se interesen por la historia y por los roles de la mujer en este rincón del D.F. ♦

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* Integrante del Consejo de la Crónica de Milpa Alta y de la agrupación Amigos de Mixquic, AC

 

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Citas:

[1] María Luisa Ocampo. Atiltlayapan. Segunda edición. Oasis. La primera edición se publicó en el año 1954, bajo el sello de la Unidad Mexicana de Escritores. México, 1958.

[2] Ibídem. p. 5

[3] Enciclopedia de la Literatura en México. Fundación para las letras mexicanas. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. En: http://www.elem.mx/autor/datos/1628  [18 de abril de 2015]

[4] «María Luisa Ocampo y Gloria Iturbe». En:  Así somos… Órgano mensual de información histórica. Junio 2011. 4ª Época. Núm. 3. Rocío Catalán Sánchez (Coord.). México: Secretaría de Educación, Guerrero, Subsecretaría de Educación Básica, Departamento de Extensión Educativa. p. 1.

[5] María Luisa Ocampo. Op. Cit.  P. 182–183.

[6] Ibíd. p. 183.

[7] Ibid. p. 41.

[8] Enriqueta Tuñón Pablos. «Los movimientos de las mujeres en pro del sufragio en México, 1917–1953». En: Sotavento. Revista de Historia, Soceidad y Cultura. Núm. 4. Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales. Universidad Veracruzana. p. 145. México, 1998.

[9] Ocampo. Op. Cit.  P. 51

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Bibliografía:

Así somos… Órgano mensual de información histórica. Junio 2011. 4ª Época. Núm. 3. Rocío Catalán Sánchez (Coord.). México. Secretaría de Educación, Guerrero, Subsecretaría de Educación Básica, Departamento de Extensión Educativa.

Enciclopedia de la Literatura en México. Fundación para las letras mexicanas, Conaculta. En: http://www.elem.mx/autor/datos/1628

Ocampo, María Luisa. Atiltlayapan. Segunda edición. Oasis. México, 1958.

Tuñón Pablos, Enriqueta. «Los movimientos de las mujeres en pro del sufragio en México, 1917 – 1953». En: Sotavento. Revista de Historia, Sociedad y Cultura. Núm. 4. Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales. Universidad Veracruzana. México, 1998.

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