Teotlamatiliztli. Supremo conocimiento de la existencia

Marzo 6, 2018.- Crónica de Tláhuac. La cuestión de lo sagrado en la vieja Cuitlahuac Ticic, donde sus pobladores tenían fama de «hechiceros y nigromantes», desde la perspectiva de los frailes

Por Baruc Martínez Díaz | Revista Nosotros Núm. 118 | Septiembre de 2008

Fotografía: Malo Silva

Primera parte

El término Teotlamatiliztli [1] lo hemos elegido para colocarlo en el apartado sobre la cuestión de lo sagrado en la vieja Cuitlahuac Ticic; en otras palabras: lo hemos usado para suprimir el concepto de «religión» nahuatl. ¿Por qué no colocar simplemente la palabra religión? Al introducirnos en una civilización ajena a la occidental creemos de mayor valía el utilizar los propios conceptos forjados dentro de la misma, pues, según el decir del doctor José Gaos, «en ningún sector de la realidad pueden tener éxito teórico o práctico más conceptos o categorías que las autóctonas de él» [2].

Así pues, la Teotlamatiliztli o el conocimiento sagrado de los nahuah se fundamenta en el concepto básico teotl. Regularmente traducido como dios, o ligado a lo divino; es, sin embargo, más amplio y no tiene equivalencia con alguno en los lenguajes europeos. Sin bien a veces parece semejarse con entidades que los occidentales piensan como «deidades» o «dioses», en las más de ellas se aleja de este sentido «sobrenatural». De esta forma, teotl posee varias aproximaciones en español, por ejemplo: sagrado, grande, verdadero, bien fundamentado, antiguo o difunto.

Bracero ceremonial

Bracero ceremonial con mascarón de Tlaloc encontrado en Tláhuac. Museo Regional Comunitario Cuitlahuac

El doctor Miguel Pastrana Flores comenta al respecto:

Como puede apreciarse, el concepto de teotl no designa solamente aquellas entidades que la cultura occidental piensa como «dioses», sino que abarca, en una dimensión más amplia, a entes que poseen características notables, superiores a los humanos comunes, pero no del todo alejados de éstos… [3]

Un ejemplo más claro es el caso de Teotihuahcan. La traducción más común es «la ciudad de los dioses»; en realidad se trata del nombre de un cementerio para los tlahtohqueh o gobernantes nahuah. Ese topónimo se deriva de las siguientes raíces en mexicano: teoti: hacerse teotl (en este caso difunto o muerto); huah: posesivo y can: lugar. Literalmente diría: «el lugar que posee a los que se hacen teotl o difuntos». Por si se desconfiara de nuestra traducción hay que aclarar que fray Bernardino de Sahagún recogió un texto en nahuatl donde se fundamenta esto que estamos diciendo:

(25) auh injc qujtocaiotique teutioaca, ipampa in jnnetocaian catca tlatoque. Ca iuh mjtoaia: in jquac timjquj, ca amo nelli in timiquj ca in tiioli, ca ie titozcalia, ca ie tinemi, ca tiça: itech xicmanjli (…) (27) Ic qujtoque in vevetque; in aqujn oonmjc oteut, qujtoaia: ca oonteut, q, n, ca oonmjc.

(25) «y así le llamaron Teotihuahcan, porque era el lugar de entierro de los que habían sido tlahtohqueh. Así se decía: cuando morimos, no es verdad que morimos, porque vivimos, resurgimos, andamos, despertamos: recuérdalo (…) (27) Así dijeron los ancianos: quien murió se hizo teotl; se decía: se hizo teotl que significa que murió» [4].

Como podemos apreciar, el concepto de teotl se aleja en este caso de la simple traducción de «dios» que se le ha querido dar. Otro ejemplo es el del grupo nómada llamado por los nahuah teochichimecatl; en este caso no podríamos traducir lo anterior como «chichimecah muertos o difuntos», pues ese no es el sentido que le dieron los forjadores de este término. El doctor Rudolf van Zantwijk nos refiere el sentido más apropiado de esta palabra: «(…) ‘Teochichimecah’ in tlen quihtoznequi ‘tlamelahuacchichimecah’ (‘teochichimecah’, lo cual quiere decir ‘verdaderos chichimecah’)» [5].

Después de observar algunas de las aproximaciones semánticas del vocablo teotl se notará que no se posee una traducción cercana en castellano; no obstante ello, es posible aglutinar algunas de sus características y darnos cuenta de que tienen un factor común. Nuevamente Zantwijk nos da la respuesta:

¿Qué tienen en común? (Tlaloc, Huitzilopochtli, Tezcatlipoca, Quetzalcoatl) Todos representan a fuerzas sobrepersonales en el universo. Tienen dimensiones muy diferentes, varían del Creador supremo hasta la unidad sobrepersonal de una sociedad mercantil; sin embargo, todos tienen en común que representan a algo más poderoso que el individuo y, lo que es muy importante, algo que tiene la capacidad de permanecer, de durar más que el hombre individual, de sobrevivir al hombre. Esta significación nos la da también la derivación lingüística de la palabra teotl, de tetl (piedra) y yotl (sufijo de abstracción), la cual así ad metaphoram quiere decir: «algo constante» o «algo inalterable» [6].

He aquí el por qué no nos es posible traducir teotl como «dios» y por qué no hemos colocado el título de «religión nahuatl» en este apartado sobre el pensamiento antiguo de nuestros ancestros (tohuehcatahtzitzihuan). Con sendas palabras concluimos estas notas sobre el concepto teotl, éstas pertenecen, una vez más, al nahuatlahto (hablante de nahuatl) Rudolf van Zantwijk:

El punto de partida de la cosmovisión azteca es el concepto de teotl. Teotl (plural teteo) es toda fuente de vigor en el universo que no pueda ser dominada por el individuo. Así, el Sol (Tonatiuh), la Tierra (Coatlicue), el Viento (Ehécatl) y la Lluvia (Tláloc), son teteo, pero también una comunidad popular es un teotl por ser una unidad sobrepersonal que no puede ser dominada por una sola persona [7].

Ahora bien, en la concepción antigua de nuestros abuelos cuitlahuacah, existen ciertos aspectos que hay que destacar, pues ningún investigador los ha tratado. En el documento conocido como Origen de Cuitlahuac se refiere que Mixcoatl:

(…) ompa temohqui [8] in canin Colhuahcan. Auh chiucnahpa in quiyahualoh anahuatl, in ahcan mohuelmat, niman occehpa icuitlahuic hualla, ompa hualitztia, in yah ohtenco (…) Auh inihcuac ocalaquico, niman ye ic hualcalaqui in atl iihtic, in tolla, in Cuitlahuac. Auh in oahcic niman mihzoc ipan in yacapech

(…) «bajó en donde es Colhuahcan y nueve veces dio vueltas junto al agua, en ningún lugar se sintió bien, otra vez regresó hacia atrás, allá venía viendo, fue a la orilla del camino (…) Y cuando se vino a meter, rápidamente se sumergió dentro del agua, entre los tulares de Cuitlahuac. Y (cuando) llegó enseguida se sangró sobre su cama de carrizos…» [9].

De acuerdo con esta información, el ancestro primigenio de los habitantes de Cuitlahuac Ticic es Mixcoatl, y de él derivaron los demás pobladores de este pueblo. En el Origen de Cuitlahuac se continúa con el relato:

(…) Auh inezol Mixcoatl itech yol tlacatl mochiuh yancuican quitocayoti Poloc. Auh in ohueix niman mocihuahuati; auh niman oncan tlacat itocah Mapach. Auh in ohueix niman mocihuahuati, oncan tlacat Teotlahuica, inin yehuantinin eyntin ipilhuan in Mixcoatl diablo. Iyezzo intech yolqueh, itech tlacatqueh in ihcuac ayahmo cenca tlacatl, aoc yohuayan…

(…) «y de la sangre de Mixcoatl nuevamente se hizo un hombre, se  llamó Poloc. Y cuando creció en seguida tomó mujer, y después nació el que se llama Mapach. Y cuando éste creció luego se casó y nació Teotlahuica; estos tres son los hijos de Mixcoatl ‘diablo’. De su sangre vivieron, de ella nacieron cuando aún no había muchos seres humanos, cuando aún era de noche…» [10].

Así pues, los tres primeros habitantes de la antigua Cuitlahuac Ticic fueron Poloc, Mapach y Teotlahuica, los tres eran descendientes de Mixcoatl. Más adelante, en los llamados Anales de Cuauhtitlan, se mencionan a los sucesores de estos tres personajes primigenios:

(…) Auh niman in zahtepan tlacatqueh in ye tlacah; niman tlacat itocah Zonelteuctli, niman tlacat Calli teuctli, niman tlacat Pilli teuctli, niman tlacat Malintzin, cihuatl, no tzompanteuctic; auh niman tlacat Atzinteuctli, auh niman tlacat Quetzalteuctli…

(…) «y en seguida, después, nacieron los que ya fueron humanos, luego nació el que se llama Zonelteuctli, nació luego el ‘señor’ Calli, nació más tarde el ‘señor’ Pilli, enseguida nació Malintzin, mujer, también de los tzompanteuctin, y después nació el ‘señor’ Atzin y luego nació Quetzalteuctli…» [11]

Enseguida, se menciona contundentemente que estos tzompanteuctin, hombres de conocimiento de Cuitlahuac Ticic, se convertirían en los habitantes primigenios de nuestro pueblo: «(…) inin yehuantin, in nican omopouh intocah, mochintin tzompanteuctin, mochiuhtihui in Cuitlahuac chanehqueh catcah […éstos, los que aquí se refiere su nombre, todos los tzompanteuctin (hombres de conocimiento), se irían a convertir en los pobladores de Cuitlahuac]» [12].

De todo lo que hemos apuntado podemos concluir que, efectivamente, el creador de Cuitlahuac Ticic fue Mixcoatl, de él nacieron tres personajes, Poloc, Mapach y Teotlahuica, y éstos, a su vez, procrearon a la dinastía de los tzompanteuctin, quienes poblaron y gobernaron la isla hasta la llegada de los iberos. Ahora bien, apoyados en la interpretación del doctor López Austin, podemos afirmar que Mixcoatl era el altepetl iyollo (corazón del pueblo) de los cuitlahuacah, y sus tres descendientes eran los achtohpa tlacaxinachtin (semillas primigenias). El primero es el «(…) dios protector (…) uno por cada pueblo, creador de los hombres» y los otros tres son: « (…) los primeros padres (…) que son los guardas y representantes primeros del dios, de los que desciende todo el pueblo…» [13].

En el plano sagrado nahuatl se piensa que el teotl principal de un pueblo fue su creador, después de él surgen los primeros hombres o progenitores del mismo y de estos últimos descienden todos los habitantes posteriores. Pero el teotl no les da la vida nada más, sino que también les entrega su conocimiento y su oficio, aquello en lo que serán expertos consumados.

Hay que notar que además del teotl principal podían existir otros teteoh que regirían los calpoltin del pueblo. No obstante, en la antigua Cuitlahuac Ticic, el teotl principal y el de los calpoltin era el mismo: Mixcoatl. Esto nos lo confirman los Anales de Cuauhtitlan cuando dicen que un descendiente de Mixcoatl de nombre Quetzalteuctli fundó los cuatro calpoltin del pueblo:

(…) auh inin yehuatl Quetzalteuctli, quin yehuatl quimonnauhcantlalih in nahualteteuctin, contlalih Ticic, Teopancalcan, Tecpan, Atenchicalcan; niman yehuatl quinteuctlahtalhui in Quetzalteuctli.        

(…) «y este Quetzalteuctli colocó a los nahualteteuctin (hombres de conocimiento) en cuatro lugares; colocó (‘fundó’) Ticic, Teopancalcan, Tecpan (y) Atenchicalcan. Luego él, Quetzalteuctli, como su señor, los procuró, habló a favor de ellos» [14].

Así pues, el teotl de los cuatro calpoltin de Cuitlahuac Ticic fue Mixcoatl o Iztacmixcoatl. Al teotl de un calpulli se le llamaba calpulteotl, y los miembros de éste se consideraban descendientes de aquél; sus habitantes aseguraban que el oficio que tenían lo habían aprendido de ese teotl. A este respecto el doctor Alfredo López Austin señala:

La mayor fuerza cohesiva del calpulli partía de la creencia en el calpultéotl, el dios tutelar. Era este dios uno de los del panteón de la religión general; pero ocupaba una posición prioritaria para sus protegidos, al enlazarse míticamente con el origen del grupo. El grupo había nacido bajo el amparo y por la decisión del calpultéotl, y toda la existencia de la comunidad dependía de su acción protectora. (…) Pero el calpultéotl no sólo proporcionaba a sus protegidos la tierra: también creían los antiguos nahuas que del patrono derivaba la cesión de técnicas necesarias para su oficio especializado y la asignación de la especialidad al calpulli [15].

Es pues menester señalar, que Mixcoatl les entregó un conocimiento, un oficio a los habitantes antiguos de Tláhuac; pero, ¿cuál fue ese conocimiento entregado?, ¿por qué bajó Mixcoatl entre los tulares de Cuitlahuac Ticic?

Mixcoatl

Mixcoatl

Mixcoatl poseía dos nombres más: Mixcoaxocoyotl e Iztacmixcoatl; el primero de ellos significa el menor de los mixcoah, un grupo de teteoh asociados a las estrellas. Por su parte, el segundo es más específico con el tema que estamos tratando: iztac significa blanco; mixtli es nube o nubes y, por último, coatl quiere decir serpiente. Lo anterior diría: «serpiente de nubes blancas». Es bien sabido que este nombre, en el México antiguo, era asociado con lo que los griegos llamaban Vía Láctea, es decir, la galaxia en la cual se ubica nuestro sistema solar.

Desde nuestra interpretación, el que haya bajado Mixcoatl o, mejor aún, Iztacmixcoatl, al tular de Cuitlahuac Ticic, significó el momento en que se dio el conocimiento a los habitantes de este lugar. Mixcoatl, como serpiente de nubes, lo cual significa ad metaphoram conjunto de astros, se aposenta en la isla de Cuitlahuac Ticic. Esto, de acuerdo con nuestra perspectiva, significó que las estrellas, es decir, Mixcoatl, bajaron al lago que rodeaba la ciudad antigua. Así, la serpiente de nubes estaba fielmente reflejada en la negrura del lago.

Una vez reflejadas perfectamente las estrellas en el lago, es decir, una vez aposentado Mixcoatl en Cuitlahuac Ticic, los pobladores antiguos de Tláhuac adquirieron el conocimiento estelar, entre otras cosas. Mirando las estrellas fijamente y considerando su posición, los cuitlahuacah sabrían qué pasaría en el futuro. Esta técnica de adivinación es muy similar a la de los granos de maíz que, regados en el suelo, pueden decirnos lo que está por venir. Aquí en Cuitlahuac Ticic los granos fueron sustituidos por las estrellas (cihcitlaltin).

Ésta era una habilidad que tenían los pobladores antiguos de Tláhuac pues, sin duda alguna, debieron haber tenido muchas otras; no en balde su fama de «grandes hechiceros y nigromantes» (si bien apelativos dados desde la perspectiva de los frailes), traspasó fronteras y les confirió un lugar importante en el mundo antiguo, como más adelante veremos. Asimismo, hay que recordar que Ticic, uno de los cuatro calpoltin, significa lugar de titicih, es decir, hombres de conocimiento médico antiguo. Además, se habla de los tzompanteuctin en los Anales de Cuauhtitlan y se especifica su sentido: «[…] ic mocaqui i tzonpanteuctin q(ihtoz)n(equi) nahualteuctin (así se entiende que tzompanteuctin quiere decir nahualteuctin)» [16]. La misma palabra nahualteuctin ya nos habla de un conocimiento profundo, pues muchas veces nahualli da a entender que algo está oculto, que es mágico. Nahualteuctin se puede traducir, libremente, como hombres o señores de conocimiento oculto; el doctor Walter Lehmann en su traducción al alemán, dice que son los «príncipes mágicos» (zauber-fürsten), lo cual también introduce la idea del conocimiento profundo.

Es menester referir que, de acuerdo con la clasificación del doctor López Austin, dos grandes divisiones de los especialistas en el conocimiento profundo eran los titicih y los nahnahualtin [17]. De éstos, a su vez, surgían otros muchos que tenían relación entre sí o se derivaban del mismo. Analizando detenidamente esta situación debemos notar que los de Cuitlahuac Ticic poseían, cuando menos, dos de estas grandes divisiones de los especialistas en el conocimiento oculto–medicinal. Así pues, estamos hablando de un pueblo con una eminente tradición mágica–medicinal y adivinatoria.

Es relativamente conocido el hecho de que Motecuhzoma Xocoyotzin mandó a traer a los sabios de Cuitlahuac Ticic para conocer más acerca de la llegada de los hombres blancos; sin embargo, es poco referido el momento en que este tlahtoani mexihcatl se lamenta mucho por el fallecimiento del «señor de Cuitlahuac Tzompanteuctli», quien poseía un poder mágico–adivinatorio profundo. Así se expresaba el gobernante mexicano, según Hernando Alvarado Tezozomoc: «(…) ¿y no dejó su memoria también hecha junto a su casa el principal y señor de Cuitláhuac Tzompanteuctli? ¿No sabía y entendía otras seiscientas artes de nigromancia? También murió y no hay otra memoria de él» [18]. Conviene decir que en las líneas citadas Motecuhzoma estaba equiparando al tzompanteuctli de Cuitlahuac Ticic con el gobernante de Tetzcoco: Nezahualpilli.

En esta tesitura también habrá que recordar las palabras de don Fernando de Alva Ixtlilxochitl cuando comentaba que Cuitlahuac Ticic era una ciudad muy fuerte «y los ciudadanos eran grandes hechiceros y nigrománticos y que tenían la ciudad por encantada» [19]. Alejándonos un poco de los calificativos hispanos de nigromancia y brujería, tenemos que comprender que la ciudad cuitlahuacatl fue un importante bastión de conocimiento mágico en la época prehispánica, pues aunque las fuentes, las más de las veces, no lo dicen explícitamente, sí se es posible hacer inferencias como las que hemos realizado en los párrafos anteriores.

En relación con el lago y las estrellas, como forma de adivinación, se puede advertir que en la época prehispánica existieron hombres de conocimiento cuya función adivinatoria se hacía con base en el agua; a estos hombres se les llamaba atlan teihtahqueh o atlan tlachixqueh [20], es decir, «los que miran a la gente y a las cosas en el agua», respectivamente.

Resumiendo, debemos señalar algunas cuestiones: el conocimiento estelar, oficio de los cuitlahuacah, se los dio Mixcoatl en su calidad de altepetl iyollo (corazón del pueblo); la «serpiente de nubes» bajó al tular de Cuitlahuac Ticic y de esa manera se reflejó perfectamente en el lago; con base en ese reflejo los tzompanteuctin observaban (tlachia) las estrellas en el agua (atlan) y así sabrían lo que pasaría; todo ello le permitió tener a la isla la fama de «ciudad encantada o hechizada», lo cual, alejándonos de los calificativos hispanos, se debe entender como un pueblo con gran conocimiento de la sabiduría profunda prehispánica. He aquí la importancia del teotl Mixcoatl o, mejor aún, Iztacmixcoatl.

En la actualidad, vía tradición oral, ha perdurado el recuerdo del conocimiento adivinatorio de nuestros antepasados. Así se habla de su capacidad de observar las estrellas y prever el futuro:

Las estrellas reflejadas en el negro espejo servían como medio para la adivinación. En el actual Lago de los Reyes Aztecas los nigromantes tenían un lugar dedicado a la observación; ellos no levantaban la vista al cielo, la sumergían en la profundidad del infinito cósmico reflejado en las aguas [21].      

Asimismo, en una hoja que se hizo circular por el pueblo, se anotaba que los tzompanteuctin «(…) tenían en el lago un aliado indiscutible en su labor, ya que en las noches se convertía en un espejo oscuro, en cuya negritud se transcribían con gran exactitud los destellos celestes» [22]. De esta forma la tradición oral recrea y reinventa «lo que se sabe» de la actividad de sus antepasados.

Lago de los Reyes

Huey Atezcatl o Laguna de Reyes

En nuestros días existe un cuerpo de agua conocido como Lago de los reyes aztecas; el nombre parece ser que se le asignó en la época del delegado Alberto Alvarado Aramburo (1972) para atraer la atención de los turistas; no obstante, su nombre, en castellano, era Laguna de Reyes, porque está situado en el actual Barrio de los Reyes (Calpilco). Es, sin embargo, importante señalar que en nahuatl se llama Huey Atezcatl, que quiere decir «gran espejo de agua»; por lo menos así lo registran hasta el siglo XIX [23]. Además de esta laguna había otras que más adelante veremos.

Pensamos que, principalmente, se debió llevar a cabo el proceso de adivinación en este Huey Atezcatl; tenemos dos motivos: el primero porque esta laguna se encuentra en el calpulli Ticic y, segundo, porque ahí mismo se encontraba el templo (teocalli) en honor a Mixcoatl. Empero, es posible, que la actividad también se llevara a cabo en otras lagunas; sobre todo, habría qué recordar que Cuitlahuac Ticic era una isla y, por lo tanto, toda ella se encontraba rodeada de agua; condición propicia para la actividad adivinatoria en cualesquiera lagunas.

Pues bien, además de Mixcoatl los de Cuitlahuac Ticic tuvieron algunos otros teteoh. La Historia de los mexicanos por sus pinturas nos dice que, al momento de empezar la migración de los pueblos nahuah: «Salió Cuitlahuac y su dios era Amimitl, que era una vara de Mixcoatl, al cual tenían por dios, y por su memoria traían aquella vara» [24]. Este Amimitl se relaciona, como hemos podido observar, directamente con Mixcoatl, pues se dice que era una vara de él mismo y que los cuitlahuacah traían ésta en su memoria. El nombre mismo presenta ciertos problemas para su traducción: por una parte puede derivarse de atl, agua, y de mitl, flecha; la reduplicación mimitl quizás haga más énfasis en el instrumento guerrero. De esta manera quedaría: «flecha de agua», lo cual evocaría la caza acuática, actividad valiosa en el entorno lacustre en el que vivían. No obstante, el doctor León Portilla traduce Amimitl como «flecha cazadora»; esta traducción está basada en el sustantivo mitl, flecha, y en el verbo ami, que significa cazar. Empero, un sustantivo nunca va ligado a algún verbo; la única posibilidad es que el verbo ami se sustantivara quedando amitl, significando cacería, pero esta palabra no se ha podido localizar en diccionario alguno. Así pues, el sentido de Amimitl nos refiere, cualesquiera de las dos acepciones, a la cacería, lo más probable es la acuática, recordando el, otrora, paisaje lacustre que revestía a esta ciudad.

Amimitl

Amimitl

Fray Juan de Torquemada nos aporta algunas cuestiones más al respecto de Amimitl: «En el pueblo de Cuitlahuac tenían sus moradores un dios que llamaban Amimitl, que quiere decir cosa de pesca o caza en el agua, el cual era reverenciado en muchas partes…» [25]. Torquemada enfatiza más este carácter de caza acuática o pesca que venimos sosteniendo; en otras palabras, se puede interpretar esto como la sabiduría del teotl conferida a sus descendientes: los cuitlahuacah, pues, recordemos, que eran diestros pescadores.

Asimismo, fray Juan de Torquemada señala que Amimitl confería enfermedades, sobre todo relacionadas con el agua, y para poder curarse los enfermos tenían que visitar el templo (teocalli) de éste ubicado en la isla de Cuitlahuac Ticic. El culto a este teotl debió ser muy fuerte pues, según este autor, permaneció hasta después de la conquista y, más tarde, afirma, se erradicó [26]. Sin embargo, la presencia de esta potencia creadora, pensamos, duró mucho más de lo que pudieron observar los misioneros católicos; tan es así que a través de los llamados «sincretismos» se ha podido apreciar esto en la actualidad.

Acerca de la vestimenta de Amimitl, los informantes indígenas de fray Bernardino de Sahagún, nos refieren:

Ixahuatl tizatl, / iyamanacoch, / itzoncuetlax, / iquetzaltemal. / Motiza huahuantihcac / iyamaneapanal. / Itzitzil ihcac, / imatlahuahcal, / itzihuactlacuch in imac ihcac.

«Su pintura facial de tiza, / sus orejeras de papel, / su tocado de cuero en la cabeza, / su borlón de quetzal. / (Su cuerpo) rayado de tiza, / tiras de papel sobre su pecho. / Sus campanillas, sus sandalias. / Su recipiente de redes, / con una mano tiene su venablo de cacto» [27].

El doctor León Portilla anota que Eduard Seler relaciona a Amimitl con el mismo Mixcoatl. En efecto, como ya antes vimos, la tradición oral antigua relataba que Amimitl surgió de una vara de Mixcoatl y en memoria de esto los de Cuitlahuac Ticic poseían este artefacto como símbolo de culto y poder del teotl protector.

Así pues, Amimitl como maestro de la caza acuática, es teotl protector de los cuitlahuacah, a los que, además, les ha entregado ese oficio y, aunado a esto, también les ha dado el conocimiento médico antiguo pues, según Torquemada, mucha gente venía a la antigua Cuitlahuac Ticic para sanarse en el templo de Amimitl, «la flecha acuática».

De acuerdo con las crónicas antiguas el compañero de Amimitl, como protector del pueblo de Cuitlahuac Ticic, fue Atlahuah, que han traducido, incorrectamente pensamos, como el dueño de las aguas. La etimología de este teotl es la siguiente: atlatl, lanza dardos, y huah, poseedor. Así a la letra diría «el poseedor del lanza dardos»; desde luego, lo anterior también nos conduce a la caza acuática y la habilidad que los cuitlahuacah tenían para ello. El atlatl o lanza dardos fue muy utilizado en labores propias de la pesca y, tal vez, sea éste el antecedente de la fisga, instrumento que la gente del Tláhuac actual utilizaba para obtener peces en las lagunas aledañas.

De esta forma, Atlahuah completa la idea de la caza acuática y refuerza ésta como actividad principal entre los pobladores de la antigua Cuitlahuac Ticic, porque, según sabemos, éstos en épocas antiguas se dirigían al tianquizco o tianguis de Tlatelolco a trocar el pescado que obtenían [28]. ♦

 

_____

Pies de página

1 Capítulo tres del libro histórico sobre Tláhuac titulado Cuitlahuac iyuhcatiliz, «Memoria histórica de Tláhuac».

2 José Gaos citado en José María Muriá, Sociedad prehispánica y pensamiento europeo. Sepsetentas 76, SEP. México, 1973. 223 p., p. 5.

3 Miguel Pastrana Flores, op. cit., p. 72. El subrayado es del autor.

4 Alfredo López Austin. «El texto sahaguntino sobre los mexicas», en Anales de Antropología. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Antropológicas, Volumen XXVII. México, 1985. 286-335 p., pp. 293-294. La traducción al castellano es nuestra.

5 Rudolf Van Zantwijk. «¿Tlen quihtoznequi  ‘chichimecatl’?», en Estudios de Cultura Náhuatl. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, No. 25. México, 1995, 131-146 p., p. 131. La traducción es nuestra.

6 Rudolf van Zantwijk. «La paz azteca, la ordenación del mundo por los mexicas», en Estudios de Cultura Náhuatl. UNAM, Instituto de Historia, Seminario de Cultura Nahuatl, No. 3. México, 1962. 101-135 p., p. 108. El subrayado es del autor.

7 Rudolf van Zantwijk. Los indígenas de Milpa Alta herederos de los aztecas. Miguel Vilchis Mancera (pról.). Instituto Real de los Trópicos. Ámsterdam, 1960. 100 p., (Colección de Antropología Cultural y Física no. 64), p. 51.

8 En el original decía temohqueh, que es el plural: «bajaron»; es más correcto temohqui: «bajó», pues se refiere sólo a Mixcoatl.

9 Origen de Cuitlahuac…, f. 5v. La traducción al castellano y modernización de la escritura en nahuatl son nuestras.

10 Idem.

11 Codex Chimalpopoca, The text in Nahuatl with a Glossary and Grammatical Notes by John Bierhorst. The University of Arizona Press. Estados Unidos de América, 1992. 210 p., p. 77. La modernización de la escritura y traducción al castellano son nuestras.

12 Idem.

13 Alfredo López Austin. Hombre-Dios, religión y política en el mundo náhuatl. 3ª. Edición, UNAM, IIH. México, 1998. 209 p., p. 115.

14 Codex Chimalpopoca…, p. 77. La modernización de la escritura en nahuatl y la traducción al castellano son nuestras.

15 Alfredo López Austin. Cuerpo humano e ideología, las concepciones de los antiguos nahuas, 3ª. Edición, 2 t. UNAM, IIA. México, 1989. t. 1, pp. 77-78. El subrayado es del autor.

16 Die geschichte…, p. 291. La modernización de la escritura en nahuatl y la traducción al castellano son nuestras.

17 Alfredo López Austin. «Cuarenta clases de magos en el mundo náhuatl», en Estudios de Cultura Náhuatl. UNAM, IIH, Vol. 7. México, 1967. 87-117 p., pp. 95, 107.

18 Hernando Alvarado Tezozomoc. Crónica mexicana, citado en Miguel Pastrana Flores, op. cit., p. 163. El subrayado es nuestro.

19 Fernando de Alva Ixtlilxochitl. Obras Históricas, t. I, p. 319.

20 Ibid., p. 105.

21 Miguel Ángel Rodríguez Palma. «El viaje de los Tizic», en Buenos días Aztlán Cuitláhuac, No. 2. México, julio del 2000, [p. 6]. El subrayado es nuestro.

22 Tláhuac, el lugar de los que vigilan las aguas. Edición mecanográfica, s. f., p. 1.

23 Manuel María Herrera y Pérez. «Tláhuac», en Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Época III, vol. I. México, 1873. 294-303 p., citado en Carlos Justo Sierra, Tláhuac, Ramón Aguirre Velázquez (presentación), José Irabién Medina (proemio). Departamento del Distrito Federal, Delegación Tláhuac. México, 1986. 222 p., p. 211.

24 «Historia de los mexicanos por sus pinturas», en Ángel María Garibay Kintana (ed.), Teogonía e historia de los mexicanos, tres opúsculos del siglo XVI. 4ª. Edición. Editorial Porrúa. México, 1985. 23-66 p., p.40.

25 Juan de Torquemada. Monarquía Indiana, de los veinte y un libros rituales y monarquía indiana, con el origen y guerras de los indios occidentales, de sus poblazones, descubrimiento, conquista, conversión y otras cosas maravillosas de la mesma tierra (Edición preparada por el Seminario para el estudio de las fuentes de tradición indígena, bajo la coordinación de Miguel León Portilla). 3ª. Edición, UNAM, IIH. México, 1975. 7 t., t. III, p. 96. El subrayado es nuestro.

26 Idem.

27 Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses. Miguel León Portilla (tr., paleografía, versión y notas), 2ª. Edición. UNAM, IIH. México, 1992. 173 p., (Textos de los informantes de Sahagún, No. 1), pp. 122-123. La modernización de la escritura en nahuatl es nuestra.

28 Francisco Javier Clavijero. «El comercio en el México antiguo», en Miguel León Portilla, De Teotihuacán a los Aztecas, fuentes e interpretaciones históricas. 2ª. Edición. UNAM. México, 1995. 405-410 p., p. 407.

 

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