La dualidad de Everardo González, bandido social y revolucionario

Marzo 5, 2018.- Este personaje de la Reforma fue tan temido al igual que los Bandidos de Río Frío, los Plateados o El Zarco

Por Eugenio Raúl Ramírez Retana | Revista Nosotros, Núm. 117 | Agosto de 2008

En los montes comunales de Milpa Alta, hacia el pueblo de San Salvador Cuauhtenco, existe un paraje denominado «Campamento de González», que es testigo mudo de muchas gestas durante la Revolución y escondite de las fechorías realizadas por el bandido Social Everardo González, el más temido en la zona del Ajusco.

Este personaje y sus compañeros de mala acción eran temidos en la época de La Reforma, no temían ni al mismo diablo (si es que existe), al igual que los Bandidos de Río Frío como los Plateados [1]o El Zarco, quienes eran salteadores de caminos, pues acometían las diligencias no respetando a las mujeres, hombres y niños para quitarles sus pertenencias. Este bandido fue conocido en la región del Ajusco hasta Milpa Alta con el nombre de Everardo González, aunque también se le conocía como Juan o Pedro González.

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Everardo González

Los habitantes de esta región comentan que el bandido en compañía de su gavilla asaltaba en la Cañada de San Mateo Xalpan, Xochimilco, en el camino que conducía de la Ciudad de México a Cuernavaca y Acapulco. El gobierno de esa época tuvo que actuar muy severamente en contra de los bandidos por quejas de los viajeros que eran acometidos, por lo que se instaló un retén con soldados en ese punto para tratar de acabar de una vez con todas las de la ley con el grupo de bandidos.

Al verse amenazados los salteadores y no poder operar en ese sitio, se trasladaron más al sur en plena Sierra del Chichinautzin, en el paraje llamado La Cruz del Marqués, situado en los límites del estado de Morelos con el Distrito Federal. El lugar les resultó propicio para continuar con sus acciones delictivas, ya que cuando los soldados los perseguían, huían y se ocultaban en el paraje «Campamento de González», donde nadie los encontraba.

De este lugar se cuentan un sin fin de leyendas, como la narrada por el señor Heriberto Eslaba, quien nos dice que él mismo y con amigos fue cómo encontró el camino que los conducía hasta esa interesante cueva. Y agrega: «Logramos penetrar a la cueva; habían rifles y aparejos de animales». También comenta: «Cuando nos metimos hasta adentro se escuchaba una voz que nos dijo: ‘¡Todo o nada!’. En el sentido que si querían el dinero tenía que llegar solo».

«Al poco tiempo regresé y ya no encontré el camino. Al seguir buscando, hallé de regreso unas flechas labradas en la roca que señalaban el rumbo de la cueva. Más adelante encontré en los troncos de los árboles algunas argollas clavadas que seguramente amarraban a los animales de carga, por lo que anduvo buscando la cueva, pero jamás la volví a encontrar…»

El origen de éste bandido es incierto, pero en la ex hacienda de Parres, Tlalpan, encontramos una Cruz en la que se cita simplemente: «González», y señala una fecha, Noviembre 28 de 1875, fecha que precisamente corresponde a la época previo al estallido de la Revolución de 1910. Por otro lado, también se rumora que era originario de Chalco, estado de México, sólo que de esta hipótesis no se han encontrado elementos fehacientes para asegurar su origen chalqueño. Lo que sí se rumora es que cuando falleció, nadie se presentó a reclamar el cadáver, es por ello que fue sepultado en el Guarda de Caballos o Parres, Tlalpan.

La gente decía que los compañeros de Everardo González eran personajes respetados en su lugar de origen, porqué a su gente nunca le quitaron propiedades, por el contrario, les apoyaban con lo obtenido del hurto. Así se recuerdan a los señores Merenciano García, de San Miguel Topilejo, (Tlalpan); Narciso Mendoza, de San Andrés Ahuayucan, (Xochimilco); Felipe Domínguez, de San Salvador Cuauhtenco, y Brígido Molina, de San Pablo Oztotepec, Milpa Alta.

Everado González, el revolucionario

Pasada la Revolución encontramos a uno de los hombres que más destacaron en la lucha por la emancipación del campesino, el general Everardo González, originario del Municipio de Juchitepec, estado de México; inclusive, como muestra de afecto, de cariño y gratitud, aparece en la nomenclatura de la avenida principal el nombre de «General Everardo González».

Bien, el general de división Everardo González Vergara ocupó como cuartel la enorme cueva ya antes citada. Lugar que también ocupó con el mismo fin el general de brigada Antonio Beltrán Cortés, nativo del pueblo de Ayotzingo, municipio de Chalco [2].

La confusión que ha existido desde tiempos inmemoriales, pues como se ha visto fueron de dos personas distintas que por azar del destino se llamaron por igual el mismo nombre y apellido paterno, pero además ocuparon el mismo escondite; uno como guarida y sus compinches y el otro como cuartel para su ejército. El primero fue afines del siglo XIX y el segundo entrado el siglo XX. Esta es la razón por la cual hago hacer notar los datos generales de cada uno de estos singulares personajes y, de paso, darle a cada uno su lugar que les corresponde en tiempo y espacio.

El general de división Everardo González Vergara, que lo califico como el bueno por sus acciones a favor del campesino y como fiel seguidor del General Emiliano Zapata, nació el 15 de agosto de 1880 en el poblado de Juchitepec, estado de México y falleció el 21 de mayo de 1922 a la edad temprana de 42 años. Sus padres fueron Adelaido González y Bárbara Vergara. De este matrimonio nació Félix, Lorenza, Adelaido, Pablo, Everardo y Bardomiano González Vergara.

El matrimonio del general Everardo González fue con la señora Herminia López Jiménez, quienes procrearon a Margarita, Amelia, Consuelo y Everardo González López.

Se incorporó al movimiento armado el mes de abril de 1911, atendiendo al llamado que realizará don Francisco I. Madero. Más adelante, al proclamarse el Plan de Ayala se declaró zapatista, operando militarmente en el sur del estado de México contra las fuerzas maderistas durante el año de 1912.

De 1913 a 1916 combatió contra Victoriano Huerta y Venustiano Carranza en las zonas limítrofes de los estados de Puebla, México y sur del DF, así como en Los Reyes, Chalco, Amecameca y Tepetlixpa. Se encargó de la vigilancia en buena parte del tramo del Ferrocarril Interoceánico.

El general Everardo González se mantuvo en la lucha fiel a los postulados del texto que quedó plasmado en el Plan de Ayala.

Nuestro personaje fue nombrado general de división por el máximo jefe del Ejército del Sur, el General Emiliano Zapata, en la zona fría cercana a los volcanes, por sus proezas a favor de repartir la tierra entre los humildes campesinos. En el mes de abril de 1911 se levantó en armas atendiendo al llamado que realizará don Francisco I. Madero. En 1920, ingresó al Ejército Nacional donde se le reconoció su grado de General.

Como todos los grandes hombres que nunca claudicaron a sus ideales, sus enemigos lo envenenaron en una copa que le invitaron por órdenes del general Álvaro Obregón el 21 de mayo de 1922. Sus restos descansan en la tierra que lo vio nacer: Juchitepec.

Sus familiares del Municipio de Juchitepec comentan que el general tuvo una hija en Yautepec, Morelos, de nombre María González, quién podría proporcionar datos interesantes de su señor padre, pero por mala suerte nunca la localizamos.

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Reconocimiento del Cronista por San Salvador Cuauhtenco a los siguientes Informantes: Profesor Pedro Vergara G. Profesora María del Socorro V. G.; Profesor Urbano Sánchez Yescas; Profesor Adán Caldiño Paz; Señora Irene Vergara G. y Señor Alberto Beltrán. ♦

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Bibliografía:

Sotelo Inclán, Jesús. Raíz y razón de Emiliano Zapata. Fondo de Cultura Económica. México, 1970.

Elizalde Xolalpa, Pedro. Ayotzingo (Monografía). Más de 500 Años de Historia. México, 2006.

1 Jesús Sotelo Inclán nos dice: «En los estados circundantes de la Ciudad de México aparecieron numerosos grupos de bandoleros, conocidos algunos con el nombre de plateados, por adornar sus trajes con motivos de plata; los más temibles y célebres operaron en el Plan de Amilpas, cuyas andanzas ocurridas de 1861 a 1863 inmortalizó don Ignacio Manuel Altamirano en su novela El Zarco.» p. 309.

Se recomienda leer a Manuel Payno, Los bandidos de Río Frío, en particular el Tomo V, capítulo XLIV, «Los dorados», página 57.. Editorial Porrúa. México, 1945.

2 Ayotzingo (Monografía). Más de 500 Años de Historia, p. 79.

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