Los carnavales de México

Febrero 12, 2018.- De la palabra grecolatina «carnavale», que significa «adiós a la carne», el carnaval es una práctica común en diferentes estados de la República Mexicana a partir de la Cuaresma

Publicado en Revista Nosotros, Núm. 68 | Abril de 2004

El carnaval permite el encuentro de bailes, música, juegos, máscaras y representaciones de la vida cotidiana para constituir un ritual indígena, y de práctica común en diferentes estados de la República Mexicana a partir de la Cuaresma, comentó Amparo Sevilla Villalobos, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

De la palabra grecolatina carnavale, que significa «adiós a la carne», la especialista señaló que se trata de una de las fiestas de mayor importancia para diversas etnias, después de las fiestas a la Virgen de Guadalupe o las patronales, debido a que es una manifestación que congrega a las comunidades, por ser una de las tradiciones más simbólicas realizadas anualmente.

Sevilla explicó que los elementos principales de una festividad, para que sea identificada como carnaval, se refieren a que su celebración coincida con un ciclo agrícola o biológico como lo marca la Cuaresma a partir del mes de marzo. Otra característica de los carnavales, dijo, es la posibilidad de un cambio de personalidad a través de un disfraz y de las danzas que satirizan alguna faceta de la vida cotidiana.

Acerca de los orígenes de esta festividad, la especialista explicó que llegan a México desde Europa, a partir del siglo XVI, la cual retoma después diversos elementos de las celebraciones prehispánicas de los aztecas, como las danzas rituales a la diosa de la fertilidad, realizadas en fechas cercanas al equinoccio de primavera.

El carnaval se celebra un día antes al miércoles de ceniza. A partir de entonces comienza la Cuaresma, que a su vez tiene lugar 40 días antes del Domingo de Ramos. Las fechas son movibles debido a que dependen del día en que cae la Pascua o el Domingo de Resurrección cada año. Es decir, el domingo siguiente (entre el 22 y 25 de abril) a la primera luna llena, posterior al equinoccio de primavera (entre el 22 y 25 de marzo).

Con lo anterior se demuestra que existe una similitud entre las fechas en que se llevaron a cabo las celebraciones prehispánicas, al inicio del ciclo agrícola, y las festividades católicas como la Semana Santa. Al respecto, la especialista mencionó que en la época Colonial se realizaba, en esas fechas, la fiesta de mayor expresión de creencias y prácticas de la religión popular en Mesoamérica.

El Carnaval en los países católicos representa la fiesta más alegre para el disfrute del cuerpo, y concede la posibilidad de tener otra personalidad mediante el uso de máscaras y disfraces, como parte de un espacio donde se come, bebe y danza, «como si se fuera a acabar el mundo», refirió.

Amparo Sevilla coincide con la frase de Jaques Galinier, que reza: El Señor de la Muerte llega cada año a fecundar a las mujeres. Este hecho es considerado el mensaje implícito del carnaval, que a decir de la investigadora, está vinculado con la celebración de Todos los Santos, se relaciona con el culto a los ancestros. Por ello, la tradición asume la colocación de ofrendas, danzas, la presencia de diablos y otros personajes que se burlan de la realidad mediante el juego.

Más adelante, comentó que el diablo es uno de los personajes que le da vida al espíritu carnavalesco, aunque se trata de un demonio que puede ser benévolo o causar males, según el trato que reciba en esos días de veneración, como la ratifican algunos estudios realizados en los estados de Puebla, Querétaro Hidalgo, San Luis Potosí, Tamaulipas y Veracruz, integrados en la región de la Huasteca.

Para diferenciar algunos de los carnavales que se celebran actualmente, Amparo Sevilla explicó que en el carnaval de Pantepec, Puebla, los pobladores otomíes se visten con las ropas de familiares fallecidos. Mientras que en Tlalchilco, Veracruz, las creencias de los tepehuas acerca de la vida y la muerte se vinculan con los símbolos de la fertilidad. En ese sentido, los personajes recrean una boda, y las danzas hacen referencia a la nueva cosecha.

En el estado de Chiapas sobresale la danza corte de gallo, que consiste en degollar a una de estas aves, después de un recorrido a caballo, considerando que este animal es emblemático del carnaval, de acuerdo con Amparo Sevilla. Inclusive, la especialista citó que en la Biblia se relaciona con la Resurrección de Cristo, además de estar asociado con el concepto del amanecer y del nuevo ciclo de vida.

Con las celebraciones de los mixtecos en Oaxaca puede apreciarse un juego que simboliza el duelo entre el hombre y la naturaleza; con ese fin, los hombres se visten de diablos, mujeres o animales como el jaguar, para que, dentro de la danza de los tejorones (máscaras) el felino luche contra un toro o una vaca.

A su vez, en el carnaval de Tlaxcala son tradicionales las danzas de origen europeo del Siglo XVIII, las cuales consisten en un baile de parejas caracterizado por el cruzamiento de líneas. En este caso, explicó Sevilla Villalobos, es clara la influencia española en la indumentaria compuesta por trajes de hombres barbados con ojos azules; sin embargo, se incorporan materiales como las plumas de aves, de origen prehispánico.

Amparo Sevilla Villalobos vertió su opinión respecto a los carnavales turísticos como el de Veracruz o de Sinaloa: «Detrás de esa aparente alegría desbordante que ofrece un espectáculo de desenfreno, sólo se trata de una industria que promueve el consumo dentro de toda la serie de ofertas que ofrece el espectáculo. Lo que queda en escena es una doble máscara de los personajes, la máscara que cubre el rostro y la del supuesto espíritu carnavalesco», dijo.

Esas celebraciones «han perdido todos los elementos originales del carnaval indígena, lo más preocupante es que su difusión hace pensar que esta festividad consiste en un simple desfile».

Acerca de los carnavales de México en la zona de la Huasteca, Amparo Sevilla Villalobos, al lado de algunos colaboradores, publicó la obra De Carnaval a Xantolo (contacto con el inframundo), que consiste en una recopilación acerca del simbolismo de las celebraciones indígenas conservadas en México. ♦

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