La ruta de Hernán Cortés a Tenochtitlan

Febrero 4, 2018.- En el presente capítulo (de su libro «Cronología histórica de expedientes inéditos de San Andrés Mixquic, 1519-1821»), Carlos Mancilla Castañeda se refiere a la ruta que siguió Cortés el ocho de noviembre de 1519

Por: Carlos Mancilla Castañeda | Nosotros Núm. 69 | Abril de 2004

Empezaré con la narración que hace Bernal Díaz del Castillo en su Historia Verdadera de la Conquista, en la que se dice lo siguiente: (Habla Bernal de otra noche pasada en Mizquic y la parada anterior en Tlalmanalco, para seguir por Cuitlahuac –hoy Tláhuac– a Iztapalapa.

«(Tachado en el original) que no podíamos andar, y los mismos caciques decían a sus vasallos que hiciesen lugar, e que mirasen que éramos teules, que si no hacían lugar nos enojaríamos con ellos. Y por estas palabras que les decían nos desembarazaron el camino e fuimos a dormir a otro pueblo que está poblado en la laguna, que me parece que se dice Mezquique (Mizquic), que después le puso nombre de Venezuela, tenía tantas Torres y grandes cúes que blanqueaban, y el cacique de él y principales nos hicieron mucha honra, y dieron a Cortés un presente de oro y mantas ricas, que valdría el oro cuatrocientos pesos; y nuestro Cortés les dio muchas gracias por ello. Allí se les declaró las cosas tocantes a nuestra Santa Fe, como hacíamos en todos los pueblos por donde veníamos, según pareció, aquellos de aquel pueblo estaban muy mal con Moctezuma, de muchos agravios que les habían hecho y se quejaron de él [1]».

Bernal Díaz del Castillo.- «Este soldado historiador, compañero de Cortés y que asistió á la Conquista, es testigo presencial de los hechos que refiere: cuenta que por sus propios ojos vio ó lo que oyó de los mismos indios. Es además un narrador honrado y verídico; su ingenuidad se revela en todas sus páginas, y su relato puede tomarse por la verdad misma. El manuscrito del valeroso soldado que se gloriaba de haberse encontrado en ciento diecinueve batallas y reencuentros de guerra, permaneció inédito hasta el año de 1632 en que lo publicó el Padre Remón, pero desgraciadamente lo adulteró en algunos puntos.

El original se conserva en el archivo del ayuntamiento de Guatemala, y han sido inútiles los esfuerzos hechos para conseguir una copia y publicar la verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva España [2]».

Existe una confusión en lo que dice Bernal Díaz del Castillo en su Historia Verdadera de la Conquista, al referirse al hecho de que haya Hernán Cortés pernoctado y visitado el pueblo de Mizquic en su camino hacia la Gran Tenochtitlan. A continuación se mencionan los siguientes relatos de historiadores y cronistas.

Hernán Cortés en sus «Cartas de relación» (en especial la segunda carta del 30 de octubre de 1520), dice:

«Oy otro día yendo conmigo aquellos principales que de parte de Mutezuma me dijeron que me esperaban allí, me partí y fui a dormir cuatro leguas de allí a un pueblo pequeño que está junto a una gran laguna y casi la mitad de él sobre el agua de ella, y por la parte de la tierra tiene una sierra muy áspera de piedras y peñas donde nos aposentaron muy bien».

Este pueblo del que habla Cortés en su relato fue Ayotzingo. De este lugar Cortés menciona:

«Y yo me partí luego tras ellos muy acompañados de muchas personas que parecían de mucha cuenta como después pareció serlo; y todavía seguía el camino por la costa de aquella gran laguna, y a una legua del aposento donde paré vi dentro en ella, casi dos tiros de ballesta, una ciudad pequeña que podría ser hasta de mil o dos mil vecinos, toda armada sobre el agua, sin haber en ella ninguna entrada y muy torreada, según lo que de fuera parecía, y otra legua adelante entramos por una calzada tan ancha como una lanza jineta, por la laguna adentro de dos tercios de legua, y por ella fuimos a dar en una ciudad hermosa, aunque pequeña, que hasta entonces habíamos visto, así de muy bien labradas casas y torres como de la buena orden que el fundamento había por ser armada toda sobre agua; y en esta ciudad, que será hasta de dos mil vecinos. Nos recibieron muy bien y nos dieron bien de comer y allí me vinieron hablar el señor y los principales de ella y me rogaron que quedase allí a dormir, y aquellas personas que conmigo iban de Motezuma me dijeron que no parase, si no que me fuera a otra ciudad que está a tres leguas de allí que se dice Iztapalapa [3]».

Del pueblo que habla Cortés que estaba a dos tiros de ballesta y no pasó ni llegó a él, es el de Mixquic, sin haber para el mismo ninguna entrada.

William H. prescott en su Historia de la conquista de México, Libro III. Capítulo VIII, señala:

«Al descender de la zona montañosa Hernán Cortés y su ejército Cristiano. El Primer lugar en que descansaron fue Ayotzingo ciudad de considerable extensión y una gran parte de la cual estaba fundada sobre estacas introducidas en el agua. Fue la primera muestra que vieron los españoles de esta arquitectura lacustre. Los canales que cortaban la ciudad en lugar de calles, presentaban una escena muy animada por el número de barcos que suavemente lo subían y bajaban cargadas con provisiones y otras efectos para los habitantes, aquí en este lugar pernoctó volviendo a emprender la marcha del ejército, siguió la orilla meridional del lago de Chalco, cubierta entonces de nobles selvas y pobladas de huertos abundantes en frutas propias del otoño, de nombres desconocidos; pero de ricos e incitadores colores. Dejando la ribera, llegaron los españoles al gran dique o calzada que se prolonga por unas cuatro o cinco millas y dividía al algo de Chalco de Xochimilco hacia el poniente. A la mitad del camino que atravesaba el lago, hizo alto el ejército en la ciudad de Cuitlahuac, lugar de mediana extensión, pero célebre por la hermosura de sus edificios, los más bellos dice Cortés que hasta entonces había visto en el país. Después de tomar algún descanso en este lugar, continuó su marcha a lo largo del dique de la calzada, pasó el ejército a la estrecha punta de tierra que divide las aguas el lago de Chalco de las de Tezcoco, atravesando esta península, entraron a la residencia Real de Iztapalapa [4]».

En este escrito no se menciona para nada que Cortés y su ejército hayan visitado y pernoctado en Mixquic.

«Decimatercera relación de la venida de los españoles y principios de la ley evangélica» escrita por don Fernando Alva Iztlilxóchitl.

«Y finalmente después de muchas cosas que sucedieron, y los nuestros pasaron hasta Ayotzingo, en donde les salió a recibir el Rey Cacama ofreciéndoles su ciudad de Tezcoco, si querían ir a ella, los cuales, especialmente el capitán Cortés se lo agradeció mucho y le dijo que por entonces no había lugar, que para otra vez le haría merced, por que iban por la posta a ver a Moctecuhzuma. Y así Cacama dio la vuelta para Tezcoco, y desde aquí se embarcó para México y llegado que fue dio razón de todo lo que había visto, y como los españoles estaban muy cerca porque ya estaban en Iztapalapa [5]».

De manera que el día 7 de noviembre salió Hernán Cortés con su ejército y sus aliados de Ayotzingo y luego pasó por Cuitlahuac, hoy Tláhuac, y fue a pernoctar a Iztapalapa. El 8 de noviembre de 1519 salió Moctezuma con su sobrino Cacama y su hermano Cuitlahuac y toda su corte a recibir a Cortés (que en esta ocasión estaba en donde es ahora San Antón).

Francisco Javier Clavijero en su Historia antigua de México, libro VIII relata:

«De Ayotzingo pasó el ejército español a Cuitláhuac, ciudad de dos mil vecinos fundada en una isleta en medio del lago de Chalco;  pero aunque pequeña, era, según dice Cortés, la más  bella que hasta entonces había visto, comunicaba esta isleta con la tierra firme por medio de dos calzadas formadas sobre el mismo lago, anchas y cómodas».

«En Cuitláhuac fueron bien alojados y regalados. El señor de aquella ciudad se quejó secretamente con Cortés de la tiranía de su soberano y se confederó con él y le facilitó la ida a México».

«De Cuitláhuac salieron por la otra Calzada para Iztapalapa» [6].

Fray Toribio de Benavente o Motolinía en su Historia  de los indios de la Nueva España, dice:

«Entre los pueblos ya dichos de la laguna dulce, el que más diligencia puso para llevar frailes a que los enseñasen, y en ayuntar más gente, y en destruir los templos del demonio, y todo cercado de agua, y mucha gente; y tenían muchos templos del demonio, y todo él fundado sobre agua; por lo cual los españoles la primera vez que en él entraron lo llamaron Venezuela (hoy Tláhuac)» [7].

La conquista de Anáhuac, lecturas históricas mexicanas, de Carlos Pereyra, sobre el paso de Cortés por Chalco (Lienzo de Tlaxcala), nos indica:

«De Tlalmanalco pasaron a Ayotzingo, en donde fueron recibidos por Cacama, rey de Tezcoco y sobrino de Motecuhzuma. Cacama insistió en que Cortés retrocediese, que no le quedaba sino decir que me defenderían el camino, si todavía por fiase ir».

«Salieron de Ayotzingo, caminaron por las orillas del agua y penetraron por una calzada entre el lago de Chalco y el de Xochimilco, para llegar á Tlahua (entonces Cuitláhuac). Otra calzada los llevó á la tierra firme, entraron en Iztapalapa, situada a la orilla del lago de Tezcoco, en donde fueron recibidos por Cuitláhuac, señor del lugar» [8].

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México a través de los siglos, tomo III, menciona:

«El 6 de noviembre salió el ejército de Amaquemecan, pasó por Tlalmanalco y rindió la jornada en Ayotzingo, inmediato a Chalco. Al día siguiente al ponerse en camino, llegó Cacama en unas andas en hombros de la nobleza, y dijo á Cortés insistió, y casi tras los embajadores salió el ejército; siguió por el dique, dejando a un lado Mizquic; llegaron los españoles á Cuitlahuac que les pareció muy hermosa ciudad, continuaron por la orilla del lago de Texcoco hasta Itztapalapan, y ahí fueron recibidos y aposentados por Cuitlahuac» [9].

Carácter de la conquista española en América y en México, de Genaro García, señala:

«De Azotzinco partieron los españoles para Cuitlahuac, y llegados que fueron enviaron a llamar a todos los principales que se llaman Chinampanecas, y habláronles de la manera que habían hablado a los montañeses o serranos, y luego ellos vinieron en confederarse con los españoles. Desde que hubieron reposado algún día los españoles en Cuitloac, partiéndose para Ixtapalapa» [10].

México tierra de volcanes, de Joseph H. L. Schlarman, nos relata:

«El 6 de noviembre, llegó Cortés a Ayotzingo, junto al lago de Chalco, Cacamatzin, sobrino de Moctezuma, visitó Cortés con una comisión de personajes distinguidos para acompañar a los españoles a México».

«Sin embargo, ‘os ruego todavía, que si es posible, os deis la vuelta atrás’. Pero esto no entraba en los planes de Cortés, que había escrito a Carlos V: ‘Pensaba ir a verle, donde quiera que se hallase’. En este lugar pernoctó y el día 7 partió rumbo a Ixtapalapa» [11].

Manuel Orozco y Berra en su Historia antigua y de la conquista de México, Tomo IV, con respeto a la ruta que siguió Hernán Cortés hasta llegar a la Gran Tenochtitlan, acota lo siguiente:

«Casi tras los embajadores salieron los castellanos de Ayotzingo. Costeando las orillas del lago vieron dentro del agua a Mixquic, lugar a su cuenta de unos dos mil vecinos, pequeña y muy torreada o llena de Teocalli. Entraron luego por una calzada ‘tan ancha como una lanza jineta’, la cual formaba como un dique entre los lagos de Chalco y de Xochimilco, la cual daba paso a la población de Cuitlahuac (hoy Tlahuac). La ciudad asentada sobre el agua, les pareció la más hermosa de las hasta entonces vistas, así por sus edificios y templos, como por el orden y compostura. El señor del lugar dio abundantemente de comer a los blancos, los obsequió con los regalos de costumbre, y aun les suplicó se quedasen ahí a dormir aquella noche; más los nobles mexicas no consintieron esto último, pues ya estaba prevenido alojamiento en Iztapalapa, tres leguas adelante. De Cuitlahuac salieron por otra calzada hasta tomar la tierra firme rumbo a Iztapalapa» [12].

México a través de los siglos, en el tomo IV, página 191, señala:

«En los primeros días del mes de enero de 1531 llegaron los oidores de la Segunda Audiencia: Juan Salmerón, Alonso de Maldonado, Francisco Ceynos y Vasco de Quiroga. El 25 de Septiembre de 1531 llegó a México el Presidente de la Audiencia el obispo don Sebastián Ramírez de Fuenleal.

Con el objeto de asegurar el buen trato á los indios, formó una junta que estudiara la situación en que se encontraban los vencidos, vigilara el cumplimiento de las disposiciones de los monarcas y estuviera ampliamente autorizada para remediar los abusos. Formaron parte de esta junta entre otros el obispo Fray Juan de Zumárraga. Lo primero que hizo esta audiencia fue reducir el tributo que debían pagar los indios a dos reales, es decir, a la cuarta parte de una onza de plata, haciéndose extensiva esta tasa no sólo a los tributarios de la Corona sino también a los indios que estaban en repartimiento por lo que tenían que pagar a los encomendados; se pusieron en vigor las cédulas reales que prohibían el excesivo trabajo personal de los naturales, que se les emplease como bestias de carga y que se les obligase a trabajar contra su voluntad sin retribución en las fábricas, y se les concedió que en sus ciudades y pueblos eligiesen sus alcaldes y regidores para la administración de Justicia, conforme a la legislación española a partir de la Segunda Audiencia».

«Se inicia la vida democrática en los pueblos ribereños de los lagos de Chalco y Xochimilco para que los naturales eligiesen a su Presidente Municipal, sus regidores y sus pueblos alcanzarían las categorías de Repúblicas».

«A partir de esta disposición los naturales tendrán derecho a recibir un salario por su trabajo consistente en reales ya sea en las fábricas como la construcción de casas, iglesias, conventos, o alguna otra obra en el trabajo de campo y las minas» [13].

Historia de los indios de la Nueva España, de Fray Toribio Motolinía, Tratado III, capítulo 20, reseña:

«En cada pueblo tenían un ídolo o demonio el cual tenían principalmente como su abogado, y a éste honraban y ataviaban de muchas joyas y ropas y todo lo bueno que podían haber o le ofrecían, cada pueblo como era y más en las cabezas de provincias».

«Estos principales ídolos con las insignias y ornamentos o vestidos de los demonios escondieron los indios unos so tierra, otros en los montes. Después cuando se fueron los indios convirtiendo y bautizando, descubrieron muchos, y traíanlos a los patios de las iglesias para allí los quemar públicamente. En otros pueblos estos principales ídolos con sus atavíos estuvieron en poder de los señores o de los principales ministros de los demonios, y éstos los tuvieron tan en secreto que apenas sabían de ellos sino dos o tres personas que los guardaban, y de éstos también trajeron a los monasterios para quemarlos grandísima cantidad. A donde ha llegado la doctrina y palabra de Cristo no ha quedado cosa que sepa ni de que deba hacer cuenta porque si desde aquí a cien años cavasen en los patios de los templos de los ídolos antiguos, siempre hallarían ídolos, por que eran tantos los que hacían; por que acontecía que cuando un niño nacía hacían un ídolo y al año otro mayor, y a los cuatro años otro, y como iba creciendo así iban haciendo ídolos y de estos los cimientos y las paredes llenas, y en los patios hay muchos de ellos».

«En el año de mil quinientos treinta y nueve y en el año de mil quinientos cuarenta algunos españoles, de ellos con autoridad y otros sin ella, por mostrar que tenían celo de la fe y pensando que hacían algo, comenzaron a revolver la tierra, y a desenterrar los muertos, y apremiar a los indios porque les diesen ídolos; y en algunas  partes llegó a tanto la cosa, que los indios buscaban ídolos que estaban podridos y olvidados debajo de la tierra, y aún algunos indios fueron  tan atormentados, que en realidad de verdad hicieron ídolos de oro y de Chalchihuit, que es una piedra de mucho precio y fantaseábaseles que había un ídolo de oro que pesaría un quintal o diez o quince arrobas y la verdad gastaron y pusieron en cobro, y lo hubieron en su poder los españoles que primero tuvieron en su poder los indios y pueblos en su encomienda. También pensaba hallar ídolos de piedra preciosa que valiese tanto como una ciudad; y cierto aunque yo he visto muchos ídolos que fueron y muy temidos entre los indios y muy atacados como dioses principales, y algunos chalchihuitl, y el que más me parece que podría valer puesto a la almoneda no pienso que darían en España por él diez pesos de oro; para esto alteraban y revolvían y escandalizaban los pueblos con sus celos en la verdad indiscreta. Por que ya que algún pueblo haya algún ídolo o esta podrido o tan olvidado o tan es secreto que en pueblo de diez mil ánimas no lo saben cinco, y tienen en los que ellos son, que es tenerlos o por piedras o maderos, estos pobres indios que tienen los ídolos tan olvidados como si hubieran cien años que hubieran pasado».

Sobre el particular téngase presente la cédula de 4 de septiembre de 1536 que concedía a la Corona la mitad del monto de los hallazgos.

Esta cédula despertó la codicia y el deseo de los españoles de requisar el oro y el chalchihuitl, que los indios hubiesen tenido guardado o enterrado incrustado en sus ídolos, vasijas y las cosas que el difunto apreció más en su vida, otra de las razones fue el celo de la fe cristiana aunque esto fue secundario, por estas razones, los españoles con el afán de enriquecerse, obligaron a los indios a desenterrar a sus muertos a buscar y sacar los ídolos que ya estaban podridos y olvidados debajo de la tierra, como los españoles no quedaban conformes con los ídolos requisados, empezaron atormentar y a presionar a los indios y estos volvieron hacer ídolos y se los dieron a los españoles para que los dejasen de maltratar.

Por estas razones como la de la fe y la codicia del oro en todos los pueblos ribereños y las islas de Tlahuac y Mixquic de los lagos de Chalco y Xochimilco existieron tantísimos ídolos algunos completos y la mayoría semidestruidos que permanecieron intocables durante los trescientos años de dominación española, o de la Época Colonial por que los curas eran muy celosos y nunca permitieron que los indios hicieran prácticas idólatras o tuvieran guardada alguna figura de barro y piedra o de obsidiana en su casa, porque cuando el cura del pueblo se llega a enterar que alguno de sus feligreses, tenía uno o varios ídolos guardados en su casa, entonces lo mandaba aprehender, lo encarcelaba y sí le comprobaba que efectivamente tenía algún ídolo o realizaba alguna practica idólatra, lo acusaba del delito de superstición y herejía, formándole un expediente y remitiéndolo al Juzgado General de Naturales, si el acusado no se retractaba o desmentía la causa de la acusación, entonces de este lugar era remitido a los tribunales del Santo Oficio, de la Santa Inquisición donde era internado en una cárcel secreta, para continuar con la averiguación hasta sus últimas consecuencias.

Un ejemplo de lo que aquí se ha mencionado fue el caso de Manuel Gutiérrez o Manuel Mixpan, acusado del delito de superstición, el cual quedó escrito en el volumen 1055, expediente 14 del Ramo Inquisición.

Durante la época del México Independiente, como la fe religiosa estaba muy arraigada en la población, los indios por temor a ser excomulgados no le volvieron a dar importancia a los ídolos, siguieron enterrados y olvidados hasta que a fines del siglo XIX, por órdenes del general Porfirio Díaz se empezó hacer el rescate histórico de la cultura prehispánica con respecto a los terremontes; en estos lugares, las personas que se han dedicado a escarbar la tierra, para desenterrar ídolos o piezas hechas de barro, jade, piedra o de obsidiana se han encontrado muchísimas piezas de estas en terremontes como el de Santo Domingo, que actualmente pertenece al pueblo de San Juan Ixtayopan, y en el pasado fue propiedad del pueblo de San Pedro Tláhuac, que se encuentra ubicado en lo que fue el Lago de Chalco, también existen otros terremontes, en los pueblos de San Francisco Tlaltenco y San Luis Tlaxialtemalco, que se encontraban ubicados dentro de lo que fue el Lago de Xochimilco [14].

En los pueblos que actualmente forman parte de la delegación Tláhuac se han encontrado gran cantidad de ídolos, vasijas, caritas, cuchillas, puntas de flechas de obsidiana, collares, pequeñas pirámides, molcajetes de barro y de piedra, metates, braseros, juegos de pelota, coyotes, ídolos de piedra y de tezontle. ♦

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Citas:

  1. Díaz del Castillo, Bernal. Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España. Editorial Porrúa. México, 1962.
  2. Riva Palacio, Vicente. México a través de los siglos. Tomo I. Editorial Cumbre. México, 1987.
  3. Hernán Cortés. Cartas de relación. Colección Sepan Cuántos. Editorial Porrúa. México, 1963.
  4. William H. Prescott. Historia de la conquista de México. Colección Sepan Cuántos. Editorial Porrúa, p. 248-249. México, 1970.
  5. Alva Ixtlilxóchitl, Fernando. Relación de la venida de los españoles. Colección Sepan Cuántos. Editorial Porrúa, p. 225 y 226. México, 1982.
  6. Clavijero, Francisco Javier. Historia antigua de México. Colección Sepan Cuántos. Editorial Porrúa, p. 330. México, 1964.
  7. Motolinia, F. Toribio de. Historia de las Indias de la Nueva España. Colección Sepan Cuántos. Editorial Porrúa, p. 79. México, 1969.
  8. Pereyra, Carlos. La conquista de Anáhuac. Lecturas históricas mexicanas. Editora Nacional México a Través de los Siglos. México, 1958.
  9. Ibíd. México a través de los siglos
  10. García, Genaro. El carácter de la conquista española en América y en México. Biblioteca Nacional. Segunda edición, p. 173-174. México, 1901.
  11. Shalarman, Joseph H. L. México, tierra de volcanes. Editorial Porrúa, p. 51. México, 1965.
  12. Orozco y Berra, Manuel. Historia antigua y de la conquista de México. Tomo IV.
  13. Ibíd. México a través de los siglos…
  14. Ibíd. Fray Toribio de Motolinía…

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