Revelan rostro de mujer de la Era del Hielo

Enero 28, 2017.- La Mujer de Las Palmas es uno de los tres esqueletos más antiguos de América, hallado en una cueva inundada cercana a Tulum, Quintana Roo.

Publicado en Nosotros, Núm. 134 | Agosto de 2010

Gracias a la reconstrucción del aspecto físico de uno de los tres esqueletos humanos más antiguos del continente americano, ahora es posible ver a uno de nuestros ancestros más remotos: la Mujer de las Palmas, quien vivió en la Era del Hielo (hace 10 mil años) en lo que hoy es la Península de Yucatán, y cuya osamenta fue extraída en 2002 por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia de las profundidades de una cueva inundada cercana a Tulum (Nosotros, número 116).

La recreación de cómo pudo haber sido esa antigua mujer se llevó a cabo en el taller Atelier Daynés, en Francia, bajo patrones establecidos por antropólogos físicos mexicanos, quienes determinaron que el esqueleto encontrado por los espeleobuzos James Coke y Jerónimo Avilés en la cueva Las Palmas, a 4.5 kilómetros de Tulum, era de un individuo del sexo femenino, entre 44 y 50 años al momento de morir, con un metro 52 centímetros de estatura y peso de 58 kilos.

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La Mujer de las Palmas ilustró la portada del número 134 de la revista Nosotros

El esqueleto fue encontrado prácticamente completo (90 por ciento) y en muy buen estado de conservación, por lo que pudieron practicarse los más avanzados estudios de antropología forense.

La escultura de cuerpo completo permite aproximarse a las características físicas que pudo tener la Mujer de Las Palmas, cuya antigüedad oscila entre los 10 mil y 12 mil años.

Su estructura corporal, piel y ojos es semejante al de las poblaciones del sureste asiático, lo que refuerza la hipótesis de que al continente americano no sólo llegaron movimientos migratorios del norte de Asia, sino también del centro y del sur.

Hasta el momento se ha logrado la recuperación y estudio de tres esqueletos: la Mujer de Las Palmas, la Mujer de Naharon y el Hombre de El Templo.

La escultura de la Mujer de Las Palmas se elaboró en el mismo taller donde se hizo la reproducción de Lucy (fósil de Australopithecus, de 3.2 millones de años), que se exhibe en la Sala de Introducción a la Antropología, del Museo Nacional de Antropología.

Alejandro Terrazas, antropólogo físico de la UNAM, dijo que uno de los descubrimientos a partir del estudio del cráneo de la Mujer de Las Palmas es que su fisonomía no corresponde con las características de las poblaciones indígenas mexicanas y tampoco a los pobladores más antiguos de América, como los paleoamericanos y los amerindios. «Su rostro se asemeja más a la gente del sureste asiático, como la de Indonesia, lo que indica que el continente americano fue poblado con varios movimientos migratorios, no solamente a partir de una o dos oleadas procedentes del norte de Asia a través del Estrecho de Bering, como refiere una de las teorías más divulgadas».

En su opinión, «la historia no es así de sencilla, fueron muchos movimientos; lo que nos revela la Mujer de Las Palmas es que hubo más migraciones del centro y sur de Asia, a partir de las cuales se dio una evolución local en América, acarreando una gran diversidad de poblaciones ya existente durante la época de la cultura clovis (13 mil 500 años)».

Al ser expuesta al público, la escultura de la Mujer de las Palmas estuvo acompañada de las reconstrucciones virtuales de los rostros del Hombre de Tepexpan (4,000 años aproximadamente), la Mujer del Peñón (10,755) y el Hombre del Metro Balderas (10,500 años), cuyos esqueletos representan los ejemplares más antiguos del Centro de México, y que se encuentran bajo resguardo del INAH.

«La reconstrucción de estos tres hologramas, elaborados en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, se basó en estándares para poblaciones indígenas mexicanas que dan parámetros del ancho de la nariz, la forma de la boca y de las órbitas de los ojos, entre otros rasgos; a partir de éstos se identificaron las características del rostro definiendo cada músculo, glándula, tejido, grasa y grosor de la piel», explicó Terrazas.

Pero, advirtió, «sólo se trata de aproximaciones, porque nunca se podrá estar completamente seguro de cuál fue la fisonomía de los primeros pobladores de América», concluyó. ♦

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