Unidades habitacionales acaban con Cerro de la Estrella

Enero 20, 2018.- Hasta 2004 «quedaban 200 hectáreas, pero las últimas 10 le fueron arrebatadas por intereses políticos para construir unidades habitacionales»

Publicado en revista Nosotros Núm. 69 | Abril de 2004

El proceso para que el Parque Nacional Cerro de la Estrella, en Iztapalapa, obtenga la declaratoria como Zona Federal de Monumentos Arqueológicos, y con ello poner fin a la desmedida construcción de unidades habitacionales una vez que se haya puesto en forma el uso de tenencia de suelos, continúa adelante.

Al respecto, Raúl Arana Álvarez, colaborador del Proyecto de Investigación Antropológica Cerro de la Estrella (PIACE), dijo que el objetivo es salvaguardar de manera integral ese espacio que originalmente abarcaba en la década de los 30 del siglo pasado alrededor de mil 200 hectáreas, periodo en el que obtuvo el rango de Parque Nacional, gracias a un decreto promovido por el entonces Presidente de la República, Lázaro Cárdenas (1934-1940).

Sin embargo, la desmedida urbanización de la capital provocó que dicho perímetro se redujera en los últimos 60 años a aproximadamente 200 hectáreas –una disminución del 90 por ciento–, de las cuales, la petición de declaratoria contempla 190, luego de la ocupación habitacional de las diez restantes. El curso de la resolución procede adecuadamente. «En estos momentos ya se cuenta con la aprobación de la Secretaría de Educación Pública (SEP)», dijo Raúl Arana.

Además de contar con la garantía del programa sexenal, de concretarse la declaratoria como Zona Federal de Monumentos Arqueológicos, el Parque Nacional Cerro de la Estrella obtendría una reglamentación y compromisos específicos de diversas instancias como el INAH, la SEP y el Gobierno del Distrito Federal.

«Esta es la primera iniciativa de carácter interdisciplinario realizada en el sitio, de ahí que los trabajos incluyan el rescate arqueológico, biológico y antropológico del lugar», dijo el especialista. Ejemplo de ello fue el estudio previo de la vegetación característica de la zona (encino, espinosilla, maguey y pericón, entre otras especies) con la finalidad de dar paso a una reforestación y al establecimiento del Jardín Etnobotánico Huizachtépetl, en terrazas prehispánicas, como las que fueron utilizadas para el cultivo de maíz.

Por su parte, los antropólogos sociales se han dado a la tarea de difundir las tradiciones y fiestas más representativas de las poblaciones aledañas, así como su organización y significado.

En el aspecto arqueológico, del que es responsable Raúl Arana, la continuidad pretende la exploración en «ondas concéntricas» con el fin de recabar información fehaciente acerca de la presencia de las culturas tolteca, teotihuacana, culhuacana y mexica en el Cerro de la Estrella.

A diferencia de la primera etapa de esfuerzos que significó la fase más ambiciosa del PIACE, la cual requirió de dos millones de pesos, de los cuales un millón 100 mil fueron destinados a la parte arqueológica, –debido a que contemplaba el trabajo realizado en el Conjunto Arquitectónico del Templo del Fuego Nuevo–, para el presente año y dado el tipo de excavación, fueron otorgados 900 mil pesos para todo el programa.

Como resultado de la inversión en la estructura prehispánica, se llevó a cabo la consolidación de muros originales en sus partes erosionadas, y se determinaron las cinco etapas de construcción, realizadas entre los años 500 (a. C.) y el 700 (d. C.).

Arana Álvarez refirió que Iztapalapa, al pie del Cerro de la Estrella, fue una población lacustre cuando se hallaban los grandes cuerpos fluviales de Texcoco y Xochimilco. Habitada al menos desde hace más de cinco mil años, encontró su esplendor durante la ocupación azteca desde el siglo XIV hasta el XVI, cuando en la cumbre del cerro, entonces denominado Huizachtépetl, el (cerro de los huizaches) se celebró en 1507 la última ceremonia del Fuego Nuevo.

La importancia de los vestigios, es decir, la conservación de parte de la estructura original del templo –pirámide donde se realizó esa ceremonia– ocasionó que el grupo que actualmente integra el PIACE interviniera en el sitio. «Lo que más nos motivó fue la incredulidad de los vecinos, quienes no creían que ese fuera un monumento arqueológico».

«A través de los trabajos no sólo de investigación, sino de trámites administrativos, se logró que la zona ya no fuera invadida y comenzara a tomar el carácter de parque natural, siempre en pertenencia de la comunidad», concluyó.

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