La Biblioteca «Quintil Villanueva Ramos» de Tecómitl

Enero 18, 2018.- En 2004 cumplió 21 años de servicio a pesar de «las piedras en el camino» que le pusieron al inicio

Por: Manuel Garcés Jiménez | Revista Nosotros Núm. 69 | Abril de 2004

Cada inmueble, al igual que los hombres que lo edificaron, tiene su origen e historia. Por ellos han pasado numerosas generaciones y en su interior persiste el calor humano, el entusiasmo y la alegría de niños y jóvenes, como es el caso de la Biblioteca Delegacional «Quintil Villanueva Ramos», única en su tipo, que se encuentra ubicada en las inmediaciones del Centro de Salud «Gastón Melo», de la Escuela Secundaria 9 «Teutli» y del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos número 15 del IPN, en San Antonio Tecómitl, en la delegación Milpa Alta.

En la década de los 80 en Milpa Alta no había bibliotecas, por lo que era necesaria la construcción de una donde los estudiantes de todos los niveles tuvieran un espacio idóneo para la consulta de libros, diccionarios, enciclopedias, revistas especializadas y de todo el legado cultural.

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La construcción de la biblioteca

La historia de la Biblioteca dio inicio con la primera petición por escrito fechada en el mes de mayo de 1979. Las peripecias no se hicieron esperar, por lo que fue el 20 de enero de 1981 cuando se puso la primera piedra para su edificación, cuya construcción culminó dos años después, y sin esperar la inauguración oficial comenzaron las actividades al público en general el siete de agosto de 1983.

El nombre del profesor Quintil Villanueva Ramos fue muy significativo, debido a que el ilustre mentor fue un luchador social, gestor de diversas obras públicas como la introducción del agua, kiosco, ampliación de calles y avenidas; obras educativas como la Secundaria 9 «Teutli» y la primera escuela primaria, además de haberse preocupado por la salud de la gente al gestionar la construcción del actual Centro de Salud tipo «A», obras que han dado servicio a los habitantes de Milpa Alta y a los de Tláhuac y Xochimilco, así como del municipio de Chalco, en el estado de México.

Cabe hacer mención que el día en que fue develada la placa asistieron Miguel López Azuara, director general de Publicaciones y Bibliotecas; Ana María Magaloni, directora adjunta de Bibliotecas; Carolina Hernández Pinzón, delegada política de Milpa Alta, además de los profesores Roberto Noriega, Loreto Ramos, Miguel Blancas, Marco Antonio Villanueva, Alfredo Yescas Abad, así como Carlos, Gloria Emma y Agustín Timoteo Villanueva Yescas; el presbítero del lugar, Amado Segovia, y quien esto escribe en su carácter de presidente del Patronato que se abocó a la construcción del inmueble.

La biblioteca fue el fruto maduro de la lucha de un grupo de personas oriundas de Tecómitl. Por este motivo, en su vigésimo primer aniversario consideré importante recordar la historia de la biblioteca, la cual fue publicada en 1992 en el tomo cinco de los testimonios Historias de mi pueblo, edición del Centro de Estudios Históricos del Agrarismo en México; relato que me hizo acreedor al primer lugar (por el pueblo de Tecómitl) del concurso previo, ganando un buen lote de libros y un reconocimiento firmado por la doctora Carlota Botey Estapé y el delegado en turno.

La justificación para la creación de la biblioteca fue que con el objetivo de alcanzar una de las prioridades inmediatas que complementara la cultura de San Antonio Tecómitl, y dado que la ubicación geográfica del pueblo que se encuentra como eje en una amplia zona que comprende parte de los estados de México y de Morelos, así como del sureste del Distrito Federal, entre las delegaciones de Tláhuac y Xochimilco, los habitantes del poblado de Tecómitl se dieron a la tarea de luchar por una biblioteca digna en acervo bibliográfico, para satisfacer las necesidades de esta gran región.

El toque especial del acervo bibliográfico es un mural pintado entre 1987 y 1988, elaborado por el maestro Ariosto Otero Reyes, donde se ve grabado la síntesis de la historia del lugar con imágenes precisas que nos trasmite lo que fue «(…) la lucha de la comunidad por su cultura, y muestra además, el tránsito del pasado al presente de un pueblo que crece entre cananas, lágrimas y adelitas, y a los ejércitos libertadores que brotaron de las tierras del Sur, guiados por Zapata». En este mural aparecen dos personajes importantes: el profesor Quintil Villanueva y el general Lázaro Cárdenas; este último en varias ocasiones visitó a los campesinos de Tecómitl, quienes construían su escuela secundaria, la cual finalmente él mismo vino a inaugurar el cuatro de marzo de 1938.

Como vemos, cuando se habla de inmuebles, es porque hay alguien –por fortuna– que los vio nacer, y por lo tanto conoce a fondo su razón y origen.

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la manzana de la discordia

Génesis de la Obra

A dos años de haber fallecido el apreciable maestro Quintil Villanueva, los habitantes del poblado de Tecómitl fundan el patronato que tiene como finalidad realizar la tramitación correspondiente para lograr la magna obra.

¿Cómo se enteraron los habitantes de Tecómitl del proyecto que tenía la Dirección General de Bibliotecas para que cada delegación tuviera por lo menos una biblioteca regional?

Todo se debió a la participación activa de un grupo de jóvenes integrados en un grupo llamado Club Juvenil Teutli, que se dio a la tarea de realizar una compilación de libros usados para enriquecer el acervo de la biblioteca de la comunidad que se encontraba en la Coordinación del poblado.

Una de tantas acciones del club fue «El kilómetro del libro», que consistía en que los donadores de textos los depositaban en hilera; sin embargo, para cubrir las expectativas fue necesario realizar peticiones por escrito para la posible donación de libros, que se giraron tanto a la propia delegación de Milpa Alta como a casas editoras, embajadas y a la misma Secretaría de Educación Pública. Esta última fue la clave. ¿Quieren más libros? Acudan a la Dirección General de Bibliotecas. Esa respuesta fue la piedra angular de nuestra historia.

Bien recuerdo que asistí a aquella oficina, ya que en ese tiempo fui presidente del Club Juvenil Teutli, y es ahí donde se me informa que la Dirección General de Bibliotecas y Publicaciones de la Secretaría de Educación Pública había programado la necesidad de construir una biblioteca central en cada delegación del Distrito Federal, que a su vez sirviera de apoyo a la bibliotecas pequeñas ya existentes.

Ante tal noticia los habitantes del poblado de Tecómitl fundan el patronato, con la finalidad de realizar la tramitación correspondiente para lograr la magna obra, cayendo la responsabilidad en quien escribe estas líneas.

Fue el 15 de mayo de 1979 cuando se elabora el primer documento dirigido a la Dirección General de Bibliotecas. En aquel año sus oficinas se localizaban en la calle de Córdova 23, cuarto piso, en la Colonia Roma, a cuyo cargo estaba la maestra Guadalupe Carrión. En dicho documento se justificaban las razones, más que suficientes, para construir una biblioteca en Tecómitl.

La respuesta no tardó en llegar a través de una asesora de la DGB, quien informó que tal petición debía canalizarse a través del delegado del Departamento del Distrito Federal de la jurisdicción correspondiente, para que el asunto tuviera un carácter formal, apoyado lógicamente por un determinado grupo de habitantes del poblado. En aquella administración estaba como delegado político (como entonces se les llamaba) el licenciado Umberto (sic) Navarro González.

Ante tal situación, algunos profesores del poblado se reunieron para realizar los trámites correspondientes, ellos fueron: Alfredo Yescas Abad, Pedro Melo, Manuel Garcés Jiménez, Miguel Blancas Silva, Roberto Noriega Medina y Loreto Ramos Roldán.

Una vez organizados los profesores, visitan al licenciado Umberto Navarro, delegado en Milpa Alta, para hacerle patente la inquietud que se tenía, quien viendo el entusiasmo de los mentores envía un documento el siete de agosto de 1979 a la profesora Guadalupe Carrión, directora de Bibliotecas, en el que se solicitaba la construcción de una biblioteca pública en Tecómitl. Además, se aclaraba textualmente en dicho escrito lo siguiente: “Estoy informado también de que vecinos de Tecómitl están en la mejor disposición de donar por la vía legal un terreno con la superficie para dicha construcción, lo que hace que esta delegación estimule este logro y lo respalde con acciones».

Con el entusiasmo que se tenía y la intervención directa del delegado Umberto Navarro, hasta ese momento todo era alegría y esperanza de que todo llegara a feliz término, más aún, faltaba mucho por recorrer, por lo que, para no errar, los citados profesores elaboraron el 14 de agosto de 1979 otro escrito en apoyo al suscrito por el delegado, en el cual se hizo hincapié en la necesidad inminente, para los estudiantes y población en general del acervo, lo mismo que su importancia para la población del sureste del Distrito Federal y el estado de México.

En tal petición se ofrecía por vez primera a la Dirección General de Bibliotecas un terreno, donado por los habitantes del lugar, a través de una fotocopia del documento que amparaba tal donación. Además de los mentores que solicitaban tal edificación, fue respaldado el documento con firmas de los representantes de diversas organizaciones del poblado: la Junta de Vecinos, el Club Juvenil Teutli, el Comisariado Ejidal y el representante de los estudiantes y profesionistas de la localidad.

Una rendija de tenue luz de esperanza se vio brillar con la contestación al delegado de Milpa Alta con el documento del 17 de agosto de 1979, en la cual la directora de Bibliotecas y Publicaciones aclaraba al delegado político, entre otras cosas, lo siguiente: «Le agradezco su comunicación del siete de agosto en la cual me informa usted de su interés por que se construya una Biblioteca Pública en el pueblo de San Antonio Tecómitl. Vecinos de esta población visitaron la Dirección de Bibliotecas hace ya algunas semanas formulando esta misma petición que usted ahora respalda».

En ese mismo comunicado se señalaban los objetivos de la Dirección General en el caso de nuevas construcciones, y en el caso de Tecómitl, la directora terminaba su oficio con el siguiente texto: «(…) Señor delegado, tendré mucho gusto en platicar personalmente con usted sobre los apoyos que puede ofrecer la Dirección General de Publicaciones y Bibliotecas y la forma en que los brinda».

Una vez más, hasta este momento, todo parecía halagador.

Pasaron los días, semanas y meses, y no se veía nada en claro, por lo que las visitas de los profesores y algunos vecinos del poblado no se dejaron esperar, tanto a la Dirección de Bibliotecas como a la delegación política de Milpa Alta, ya que se tenía la firme idea de que el trabajo en equipo lograría el objetivo trazado.

Los obstáculos

Lamentablemente las piedras en el camino no se hicieron esperar, las noticias de la edificación del inmueble en Tecómitl causó la movilización de los habitantes de la cabecera delegacional, conducidos por la junta de vecinos de Villa Milpa Alta, para que la biblioteca se construyera en ese lugar y no en Tecómitl. Ante tal situación, el delegado empezaba a retractarse a pesar de haber brindado su apoyo, argumentando tajantemente que «lo ideal sería que la biblioteca se construyera en la cabecera delegacional por ser una biblioteca de grandes magnitudes, y no en Tecómitl».

Por lo visto, la historia se repetía en Tecómitl al tratarse de obras materiales autogestionadas. Primero fue con la Escuela Secundaria número 9 «Teutli», lo mismo con el Centro de Salud y, más tarde, con el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos número 15 (CECyT) del IPN (antes Vocacional). Obras trascendentes que se lograron a pesar de la oposición de intereses políticos.

Tales situaciones se repetían, pero la historia finalmente ha dado lecciones fidedignas de que a través de la organización, la tenacidad, el entusiasmo y el cariño por fomentar la cultura en la región y el amor por Tecómitl, el anhelo por la Biblioteca no podía desfallecer, por lo que en ese momento se dio un carácter  más formal a este movimiento dando motivo a que el grupo de profesionistas gestores se constituyeran en un Patronato Pro-Construcción de la Biblioteca, cuyo objetivo era romper los obstáculos que se oponían a tal aspiración, ratificándose entonces a los profesores Manuel Garcés Jiménez como presidente; Miguel Blancas Silva, secretario; Alfredo Yescas Abad, tesorero; Roberto Noriega Medina y Loreto Ramos Roldán como vocales, personas que, si bien habíamos iniciado la gestión, ahora más que nunca nos abocaríamos a finiquitarla a como diera lugar.

Una vez establecido el Comité Pro-construcción de la Biblioteca se dio a la tarea nuevamente en visitar a la titular de la Dirección General de Bibliotecas y Publicaciones para plantearle los pormenores que se habían suscitado en la tramitación de la misma, haciendo énfasis en que la Biblioteca era necesaria desde hace varios años y que la muestra fehaciente era la disposición del poblado, cosa que se demostraba en la donación del terreno, así como los trámites que se habían previamente realizado. Se hizo hincapié en la solidaridad del pueblo de Tecómitl, cuando se trata de obras para beneficio colectivo, así como en la disposición de cooperar con materiales y dinero para la construcción, si fuera necesario.

La maestra Guadalupe Carrión se mostró interesada por todo lo antes descrito, y aún más cuando recibió (de manos del presidente del Patronato) el libro de la historia de la Escuela Secundaria «Teutli» en su 25 aniversario, en la que también se encuentra implícita la historia de Tecómitl en cuanto al logro de sus obras materiales, sociales, educativas, deportivas y culturales.

Al término de la plática se entregó nuevamente la petición por escrito, en la cual se especificaba la donación del terreno de mil 340 metros cuadrados (donde anteriormente se encontraban los lavaderos públicos), mismo que fue firmado por los integrantes del Patronato.

Ante el peligro de que la gran obra cultural se fuese a construir en otro lugar y no en Tecómitl, se tuvieron que aprovechar todas las coyunturas para hacer eco de tal petición, como fue la visita mensual del regente de la Ciudad, Carlos Hank González, a la cabecera delegacional.

Quien esto escribe, hizo la petición por escrito y leyó todos los trámites realizados hasta ese momento, para finalmente entregarle al regente las fotocopias correspondientes a las escrituras del terreno propuesto.

En la ponencia se aclaraba textualmente lo siguiente: «En pláticas sostenidas con la maestra Guadalupe Carrión, directora general de Bibliotecas, hemos logrado su anuencia para que sea en San Antonio Tecómitl el lugar donde sea edificado lo que será una biblioteca regional. Además, la Dirección General de Bibliotecas ha ofrecido asesoría técnica para la construcción del edificio, para el personal administrativo, así como la dotación de libros; nosotros por nuestra parte hemos cumplido con el ofrecimiento de un terreno que se adecua a las condiciones y características que la Dirección General de Bibliotecas ha exigido. Por ello señor, en esta honorable asamblea y en forma pública, hacemos entrega del terreno mediante las fotocopias de las escrituras de dicho predio y que amparan una superficie total de mil 340 metros cuadrados, que la comunidad de Tecómitl dona al Departamento del Distrito Federal para la construcción de la biblioteca delegacional».

La contestación del Regente fue, por fortuna, alentadora, ya que, según él, «tenía antecedentes», por lo que pidió públicamente paciencia para analizar la situación planteada.

La luz de la esperanza

Ante tal insistencia y presión del Patronato, por fin el delegado político, Umberto Navarro González, optó definitivamente por la construcción del acervo cultural en Tecómitl, envió el 30 de mayo de 1980 un oficio a la Dirección General, en el cual aclaraba: «Con referencia a su atento oficio B-630 con fecha del 17 de agosto de 1979, me es grato ratificarle la solicitud expresa en mi oficio N° 460 de fecha siete de agosto del mismo año, consistente en el buen deseo de que la Biblioteca Regional de la Delegación de Milpa Alta, sea construida en el pueblo de Tecómitl».

La edificación

Después de tantas peripecias, durante un año y ocho meses por fin se dio la buena nueva: la aprobación de la construcción de la biblioteca, por lo que el 20 de enero de 1981, en presencia de Adriana Salinas, subdirectora de Bibliotecas, del delegado Umberto Navarro González y del arquitecto Héctor Iván Hernández, fue colocada la primera piedra de la que más tarde sería la magna obra, orgullo de Tecómitl y del sureste del Distrito Federal.

Por fin, el sueño anhelado del profesor Quintil Villanueva Ramos quedaba realizado, se empezaba a construir la biblioteca para los habitantes de la región.

La develación de la placa de bronce

De hecho no existió la inauguración oficial, pues ésta empezó a trabajar el siete de agosto de 1983 y el ocho de marzo de 1984 fue la fecha en que fue develada la placa donde se reconoció oficialmente el nombre del acervo: Biblioteca Regional «Profesor Quintil Villanueva Ramos». Estuvieron como invitados de honor Miguel López Azuara, director general de Publicaciones y Bibliotecas; Ana María Magaloni, directora adjunta de Bibliotecas; Carolina Hernández Pinzón, delegada de Milpa Alta, y los directores de las escuelas de Tecómitl.

El toque final, un mural

A tres años de haber sido develada la placa, en 1987 el inmueble fue elegido por las autoridades de la SEP para que el maestro muralista Ariosto Otero realizara uno más de sus famosos murales en donde, en síntesis, logró plasmar la historia del pueblo, historia narrada por quien esto escribe y proporcionando diversas fotografías del insigne profesor Quintil Villanueva, quien cuya figura fue incluida en el mural, en el ángulo superior derecho, con los gestos y libros bajo el brazo que caracterizaban al mentor. ♦

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*Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

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