La primera juventud de Salvador Novo

Enero 16, 2018.- Con motivo del aniversario del fallecimiento del poeta, ensayista, dramaturgo e historiador mexicano, el pasado 13 de enero, recuperamos el siguiente artículo acerca del ensayo de Irving Domínguez sobre «La estatua de sal»

Revista Nosotros, Núm. 77 | Febrero de 2005

Salvador Novo podría ser acusado de corromper el ideal «Ciudad de México» erigido en la memoria literaria, pero su aparente maledicencia abre la ruta histórica para sacar del anonimato a toda una generación de ciudadanos que vivían sus afectos en un espacio de excepción, paradójicamente construido en una zona de tránsito pesado: el Centro Histórico.

El curador independiente Irving Domínguez lleva a cabo una interesante investigación, cuyo objetivo es crear un mapa de los sitios recorridos por el cronista, poeta, periodista y dramaturgo, en ese perímetro, mediante sus memorias plasmadas en su obra La estatua de sal y algunas de las imágenes resguardadas en la Fototeca de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH.

Aunque no se trata de una de las obras más representativas de la crónica de Novo (1904–1974), como La vida en México, Nueva grandeza mexicana o El joven; La estatua de sal –publicada de manera íntegra por Conaculta en 1998–, es un texto que antecede cronológicamente a esas publicaciones por el desarrollo de los hechos, libro en el que su autor «va de la confidencia al cinismo, y de la crónica a la reevaluación».

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La estatua de sal es la obra que impulsó a Domínguez a vincularla con elementos fotográficos, el Centro Histórico de la Ciudad de México con información que Novo consigna sobre calles, edificios y habitantes, durante su primera juventud, entre los años de 1917 y 1921.

«Se trata de una lectura de las imágenes que está movida por una necesidad de ubicar. En el espacio y en el tiempo, una cierta cartografía del deseo, además de figurar esa otra ciudad a través de la cual Salvador Novo se desplazó, contenida en el apartado cuadro del Centro Histórico», expresó.

Si bien existen referencias a otras colonias en La estatua de sal, como la Guerrero, donde Novo vivía con su familia y sus tíos, la San Rafael o la Roma, él mismo las declara «excéntricas», es decir, fuera del área de acción de sus encuentros lúbricos e intelectuales.

Incluso, es notorio que la vida familiar y su contacto con miembros de la generación Los Contemporáneos, entre ellos, Jaime Torres Bodet y Bernardo Ortiz de Montellano, sucede fuera del Centro Histórico. Aunque años más tarde serán clientes del Café París. Inicialmente estas visitas sucedían en el domicilio de Altamirano 116 (donde vivía Bodet).

La primera fuente para el estudio que espera derivar en una exposición fue el mencionado libro; sin embargo, «al estudiar el plan facsimilar del mismo –que está en la edición de 1998–, descubrimos un proyecto destinado a revisar la vida de Novo desde su infancia y hasta 1945, el cual no se completó».

«Novo interrumpió esas memorias cuando llegó a sus primeros 20 años. Las razones que motivaron el fin de esa redacción no son del todo claras. Respecto de las imágenes, examiné dos de las colecciones del acervo de la Fototeca del INAH, específicamente la de Manuel Ramos y la que pertenece al Proyecto Zona Centro Ciudad de México».

1917, el año cero

Para Irving Domínguez, quien presentó un ensayo sobre el tema en el pasado Tercer Congreso de Cronistas «De los canales prehispánicos a los segundos pisos», la vocación literaria de Novo hace coincidir su descubrimiento de la Ciudad de México con su despertar sexual. «1917 se transforma en el año cero, cuando el escritor regresa de Torreón, Coahuila, a la capital, para ingresar a la Escuela Nacional Preparatoria».

Ahí entabla amistad con David «Niño» Arce y, juntos, se van de «pinta» para conocer Chapultepec y la Alameda. Novo reconoce la necesidad imperiosa de explorar las calles al tiempo que «…entre la escoria y la casa se extendía, larga, la seductora, desconocida ciudad, convocándome a recorrerla, a sentir en ella el disfrute de mi inédita libertad.

«Previamente, en La estatua de sal Novo expone su vida familiar y aconseja una zona periférica tanto en el desarrollo del texto como en su ubicación, respecto al Centro Histórico. La Colonia Guerrero representa, junto con la San Rafael y la Santa María La Ribera, el espacio incómodo del cual debe independizarse.

«Las únicas referencias clave a ese territorio familiar serán la casa del tío, ubicada en la calle de Pino, desde donde se veían las feas torres de hierro del Museo de Historia Natural de la calle del Chopo.  Y Mina 95, que no casualmente era la casa de la familia de Xavier Villaurrutia –amigo de Salvador–, y donde vivían también los siete hermanos de éste», detalló.

Inmediatamente que Novo sale del ámbito familiar empieza a elogiar a la ciudad, cuyo lujo le provocaba su disfrute inmediato. La búsqueda de espacios empieza en el Cine Vicente Guerrero; después sus complicidades con otros personajes darán frutos y vincularán la alcoba con las rutas del transporte público.

«De su amistad con Ricardo Arnecio Robles, Clarita Vidal para los amigos, Novo da rienda suelta a su gusto por los trabajadores al volante, un chofer llamado Arturito, que piloteaba uno de los primeros camiones de pasajeros a la Colonia Roma, generó en un principio de enamoramiento que le hacía guardar largas horas en la esquina de Tacuba y Brasil, al regreso de su vehículo».

De quienes entendían con una mirada. La ruta de Novo

A partir de esa anécdota se despliegan de manera explícita, otras veces como referencias superficiales, los lugares dentro de los cuales Salvador Novo reafirma su identidad sexual y crea vínculos con otros jóvenes, «con amistades entrañables que él mismo sacrificará a favor de su éxito como personaje público, años más tarde».

Las calles de Luis Moya, la flamante Madero o la Iglesia de Santo Domingo, son lugares propicios para el ligue y el tráfico del placer.

Después de pasar por muchos cuartuchos, Novo se hace con Villaurrutia y Gustavo Villa (alias la Virgen de Estambul), para rentar un amplio cuarto en un edificio de despachos en la esquina de Donceles con Argentina, al suponer el actual Colegio Nacional. Se mudará dos veces más, una a la calle de Pensador Mexicano y otro más al edificio de Brasil 42, en el cual también habitaría el pintor Roberto Montenegro.

Aunque Novo sea el protagonista de La estatua de sal, no tiene la oportunidad de inmortalizar a un grupo considerable de personajes, ya sea por utilizar seudónimos o velar nombres, entre ellos los de Pedro Henríquez Ureña y Agustín Lazo, además de direcciones, lanzando sospechas muy delicadas para la época.

Por ejemplo, detalló Domínguez, profesor de la materia Análisis de la imagen fotográfica en la ENAH, el inminente general Estrada no escapa de la sospecha de la homosexualidad debido a que el señor despachaba la limosina en la esquina de 16 de septiembre y San Juan de Letrán, para tomar el tranvía de Las Rosas. Este cruce se conocía popularmente como «El resbalón».

«Novo nos priva no sólo de conocer más de su vida personal, sino de la geografía del deseo en la Ciudad de México, que se da de manera subrepticia, de manera oculta ocurriendo en vecindades o en edificios». Llama mucho la atención que su transitar siempre era en las inmediaciones de la Aduana de Santo Domingo o cerca de la Escuela Nacional Preparatoria.

Asimismo, en las calles de Luis Moya y Ernesto Pugibet se rentaban cuartos en vecindades para el ejercicio de la prostitución de manera indistinta. Mientras, el Hotel Iturbide y El Globo son espacios recurrentes en La estatua de sal. La avenida Madero era el paseo de la clase media y es interesante que también en ella se dé el encuentro homosexual.

«Cuando Novo retoma sus memorias en 1945, tiene un trabajo de recuperación absolutamente personal, pero la lectura, vinculada con espacios y lugares físicos, cambia. Falta el registro, en el estudio sobre Los Contemporáneos, de su vida familiar, personal, más que la institucional: Eso hace de La estatua de sal un texto aún más privilegiado», concluyó Irving Domínguez. ♦

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