Si las piedras hablaran en Ayotzingo

Enero 12, 2018.- Fray Martín de Valencia falleció en Santa Catarina Ayotzingo el 21 de marzo de 1534, al momento que iba a ser embarcado para trasladarlo en canoa rumbo a la ciudad virreinal

Por Manuel Garcés Jiménez | Nosotros, Núm. 77 | Septiembre de 2005

Qué daríamos porque se hiciera realidad lo que los poetas dicen acerca de que ¡Si las piedras hablaran! Imaginemos por un momento si estas conversaran y, ante la entrega de las obras de restauración de la iglesia del pueblo de Ayotzingo que conforman el ex convento, viejos muros de la historia empezaran a entablar conversación. ¡Cuántas cosas nos narrarían! Las que se encuentran en el campo, en el monte y las que le dan forma a las construcciones civiles donde albergan un cúmulo de historia, pues han visto pasar muchas generaciones de hombres en las distintas etapas de la historia del pueblo.

Las rocas aferradas a la tierra detallarían con precisión nuestro pasado, pues nos confirmarían cuando el poblado fue fundado a la orilla del Lago de Chalco para regular el comercio de la antigua Acuanahuac (hoy estado de Morelos), pues fue aquí donde se partía en canoa rumbo a la ciudad de Tenochtitlan. Además, nos platicarían de la enorme importancia que tenía este puerto considerado la puerta principal del sur del Valle al mantener a un sinnúmero de canoas, medio de transporte indispensable que se deslizaban sobre las aguas cristalinas que escurrían de los volcanes Popocatepetl e Iztaccihuatl.

Estoy plenamente seguro que estas mismas piedras vieron pasar a los primeros cronistas españoles Bernal Díaz del Castillo, Hernán Cortés, Francisco Javier Clavijero, Francisco Cervantes de Salazar y Francisco de San Antón Muñón Chimalpahin, y con datos bien detallados corroborarían lo escrito en los libros de historia de México. Hablarían de cuando Francisco Javier Clavijero nos menciona que fue aquí donde pernoctó Hernán Cortés y su ejército cuando estos se dirigían hacia el centro del Valle de México donde se encontraba la imponente y mítica ciudad de Tenochtitlan.

Por cierto, encontramos en hojas amarillentas (por el paso del tiempo) de los antiguos libros que se encuentran en el archivo, que fue fray Alonso Ponce quien planificó y dirigió la construcción del inmueble en honor a Santa Catarina, y es George Kubler quien sostiene que posiblemente el convento se empezó a construir entre 1540 o 1550, por lo tanto se le considera patrimonio no sólo de los habitantes de Ayotzingo, sino de todos los mexicanos.

Nuestros testigos mudos, las piedras pegadas con lodo de tierra amarilla y afianzadas con cal natural que juntas hacen los muros y bóvedas del ex convento construido a Santa Catarina Mártir confirmarían que el seráfico y abnegado franciscano fray Martín de Valencia falleció en esta tierra el 21 de marzo de 1534, al momento en que iba a ser embarcado para trasladarlo en canoa rumbo a la ciudad virreinal. Cerró los ojos para siempre ante el limpio azul del cielo de Ayotzingo. También nos relatarían que sus restos fueron trasladados al ex convento de Tlalmanalco, estado de México, mientras que la tradición narrativa lo desmiente, pues hay quienes afirman que se localizan en el Cerro de Techcalco, Amecameca. Pero no viene al caso polemizar por qué como muestra de lo antes narrado observamos su estatua con su nombre inmortalizado en el jardín de Ayotzingo.

Pero ya que tocamos el nombre de este santo varón recordamos cuando el fraile dejó presente su huella perenne no sólo en este lugar, sino en toda la zona con la erección de conventos, iglesias y capillas, y que hoy en día se encuentran de pie en la región del sureste del Distrito Federal: en Xochimilco, Chalco y Milpa Alta, donde además fructificó su palabra.

Dentro del ex convento de Ayotzingo nos detenemos frente al altar mayor donde admiramos el muro de piedras que no se cansan en sostener el retablo de estilo barroco, modalidad salomónica elaborada en el siglo XVII. Su estructura la integran dos cuerpos: predela y un remate de arco rebajado. La dimensión de la estructura es de ocho metros de alto, elaborado de madera de cedro y se encuentra totalmente tallado basándose en hojas y con nichos colaterales, y la parte principal se encuentra en el centro donde aparece la imagen de Santa Catarina. La iconografía de este retablo corresponde a la época Virreinal al encontrar en la pradera a cuatro pequeñas imágenes representando a los principales evangelistas: San Juan, San Marcos, San Mateo y San Lucas.

En el primer cuerpo del retablo, del lado izquierdo aparece Santa Mónica y del lado derecho Santa Clara, en la parte central a Santa Catarina. En el segundo cuerpo observamos otras tres hermosas esculturas, en el centro a la Purísima Concepción flanqueadas por dos santos creadores de las órdenes de los agustinos y franciscanos; a la izquierda San Agustín y por la derecha a San Francisco de Asís, en lo alto a Dios Padre.

Las piedras regadas en el campo y sobre todo en las veredas y caminos reales nos comentarían cómo sintieron las pisadas de herradura de las patas de los caballos de los campesinos de Ayotzingo, quienes lucharon a favor del movimiento revolucionario de 1910 al sumarse a las filas del zapatismo encabezadas por el general Antonio Beltrán, oriundo de esta tierra, al grito de ¡Tierra y libertad!

No hay que olvidar que las piedras de Ayotzingo, las que conforman los  vestigios de la hacienda Santa Rosa –para los insurrectos del régimen de Fulgencio Batista y San Miguel para su propietario–, donde aún persiste la huella perenne de la figura del movimiento internacional en pro del socialismo cuando Fidel Castro estuvo con sus hombres en este lugar.

Nuestros declarantes mudos confirmarían, lo mismo que los vecinos mayores de 70 años del lugar lo recuerdan, cuando en el citado rancho, propiedad del señor Erasmo Rivera Acevedo, la señora Diega Hernández Ibarra cocinaba para un grupo de hombres comandados por el joven e inquieto Fidel Castro, quien llegaba del monte –el Ayaquemetl– cansados y con la ropa desgarrada y terrosa por las prácticas de tiro que realizaban, preparativos para poder salvar a su país de las manos de los yanquis. “En algunas ocasiones les cocinaba en un cazo grande, ya que el grupo era numeroso. Les planchaba, lavaba la ropa, en fin era muy atenta con todos”. Y remata: algunas noches no llegaban, pues sus entrenamientos eran prolongados y rudos.

Los tiempos son distintos y las perspectivas de Ayotzingo van de acuerdo a lo que requiere el poblado, tal es el caso de la restauración del templo agustino, Monumento Nacional, y que gracias a todas las personas que de alguna manera fueron parte esencial para lograr el objetivo, no permitieron que el inmueble continuara deteriorándose. Es por ello que los integrantes del Consejo de la Crónica de la delegación hermana de Milpa Alta hace un enorme reconocimiento a dicha labor, recordando que esto es sólo el inicio del trabajo comunitario, pues quedan pendientes la capilla del Cirión y el rescate de la fachada de lo que fue el ex palacio Municipal.

Antes que las inclemencias del tiempo terminen su deterioro la acción y la buena voluntad de Ayotzingo tienen que adelantarse. ♦

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*Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta, AC.

Fotografía: Códices de Ayotzingo

Ver más en: Cronistas mexiquenses celebran reunión plenaria en Ayotzingo

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