Posadas y piñatas, tradición mexicana

Diciembre 21, 2017.- El poblado de Acolman, en el estado de México, es el lugar emblemático de las posadas y de la piñata, ahí se encuentra el imponente ex convento agustino que resguarda el Museo Virreinal

Por Manuel Garcés Jiménez*

Muchos de nosotros interpretamos a las posadas como la fiesta del «chupe» y  baile, hay quienes piensan que las pre-posadas es el sinónimo del desmadre. Para poder entender su origen y significado se hace necesario adentrarnos un poco de su historia para valorar su sentido cultural.

El panorama de las fiestas decembrinas da origen a elementos imprescindibles que forman parte de una celebración de carácter popular, como son las posaditas y piñatas, quienes contribuyen alegrar al ambiente festivo navideño.

El origen de las posaditas es netamente nuestra, las crónicas refieren que el agustino fray Diego de Soria, prior del convento de Acolman, obtuvo del Papa Sixto, durante su estadía en Europa en 1587, una bula para celebrar en estas tierras de Nueva España las misas llamadas de «aguinaldo», que deberían celebrarse del 16 al 24 de diciembre de cada año. Se clausuraba esta novena con la «misa de gallo» a las 24 horas del día 24 de diciembre, posterior a la «acostada del Niño», introducida por los frailes franciscanos .

Con la licencia papal dio inicio en ese convento la celebración de dichas misas plenas de inusitada solemnidad y alegría. Algo más en detalle: previo a la «Misa de Aguinaldo» se escenificaba el penoso peregrinaje de la Virgen María y San José. La feligresía peregrinaba por el atrio del mismo convento pidiendo posada en tres jornadas, entrando todos así a la celebración Eucarística. Al final de esta liturgia se repartían dulces y fruta a todos los asistentes. Algunos investigadores sostienen que al término de la misa se rompían piñatas.

El poblado de Acolman, en el estado de México, es el lugar emblemático de las posadas y de la piñata, ahí se encuentra el imponente ex convento agustino con su interesante fachada plateresca que resguarda el Museo Virreinal.

Se hace sugestivo saber que la palabra Acolman, que aparece en el Códice Mendocino y en el mapa Quinatzin, proviene de atl, ocuimátl, cuyo significado es una mano, un hombro. Los estudiosos le dan el significado de «hombre que no tenía más que hombros y manos». Miembros para poder romper piñatas.

El templo es impresionante con fachada de estilo plateresco y capilla abierta en altura ubicada en el centro, erigida en el siglo XVI. El vetusto inmueble ha sufrido inundaciones en diferentes periodos. En el año de 1772 fue abandonado totalmente por ese motivo. La última anegación sucedió en 1925.

El 6 de abril de 1933 el ex convento fue declarado Monumento Nacional y desde entonces opera como Museo de Arte Colonial, que cuenta con una rica colección de pinturas con escenas bíblicas y diversas piezas de arte prehispánico.

En uno de los patios existe una cruz del siglo XVI tallada en piedra volcánica, única en su género. Las anchas paredes y su arquitectura hacen ver a este lugar como una verdadera fortaleza.

Al explorar los laberintos del inmueble es posible evocar perfectamente el modo de vida y costumbres de los frailes agustinos, es como en un viaje al pasado. Quedan vestigios de las celdas de los frailes, especialmente acondicionadas para que se dedicaran a la contemplación, meditación y la escritura.

Las crónicas señalan que la olla de barro era vistosamente adornada con papel de china, el cual representa los placeres superfluos; en tanto que su originalidad con siete picos representa los pecados capitales: avaricia, lujuria, pereza, ira, gula, soberbia y envidia.

Los colores la tentación, la colación y la fruta los placeres que se ofrecen; la persona con los ojos cubiertos es la fe ciega guiada por el espíritu cristiano; las golosinas y caramelos simbolizan el reino de los cielos.

Los habitantes de Acolman conservan una arraigada tradición organizando en el mes de diciembre la Feria de la Piñata, en la cual es posible observar distintas formas, tamaños y colores. ♦

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*Presidente de la Crónica de Milpa Alta.

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Bibliografía:

Fray R. Baltazar Torres. La orden de los agustinos en la evangelización (1521–1590). Editorial Kyrios.

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