Tlayacapan, sobre la punta de la tierra

Diciembre 4, 2017.- «En el siglo XVIII a Tlayacapan se le nombraba la ciudad de los cirios. Muy grandes, grandísimas las fábricas eran», dice Rafael Gaona en su libro «El diablo en Tlayacapan»

Por Manuel Garcés Jiménez | Revista Nosotros, Núm. 65 | Diciembre de 2003

Por la carretera Xochimilco-Oaxtepec se llega a Tlayacapan, poblado pintoresco situado en las estribaciones de la Sierra del Chichinauhtzin y del Tepozteco; aquí su gente se ha dedicado desde tiempos ancestrales a preparar la tierra y modelarla para expresar su arte en monumentales cazuelas de cuatro orejas hechas para las grandes ocasiones familiares, además de sahumadores, candeleros y figuras policromadas para las celebraciones de día de muertos, todo expuesto para su venta en numerosos establecimientos situados en los extremos de la carretera principal y calles aledañas, donde se ofrecen además la cerámica de los estados de Michoacán, Puebla, Oaxaca, y Guerrero, lo que convierte a Tlayacapan en la capital del barro.

Con motivo de los días de muertos, anualmente se organiza la Feria Cultural donde está presente la Feria del Barro.

Tlayacapan es un poblado antiquísimo, proviene de las raíces del náhuatl tlalli, tierra; yacatl, termina y pan, lugar o encima, lo que vendría a significar «sobre la punta de la tierra». Para otros, bien vendría a significar “«nariz sobre tierra».

En una interesante revista llamada Centro Ceremonial Tlayacapan, de Andrés Alarcón Carmona, encontramos datos importantes que nos trasladan al mundo mágico-religioso del México prehispánico de ese lugar:

«Por tradición siempre ha sido enlace de comerciantes entre los estados de Puebla, Guerrero, Michoacán y México con Xochimilco. Está centrado en los cuatro puntos cardinales, por el norte está la loma Amixtepec –Cerro de lluvia–, es ésta la parte más alta del pueblo, es también entrada de la antigua Tenochtitlan de donde se ven los hermosos paisajes y los imponentes cerros, con sus perfiles de dioses. Por el sur están los cerros llamados Yacatecuhtli –dios y guía de los comerciantes–, Tenaquiáhuac –arrabal– es la parte más baja donde se juntan las cuatro barrancas, que en el temporal recogen el agua corrediza de lo que comúnmente llamamos aguaceros, mismos que desembocan en Tepexitl –altura o precipicio–. Al oriente está la loma llamada Pala –color–, ésta es la entrada de los primeros rayos del sol. Al poniente está la inigualable historia, en la cordillera de los cerros que lucen todo el esplendor de su hermosura al ser cubiertos por las mañanas por los primeros rayos del sol y por la tarde, estos cerros llamados Tlatoani y Xihualopapalotzin –mujer mariposa–, lucen con la puesta del sol una silueta obscura que hace un hermoso contraste con el rojo brillante del sol».

Sus habitantes se sienten orgullosos de vivir en la tierra del danzante popular llamado «chinelo», es por ello que se levanta una estatua en uno de los jardines: por lo tanto, podríamos considerar a Tlayacapan como la cuna del chinelo del estado de Morelos. Además, tienen una de las mejores bandas del estado, la Banda de Tlayacapan, la cual ha viajado con éxito a la Unión Americana, Cuba e Inglaterra, y ha regresado con reconocimientos y premios por sus actuaciones. Su director fundador, don Brígido Santamaría, ha luchado por promoverla; actualmente su hijo hace lo mismo, pero además promueve desde hace cuatro años la Feria del Barro, donde está presente la cultura con audiciones musicales de bandas de viento de varios estados de la República.

Uno de tantos lugareños que guardan en su memoria infinidad de historias del poblado es el señor Atanasio Morales Campo, de 101 años de edad, quien nos comenta que hace 20 años, aproximadamente, los artesanos extraían el barro en forma clandestina de un terreno particular. Durante el periodo del gobernador Lauro Ortega se alivió en cierta medida el problema de la materia prima al comprar el terreno para ser donado a los artesanos. Desde entonces se incrementó el trabajo de alfarería a través de la venta, principalmente los sábados –día de tianguis–, aumentando el auge con la construcción de la carretera Xochimilco-Oaxtepec.

La artesanía de alta temperatura puede ser adquirida por el visitante a la entrada del pueblo, rumbo a Oaxtepec, donde la familia quien la produce aprendió su técnica en la República Popular China a iniciativa del gobernador Lauro Ortega, quien en su momento invitó a todos los artesanos, pero ante el temor de la gente a salir de su terruño hacia un lugar tan alejado de su país, solamente fue la actual familia que la produce y, por ende, goza de prestigio debido a su producción de cerámica en gran escala y de muy buena calidad.

Precisamente, frente a un costado de la plaza principal, hacia el poniente se puede apreciar la Casa de Cultura del pueblo, antiguo inmueble de la que fuera fábrica de cerería, la cual dio fama al poblado.

«En el siglo XVIII a Tlayacapan se le nombraba la ciudad de los cirios. Muy grandes, grandísimas las fábricas eran. Mire, desde tiempos muy antiguos la cerería agarró su auge por cuestión de la abeja silvestre que habitaba y habita en estos cerros», comenta Rafael Gaona en su libro El diablo en Tlayacapan, donde plasma una serie de interesantes anécdotas de la vida cotidiana de ese lugar.

Tlayacapan es un pueblo interesante en donde se puede visitar, además, el ex convento dedicado a San Juan Bautista, que destaca por su sólida construcción, sus pinturas al fresco y su museo. El visitante se dará una idea de la vestimenta de los habitantes que moraron estos lugares en los primeros años de la Colonia, ya que estas datan del siglo XVI. Desde sus bóvedas se puede apreciar en todo su esplendor el macizo de montañas donde destacan los cerros; del Tlatoani (el gran señor), Tonantzin (nuestra madrecita), el Zoapapalotzin y el Temazcal, entre otros con nombres castellanizados.

El visitante sin necesidad en adentrase en la historia de Tlayacapan podrá leer a la entrada del ex convento una interesante síntesis del inmueble y del poblado en unos azulejos colocados en un recuadro de hierro el siguiente fragmento: «En el año 1554 es electo como provisional el padre fray Diego de Vetadillo, en su crónica Juan de Grijalva nos narra que: pusieron así mismo religiosos en el pueblo de Tlayacapan. Es Tlayacapan de las mejores casas de la provincia de muy bueno y bien acabado edificio. Los moradores son muy buenos, descendientes de los de Xochimilco. Es del arzobispado de México: el temple es cálido y seco, dista de México 13 leguas a la parte sur. Son moradores grandes mercaderes; y así son todos riquillos a su modo».

También se narran una serie de leyendas, mitos y cuentos, de tal manera que se comenta entre los oriundos que «aquí suele hablarse de las mariposas que se convierten en mujeres y de mujeres que se vuelven agua o viento, y que lloran o gimen según el color de la noche».

Por estas y muchas otras razones no debe dejar de visitar Tlayacapan en cualquier día del año, en donde encontrará, además de trastos y utensilios de uso gastronómico, una amplia y variopinta gama de figuras buscadas por los amantes de nuestra auténtica artesanía popular mexicana.

Para saber más consulte la siguiente bibliografía: Centro Ceremonial Tlayacapan, de Andrés Alarcón Carmona, México, 2002; Un viaje por México, Estado de Morelos, de Francisco Javier Arenas, Editorial Porrua, México, 1968, y El diablo en Tlayacapan, de Rafael Gaona, México, 1994. ◊

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Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta

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