Expedientes inéditos de Mixquic

Noviembre 27, 2017.- Tras de investigar en el Archivo General de la Nación, el autor del libro da un cambio radical en la historia de esa población del sur oriente del Distrito Federal

Por Carlos Mancilla Castañeda | Revista Nosotros Núm. 65 | Diciembre de 2003

El motivo o razón de investigar la verdadera historia del pueblo de Mixquic en el Archivo General de la Nación, en el Archivo General de las Delegaciones, la Hemeroteca Nacional de la UNAM, la Mapoteca Nacional Manuel Orozco y Berra, el Archivo Histórico de la Ciudad de México, el Fondo Culhuacán, el Archivo Casasola, la Fototeca y en Monumentos Históricos del INAH, el Archivo Histórico del DDF, así como en revistas, libros y entrevistas con personas de la tercera edad originarias del pueblo de Mixquic, es porque hasta el presente se han escrito pequeñas monografías en las que los autores solamente se concretaron a escribir la historia prehispánica de Mixquic. En especial fijaron su atención en dejar aclarado el culto a la muerte, tomando como base sus ídolos, sus deidades ancestrales y sus ofrendas, entre otros aspectos.

Las que formaron parte de un período histórico que terminó al consumarse la conquista española sobre la Gran Tenochtitlan en 1521, dado que los conquistadores les impusieron a los vencidos un nuevo sistema de vida, tanto económico como político y social, pero sobre todo, una religión monoteísta, dejando en el olvido la cultura prehispánica por más de 400 años.

Es necesario mencionar el nombre de algunas de estas monografías, los autores y el año en que fueron publicadas. Para que te des cuenta, amable lector, que se empezó a hablar del pueblo de Mixquic a partir de la segunda mitad del siglo veinte. A continuación te menciono algunas de ellas: Monografía de Tláhuac (1973), de Josefina García Quintana; Mixquic y la conmemoración de los difuntos (1984), de Eliseo López Soriano; Tláhuac (1986), de Carlos Justo Sierra; Mixquic, lugar donde se venera a los muertos (1987), recopilación de Felipe Herrera Acosta; Culto a los fieles difuntos en Mixquic (1996), de José Luis Martínez, y Mixquic, un pueblo rico en magia y tradición (1997), de Cipriano Gutiérrez Martínez.

En las últimas dos monografías (1996-1997) el coordinador cultural de la delegación Tláhuac, José Luis Martínez, escribió el error de fray Alonso Remón, al hacer la traducción del original de la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, el cual dice que Hernán Cortés y su ejército, junto con sus aliados, después de haber pasado la noche del día siete partió de este lugar de Mixquic, el cual llamó Venezuela, donde pernoctó y de allí partió hacia la Gran Tenochtitlan para entrar en ella el día ocho de noviembre de 1519.

Esta versión es totalmente falsa y no es posible creer que Hernán Cortés y su ejército con sus aliados hayan caminado un tramo tan corto para descansar y pasar la noche en este lugar.

La mayoría de los cronistas e historiadores de la conquista aseguran que los conquistadores solamente vieron de lejos al pueblo de Mixquic en su camino hacia la Gran Tenochtitlan, el historiador Manuel Orozco y Berra en las Cartas de Relación de Hernán Cortés, insertó un mapa en el cual está marcado con una línea la ruta que siguieron los conquistadores al bajar de la montaña para llegar a Ayotzingo, el cual está marcado con un círculo, y Cuitláhuac en la misma forma, pero Mixquic ni siquiera aparece en este mapa.

La versión equivocada la manejan como verídica mucha gente de Mixquic, sin haberse preocupado por investigar si este hecho histórico es verídico o falso, por los errores que cometió Alonso Ramón al hacer la traducción original de La Conquista de la Nueva España.

Para corregir estos errores o falsedades de Alonso Ramón, en la presente cronología se menciona la versión verídica que dieron los cronistas e historiadores, entre ellos Hernán Cortés, William H. Prescott, don Fernando Alva Ixtlixochitl, Francisco Xavier Clavijero, Carlos Pereyra, Genaro García, el General Vicente Riva Palacio con México a través de los siglos, y sin faltar Manuel Orozco y Berra. Así podríamos seguir mencionando a otros historiadores más, pero baste con los mencionados.

En la presente cronología de Mixquic también se hace referencia a la Segunda Real Audiencia y sus integrantes: Juan Salmerón, Alonso de Maldonado, Francisco Ceynos, Vasco de Quiroga, el licenciado Sebastián Ramírez de Fuenleal, en el año de 1531. Esta Audiencia tuvo como objetivo principal evitar y remediar los abusos que estaban cometiendo los encomenderos con los vencidos, puesto que se vigilaba el cumplimiento de las disposiciones del rey de España.

Lo primero que hizo esta audiencia fue la reducción del tributo, que debían pagar los indios a la corona, así como no seguir siendo tratados como bestias de carga o ser obligados a trabajar contra su voluntad, ya sea en la fabricación de casas, iglesias, conventos, en el campo o en las minas, entre otras labores.

Los naturales por su trabajo tendrían derecho a recibir un salario, consistente en moneda de curso corriente, o sea, en reales. En todos los pueblos ribereños y de las islas de los lagos de Chalco y Xochimilco da inicio la forma de gobierno municipal con sus regidores. Los municipios alcanzarán la categoría de Repúblicas. Así por ejemplo, la República de Mixquic, la República de Tláhuac, la República de Tlaltenco, la República de Zapotitlán. Esta forma de gobierno estuvo vigente durante los 300 años de dominación española.

La última audiencia y los virreyes nunca permitieron que un español gobernara un municipio o pueblo de indígenas como quedara demostrado en los manuscritos de la época colonial. La encomienda de hecho desapareció al entrar en funciones la Segunda Real Audiencia, al permitirles a los naturales que hicieran sus denuncias o demandas en los juzgados y tribunales, tanto por la posesión de tierras o aguas como por robos, asaltos, fraudes, supersticiones y corrupciones.

También inserté en esta monografía el escrito de la Historia de Nueva España de fray Toribio Motolinia. El por qué en los pueblos ribereños de los lagos de Chalco y Xochimilco se han hecho descubrimientos de muchos ídolos y pedacería prehispánica, como al rascar la tierra de cultivo, las Ciénegas, bajo las casas y en especial en los terromotes de algunos pueblos como San Juan Ixtayopan, Tlaltenco, Zapotitlán, San Luis y San Gregorio Atlapulco, entre otros.

De la historia inédita de Mixquic se paleografiaron 29 expedientes, sacados del Archivo General de la Nación (galería número cuatro), referentes a los ramos de Aguardiente de Caña, Aguas, Ayuntamientos, Bienes Nacionales, Clero Regular y Clero Secular, General de Parte, Indios, Inquisición, Judicial, Santa Cruzada y Tierras.

El contenido histórico de estos expedientes da un cambio radical a la historia del pueblo de Mixquic, dejando aclarado que durante la época colonial no vivieron sujetos a un cacique, a un encomendero o algún hacendado.

Los manuscritos paleografiados se hicieron respetando los originales, como están escritos en el español antiguo, que al hacer la lectura de estos documentos, amable lector, te vas a encontrar con muchas faltas de ortografía y sintaxis, pero no te preocupes, así hicieron en aquel tiempo las anotaciones los escribanos (actualmente los notarios), los curas, los jueces, los abogados y los presidentes municipales, entre otros.

Al principio de cada escrito se anotó el ramo a que pertenece el número del volumen, de expediente, de fojas y la fecha. Al final de cada uno de ellos se agregó una conclusión del expediente y un vocabulario para facilitar al lector una mejor comprensión del contenido de cada uno de ellos.

En el padrón de población del año 1777, hecho por el cura del pueblo, se anotó el número de habitantes por barrios que conformaban Mixquic, así nos enteramos que en ese año existían siete barrios, que a continuación menciono: San Miguel, San Agustín, los Reyes, Santa María, San Bartolomé, Santísimo Nombre de Jesús, hacienda de Santa Fe y San Nicolás Tetelco y el pueblo de San Juan Tezompa.

También se anotaron en cada una de las poblaciones el total de habitantes que tuvieron en ese año. El segundo padrón de población de los pueblos antes mencionado lo levantó el cura de Mixquic, don francisco Alarcón Villegas en el año de 1793, donde quedaron asentados los datos de población de San Nicolás Tetelco, San Juan Bautista Tezompa y San Andrés Mixquic. Estos datos los clasificó bajo el rubro de: casados, solteros, solteras, párvulos, párvulas, viudos, viudas y los de razón.

En los litigios de tierras entre los pueblos de Mixquic, Tetelco, Ayotzingo, Tulyehualco y Tláhuac, entre otros, presentaban como testigos a españoles de estos poblados, puesto que conocieron del caso o de la disputa de tierras que se ventilaba en el Juzgado General de Naturales de Chalco.

Si el caso lo requería, el asunto pasaba a la Real Audiencia y hasta el virrey.

También eran llamados a declarar sobre el asunto indígenas de los pueblos que estaban en disputa de tierras o de aguas o de cualquier otro asunto. En estos litigios intervenían también los jueces, abogados, escribanos, visitadores, oidores y, si era necesario, el virrey en turno.

En los litigios de tierras se ponían de manifiesto las medidas de longitud como la vara, la caballería, la estancia y la legua. Así como las de capacidad, como la fanega y los almudes, que utilizaban para calcular el número de cuartillos de maíz que tenía de sembradura el terreno en disputa, considerando que la fanega era igual a 48 cuartillos. Un almude era igual a cuatro cuartillos y un cuartillo era igual a un kilo y medio.

Los tribunales y los juzgados siempre tenían que emitir un fallo a favor de quien tenía la razón. En los manuscritos no se menciona para nada que un español despojara de sus tierras a los indígenas. El Juzgado General de Naturales de Chalco, las reales audiencias y los virreyes, siempre estuvieron atentos para que el español respetara la propiedad de tierra de los indígenas.

Estos litigios de tierra llegaron a tener muchos años de duración, a veces alcanzaban cuatro, cinco, diez o más años. Los pueblos de Mixquic y Tláhuac tuvieron un pleito por la posesión de las ciénagas de Santo Domingo y Zanahuizco, que alcanzó los 17 años. Todos los gastos que se ocasionaron por la duración de este pleito tuvieron que ser costeados y pagados por los indígenas de ambos pueblos.

En el Ramo de Aguas , los pueblos que eran dueños de embarcaderos como Ayotzingo, Mixquic, Tetelco, la hacienda de Santa Fe, San Juan Ixtayopan y Tulyehualco, tenían la obligación de mantener limpio el tramo de acequia que les correspondía, hasta donde se unía con el Gran Canal o acalote, que era la vía de comunicación fluvial entre los pueblos ribereños del lago de Chalco y la Ciudad de México, los cuales transportaban sus productos y mercancías en canoas, pero también hacían el servicio de transporte como fleteros, alquilando sus canoas y remeros a las gentes y comerciantes de tierra caliente, los cuales dejaban sus recuas encargadas donde estaban los embarcaderos.

La comunicación fluvial no era muy recomendable, ya que estando en buenas condiciones los acalotes y el Gran Canal, generalmente los canoeros se tardaban en llegar a los embarcaderos de la Viga o de San Lázaro medio día y parte de la noche, o sea entre 16 o 18 horas de ida, y el viaje redondo lo hacían en 36 horas.

Algunas veces se tardaban tres días en ir a la Ciudad de México y regresar a sus pueblos, precisamente porque habían tramos de acalote que estaban azolvados, en tanto el nivel de agua era poco profundo y en esas condiciones la navegación era muy lenta. Tampoco es creíble que en las canoas los remeros pudieran conducir grandes volúmenes de mercancía o carga de otra índole por las razones antes expuestas. Los remeros y canoeros tenían necesidad de llevar para el viaje su itacate, por lo que hay que aclarar que no todas las tierras del Lago de Chalco estuvieron cubiertas de agua.

También existieron grandes extensiones de ciénagas que los naturales de Mixquic, Ixtayopan y Tláhuac las rentaban al abastecedor de carnes de la Ciudad de México para la engorda del ganado, pagándoles la renta de los pastos por año.

Durante la época colonial y del México independiente los problemas de azolve de los acalotes y del Gran Canal se siguieron dando con mucha frecuencia, ya sea porque cuando soplaba con mucha fuerza el viento arrastraba materiales de desecho o, bien, empujaba la tierra y esto era motivo de azolvamiento. Otra causa fue la que provocaban los ganados del abastecedor o de quienes tenían sus animales y los llevaban a pastar, y ya sea por descuido o por otro motivo, se orillaban hasta los bordos de los acalotes o de la acequia real, empujando la tierra hacia el agua.

En la época colonial el delito de superstición era castigado severamente. Si algún indígena era acusado de guardar un ídolo de piedra o de barro, y de que en su casa realizaba prácticas de maleficio y superstición; o si se llegaba a enterar el cura del pueblo, entonces lo mandaba detener, internándolo en la cárcel del pueblo para luego integrarle un expediente y de ese lugar remitirlo a la Real Cárcel de Chalco.

Si el caso lo requería se le remitía al Santo Oficio, donde era encarcelado en una celda secreta mientras se continuaba con la averiguación.

En el pueblo de Mixquic el caso que tuvo resonancia fue el de Manuel Gutiérrez o Manuel Mixpan, a quien los vecinos acusaron de Quiautlastle, o sea, el que dirige o controla las tempestades y granizos en tiempos de lluvias para no perjudicar las siembras en las chinampas.

Con este ejemplo de Manuel Mixpan queda demostrado que los naturales de los pueblos nunca volverían a recordar a sus ídolos ni tener alguno de ellos en su casa, porque cuando algún vecino levantaba una denuncia y se encontraba alguno de estos ídolos se le acusaba de superstición y de herejía.

El comercio que el pueblo de Mixquic realizaba con la Ciudad de México fue la venta de pescado blanco, hortalizas, maíz y frijol, que generalmente lo transportaban por canoa hacia los embarcaderos de La Viga y San Lázaro.

Las relaciones que el pueblo e Mixquic tenía con otros pueblos circunvecinos, como los de Milpa Alta y en especial con los naturales de Santa Ana Tlacotenco, fueron por la venta del pulque, el cual lo traían a vender al tianguis de este lugar.

También en uno de los barrios de Mixquic se comercializaba el aguardiente de caña (barrio de Tetelco), donde existían fábricas o alambiques que se dedicaban a la fabricación de esa bebida alcohólica para distribuirla en pueblos vecinos. Aunque de hecho en este lugar no se cultivaba la caña de azúcar es posible que con animales de carga la trajeran de tierra caliente para su procesamiento, o el alcohol puro que después de un proceso de destilación lo convertían en aguardiente de caña.

Otra de las actividades a la que se dedicaban algunos indígenas de los barrios de Mixquic fue la de jornalero, o sea el peón o trabajador que alquila sus servicios a cambio de un salario para trabajar en el campo, en los ranchos, haciendas o en la construcción de casas, iglesias o conventos. Así se constata que 13 indios de Mixquic fueron a trabajar a la Catedral de la Ciudad de México ganando un real diario de sueldo, que tenían que recibir en monedas de curso corriente. Estaba prohibido que se les pagara en especie (el sueldo de un real diario equivalía a 12 centavos). Nunca en los expedientes se menciona que a los jornaleros les hicieran trabajar como esclavos y no les pagaran su sueldo.

La versión que conocen los vecinos del pueblo de Mixquic, acerca de que el convento agustino fue fundado por fray Jerónimo de San Esteban y fray Jorge de Ávila, entre otros, hacia el año de 1537, después de sus trabajos en Ocuituco (1533-1536) es falsa, pues la actual iglesia data del siglo XVII (1620).

Estos datos no son verídicos ni tienen base alguna, porque quien los escribió no se preocupó en profundizar en sus investigaciones de los manuscritos de la época colonial, los cuales se encuentran en el Archivo General de la Nación, junto con el expediente del año de 1809, donde queda escrito que la iglesia de Mixquic no se había terminado de construir por falta de dinero, y a pesar de que hace muchos años ya habían empezado su construcción y ya llevaban gastados más de $ 10,000.00, aún les faltaba el cerramiento de la nave mayor, por lo tanto, pedían que les prestaran de las Cajas de Comunidad la cantidad de $ 1,000.00 o un préstamo de los Bienes del Común de la Provincia de Chalco, que después el presidente municipal, Martín Prudencio del Águila y las gentes de razón, se comprometían a pagar tan luego como pudieran.

También se quejaron de que ese año les había ido mal en sus cosechas por la escasez de lluvias en el mes de agosto, tanto de maíz como de verduras. Como este hecho se pone de manifiesto que aun existiendo las aguas del Lago de Chalco, las lluvias eran necesarias para lograr una buena cosecha. Entonces, desde esa época ya se conocía el período de sequía llamado de la canícula, que comprende del 20 de julio al 20 de agosto. Este corto período se caracteriza, como ya se apuntó, por la ausencia de lluvias y el soplar del viento con mucha fuerza. Durante el día se siente mucho calor y como consecuencia se manifiestan las enfermedades, como el tifo, las estomacales y las fiebres, entre otras. Cuando una persona moría por enfermedad en ese período, se decía: Se lo llevó la canícula.

El pueblo de Mixquic, como los demás pueblos ribereños de los lagos de Chalco y Xochimilco, no participaron en el movimiento armado de la Guerra de Independencia; solamente llegaban hasta ellos algunos rumores de esa lucha, rumores llevados hacia estos lugares por personas que sí conocían o habían participado en el movimiento armado y seguían su curso en los distintos lugares donde se desarrollaba.

En el mes de enero de 1811, en el pueblo de Mixquic fueron detenidos por sospechosos Carlos Romero y Basilio Antonio, por andar preguntando por unos capitanes que nadie conocía por esos lugares llamados Ignacio Aldama y Joaquín Capistrana. Ambos haciéndose pasar por insurgentes, los sospechosos fueron internados en la cárcel de Chalco donde les tomaron sus declaraciones, y sin tener conocimiento pleno del delito por el cual fueron acusados. De este lugar fueron remitidos a la cárcel pública de la Ciudad de México y puestos a disposición de los señores de la Real Junta de Seguridad y Buen Orden, después de haberlos sometido a rigurosos interrogatorios y no habiéndoles comprobado plenamente el delito del que se le acusaba. Basilio Antonio fue puesto en libertad, pero condicionado al castigo de zanja cuadrada. José Carlos siguió preso y sujeto a investigación.

Las epidemias que atacaron con más frecuencia a los pueblos ribereños de Chalco y Xochimilco fueron el cocolistle y el matlazahuatl. En el año de 1813 el ayuntamiento constitucional del pueblo de Mixquic de la jurisdicción de Chalco, pidió de los fondos de comunidad que se encontraban en Chalco una cantidad de dinero considerable para atender a sus enfermos que se encontraban reducidos al mayor extremo de miseria, faltándoles alimentos, ropa para cubrirse, medicinas y facultativos que los atendieran. Además de los continuos robos y saqueos que habían padecido desde el principio de la Guerra de Independencia. De los fondos de comunidad del ayuntamiento constitucional de Mixquic se les entregó la cantidad de $500.00 para socorrer a sus enfermos.

Durante la época colonial hubo casos de usurpación de funciones, abuso de autoridad y corrupción, como el caso denunciado por los vecinos de Mixquic contra don Francisco Alarcón Villegas, que habiendo sido separado del cargo de administrador de justicia del pueblo de Mixquic, continuaba ejerciendo sus funciones de juez, actuando en forma arbitraria contra los intereses y propiedades de los vecinos. La demanda contra el dueño del estanquillo de cajetillas de cigarros procedió porque él le sacaba cuatro cigarros a cada cajetilla y vendía el papel oficial a un real el pliego u hoja.

Desde los primeros años de la conquista, a los naturales se les mostró el camino y la esperanza para reivindicar sus tierras de que habían sido despojados injustamente y que les eran necesarias para subsistencia, lo cual produjo en los indios un verdadero vicio por litigar las tierras y aguas; los indios llenan las audiencias, los juzgados y las antesalas de los virreyes. Litigar se hizo costumbre entre los pueblos, que por esta causa se arruinaban y vivían en la miseria, trabajando sólo para repartir sus pocas ganancias entre los gastos domésticos, las fiestas religiosas, pago de abogados, procuradores y papel sellado.

Hubo juicios promovidos por los pueblos que duraron más de 200 años, algunos renombrados, como el litigio entre los pueblos de Tláhuac y Mixquic por el arrendamiento de las ciénagas de Zanahuisco y Santo Domingo, que tuvo una duración de 17 años. No siempre los que comenzaban un juicio lo terminaban, pasaban a tomar su lugar otras personas, y como generalmente ocurría, lo terminaban las señoras porque eran las que tenían tiempo para andar en los juzgados. En todos los litigios los quejosos tenían la obligación de presentar documentos como croquis, mapas y testigos que sirvieran de apoyo para el pleito en cuestión. ◊

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