Tener diabetes, pretexto para mejorar calidad de vida

Noviembre 21, 2017.- La diabetes mellitus es una condición más que una enfermedad. No es sinónimo de cáncer terminal ni nadie tiene prohibido comer. «Lo único que tiene prohibido es acabarse toda la comida»

Sergio Rojas | Agencia Investigación y Desarrollo

La diabetes mellitus es una oportunidad para mejorar la vida de la persona que la tiene, por lo que no se debe comer ni vivir como si se estuviese enfermo debido a que la diabetes no mata, «lo que mata son las complicaciones y lo mejor es vivir como si todos la tuviéramos», señaló Jorge Yamamoto Cuevas.

A decir del médico internista y endocrinólogo, las complicaciones se presentan sólo si tras de los dos primeros años que se presentó la diabetes la persona no fue tratada de la manera adecuada.

Estadísticamente está comprobado que si durante el primero o máxime el segundo año de declarada la diabetes se practican los controles pertinentes, el índice de complicaciones para quien la padece será muy bajo; sin embargo, si en esos dos primeros años la persona no aceptó que tenía diabetes y, por consiguiente, no acudió con el especialista ni tomó medicamento, por más que después quiera tratarse tendrá complicaciones.

«Tener diabetes no es una condena a muerte, por el contrario, es un pretexto para mejorar la calidad de vida», dijo. Para ello habrá que tomar el medicamento correspondiente a fin de vivir «perfectamente bien con la diabetes», debido a que, como reza conocido eslogan, la diabetes mellitus es una condición más que una enfermedad.

Explicó que la diabetes mellitus está considerada como una emergencia sanitaria, aunque las personas con ella no se van a morir, «siempre y cuando el paciente vaya a aclarar sus dudas con el especialista para que éste le diga qué hacer, porque los remedios que difunde la gente en redes sociales le van a causar más daño que beneficios», advirtió.

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Jorge Yamamoto Cuevas en su consultorio del Hospital San Ángel Inn de la Ciudad de México

«Es muy común leer en redes que la industria farmacéutica se está haciendo millonaria con medicamentos para diabetes, pero estos cuando menos tienen 15 años de estudios, además de que la diabetes le cuesta a los sistemas público y privado de salud 98 millones de pesos diarios y no solamente en medicamentos, si no en incapacidades, complicaciones y diálisis», refirió.

«Es muy fácil que la persona que está confundida con su diabetes la confundan más», comentó, por lo que se le debe explicar que «no se va a morir por eso», debido a que «no es sinónimo de cáncer terminal» ni nadie tiene prohibido comer. «Lo único que tiene prohibido es acabarse toda la comida», indicó.

Porque una persona con diabetes puede comer de todo, pero en sus justas cantidades, precisó el doctor Yamamoto, sólo es cuestión de elaborar un plan nutricional para ella, de ahí que no se deba pensar que tener diabetes significa no comer. «Tener diabetes es comer como deberíamos de comer todos y vivir bien», especificó.

Recordó el caso del paciente que un día llegó con él y le dijo: «doctor, le advierto que yo vendo tamales y llevo 20 años cenándome un tamal todas las noches». «¿Qué hago?, me pregunté. ¿Me pongo a pelear con él? ¡No!, porque va a buscar a otro médico que le diga que sí puede, entonces lo que hice fue adaptarle su tratamiento para que se comiera el tamal, pero entonces le advertí que el día que no se lo comiera le iba a bajar mucho la glucosa».

«Uno empieza a jugar el juego de la comida con el paciente –explicó–, si él no se iba a comer el tamal podía compensarlo comiéndose un bolillo, o media torta de milanesa, ese tipo de cosas es lo que hace que el paciente viva mejor, que aprenda a comer. No se trata de que tengo la glucosa alta y entonces voy a dejar de cenar para amanecer bien, si no cenas tu glucosa va a amanecer alta. Ese tipo de cosas son las que tenemos que aprender a hacerlas», apuntó.

En opinión de Yamamoto, si alguien tiene la idea de que con no cenar bajará de peso está equivocado. «Se va a dar cuenta que no cenar sí lo bajará de peso al principio, pero muy pronto se va a dar cuenta que va a tener más abdomen, porque eso representa resistencia a la insulina, es decir, si yo no ceno, para mi cuerpo eso es una agresión, porque entonces lo que yo desayuno lo guardo, y ahí es cuando comienzo a hacerme panzón. Esa grasa es la que es peligrosa», afirmó.

En cuanto al panorama de la obesidad en el país, consideró que México ocupa uno de los primeros lugares, aunque «de repente ocupa el primero, luego el segundo, y hablamos de que aproximadamente de cada 10 adultos seis tienen sobrepeso y obesidad. Esto se ve presente desde niños, por lo que existe una controversia acerca del porcentaje de niños obesos en el país, pero se considera que al menos entre cuatro y cinco niños de cada 10 tienen problema de sobre peso y obesidad», refirió.

«El problema radica en el momento del diagnóstico, porque fisiológicamente un niño no debe de ser obeso entre los dos y los cuatro años. Pero ahora los encontramos en esas edades y eso se debe a malos hábitos. No es normal, no es fisiológicamente correcto, pero los tenemos», dijo.

«Comenzamos a tener niños de 10 años con problemas metabólicos –expresó–, tienen sobrepeso y riesgos de tener problemas de un adulto, como hipertensión y lipidemias, y realmente esto es un problema muy serio a nivel nacional porque existe un fuerte problema de conciencia. La gente no se ve a sí mismo obesa, entonces esto no lo ven como un problema importante».

Se trata, abundó, de un problema multifactorial. «Obviamente, si yo estoy en una familia que me enseñó a hacer ejercicio, pues no tengo propensión a desarrollar obesidad. Pero el problema está en que para educar a los niños a no ser obesos y decirles que tienen que salir a caminar, yo como padre tengo que salir a caminar y como padre no debo ser obeso. Hay que mostrarles con el ejemplo», confirmó.

Porque el niño si ve a un adulto obeso supondrá que está bien que él lo sea también. «Ese tipo de mentalidad es la que se está manejando, por eso digo que se trata de un problema multifactorial, de genética y hasta ambiental. ¿Dónde se cierran los mejores negocios? –preguntó–.  Comiendo o jugando golf, pero como el golf es muy caro, entonces ¿qué hago?, pues comer con mis potenciales socios… Esto es una mala costumbre», observó.

«Si se va a un restaurante y se come mucho, entonces hay quien dice: ‘ya no voy a comer’, pero esa noche tiene una fiesta, llega a la reunión, ve la botana y qué sucede, se pone a comer, porque estamos acostumbrados a comer, pero eso no es correcto, eso es un mal hábito».

Yamamoto Cuevas dijo que no puede culpar ni a las compañías refresqueras, ni a las compañías de comida chatarra, porque uno es el que las consume. «Es muy fácil como persona echarle la culpa a que las cosas ahí están y me las tengo que comer, es más responsable decir, ‘ahí están las papas me como una, dos, tres y el resto lo dejo’, no tengo que acabármelas. Esto ya no es de que no se puede comer solo una, si quieres que sea sano debes comer solo una», concluyó. ♦

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