Pilar Rioja recibirá la Medalla Bellas Artes

Noviembre 20, 2017.- «En este momento y en toda mi vida la danza ha sido lo más importante», dijo quien recibirá la medalla el próximo lunes 27 en la Sala Manuel M. Ponce

Por su destacada trayectoria artística y aportaciones a la danza española y flamenca, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) otorgará la Medalla Bellas Artes a la destacada bailarina, maestra y coreógrafa Pilar Rioja, quien con su trabajo y estilo polifacético ha puesto en alto el nombre de México en el mundo.

La ceremonia se llevará a cabo en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes el lunes 27 de noviembre a las 19:00 horas.

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Pilar Rioja

«Me siento muy honrada de que se me otorgue esta medalla tan importante porque es un premio para mi danza, y que sea en Bellas Artes lo hace especial, porque es donde yo bailé muchas veces con las óperas, las orquestas sinfónicas y los recitales. Para mí es muy emocionante obtener este reconocimiento; es una muestra de cariño y un estímulo para seguir adelante», comentó la connotada intérprete.

Hija de españoles, María del Pilar Rioja del Olmo nació en Torreón, Coahuila, el 13 de septiembre de 1932. Realizó sus estudios fundamentales en dicha ciudad, donde apenas con seis años de edad ganó un premio por bailar la jota acompañada de su padre.

En 1950 se trasladó a la Ciudad de México donde inició su aprendizaje con el maestro Óscar Tarriba, quien le aconsejó dedicarse profesionalmente a la danza. En esa década viajó a España y perfeccionó sus modalidades flamencas con Juan Sánchez El Estampío.

«En este momento y en toda mi vida, la danza ha sido lo más importante, me puedo expresar con las demás personas, es donde me siento segura, es mi modo de vida y si me quitan la danza me quitan la respiración y la vida», expresó.

Estudió con José Domingo Samperio, en 1960, y se adentró en los variados tipos de música barroca española e italiana, además de realizar coreografías que partían de la escuela bolera del siglo XVIII. En 1968 contrajo matrimonio con el poeta español Luis Rius, y continuó presentándose en el Teatro de la Zarzuela en Madrid, además de estudiar flamenco con Regla Ortega y folclor con Juanjo Linares.

En 1970 Pilar Rioja conoció al maestro Manolo Vargas, quien se volvió su gran amigo y consejero. Después del fallecimiento de su esposo en 1984, ella continuó con su vida profesional, concentrándose en su arte y pasión, inspirada en la danza clásica española que llevó a diversas partes del mundo.

«Desde niña siempre me gustó moverme. Aprendí danza mexicana, moderna y ballet; bailé de todo y lo encaucé a la danza española, que me gustó porque tiene muchas variantes para poder expresarte», dijo.

«Después la estilicé y ya no era solo danza ortodoxa sino que desarrollé un estilo donde combiné la parte dulce del mexicano y la parte fuerte de la danza española», agregó. «Uno de mis grandes maestros fue Tarriba, quien nunca fue a España pero sabía enseñar muy bien, él me dio confianza en mi carrera y mucho ímpetu para seguir, luego estudié con muchos otros maestros».

«El maestro José Domingo Samperio hacía música con las castañuelas con él presenté, durante cuatro años, el espectáculo Retablo del mirlo blanco, el arte del danzado a la española con castañuelas en concierto, un programa que tuvo mucho éxito. Estuve rodeada de muchos intelectuales porque de ellos se aprende mucho; luego me desarrollé en el género clásico, español, flamenco y ahora enseño a mis alumnos porque a partir de ellos me puedo expresar».

A lo largo de su carrera artística, Pilar Rioja se ha hecho acreedora a múltiples premios y reconocimientos que le han sido otorgados en el interior de la República Mexicana y en diversos países del mundo. Ha sido musa de escultores, pintores y poetas. Además de las presentaciones, ha realizado una serie de cursos a bailarines y escuelas, dictado conferencias y creado coreografías emblemáticas como Retablo del mirlo blanco y Mística y erótica del barroco.

«Todas las coreografías de mis espectáculos las he hecho yo», aseguró. «Todos mis recitales fueron muy variados, había folclor estilizado, danzas boleras de los siglos XVII y XVIII, danza andaluza y flamenco; si faltaba alguno de ellos yo me sentía mal. Ser coreógrafa me dejó mucho y como maestra me ha gustado enseñar de todo a mis alumnos, como el ballet, que es muy importante para cualquier tipo de danza», dijo.

«Logré desarrollar un estilo pero lo importante es que cada quien pueda realizar su propuesta. Uno puede agarrar cosas de los artistas, de cualquier época o estilo de danza, pero lo bonito es hacer un lenguaje propio. Yo no les puedo enseñar a mis alumnos a expresar, pero les puedo abrir puertas, ellos se tienen que encontrar así mismos a través de los años, el trabajo y el estudio. Yo estuve en un ambiente muy mágico y de mucho arte».

Para la coreógrafa, México es un país donde hay una gran difusión de la españolas, es un mestizaje; la danza española si cuenta aquí con espacios y públicos. Los jóvenes que se dedican a este arte no solo deben ver el aspecto técnico, que es hasta cierto punto frío, sino que en su aprendizaje la técnica debe estar muy unida con la expresión.

«Para este arte, los jóvenes deben estudiar mucho y tener afición, pero sobre todo deben amar a la danza. Si verdaderamente lo hacen así no van a sentir ningún sacrificio, porque están haciendo lo que verdaderamente les gusta. Ahora son cuatro años que ya no bailo, pero no se me quita la tentación de volver a hacerlo. Por ahora seguiré con la enseñanza», concluyó. ♦

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