Perros, enemigos de la conservación del jaguar y puma

Noviembre 16, 2017.- Algunos de los perros que se encuentran en las 30 áreas naturales protegidas de México fueron abandonados por sus dueños

En México el perro como especie se propaga desde Quintana Roo hasta Baja California, al grado de que donde hay mexicanos seguramente habrá perros; sin embargo, el problema surge cuando en un lugar se encuentran perros pero no pobladores, o cuando proliferan perros en donde el hombre pretende conservar la vida silvestre, debido a que no deja de ser un animal carnívoro que puede devorar casi todo y transmitir enfermedades.

Por lo anterior, el perro al pasar de ser especie exótica a una invasora, pone en riesgo la biodiversidad en el país, de ahí que en diciembre de 2016 haya sido incluida en la lista de especies invasoras consideradas como de «muy alto» riesgo para México.

A decir del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), en las 30 áreas naturales protegidas que existen en el país se tiene la presencia de perros, los cuales cazan solos o en jaurías, y lo mismo matan roedores que aves, peces, reptiles e, incluso, venados, y algunos han agredido hasta personas. La única conclusión de los especialistas es que todos están ahí por descuido humano.

Lo cierto es que los perros han llegado de la mano del hombre incluso hasta a las islas Revillagigedo, tras de navegar más de 25 horas y atravesar 800 kilómetros del Océano Pacífico, si se parte de Manzanillo, o 400 kilómetros, si se parte de Cabo San Lucas.

Un riesgo real

Como en una invasión no se pide permiso para entrar debido a que el intruso –planta, animal, hongo o microorganismo– simplemente llega y ocupa el lugar a la fuerza, así los perros logran multiplicarse y se apoderan del nuevo territorio a costa de las especies nativas, de la salud pública o de la economía humana.

En México, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) debe lidiar con 350 especies invasoras, de las cuales 170 pueden poner en riesgo muy alto los ecosistemas, la economía y la salud de los habitantes del país. De este grupo de 170 especies, 11 son mamíferos y uno de ellos es el perro.

De acuerdo con Yolanda Barrios Caballero, especialista de la Dirección General de Análisis y Prioridades de la Conabio, para saber qué tan peligrosa es la invasión de una especie se debe evaluar cuál es el riesgo real de que se distribuya y se reproduzca en el territorio nacional; qué tanto puede dañar a las especies nativas, depredándolas o compitiendo con ellas; qué tanto daño puede ocasionar al paisaje, alterando el ciclo del agua o erosionando el suelo; qué enfermedades puede transmitir y cuánto daño puede causar a la economía.

Los perros de México

En opinión de Ignacio March Mifsut, director de Evaluación y Seguimiento de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), algunos de los perros que se encuentran en esas 30 áreas naturales protegidas fueron abandonados por sus dueños.

Al menos eso pudo investigar en el caso del área de Flora y Fauna de la Primavera, Jalisco, lo que consideró «terrible tanto para el animal como para el área de conservación». Otros fueron perros callejeros que se alimentaban de basureros a cielo abierto cercanos y que eventualmente entraban al área natural protegida, mientras que los menos llegaron ahí por extravío.

«A las personas les gusta mucho ir con sus mascotas a las áreas naturales protegidas», dijo, aun cuando está prohibido entrar a éstas con perros; «sin embargo, las personas llevan a sus mascotas, así que por lo menos sería bueno que las llevaran amarradas, porque los perros se van al monte, nunca los encuentran y allí se quedan».

Al final de cuentas, el perro tratará de sobrevivir y comenzará a cazar lo que pueda para alimentarse, y si se encuentra con más perros en el lugar, se unirá a ellos para protegerse con la jauría. Es entonces cuando afectan a otros depredadores como el jaguar, el puma y el lobo mexicano.

La mala fama del jaguar

En México, al jaguar no lo cazan por su piel o por conseguir un trofeo, sino porque se come al ganado y deja a las familias sin sustento.

Para Heliot Zarza Villanueva, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Lerma, quien ha trabajado más de 20 años en la conservación del jaguar, no se puede culpar sin miramientos a los ganaderos, pues muchas veces son personas que tienen muy pocos recursos económicos y si no se defienden del depredador, pueden quedarse sin nada.

Pero también sabe que no todos los ataques al ganado son culpa del jaguar o del puma. A gran parte de las cabras los borregos e, incluso, los becerros en las zonas rurales los matan los perros, y al jaguar y al puma se les culpa. Esta mala fama predispone a los pobladores a defenderse de los supuestos asesinos.

Los perros, además, afectan directamente a estos grandes felinos, pues son una feroz competencia para cualquier carnívoro. Son animales que se disputan el alimento y el territorio mediante estrategias provocadoras, moviéndose en grupo, acosando con ladridos y marcando el territorio.

Al fin y al cabo, lobos

Una de las características de los individuos de una misma especie es que tienen la capacidad de reproducirse entre sí, por lo que el lobo mexicano puede cruzarse con el perro doméstico, «y lo último que deseamos es que un Canis lupus baileyi hibride con un Canis lupus familiaris», aseguró Ignacio March.

«Esto ya ha pasado en Estados Unidos y el resultado, perro-lobo, es un animal violento que ha matado a seres humanos», refirió. «Lo que menos queremos en la Conanp es que alguno de los 20 ejemplares de lobo mexicano que ahora viven en libertad, gracias a su programa de reintroducción, se apareen con los perros que encuentren en las áreas de conservación. Esto ocasionaría una pérdida genética importante, además de enfermedades».

El distemper canino

El cinco de enero de 2013, en los alrededores de Ortona dei Marsi, un municipio en la región central de Italia, un grupo de veterinarios encontró a dos cachorros de lobo italiano muertos. En los pulmones de los animales se detectó la presencia de distemper canino, el virus causante del moquillo en perros domésticos.

Veinticinco días después, a 19 kilómetros de Ortona dei Marsi, el equipo veterinario del Parque Nacional de los Abruzos, Lacio y Molise, encontró dos lobos con signos de haber enfermado de moquillo. Y a las dos semanas rescataron a otro cachorro enfermo. Los siguientes 15 días localizaron a tres infectados más, pero los animales murieron antes de poder ser hospitalizados.

Ese fue el inicio de una epidemia que provocó fiebre, flujo nasal, vómito, diarrea y convulsiones a los lobos de la región. Para el 17 de abril del mismo año, se habían detectado 30 cadáveres, en 20 de ellos se encontró el virus del moquillo.

Durante la epidemia, varios perros domésticos no vacunados, perros pastores y perros ferales enfermaron. Un grupo de científicos tomó muestras del patógeno que los infectó y encontró que el virus de lobos y perros compartía una proteína que se encontraba sólo en virus que infecta a perros de Italia, Hungría y Norteamérica.

Con este hallazgo, los investigadores concluyeron que había gran probabilidad de que los perros hubieran contagiado a los lobos en las afueras de los poblados, conclusión que plasmaron en un artículo publicado en la revista Plos One.

El contagio a otras especies

«La introducción de un solo agente patógeno puede provocar mortalidad masiva y alterar por completo un ecosistema», dice Jorge Álvarez Romero en el libro Animales exóticos en México: una amenaza para la biodiversidad, tras de que el virus del moquillo canino ha corroborado dicha aseveración.

El virus tiene algunas variantes que atacan a carnívoros terrestres como hienas, hurones, zorrillos, mapaches y comadrejas; pero también hay variantes que infectan a un grupo muy distinto de animales, los mamíferos marinos.

Se cree que dicho patógeno fue uno de los factores determinantes para la extinción del hurón de patas negras en Norteamérica, y en 2000 fue el causante de la muerte de más de 11 mil focas en el mar Caspio.

Los perros también pueden transmitir enfermedades al ser humano, sin contar que sus mordidas «son responsables de decenas de millones de lesiones cada año» en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud.

Los perros feroces

El término feral significa cruel o sangriento y tiene su raíz en el latín ferālis, de fiera. Cuando se utiliza para designar a un animal hace referencia a que el espécimen alguna vez fue doméstico, pero que ha regresado a su estado salvaje y sus descendientes nacerán asilvestrados.

Dicho proceso de feralización puede sucederle a cualquier animal que haya sido domesticado, como ha sucedido con el cerdo, el gato y el perro.

En su investigación, Ignacio March no sólo se enteró de que en las 30 áreas naturales protegidas había perros, descubrió también que en dos de ellas —el Parque Nacional Huatulco y en Isla Cedros— los perros eran ferales.

En el Parque Nacional Huatulco dos turistas fueron atacados por perros en dos ocasiones diferentes; además de que se detectaron tres jaurías de ferales que rondaban no solamente en la reserva, sino en el basurero municipal.

En Isla Cedros los perros han atacado a elefantes, lobos marinos y al venado bura, una especie en peligro de extinción.

Los ferales en el Cañón del Sumidero

Por lo que corresponde a los perros ferales del Cañón del Sumidero, estos han atacado a todo tipo de animales, desde aves y ratones hasta al venado cola blanca, además de que representan un peligro para los turistas y habitantes de la zona.

De ahí que para atacar el problema, la Conanp en coordinación con el municipio de Tuxtla Gutiérrez, han aplicado campañas de esterilización, captura y reubicación de perros en la zona de conservación.

Sin embargo, si los perros son ferales, es prácticamente imposible darlos en adopción, debido a que se trata de animales peligrosos que no reconocen al ser humano y pueden portar enfermedades. Su comportamiento es más parecido al de un coyote que al de un perro, por lo que sería irresponsable darlo en adopción o mantenerlo en un refugio, explicó March.

Orígenes del perro en el continente

El perro llegó a América hace casi 12 mil años por el estrecho de Bering de la mano de quien hoy lo considera su mejor amigo. La relación entre las dos especies dio inicio cuando el homo sapiens domesticó algunos individuos de lobo gris que habitaban en Eurasia y Medio Oriente dos mil años antes, según vestigios arqueológicos, o unos 10 mil años antes, según análisis de ADN. ◊

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