Cofradías de Tecómitl y la archicofradía de Tulyehualco

Noviembre 16, 2017.- El principal objetivo de una cofradía fue la fundación de hospitales y colegios y la de asegurar el entierro del cofrade

Por Manuel Garcés Jiménez | Revista Nosotros Núm. 126 | Julio de 2009

Con la conquista española se implementaron institucionales de carácter religioso y laboral y sus creadores se aseguraron de que perduraran y funcionaran de la mejor manera, fueron base esencial en el origen de gremios de artesanos y cofradías, y cuando esta última se junta con otras surge la archicofradía.

La cristianización estuvo a cargo de órdenes religiosas como fueron los franciscanos, dominicos y agustinos, evangelizaron y fomentaron la práctica del culto cristiano, lucharon siempre por aumentarlo.

Esas órdenes religiosas facilitaron la labor de las prácticas piadosas demostrando, en primer plano, su amor al prójimo mediante actos de caridad y asistencia social. Fundaron y promovieron las primeras cofradías con base en permisos concedidos por los obispos, lo que dio lugar a que estas organizaciones se multiplicaran y en algunos casos adquirieran características locales.

Al principio de la colonización española el principal objetivo de una cofradía fue la fundación de hospitales y colegios y la de asegurar el entierro del cofrade.

Con el auge de cofradías estas no tuvieron la facultad de constituirse por sí solas, necesariamente debían tener permiso y aprobación del obispo, y la supervisión de las cofradías y sus juntas tenía que ser por un representante que diera constancia de validez de las decisiones tomadas. Para ello recordemos que «el papa Clemente VIII publicó una bula. El 3 de diciembre de 1604, por la que prohibió erigir ninguna nueva cofradía, sin el permiso y autoridad del obispo, quien debía además examinar y aprobar los estatutos respectivos» [1].

A medida que se fue conformando la sociedad, cada cofradía adquirió características propias para responder a las necesidades de sus fundadores, y se multiplicaron en las siguientes ramas: Cofradías o hermandades eclesiásticas, que se encargaron del buen funcionamiento de los oratorios, las capillas del culto a los santos patrones, y a la asistencia y fundación de hospitales y colegios.

Cofradías gremiales compuestas exclusivamente por miembros de una profesión específica, sobre todo los comerciantes y artesanos.

Cofradías de negros y mulatos.

En las zonas rurales casi todas las cofradías fueron de indígenas.

Al respecto, «no encontramos referencias sobre cuál fue en realidad la primera cofradía de la Ciudad de México o en la Nueva España. Algunos autores coinciden en que fue la de Nuestra Señora de la Limpia Concepción, fundada por los conquistadores y mencionada por Hernán Cortés en sus ordenanzas de 1519» [2].

Las cofradías de indios

La concepción del santo patrón español en los pueblos indígenas fue ampliamente aceptada en las comunidades, en las que de acuerdo a sus características y necesidades lo elegían, y con los fondos de sus cajas de comunidad le costeaban una gran fiesta que unía estrechamente a todos sus habitantes.

«El clero fue el encargado de establecer las instituciones eclesiásticas en los pueblos indígenas, y rápidamente se dieron cuenta que así como las tierras comunales aportaban con sus productos beneficios a la iglesia, también la cofradía era un medio de asegurarse un ingreso y una alternativa de organización comunal, para evitar rebeliones en una época en que las comunidades tradicionales sufrían grandes pérdidas de población y los españoles se empeñaban por adueñarse de sus tierras» [3].

«En todas las parroquias de los pueblos indígenas se establecieron varias cofradías, generalmente compuestas por indígenas y algunas veces mixtas en el caso de que ya hubiera españoles establecidos en los pueblos. Su objeto principal, muy a pesar de los curas y párrocos, no fue la difusión del catolicismo sino la fe del santo patrón que fue y sigue siendo un medio de cohesión en las comunidades como lucha por la continuidad de sus tradiciones y costumbres» [4].

Las cofradías indígenas tuvieron pronto bienes que recibieron por herencia y que en general consistían en ganado menor y porciones de tierra, que se cultivaban en forma comunal para beneficio de la parroquia.

Bajo este panorama consideramos que la cofradía de indios fue la que se estableció en San Antonio Tecómitl, hoy delegación Milpa Alta, donde de acuerdo a la historia oral de los pobladores encontramos algunas propiedades que pertenecieron a la iglesia como el enorme terreno donde hoy se ocupa como panteón, entre otras porciones de tierra que al paso de los años fueron quedando en manos de particulares.

Las cofradías de San Antonio Tecómitl

Santa Ana poseía bienes propios, algunas tierras con magueyes, olivos y canoas, las que daban el servicio de fletes, produciendo al año seiscientos pesos. Para 1778 el mayordomo en turno era don osé López de Heredia, quien por los apellidos suponemos era de origen español; sin embargo, algunos cofrades que están registrados por la venta y el préstamo de cierto dinero fueron indios [5].

Además: «Se tiene conocimiento que el 18 de enero de 1722 fue aprobada la constitución de la cofradía del Santísimo Sacramento con autoridad ordinaria de la iglesia del poblado de Tecómitl, sus principales bienes consistían en unos embarcaderos de canoas, fletes de éstas, algunos árboles de olivo y unas tierras que producen al año de seiscientos a setecientos pesos» [6].

Por otra parte, en el Archivo General de la Nación encontramos interesantes datos de un informe enviado al Excelentísimo Señor Conde de Revillagigedo con fechas que van de 1789 a 1794. En dicho escrito aparece una cantidad inferior a la antes citada y el año que se menciona no corresponde a la cita, pero para efectos de análisis vale la pena enterarnos de la importancia que tenían estas cofradías y hermandades que el mismo «Excelentísimo Señor» hizo llegar al arzobispado de México.

«En la iglesia del pueblo de Tecómitl perteneciente a este curato están fundadas con autoridad ordinaria la cofradía del Santísimo y Animas Benditas y ambas que subsisten porque están en buen estado, pues la primera tiene embarcaderos y canoas que le pertenecen, algunos olivos y una tierra, todo lo cual produce al año más de 900 pesos y la segunda tiene magueyes y olivos y flores y canoas, lo que importa al año como 400 pesos».

Estas cofradías fueron el origen de la divergencia entre los poblados de Tecómitl y Tulyehualco, debido a que el segundo argumento es que tenían más gente de origen español que indígenas y, por consiguiente, le correspondían las cofradías de Tecómitl. Mientras que en Tecómitl argumentaron lo contrario, pues tenían más indígenas que españoles, lo que llevó a un debate eclesiástico durante 45 años, hasta que en marzo de 1792 fueron transferidas las cofradías al pueblo de Tulyehualco.

Esa situación causó molestia e indignación en los habitantes de Tecómitl, quienes se sintieron despojados de las congregaciones religiosas. Cofradías que fueron de gran trascendencia para la vida de los pobladores, debido a que como señalaba Charles Gibson, la iglesia de Tecómitl fue cabecera de visita de doctrina de varios pueblos como Santa Ana Tlacotenco, San Juan Tepenahuac, San Gregorio Miacatlán, San Francisco Tecoxpan, la capilla de la hacienda de Santa Fe de los Ahuehuetes (hoy pueblo de Tetelco), San Juan Ixtayopan y Santiago Tulyehualco, por lo que se justificaba la presencia de la cofradía en ese lugar.

En el libro Tulyehualco, más que un pueblo, Gibson dice: «Las actividades de esta cofradía, durante sus primeros años de existencia, se puede decir que se desarrollaron de manera normal (en San Antonio Tecómitl). Sin embargo, para 1970, es decir 55 años después de haber sido fundada los descendientes de españoles que habitaban en Tulyehualco, iniciaron un juicio para que la sede de esta fuera trasladada de San Antonio Tecómitl a la iglesia de Santiago Tulyehualco. En el alegato que presentaron señalaron varios argumentos, entre los cuales destacaba el planteamiento de que en Tulyehualco habitaban un número mayor de españoles, que los que vivían en San Antonio Tecómitl» [8].

Como vemos, la integración de las cofradías tenía básicamente más interés económico debido a la aportación de los feligreses, que el carácter religioso; pero además existía la discriminación del indígena.

Más tarde, los devotos de la archicofradía se dedicaron con más auge al cultivo del olivo, elaboración de aceite y comercialización de la aceituna obtenidas en extenso paraje conocido desde la época de la Colonia como el terreno de «Las ánimas benditas del Purgatorio» que se localiza en las inmediaciones de los poblados de Tulyehualco y San Luis Tlaxialtemalco, ambos de la delegación Xochimilco. ♦

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Presidente del Consejo de la Crónica de la Delegación Milpa Alta.

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Citas

  1. Las cofradías de españoles en la Ciudad de México (1526-1869). Alicia Bazarte Martínez
  2. Ibíd., p. 34.
  3. Ibíd., p. 44.
  4. Ibíd., p. 44.
  5. Ibíd., p. 118
  6. La administración de la fe. Cofradías de Xochimilco siglo XVIII. Joaquín Praxedis Quesada.
  7. Los aztecas bajo el dominio español, 1519-1810. Charles Gibson, Siglo XXI.
  8. Ibíd., p. 65.

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